Archivo de Abril 2008

San Luis María de Montfort: CANTICOS EUCARÍSTICOS (4)

Abril 28, 2008

 

 

Obras Completas de San Luis María de Montfort

 

(Ediciones Montfortianas, Centro Mariano Montfortiano,Colombia, 2003)

 

CÁNTICO 158: CÁNTICO NUEVO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

1. El Altísimo, Incomprensible,

es contenido en un punto.

Cristianos, no preguntemos:

¿Es acaso posible? (bis)

Cállense pues mis sentidos, cállense herejes,

ustedes se engañan,

se pierden todos ustedes.

Sólo el Señor lo dijo

y nunca se contradijo,

el mismo Señor lo ha dicho,

nos basta que lo escuchemos

para creer, sin que dudemos.

 

2. ¡Qué milagro de poder!

Ni pan ni vino ya existen,

son accidentes suspensos

fuera de la sustancia;(bis)

el cuerpo y sangre de un Dios pleno de vida y gloria,

sin ningún cambio,

en todo tiempo,

en todo lugar,

sobre la tierra, en los cielos,

en todo lugar,

siempre gloriosos.

Verdad de Dios sin dudar.

 

3. ¡Maravillosa obediencia!

por voz del hombre mortal

Dios desciende en el altar

sin resistencia. (bis)

Está muerto y está vivo, dócil y triunfador.

es infante

y es triunfante:

seamos sumisos,

entregándonos todos,

seamos sumisos

hasta ser sus esclavos,

ya que Dios por todos se entregó.

 

4. Miren la gloria hecha nada,

el sol de la verdad

oculto en la oscuridad

de una hostia. (bis)

Bajo débil apariencia su luz esconde,

sin hacer ver

ni su poder,

ni su bondad,

ni santidad,

ni su beldad,

ni majestad.

Escóndete tú. Polvo y ceniza eres.

 

5. Se ve cuánto nos ama Dios,

con qué pasión nos ama

en el sacramento divino,

en exceso de amor. (bis)

Al dársenos todo entero, proclama:

toma y come,

soy todo para ti,

en mi pasión;

tuyos son mis tesoros

en mi pasión,

mi sangre y cuerpo.

¿Nos puede acaso amar aún más?

 

EN LA MISA

 

6. Este es el perfecto sacrificio

que supera aquellos de la Ley

y que encierra todo en él:

la paz y la justicia. (bis)

Un Dios se inmola a Dios como víctima y pontífice

para aplacarlo,

para obligarlo

a dársenos

y perdonarnos,

a dársenos,

y coronarnos

y para rendirle gloria y honor sublimes.

 

AL SANTO

 

7. ¡Al tres veces Santo Rey de la gloria!

Gloria a nuestro Dios tres veces santo,

a nuestro Dios tres veces santo

¡gloria y victoria!

Todo está lleno de las grandezas del Dios de los

ejércitos,

¡Qué inmensa

y poderosa

su santidad!

¡su inmensidad!

¡su majestad!

¡su eternidad!

Que le adoren los reyes de la tierra todos.

 

AL CORDERO

 

8. Cordero de Dios, misericordia.

Cordero de Dios, oh buen Señor,

misericordia y perdón,

¡misericordia! (bis)

Tú que quitas todos los pecados del mundo,

bórralos, Señor,

de mi corazón.

Perdónanos,

perdona a todos,

escúchanos;

por amor a ti

¡danos paz y perdón profundos!

 

ANTES DE LA COMUNIÓN

 

9. El hombre justo que comulga

se convierte en otro Cristo,

se llena de su Espíritu

y de su vida. (bis)

Comamos el pan vivo, bebamos el vino de los ángeles,

muy frecuentemente,

muy santamente.

Comamos, bebamos

y nos fortalecemos.

Comamos, bebamos

y así viviremos,

rindiendo a Dios alabanza y honor celestiales.

 

10. Yo muero de amor, yo suspiro

por ti, amable Salvador,

desciende a mi corazón,

si no yo muero. (bis)

Estar sin ti un instante, es duro infierno.

Poderoso Rey,

impera en mí;

esposo casto,

a ti solo acato,

mi querido Esposo,

ven, no tardes tanto,

ven a ser mi felicidad, mi gozo eterno.

 

EN REPARACIÓN

 

11. ¡Gran Dios, santo es éste tu templo

porque es tu propia mansión

y tu casa de oración!

Temblemos de miedo. (bis)

En este lugar el fiel se salva, el impío se condena;

adoremos a Dios

en esta mansión;

nos condenamos

si la profanamos.

Nos salvaremos,

si en ella rezamos;

escojamos pues la muerte o la vida eterna.

 

12. Reparemos la afrenta

de Cristo ofendido

hasta en este sitio

con máxima pena. (bis)

Combatir en palacio al Monarca supremo,

¡qué atentado

del ingrato!

Ángeles, lloren,

mortales, suspiren,

ángeles, lloren,

lloren, reparen

tantas injurias, excesos extremos.

 

ANTES DE LA BENDICIÓN

 

13. Alabanza, amor, honor y gloria

a Jesús sacramentado.

Cuanto más anonadado

mayor fe es necesaria; (bis)

si él nos ama hasta el extremo,

amémosle también.

Con amor paguemos,

con amor devuelto;

amemos, alabemos,

alabemos, honremos,

amemos, alabemos,

alabemos, adoremos

las grandezas de un Dios que nos ama con amor de

Padre.

 

14. ¡Acepta, sumo Dios, que a ti lleguemos

y como pobres pecadores

te rindamos los honores:

tu piedad pidiendo! (bis)

Bendícenos, Señor; los óbices aparta.

Todo lo puedes,

si tú lo quieres,

es de un pecador

que gime el corazón;

es un pecador,

perdónalo, Señor.

perdónalo, bendícelo, escucha al que te aclama.

 

DIOS SÓLO.

San Luis María de Montfort: CANTICOS EUCARÍSTICOS (3)

Abril 28, 2008

 

 

CÁNTICO 136: ACTO DE REPARACIÓN EN HONOR

DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

1. Suspiremos, gimamos, lloremos tristemente:

Cristo es abandonado en su gran Sacramento,

se le olvida e insulta en su amor sin medida,

se le ataca y ultraja hasta en su mismo templo.

 

2. Todo es confort y brillo en la casa del cura;

mas, la iglesia, olvidada, y el altar, expoliado;

hundido el pavimento; el techo, sin techumbre;

las paredes manchadas; los muros, desplomados.

 

3. El crucifijo, roto; los cuadros polvorientos;

los lienzos carcomidos; las casullas, grasientas;

destrozados los libros y apagada la lámpara;

todo es presa del polvo, del descuido y la prisa.

 

4. El ciborio se halla roto, y ennegrecido el cáliz:

la custodia de estaño o latón, enmohecida;

todo desde la entrada hasta la sacristía dice y grita

desprecio y delata ignominia.

 

5. ¿Quién a escupir se atreve en un templo pagano?

Mas en los nuestros, ladra una horda de perros,

que corren y hacen ruido, rompen y ensucian todo,

sin que nada procure vengar tales desprecios.

¿Hay algo limpio en la casa del Amado?

¡Sí!, la sede de la dama o del señor del lugar.

En la pared grasienta su escudo han pintado.

¡Si eres creyente la razón me darás!

 

7. En el sitio asignado al Señor de los cielos,

luce el escudo de armas del señor gamonal;

el cura y el pollino ostentan sus blasones,

que honran, uno en el templo y el otro en su portal.

 

8. ¡Cuántas gentes se agolpan para honrar a los grandes

o acuden noche y día donde su damisela!

Mas, vacía está la iglesia; los altares, desiertos;

y una misa muy corta parece un año entero.

 

9. Vean al cura muy pulcro o al feliz libertino,

al entrar en la iglesia con su porte altanero:

se arrodilla en un banco… mira, saluda y habla,

y a sus anchas camina, como en casa de juegos.

 

10. Y, ¡cosa abominable!, toma rapé a su gusto,

lo toma y lo recoge por aquí y por allá;

pagado de sí mismo y su porte galano,

ya se mueve, hace muecas o ademanes de orar.

 

11. De ordinario no llega a adorar al Señor,

sino a rendirle culto a la Venus pagana;

pues a alguna criatura sacrifica gustoso

su mirada y deseos, su postura y palabras.

 

12. Miren, pero llorando, miren, en otra parte,

a esa mujer ligera, inflada en sus brocados,

con sus lindos zapatos, su cresta de tres pisos,

que a ostentar su figura se llega al lugar santo.

 

13. Tan lindo personaje se acerca muchas veces

al pie del altar mismo donde vive el Dios vivo,

o hace pose en un banco a fin de que la vean,

que la miren y admiren o que aplaudan sus giros.

 

14. ¡Tan satánico engendro viene a hacer competencia

al Señor de las huestes de la tierra y el cielo!

¡Jesús queda opacado por sus galas y adornos

y el altar eclipsado por sus joyas y velos!

 

15. Su perro, su abanico, su aderezo y sus guantes,

muchas veces su Adonis… allí matan el tiempo,

en ocasiones lee… pero busca impaciente

si hay alguien que la mire y admire su atuendo.

 

16. ¡Hiere, oh Dios, a esas gentes tan ingratas y fatuas!

¡Que si amarte no quieren, por lo menos te teman!

Tu justicia conjuga con tu paciencia santa

y en temor su atavío cambiará la insolencia.

 

17. Uno roba tu gloria, otro empaña tu nombre

o te ofende insolente… ¡Infinito pecado!

Mas, detiene tu ira que al pecado superan

el amor que nos tienes, la bondad, los cuidados…

 

18. Perdón, oh Jesús mío, por ellos y nosotros;

misericordia imploro por ellos y por ti;

que podamos nosotros reparar tanto ultraje,

con tu sangre preciosa y nuestro amor sin fin…

 

19. Aquí estamos rendidos al pie de tus altares;

bien puedes castigarnos, pues somos pecadores;

pero, si acaso escuchas tu amor y nuestro llanto,

escucharás propicio nuestro amor y canciones…

San Luis María de Montfort: CANTICOS EUCARÍSTICOS (2)

Abril 28, 2008

(Ediciones Montfortianas, Centro Mariano Montfortiano,Colombia, 2003)

 

CÁNTICO NUEVO PARA TODOS LOS DÍAS DE LA SEMANA

 

SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

CÁNTICO 128 – PARA EL DOMINGO

 

1. Fuera estoy de mí mismo,

al ver cuánto se humilla,

en este Sacramento,

la majestad divina;

veo al Dios verdadero,

sin brillo y sin figura,

oculto en el sagrario.

¿Quién osará creerlo?

 

2. Aquel manso cordero

se pone en tal estado,

para ser ante el Padre

nuestro amable abogado.

Allí está noche y día

en su santa presencia.

Para apagar su enojo,

va a herir al culpable

que lo irrita y ofende.

 

3. En hostia allí se cambia

por contener su ira,

sin cesar le suplica

nos mire con piedad.

Allí le rinde a Dios

toda honra y homenaje,

es nuestro suplemento,

lo ama infinitamente.

¿Podía hacer algo más?

 

4. Se encuentra en su presencia,

en santa adoración,

de reverencia lleno

y amor ante su nombre.

Allí en todo momento,

su corazón anhela

plenamente exaltar

al Señor, y que todo

se someta a su imperio.

 

5. Por él todos los ángeles

y bienaventurados,

tributan mil honores

al Dios del paraíso.

Lo que hacen en los cielos

podemos aquí hacerlo:

Cristo está con nosotros

y es todo para todos,

como nuestro modelo.

 

6. Y si Jesús se humilla

en amor sin fronteras,

paguemos ese amor

con amor sin medida,

corramos a sus plantas

en este gran misterio,

diciendo “Amén” día y noche,

para honrar a su Padre.

 

7. Jesús amabilísimo,

seremos todos tuyos,

tú te has dado a nosotros:

hoy nos damos a ti,

ven y reina, Señor,

como en tu santo templo,

para adorarlo humildes

y amarlo santamente

y nosotros contigo.

 

8. Dale como tú haces,

en este nuestro altar

perfectas alabanzas

al Amor inmortal;

Sagrado Corazón,

entona el canto excelso,

que cantas sólo tú,

y exultarán los cielos

de dicha incontenible.

 

CÁNTICO 129 : PARA EL LUNES

 

1. Aquel cuya hermosura encanta siempre

y anuncian cielo y tierra

descansa en los altares,

oculto en el copón.

El Dios omnipotente en su grandeza,

igual a Dios su Padre,

por robarnos el alma,

vive en tan gran misterio.

 

2. Aquí en la Eucaristía en verdad guarda,

plenitudes de amor

plenitudes de vida;

es tesoro infinito;

él es Sabiduría, Amor del Padre;

mas su luz no decae,

aunque hasta nuestro mundo

se digna descender.

 

3. Allí ahorrar no quiere don alguno:

se entrega sin reservas,

todo a todos, al punto

que no puede dar más:

lo entrega y brinda a todos uno a uno,

sin exceptuar a nadie;

dar es su mayor gloria,

su dicha y su contento.

 

4. ¿Quién contarnos pudiera, quién decirnos

lo que el divino Esposo, hace gustar aquí

a sus fieles amantes?

Es un vino abundante y delicioso

como no hay ningún otro.

Es perfume precioso

y néctar agradable.

 

5. Es allí donde se entrega todo a todos:

tal es su caridad;

es nuestro tierno Esposo,

nuestro Dios verdadero;

nuestro médico santo y dulce dueño,

nuestro amigo y hermano,

nuestra senda y camino

y nuestra luz amable.

 

6. En su Corazón guarda sus tesoros,

ése es su tabernáculo;

y los da con dulzura,

si obstáculos no encuentra;

su Corazón anhela ardientemente

brindar y compartir;

nos llama sin descanso.

¿Habrá alguien que lo escuche?

 

7. Vengan, amigos míos, vengan todos,

nos pide el buen Maestro,

a gustar su dulzura,

a amarlo y conocerlo;

quiero darles mi carne en alimento,

coman, que yo los amo;

beban a grandes tragos,

embriáguense en mi sangre generosa.

 

8. Jesús nos ama, amémoslo nosotros,

¿no es razonable acaso?

Acérquense sin miedo,

porque es todo dulzura.

¿Le queremos amar ardientemente

como en el mismo cielo?

Corramos al Sagrario.

 

9. ¡Oh divino Jesús!, vierte a raudales

tu gracia en nuestros pechos,

ya no resistiremos

tus incendios de amor.

Por favor, haz que sea nuestro pecho

valiente y generoso,

y fija en nuestras almas

tu mirada de amor.

Amén.

 

CÁNTICO 130: PARA EL MARTES

 

1. Maravillosa escuela

que enseña en corto tiempo,

sin palabras ni esfuerzos,

la ciencia y la virtud,

es el gran Sacramento.

¡Oh divino saber!

El Maestro es Jesús que dulcemente

predica sin cesar.

 

2. Maestro sin igual,

que ilumina las almas,

y como sol divino

las calienta e inflama;

él en este misterio,

se hace modelo santo,

practicando en secreto noche y día

lo que a hacer nos enseña.

 

3. Cuando baja al altar

lo hace por obediencia,

sin resistencia acude

a la voz de un mortal;

su Corazón sagrado

se inflama en caridad,

viene para salvar al pecador,

lo despierta y lo llama.

 

4. La humildad que tanto ama,

lo hace bajar del cielo

para ocultar su gloria

en un pobre ciborio;

allí nos proporciona

su mejor enseñanza:

aprendan mi bondad y mi dulzura,

yo soy manso cordero.

 

5. Por más que el pecador

con su habitual orgullo,

insulte su grandeza,

aquí en la Eucaristía

no es posible pensar,

qué grande es su paciencia:

todo lo excusa y calla y nunca quiere

mostrar ira o venganza.

 

6. Allí está siempre muerto

a las cosas del mundo,

sin usar los sentidos

y en infinita paz

su pecho es la dulzura,

que es su virtud más grata,

al soportar sin ira al pecador

ni mostrarle su cólera.

 

7. Misterio que es de amor

o el amor mismo;

Cristo en él noche y día

nos grita que nos ama;

como amigo muy fiel,

nos dice y nos reclama,

le amemos y busquemos en su pecho

la vida verdadera.

 

8. ¿Cuál es su amor por Dios?

Es un amor sin límites,

porque él aquí lo ama

cuanto Dios se merece

y todas las virtudes

tienen su única fuente

en el Corazón Santo de Jesús:

sólo él las comunica.

 

9. Amigos, visitemos

a este rey soberano,

que quiere con nosotros,

quedarse por amor:

hallaremos secretos

que nos den la victoria,

medios de perfección y santidad

e ingreso al paraíso.

 

10. ¡Oh Jesús!, ilumínanos,

tú eres luz infinita,

sólo en ti encontraremos

las palabras de vida:

regálanos, Señor,

tus virtudes e imagen,

y nunca más haremos resistencia

a tu acción celestial.

 

CÁNTICO 131: PARA EL MIÉRCOLES

 

1. Que mi lengua publique en todas partes

y mi vida pregone sin descanso

las sublimes grandezas del Santísimo.

Vengan a ver al Salvador del mundo,

vengan a ver su Corazón Sagrado,

que arde en amor divino:

es una sola llama, un solo incendio.

 

2. Es un refugio abierto a toda hora,

para ser por amor nuestra morada;

nuestro asilo seguro y fortaleza

y para todos, roca inexpugnable,

donde jamás penetra el enemigo;

es un reino de paz,

donde nada nos puede derrotar.

 

3. En este corazón jamás Dios Padre,

deja sentir su cólera y enojo;

a aquél que pecador allí se esconde,

el corazón lo oculta y lo protege,

lo oculta con su amor y su bondad

para calmar al Padre.

¡Oh caridad!, ¡Amor!, ¡amor paterno!

 

4. ¡Oh cristianos, aléjense del mundo,

vengan al Corazón de los tesoros,

al augusto y divino Sacramento!

Vengan, gusten en este Corazón

más dulzuras, más goces y alegrías,

de los que andan buscando.

¿Temen? No teman nada, que él les ama.

 

5. Ven, pecador, ven que en la Eucaristía,

encontrarás la vida verdadera,

y los mejores y apreciados bienes;

ven, escóndete aquí, estarás seguro;

en medio a mi Sagrado Corazón,

el dolor hallarás

y también el perdón de tus pecados.

 

6. Almas fervientes, digan ¿por qué tardan

en gustar la dulzura que cautiva

y en mi Sagrado Corazón ofrezco?

Vengan, descansen y en silencio aprendan

el lenguaje feliz del amor santo,

para hablar de él, después

con santo amor y humilde reverencia.

 

7. Mi Corazón Sagrado es todo a todos,

para el alma que en él llega a morar:

da sin medida y nunca se empobrece,

enriquece y ayuda y brinda aliento,

defiende sin cesar e instruye y ama,

abrasa y guía al tiempo

y es todo para todos sin reserva.

 

8. De en medio del ruido y del tumulto,

de en medio del desprecio y las injurias,

vengan que en mí hallarán dicha y consuelo.

¿Sus enemigos quieren acabarlos?

Aquí en mi corazón tienen refugio,

aquí podrán vencerlos,

y ellos, entonces, quedarán burlados.

 

9. Alma pura, que guardas la inocencia,

ven a verme, abandona las criaturas,

te espero en el divino Sacramento,

entra en mi Corazón, es tu refugio,

escóndete y no temas, que es tu casa,

gusta cuán bueno soy,

gústalo y saboréalo, amada mía.

 

10. ¡Oh buen Jesús!, ante tu amor me rindo,

¡qué fuerte es! y ¡qué tierno y paternal!

Albérgame en tu santo Corazón

que así tendré segura la victoria,

sobre todos mis otros enemigos;

sea él mi único cielo,

donde te ame por siempre el pecho mío.

 

CÁNTICO 132: PARA EL JUEVES

 

1. En verdad, buen Jesús, tú me pareces,

pródigo de ti mismo por amor,

pues no contento con pasar la vida

en medio de trabajos y tormentos,

en exceso de amor quieres quedarte

con nosotros y darte todo a todos.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

Amémosle, sirvámosle, adorémosle…

 

2. Nos ama hasta el extremo, sin fronteras,

pues para abrir y darnos libre entrada

a su presencia, esconde su deidad,

brillo y grandeza en apariencia ruin;

olvida su poder, conquista a todos,

ganando por amor los corazones.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡Su amor y caridad son infinitos!

 

3. Dios nos ama y consiente con ternura,

hasta agotarse en este Sacramento.

¿Quién lo podrá creer? Da sin reserva

su carne en alimento, y en bebida

su propia sangre y alma y ser eternos,

con el fin de cambiarnos en él mismo.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡Digno de toda gloria y alabanza!

 

4. Si su poder prodigios noche y día

realiza trastornando hasta sus leyes,

su amor es aún más grande y más sublime,

pues lo une desde ahora a su criatura:

Jesús y el alma son un solo ser.

Todo es común entre ellos.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡El ama y ama a todos sin medida!

 

5. Pecadores, venid, venid a mí,

os dice el Salvador amablemente,

venid, hombres, mujeres, yo soy fuego

y deseo abrasaros en mis llamas.

He bajado del cielo porque anhelo

abrasar en mi incendio todo el orbe.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡Su Corazón es una sola llama!

 

6. Si queréis incendiaros en mi fuego,

reside en mi divino Corazón:

allí fue do los santos se inflamaron:

inflamaos en él, yo os lo regalo;

Basta con que pidáis, que yo consiento,

en darlo con largueza a cuantos pidan.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡Su caridad a todos nos apremia!

 

7. Soy vuestro salvador, tal quise hacerme,

os escribí en mi pecho en letras santas,

porque todos seáis hijos de mi Padre,

abierto está para albergar a todos,

para acoger, guardar y consolar.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

¡Qué misterio tan grande y tan sublime!

 

8. Cristianos, devolvamos santamente,

sí, todos, con amor, amor paguemos,

que el Señor lo merece; el agua inmunda

de nuestras propias faltas no ha podido

poner fin a su amor ni a sus bondades;

¡Ay, pobre pecador!, que amar no puedes,

al dulce Salvador de nuestras almas.

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

Desde hoy, para siempre, eternamente.

 

9. Repitamos con voz enternecida:

¡Oh Corazón!, inflámanos, incéndianos,

en tus llamas de amor, divina hoguera,

consúmenos, Señor, aquí nos tienes;

colócanos al pie de tus altares,

haz que seamos hostias agradables,

y que cantar podamos noche y día,

esta dulce canción de amor sagrado:

¡Bendito y alabado sea el Santísimo!

Porque él y sólo él es nuestra vida. Amén.

 

CÁNTICO 133: PARA EL VIERNES

 

1. Escuchen mi justa queja

los que aman al Salvador,

voy a exponer sin temores

lo que siente el corazón:

que se olvida y abandona

al Sacramento de amor,

donde casi nadie acude,

lo digo con desazón.

 

2. Las mansiones están llenas

de gentes a reventar,

cuya queja y dolor es

perder su tiempo no más;

pero la iglesia está sola,

ir allá es cosa aburrida,

una hora parece un año.

¡Ojos, llorad, noche y día!

3. ¿Cómo ver al rey del cielo,

triste y solo en el altar,

borrado de la memoria

de tanto y tanto mortal?

El que cautiva a los ángeles,

con su gloria y su poder,

recibe crueles desprecios.

¡Corred, lágrimas, corred!

 

4. A menudo, el Adorable

es pobremente alojado,

y sucia y sin ornamentos

la iglesia es como un establo:

mientras los grandes del mundo,

en casa lo tienen todo

muy bien y no falta nada.

¡Todo brilla y es de oro!

 

5. Reina un silencio absoluto

en las cámaras reales,

las palabras son mandatos,

la presencia es deseable:

en la iglesia el hombre impío

puede irrespetar a Dios

y en su inmodesta actitud,

menospreciar su mansión.

 

6. A este Señor de señores,

después de entregarlo,

mil traidores lo traicionan

y lo burlan de mil modos,

pues le ofrecen por morada

la del mismo Satanás,

donde su Corazón sufre

angustia y dolor mortal.

 

7. Hemos visto a los herejes,

nuestros templos derribar,

y a pesar de los católicos

la hostia santa pisotear;

mira cómo ofende el hombre

a su amable bienhechor;

tiemblo y con sólo pensarlo

se me rompe el corazón.

 

8. ¿Podremos ser insensibles

a tan horribles abusos?

¡No, no, jamás! No se puede.

¡Lloremos al buen Jesús!

Visitémoslo a menudo…

a nombre de los cristianos;

su corazón nos implora,

sus tesoros quiere darnos.

 

9. Reparemos tantas culpas,

con un amor sin fronteras,

rindámosle mil honores,

hagámosle compañía;

vayamos en desagravio

a su amor menospreciado,

a su Corazón amante,

por nosotros inmolado.

 

10. Reina doquiera, Señor,

aun en este Sacramento;

haz que te reconozcamos,

¿no ha llegado acaso el tiempo?

Impide que se te acerquen

para injuriarte o venderte,

y a las almas quebrantadas,

misericordia concede.

 

11. Si nuestros bienes son tuyos,

pues de ti los recibimos,

que caigan sobre nosotros,

siendo nuestros tus desprecios;

por reparar tanto crimen,

toma nuestro corazón,

que sea víctima propicia,

ante tu altar, oh Señor. Amén.

 

CÁNTICO 134: PARA EL SÁBADO

 

1. Jesús no puede nunca separarse

-¡tanto la ama!- del lado de María;

y por ella, poco antes de la muerte,

inventó la divina Eucaristía,

con el fin de ser siempre su consuelo,

aún después de subir feliz al cielo.

 

2. Tras gozar complacencias celestiales,

en su morada virgen nueve meses,

quiere volver a hallar sus complacencias,

en su pecho de amor una y mil veces

y ofrecerse cual víctima a su Padre

desde el altar sagrado de su Madre.

 

3. Desterrado de tantos corazones,

en este Corazón halla morada,

allí recibe amor, dicha y refugio,

la gloria que le fuera arrebatada,

en tan dulce y bellísimo cantar

que él sólo a perfección sabe entonar.

 

4. Un descanso agradable allí recibe

en el lecho feliz de su pureza

y de gozo inefable a gozar llega

de su amor en el fuego y su belleza.

Y mucho más que todo, su humildad

lo atrae a ella y cautiva su amistad.

 

5. Y Jesús rebosando gratitud,

parte en su amor y dones le ofreció,

la nutre con su Cuerpo y con su Sangre,

que ella misma en la infancia alimentó.

La leche de su seno virginal,

hoy cambia por su sangre divinal.

 

6. ¡Qué delicias, placeres y caricias

no recibe en tan cálido momento!

Al fin tiene en sus brazos a su Hijo,

que es su amor, es su Dios y es su contento.

Su santo Corazón salta de amor

por Jesús su divino Salvador.

 

7. Su santo Corazón es un incendio,

una hoguera inflamada en fuego ardiente,

que sólo en el Señor encuentra vida

y en él sustento y de existencia fuente.

Arde sin consumirse noche y día,

porque no puede amar en demasía.

 

8. Parece que el amor sus corazones

funde, en este misterio, en solo uno;

todo el Hijo en la Madre está escondido,

todo es común entre ambos, todo es mutuo:

en la Madre se ve ya solamente,

a su amor Jesús, eternamente.

 

9. Entonces con sus súplicas confiadas

ella alcanza del dulce Salvador,

perdón para los pobres pecadores.

Son el Hijo y la Madre un solo amor:

Su casto Seno y Corazón sagrado,

hacen caer las armas y el pecado.

 

10. ¡Oh cristiano!, la Virgen, Madre amada,

nos brinda en la sagrada comunión,

santas disposiciones como ejemplo:

imitemos toda esa perfección,

y al Santo Sacramento tributemos

la adoración y amor que le debemos.

 

11. De ti, Virgen amante recibimos

ese cuerpo y la sangre que vertida,

a tan sublime sitio nos elevan

que causamos del ángel santa envidia.

¡Bendita tú en todo sitio y toda gente

por darnos tan bellísimo presente!

 

12. Vierte, Madre admirable, en nuestras almas

tus virtudes, tus gracias, tu mirada,

con el fin de que Cristo tu Hijo amado

pueda poner en ellas su morada.

¡Vierte, Madre, en nosotros tu amor santo

y así a Jesús amemos siempre tanto!

 

13. ¡Oh Jesús!, en tu Madre hallamos siempre

perfecto y adecuado suplemento;

ven a unirnos al Padre eternamente,

óyenos, ¡oh Jesús!, ven al momento,

o mejor, a su pecho sin demora

que nos ha de suplir hora tras hora. Amén.

San Luis María de Montfort: CANTICOS EUCARÍSTICOS (1)

Abril 28, 2008

 

Obras Completas de San Luis María de Montfort

 

(Ediciones Montfortianas, Centro Mariano Montfortiano,Colombia, 2003)

 

 

CÁNTICO 112: ANHELOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

 

1. Mi corazón te busca una y mil veces

 

¿cuándo vendrás a mí, Jesús amado?

 

¡Estar sin ti, Señor, es un martirio!

 

¡Ven, pues, a mí, Esposo celestial!

 

 

2. Una aguda tristeza me domina

 

Amor, sin ti, día y noche desfallezco.

 

¿No quieres que mi amor te manifieste?

 

¡Ven, oh Jesús, incéndiame en tus llamas!

 

 

3. Yo soy, Señor, la oveja descarriada.

 

¡Oh buen Jesús!, defiéndeme del lobo,

 

que, si tú no me ayudas, me devora.

 

¡Ven, búscame y condúceme al redil!

 

 

4. ¡Oh Pan de vida! ¡Cuánto te deseo!

 

¡No lo quiero dejar para mañana!

 

Quiero comerte, muero de ansiedad;

 

mi hambre se acrece, deja que te coma.

 

 

5. Llego hasta ti sin fuerza y sin aliento

 

para embriagarme en tu divina cena;

 

busco el agua del pozo de Jacob,

 

mi sed se acrece, deja que te beba.

 

 

6. Siento, Señor, mi alma torpe y fría;

 

fuego del cielo sobre mí descienda;

 

inflama mi alma en tus divinas llamas:

 

el frío se acrece, dame tu calor.

 

 

7. Soy un ciego que grita en el camino:

 

“¡Piedad de mi, Señor, misericordia!”

 

Hijo de Dios e Hijo de María,

 

haz que yo viva, aumenta en mi la fe.

 

 

8. Señor, soy un enfermo sin remedio,

 

mas tu palabra sanará mis llagas:

 

sin ti, Jesús, mi médico piadoso,

 

todo acabó, la muerte me devora.

 

 

9. Señor Jesús, golpeo ante la puerta;

 

necesitado, muero en mi pobreza:

 

con suave y firme voz clamo y reclamo:

 

“¡Dame una chispa, al menos, de tu amor!

 

 

10. Indigno soy, Señor, yo no merezco

 

acercarme a la santa comunión;

 

una palabra tuya me hará digno,

 

entra pronto en mi casa, es tu palacio.

 

 

11. Ven a mi casa, amigo verdadero,

 

tesoro santo, mi única delicia;

 

sin ti, Señor, soy sólo un miserable.

 

¡Ven, pues, a mí; entra en mi corazón”.

 

 DIOS SÓLO.

28 DE ABRIL: SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

Abril 28, 2008

 

SAN LUIS MARÍA DE MONTFORT

 

 

PATRONO DE LA LEGION

 

 

“En vista de otras resoluciones de no admitir patronos particulares y locales, parecerá tal vez algo temerario el incluir el nombre de San Luis de Montfort. Cabe afirmar, empero y sin vacilación alguna, que nadie como este santo varón ha tenido tanta parte en el desarrollo de la Legión. El Manual rebosa de su espíritu.: las preces legionarias son eco de sus mismas palabras. Verdaderamente es Maestro de la Legión, razón por la cual los Legionarios deben casi en conciencia invocarle. Fue canonizado el 20 de julio de 1947 y celebramos su fiesta el día 28 de abril.” (Manual de Legión de María)

 

****

 

“No sólo fundador, sino misionero también. Y más que misionero, porque aún hay otro aspecto, es Doctor y Teólogo que nos ha dado una mariología tal como nadie antes que él había concebido. Tan profundamente ha explorado las raíces de la devoción mariana, tan ampliamente ha ensanchado sus horizontes, que ha venido a ser indudablemente el gran pregonero de todas las manifestaciones modernas de María: desde Lourdes hasta Fátima, desde la definición de la Inmaculada Concepción hasta la Legión de María. Se constituyó él mismo en heraldo de la venida del Reino de Dios por medio de María y en precursor de aquella tan deseada salvación que en la plenitud de los tiempos traerá al mundo la Virgen Madre de Dios por su Inmaculado Corazón”

 

(Palabras pronunciadas por el Cardenal Tedeschini, antiguo Arcipreste de San Pedro, en el Discurso con ocasión de la canonización de San Luis María de Montfort en la basílica de San Pedro, el 8 de diciembre de 1948)

 

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SU BIOGRAFÍA

 

(Fuente: Centro Mariano – Regnum Mariae, y LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: Un Santo para nuestros tiempos p. Battista Cortinovis, s.m.m.)

 

 

Luis María Grignion nació el 31 de enero de 1673 en Montfort, no muy lejos de Rennes, en Bretaña (Francia). Era el primogénito de una familia numerosa. El padre, Jean-Baptiste, era abogado, con algunas dificultades económicas, siendo que se comprometió a recomponer los títulos y las propiedades de  familia. La madre, Jeanne-Robert, tenía dos hermanos sacerdotes.

 

Los primeros años de la  vida de Luis María transcurrieron en parte con sus padres en Montfort, en parte donde una nodriza  y en una casa de la familia en la campiña cercana. En 1684 el chico fue enviado a Rennes y matriculado en el colegio S. Tomás Becket, dirigido por Jesuitas. Allí él vivió desde los 11 hasta los 19 años, huésped en la casa de su tío, el sacerdote Alain Robert, y alumno externo del colegio.

 

◊◊◊◊◊

 

 

SAN LUIS MARIA no nació santo, tuvo que domar un duro carácter :”me ha sido mas difícil vencer la sola pasión de la cólera que todas las demás juntas. Si Dios me hubiera destinado para el mundo, hubiera sido el hombre mas violento de mi tiempo”.

 

Sin embargo, aprendió a morir a si mismo y pudo aprender a ser paciente, dulce y crecer en virtud. El mismo consolaba a su madre y le animaba a soportar con paciencia las pruebas. La gente que le conoció decía :”Es el Buen Padre de Montfort, el Padre del rosario grande”.

 

A los 18 años siente el llamado a la vida sacerdotal y se entrega totalmente a la oración y la penitencia, encontrando su delicia tan solo en Dios.

 

Aprendió rápidamente que el verdadero valor no se encontraba en los bienes del mundo: el dinero, la fama , la fortuna; sino que el verdadero valor estaba en la transformación interior.

 

En el seminario ejerció el oficio de velador de muertos. Ante la realidad de la muerte a la que estaba constantemente expuesto, aprendió a despreciar todo lo de este mundo como vano y temporal.

 

También fue bibliotecario y por esto leyó muchos libros :”creo que he leído todos los libros espirituales que existen” nos diría.

 

Fue poco comprendido por los demás. Su tiempo en el seminario estuvo lleno de grandes pruebas. Sus superiores no sabían como lidiar con el, si como un santo o como un fanático. Pensaban que su vida estaba movida mas bien por el orgullo que por el celo de Dios. Lo mortificaban día y noche, lo humillaban e insultaban enfrente de todos. Sus compañeros al ver esto se reían de el y lo rechazaban a menudo.

 

Recibió todo esto con gran paciencia y docilidad y lo miraba como un regalo de Cristo quien le había dado la gracia de participar de su cruz.

 

Al llegar a ser ordenado sacerdote escogió como lema de su vida sacerdotal “ser esclavo de María” – TOTUS TUUS . Esta fue siempre la dama de sus pensamientos y quien llenaría toda su vida.

 

Enseguida empezaron a surgir cruces mas grandes en su vida, sus superiores le negaron varias veces ejercer sus funciones de sacerdote, no podía confesar ni predicar; crearon falsos testimonios contra el desacreditándolo., Fue rechazado por sus amigos mas íntimos, hasta su propio obispo empieza a dudar seriamente de el.

 

Sufrió enormemente pero se mantuvo firme en su fe actuando como un santo sacerdote y comprendió que Dios lo estaba fortaleciendo y purificando, convencido que su único apoyo y defensa era Dios. También comprende que la razón de los ataques es la doctrina mariana que enseñaba, primero porque Satanás le perseguía y luego porque la humanidad no estaba dispuesta a abrazar sus enseñanzas.

 

SAN LUIS MARIA recurre al Santo Padre y le visita en Roma; quería saber si de verdad estaba equivocado como todos decían o si cumplía la voluntad de Dios, lo cual era su único deseo.

 

Se logra el encuentro y recibe del Papa la bendición y el titulo de Misionero Apostólico.

 

Llego a predicar durante su vida 200 misiones y retiros, las cuales se caracterizaban por la presencia de María ya que siempre promovía el rezo del santo Rosario, hacia procesiones y cánticos a la Virgen. Su palabra conmovía y convertía a los pecadores mas empedernidos.

 

Sediento de amor al prójimo y de la salvación de las almas, iniciaba sus misiones entrando en las cantinas y prostíbulos predicando; querían matarlo, pero terminaban llorando sus pecados y pidiendo perdón de rodillas ante el.

 

Las poblaciones evangelizadas por el Padre de MONTFORT lo contemplaron , mas de una vez, transfigurado por la palabra de Dios que proclamaba. Y mas de un vez también prorrumpieron en lagrimas al oírlo hablar de la dulzura y padecimientos de Jesús.

 

Durante sus 17 años de ministerio sacerdotal, estuvo en contacto con todas las categorías sociales y se amoldo perfectamente con todos los ambientes, sin embargo consagra lo mejor de su tiempo a los mas humildes, y decía: “Siento vivos anhelos de hacer amar al Señor y a su Santísima Madre, de ir en forma pobre y sencilla a enseñar el catecismo a los pobres de los campos y excitar a los pecadores a la devoción a la Santísima Virgen”.

 

SAN LUIS MARIA no se atiene a las palabras, vive como pobre y si recibe dinero se lo entrega sin demora a los pobres. Vive con los pobres, hasta el punto en que estos un día resolvieron hacer entre ellos mismos una colecta para el, y dice: “Se animaron unos a otros para darme limosna”.

 

Su ternura para con los pobres iba hasta el extremo , los consideraba como un sacramento que contenía a Jesucristo, oculto bajo un exterior repugnante.

 

Tal es el sentido de su famoso “!ABRID LAS PUERTAS A JESUCRISTO!”, cuando llevando a casa de los misioneros de La Providencia, donde el SAN LUIS MARIA vivía, a un pobre andrajoso recogido en la calle le da cobijo y lo coloca sobre su propia cama.

 

SAN LUIS MARIA es un hombre de convicciones. Hombre de fe y compromiso, que cree en lo que es y en lo que hace. Habla de Dios porque se ha tomado el tiempo de hablar con El en el recogimiento del retiro. Un hombre de profunda oración y gran contemplador.

 

Es un hombre liberado. Para permanecer perfectamente disponible al Señor, se desembaraza de toda seguridad humana; dinero, habitación, protección de los poderosos; renunciando hasta a su nombre de familia al que sustituye gustoso por el de su región para honrar su bautismo: SAN LUIS DE MONTFORT . Decía con toda propiedad: “Suceda lo que suceda, nada me preocupa; tengo un Padre en el cielo que no me fallara jamas”.

 

Es un hombre lleno de audacia e inventiva. Tiene el coraje del presente y la audacia del futuro con todos los riesgos que eso conlleva; un día lo abofetean, otro lo encarcelan, lo envenenan, lo amenazan con traspasarlo con una espada, lo persiguen los piratas. Pero dice: “si no arriesgamos algo por Dios, no haremos por El nada que valga la pena”.

 

Original, alegre, impulsivo, imprevisible, paciente, ordenado, sumiso y obediente, prudente y discreto, sereno y perseverante; ese el SAN LUIS MARIA.

 

La vida de Luis María Grignion de Montfort se apagó el 28 de abril de 1716, en Saint-Laurent-sur-Sèvre, en Vandea. Murió en plena misión, debilitado por las fatigas y doblegado por una pulmonía, a sólo 43 años de edad. Fue sepultado en la misma iglesia parroquial de Saint-Laurent. Hoy sobre su tumba ha sido construida una basílica, meta de peregrinaciones desde Vandea y desde toda Francia. Juan Pablo II, el 19 de septiembre de 1996, ha querido honrar con su visita a Saint-Laurent al Santo que ha sido su guía espiritual desde los años de la juventud

 

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LA EUCARISTÍA EN LA VIDA DE SAN LUIS

 

(Fragmentos del Resumen de la conferencia dada el día 28/04 /05, fiesta de San Luis Mª Grignion  de Montfort, por el Hno. Andrés Sánchez, sg.  Publicado en la página regnummariae.org – con permiso de la Fundación Montfort, Barcelona)

 

En la infancia

 

Pocos datos hay de la infancia y juventud de Montfort que informan sobre su devoción a la Eucaristía, pero los consejos que daba su madre, Juana Robert, a todos los hijos durante el viaje en carro desde su finca hasta la parroquia de Iffendic pueden demostrarlo, les decía: “Recemos el santo Rosario en el camino, que es la mejor preparación para la Misa.”

 

También como alumno de los PP Jesuitas en el colegio santo Tomás Becket, de Rennes, grandes promotores de la devoción eucarística, el joven estudiante debería empezar a amar al Santísimo Sacramento y asistir a Misa e ir a menudo a recibir la santa Comunión.

 

En el seminario

 

Describiendo el período de París, Blain nos habla en tres ocasiones del joven Luis. En la comunidad del P de la Barmodière, Montfort comulgaba cuatro veces por semana, pero con tal devoción que era digno de verse. Aunque toda su vida era una preparación a tan santa acción, la víspera añadía disposiciones particulares y próximas. Su acción de gracias duraba una hora y, para hacerla con mayor tranquilidad y gozar de la presencia de su amado, buscaba los lugares más recónditos de la iglesia.

 

Blain nos recuerda una comunión del joven Grignon en Chartres, en la que perseveró en oración seis u ocho horas seguidas de rodillas inmóvil y como en éxtasis. También nos indica Blain que todos los sábados acostumbraba a ir a comulgar a la iglesia de Notre-Dâme de París, lo que le permite afirmar que la comunión de Montfort era frecuente, fervorosa y con María.

 

Siendo seminarista ya se inició en la composición de cánticos, que más tarde le sirvieron tanto en su apostolado misionero y muchos de ellos estaban dedicados a la Eucaristía.

 

La Eucaristía en los escritos de Montfort

 

No fue nunca la preocupación de Montfort profundizar científicamente en el misterio eucarístico. Dicho con sencillez, su misión fue traducir, al servicio de la fe y para la vida de la fe de los fieles las verdades de la Revelación enseñadas por la Iglesia. Es lo que resulta claramente de la lectura de sus escritos, testigo de su pensamiento y de su actividad misionera. Hay varias referencias, pero sobretodo en los cánticos, que él hacía cantar durante la misa, la adoración, las procesiones, etc.. Ahí nos ofrece su pensamiento y su devoción a la Eucaristía, dejando entrever el ardor del celo apostólico que lo animaba a ayudar al pueblo fiel a comprender y vivir el misterio de la Eucaristía.

 

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“LA ENCARNACION, LA MUERTE Y LA EUCARISTIA”

 

El amor de la Sabiduría eterna

San Luis María Grignion de Montfort

 

Finalmente para acercarse más a los hombres y testificarles su amor aún más sensiblemente, la Sabiduría eterna llegó hasta encarnarse, hacerse niño y pobre y morir por ellos en la cruz.

 

¡Cuántas veces no exclamó cuando vivía en la tierra: “Vengan a mí, ¡acérquense a mí todos! ¡Soy yo, no tengan miedo!. ¿Por qué temer? Soy semejante a ustedes y los amo. ¿Temen, quizás, por ser pecadores? -¡Precisamente los busco a ustedes! ¡Amo a los pecadores! ¿Temen por haberse alejado culpablemente del redil? -Pero, ¡yo soy el buen pastor! ¿Temen, quizás, por estar cargados de pecados, cubiertos de manchas y abrumados de tristeza? -Por eso precisamente deben venir a mí, pues yo los liberaré de su carga, los purificaré y aliviaré.”

 

Queriendo la Sabiduría, por una parte, manifestar su amor a los hombres hasta morir en lugar suyo para salvarlos, y no pudiendo, por otra, decidirse a abandonarlos, encuentra un secreto admirable para morir y al mismo tiempo seguir viviendo y permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos: es la amorosa institución de la Eucaristía. Y para satisfacer cumplidamente su amor en este misterio, no tiene inconveniente en cambiar y trastornar las leyes naturales.

 

No se oculta en el brillo de un diamante ni de otra piedra preciosa, porque no quiere quedarse sólo exteriormente con los hombres. La Sabiduría se oculta, más bien, bajo las apariencias de un trozo de pan -alimento propio del hombre-, a fin de que, al ser comida por éste, pueda llegar hasta el corazón humano y encontrar allí sus delicias. “Es el invento de un amor intenso.” “¡Oh sabiduría eterna! -dice un santo-. ¡Oh Dios realmente pródigo de sí mismo por el deseo que tiene del hombre!”

Sobre la unión entre el misterio eucarístico, el papel de María, y la realidad del dolor y del sufrimiento del hombre

Abril 27, 2008

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BENEDICTO XVI

Queridos hermanos y hermanas:

1. El 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo, ocasión propicia para reflexionar sobre el sentido del dolor y sobre el deber cristiano de salir a su encuentro en cualquier circunstancia que se presente.

Este año, en esa fecha coinciden dos importantes acontecimientos para la vida de la Iglesia, como se puede apreciar ya en el tema elegido -”La Eucaristía, Lourdes y la atención pastoral a los enfermos”-: el 150° aniversario de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes y la celebración del Congreso eucarístico internacional en Quebec (Canadá).

De ese modo se brinda una ocasión singular para considerar la íntima unión que existe entre el misterio eucarístico, el papel de María en el plan salvífico y la realidad del dolor y del sufrimiento del hombre.

El 150° aniversario de las apariciones de Lourdes nos invita a dirigir la mirada hacia la Virgen santísima, cuya Inmaculada Concepción constituye el don sublime y gratuito de Dios a una mujer, para que pudiera adherirse plenamente a los designios divinos con fe firme e inquebrantable, a pesar de las pruebas y los sufrimientos que debía afrontar.

Por eso, María es modelo de abandono total a la voluntad de Dios: acogió en su corazón al Verbo eterno y lo concibió en su seno virginal; se fió de Dios y, con el alma traspasada por la espada del dolor (cf. Lc 2, 35), no dudó en compartir la pasión de su Hijo, renovando en el Calvario, al pie de la cruz, el “sí” de la Anunciación.

Meditar en la Inmaculada Concepción de María es, por consiguiente, dejarse atraer por el “sí” que la unió admirablemente a la misión de Cristo, Redentor de la humanidad; es dejarse asir y guiar por su mano, para pronunciar el mismo fiat a la voluntad de Dios con toda la existencia entretejida de alegrías y tristezas, de esperanzas y desilusiones, convencidos de que las pruebas, el dolor y el sufrimiento dan un sentido profundo a nuestra peregrinación en la tierra.

2. No se puede contemplar a María sin ser atraídos por Cristo y no se puede mirar a Cristo sin descubrir inmediatamente la presencia de María. Existe un nexo inseparable entre la Madre y el Hijo engendrado en su seno por obra del Espíritu Santo, y este vínculo lo percibimos, de manera misteriosa, en el sacramento de la Eucaristía, como pusieron de relieve desde los primeros siglos los Padres de la Iglesia y los teólogos.

«La carne nacida de María, procediendo del Espíritu Santo, es el pan bajado del cielo», afirma san Hilario de Poitiers; y en el Sacramentario Bergomense, del siglo IX, leemos: «Su seno hizo florecer un fruto, un pan que nos ha colmado de un don angélico. María restituyó a la salvación lo que Eva destruyó con su culpa». Asimismo, san Pedro Damián dice: «Aquel cuerpo que la santísima Virgen engendró y alimentó en su seno con solicitud materna, aquel cuerpo sin duda, y no otro, ahora lo recibimos en el sagrado altar y bebemos la sangre como sacramento de nuestra redención. Esto es lo que nos dice la fe católica; esto es lo que enseña fielmente la santa Iglesia».

El vínculo de la Virgen santísima con su Hijo, Cordero inmolado que quita el pecado del mundo, se extiende a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. Como afirma el siervo de Dios Juan Pablo II, María es «mujer eucarística» con toda su vida, por lo cual la Iglesia, contemplándola a ella como su modelo, «ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio» (Ecclesia de Eucharistia, 53).

Desde esta perspectiva se comprende mucho mejor por qué en Lourdes el culto a la santísima Virgen María va unido a un fuerte y constante culto a la Eucaristía, con celebraciones eucarísticas diarias, con la adoración del santísimo Sacramento y la bendición a los enfermos, que constituye uno de los momentos más fuertes de la visita de los peregrinos a la gruta de Massabielle.

La presencia en Lourdes de muchos peregrinos enfermos y de voluntarios que los acompañan ayuda a reflexionar sobre la solicitud materna y tierna que la Virgen manifiesta con respecto al dolor y a los sufrimientos del hombre. La comunidad cristiana siente que María, Mater dolorosa, asociada al sacrificio de Cristo, sufriendo al pie de la cruz con su Hijo divino, está particularmente cerca de ella cuando se congrega en torno a sus miembros que sufren, llevando los signos de la pasión del Señor.

our-lady2-cc-tentencents1María sufre con quienes pasan por la prueba, con ellos espera y es su consuelo, sosteniéndolos con su ayuda materna. ¿No es verdad que la experiencia espiritual de tantos enfermos lleva a comprender cada vez más que «el divino Redentor quiere penetrar en el ánimo de todo paciente a través del corazón de su Madre santísima, primicia y vértice de todos los redimidos» (Salvifici doloris, 26).

3. Si Lourdes nos impulsa a meditar en el amor materno de la Virgen Inmaculada por sus hijos enfermos y que sufren, el próximo Congreso eucarístico internacional será ocasión para adorar a Jesucristo presente en el Sacramento del altar, para encomendarnos a él como Esperanza que no defrauda y para recibirlo como medicina de inmortalidad que cura el cuerpo y el alma.

Jesucristo redimió al mundo con su sufrimiento, con su muerte y resurrección, y quiso quedarse con nosotros como “pan de vida” en nuestra peregrinación terrena. El tema del Congreso eucarístico, «La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo», subraya que la Eucaristía es el don que el Padre hace al mundo de su único Hijo, encarnado y crucificado. Él es quien nos reúne en torno a la mesa eucarística, suscitando en sus discípulos una solicitud amorosa en favor de los que sufren y los enfermos, en los que la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor.

Como puse de relieve en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis, «nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en él a hacerse “pan partido” para los demás» (n. 88). Esto nos estimula a servir personalmente a los hermanos, en especial a los que atraviesan dificultades, pues en realidad la vocación de todo cristiano consiste en ser, como Jesús, pan partido para la vida del mundo.

4. Así pues, es evidente que la pastoral de la salud encuentra precisamente en la Eucaristía la fuerza espiritual necesaria para socorrer de forma eficaz al hombre y para ayudarle a comprender el valor salvífico de su sufrimiento. Como dijo el siervo de Dios Juan Pablo II en la citada carta apostólica Salvifici doloris, la Iglesia ve en los hermanos y hermanas que sufren «como un sujeto múltiple de la fuerza sobrenatural» de Cristo (cf. n. 27).

El hombre que sufre con amor y con dócil abandono a la voluntad divina, unido misteriosamente a Cristo, se transforma en ofrenda viva para la salvación del mundo. Mi amado predecesor afirmó también que «cuanto más se siente el hombre amenazado por el pecado que lleva en sí el mundo de hoy, tanto más grande es la elocuencia que posee en sí el sufrimiento humano. Y tanto más la Iglesia siente la necesidad de recurrir al valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo» (ib.).

Por consiguiente, si en Quebec se contempla el misterio de la Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo, en la Jornada mundial del enfermo, con un paralelismo espiritual ideal, no sólo se celebra la efectiva participación del sufrimiento humano en la obra salvífica de Dios, sino que también se puede gozar, en cierto sentido, de los extraordinarios frutos prometidos a quienes creen. Así, el dolor, acogido con fe, se convierte en la puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor de Jesús y para llegar con él a la paz y a la felicidad de su resurrección.

5. A la vez que dirijo mi cordial saludo a todos los enfermos y a quienes los atienden de diversas maneras, invito a las comunidades diocesanas y parroquiales a celebrar la próxima Jornada mundial del enfermo valorando plenamente la feliz coincidencia del 150° aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes y el Congreso eucarístico internacional.

Se trata de una ocasión para subrayar la importancia de la santa misa, de la adoración eucarística y del culto a la Eucaristía, haciendo que las capillas en los centros de salud se transformen en el corazón palpitante en el que Jesús se ofrece incesantemente al Padre para la vida de la humanidad. También la distribución de la Eucaristía a los enfermos, hecha con decoro y espíritu de oración, es verdadero consuelo para quienes sufren por cualquier forma de enfermedad.

La próxima Jornada mundial del enfermo ha de ser, además, una circunstancia propicia para invocar de modo especial la protección materna de María sobre quienes se encuentran probados por la enfermedad, sobre los agentes sanitarios y sobre todos los que trabajan en la pastoral de la salud. Pienso, en particular, en los sacerdotes comprometidos en este campo, en las religiosas y en los religiosos, en los voluntarios y en todos los que con una entrega efectiva se dedican a servir, en cuerpo y alma, a los enfermos y a los necesitados.

Encomiendo a todos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, Inmaculada Concepción. Que ella ayude a cada uno a testimoniar que la única respuesta válida al dolor y al sufrimiento humano es Cristo, el cual al resucitar venció la muerte y nos dio la vida que no tiene fin.

Con estos sentimientos, imparto de corazón a todos una bendición apostólica especial.

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI. PARA LA XVI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO. Enero 2008.

La Eucaristía y la Virgen María

Abril 27, 2008

 

BENEDICTO XVI

La Eucaristía y la Virgen María

La relación entre la Eucaristía y cada sacramento, y el significado escatológico de los santos Misterios, ofrecen en su conjunto el perfil de la vida cristiana, llamada a ser en todo momento culto espiritual, ofrenda de sí misma agradable a Dios.

Y si bien es cierto que todos nosotros estamos todavía en camino hacia el pleno cumplimiento de nuestra esperanza, esto no quita que se pueda reconocer ya ahora, con gratitud, que todo lo que Dios nos ha dado encuentra realización perfecta en la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: su Asunción al cielo en cuerpo y alma es para nosotros un signo de esperanza segura, ya que, como peregrinos en el tiempo, nos indica la meta escatológica que el sacramento de la Eucaristía nos hace pregustar ya desde ahora.

En María Santísima vemos también perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta claramente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. La Virgen, siempre a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cf. Lc 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad.[102] Este misterio se intensifica hasta a llegar a la total implicación en la misión redentora de Jesús. Como afirmó el Concilio Vaticano II, « la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie (cf. Jn 19,25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, ahí tienes a tu hijo ».[103] Desde la Anunciación hasta la Cruz, María es aquélla que acoge la Palabra que se hizo carne en ella y que enmudece en el silencio de la muerte. Finalmente, ella es quien recibe en sus brazos el cuerpo entregado, ya exánime, de Aquél que de verdad ha amado a los suyos « hasta el extremo » (Jn 13,1).

Por esto, cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia. Los Padres sinodales han afirmado que « María inaugura la participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor ».[104] Ella es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía.

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Notas

[102] Cf. Homilía (8 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 15-16.
[103] Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 58.
[104] Propositio 4.

Exhortación Apostólica Postsinodal. SACRAMENTUM CARITATIS. Benedicto XVI

El milagro eucarístico de Daroca

Abril 25, 2008

1- SOBRE DAROCA

Daroca es una ciudad que se encuentra a unos 80 kms de Zaragoza (España), situada a orillas del río Jiloca. Llamada la ciudad de los siete sietes por la variedad de maravillosos monumentos que en ella descansan. Está encajada entre dos montes, el de San Jorge y el de San Cristóbal.Tuvo gran importancia religiosa, política y militar; como lo atestiguan las viejas iglesias, murallas y torreones, reliquias de un pasado glorioso.

Entre sus iglesias destacan las de San Miguel (de estilo romántico), Santo Domingo (siglos XII y XIII) y la Colegiata de Santa María, con la magnífica Puerta del Perdón, la Capilla de los Sagrados Corporales y el Museo Parroquial.

2- SOBRE LA COLEGIATA DE SANTA MARÍA

También conocida por el nombre de Nuestra Señora de los Corporales. Fue basílica colegial desde el siglo XIV pero la iglesia actual es de finales del siglo XV, de estilo renacentista, pero con tradición gótica. Tiene planta de salón con tres naves y capillas entre los contrafuertes. El coro y el órgano pertenecen a la antigua iglesia y son obra del siglo XV. Este órgano está considerado como uno de los mejores de España.
Entre las capillas de la iglesia se destaca la de los Corporales, que corresponde a la antigua cabecera de la iglesia románica. Es una construcción del siglo XV de tipo franco-flamenco muy poco frecuente en España donde deben ser destacados los relieves que narran la historia del milagro de los Corporales.
Esta iglesia actual se hiza sobre la antigua iglesia románica dándole distinta orientación.
La torre, construida en piedra sillar, es obra del siglo XV y enfunda otra anterior mudejar de los siglos XIII y XIV.

3- HISTORIA DEL MILAGRO EUCARÍSTICO

Los hechos transcurrieron así: Los Musulmanes, quienes siglos antes habían conquistado casi toda la península ibérica, tenían control de Valencia. Las tropas cristianas de Aragón se unieron para defender sus tierras y reconquistar lo perdido.

Las tropas Cristianas de Daroca, Teruel y Calatayud se disponían a conquistar a los moros el Castillo de Chío, Luchente, distante tres leguas de Játiva, el día 23 de febrero, de 1239.

El Capellán D.Mateo Martínez, de Daroca, celebraba momentos antes misa en la que consagró seis formas destinadas a la comunión de los seis capitanes de aquellas tropas: Don Jiménez Pérez, Don Fernando Sánchez, Don Pedro, Don Raimundo, Don Guillermo, y Don Simone Carroz. Un ataque sorpresivo del enemigo obligó a suspender la misa, ocultando el capellán las formas que ya estaban consagradas, envueltas en los corporales en un pedregal del monte.

Rechazado el ataque del que salieron los cristianos victoriosos, los comandantes pidieron al sacerdote que les diera la Comunión en acción de gracias al Señor por la victoria. El Padre Mateo fue al lugar donde las había escondido y se encontró a las seis hostias empapadas en sangre y pegadas a los Corporales.

Los comandantes se regocijaron ante lo que vieron. Tomaron esto como una señal de Jesús de que iban a ser victoriosos. Hicieron que el sacerdote levantara el corporal manchado de sangre en un marco, como un estandarte. Volvieron a batalla contra los Moros, y el castillo de Chio fue recapturado. El mérito de esta batalla triunfal, se le dio al Milagro Eucarístico bondadosamente otorgado por el Señor. Los seis comandantes eran todos de diferentes regiones de España. Cada uno de ellos creía que el sagrado corporal debía de ir a su ciudad, para ser honrado en la Catedral. Lo que empezó como una discusión sobre donde se colocaba el corporal. Decidieron hacer un sorteo. Tres veces, la ciudad de Daroca fue escogida para ser el hogar del Milagro Eucarístico. Pero dos comandantes no estaban de acuerdo. El general principal, propuso como solución un compromiso. Pondrían el corporal en la espalda de una mula Arabe, cogida en la conquista. La mula nunca había pisado tierra Cristiana antes del ataque Arabe a España. El plan era dejar que la mula vagara como quisiera, hasta que encontrara un lugar donde parar. En donde se detuviera sería el lugar escogido por el Señor para que se quedara allí el corporal. El plan se llevó a efecto.

La fecha era el 24 de Febrero de 1239. La mula dejó el cerro de Codol, y empezó su jornada. Iba seguida por la asistencia cercana de sacerdotes con velas encendidas, y soldados. El primer camino que la mulo tomó fue hacia Valencia, pero nunca entró en esa ciudad. La mula continuó cruzando una quebrada que va de Catarroja a Manizes, tocando Segorbe, Jerica y Teruel. Pero no entró en ninguna de esas ciudades. La mula viajó durante 12 días una distancia de más de 200 millas antes de doblar las rodillas y caer muerta enfrente a la Iglesia de San Marcos, en la ciudad de Daroca (hoy Iglesia de la Trinidad). El corporal estuvo en esta iglesia hasta que se trasladó a la iglesia de Santa María.

La fecha fue el 7 de marzo, que se convertiría en la fiesta de Santo Tomás de Aquino, un gran defensor de la Eucaristía. ( En la época del milagro, 1239, Santo Tomas tenía 14 años. Después de su muerte, a mitad del siglo catorce, fue nombrado protector del Milagro Eucarístico de Daroca ).

Hay tradiciones y leyendas atadas al viaje de la mula. Se dice que durante los 12 días sucedieron muchas cosas milagrosas, como música y cantos angelicales, furia de demonios que abandonaban almas que habían poseído, muchas conversiones de pecadores. Pero no hay ninguna documentación sobre esto. Estas son historias locales que se han desarrollado a través de los años. Hay sin embargo, documentación sobre el Milagro Eucarístico de Luchente, del peregrinaje de la mula, y de la elección celestial de Daroca como la ciudad escogida para que el corporal fuera venerado.

Una hermosa Iglesia fue construida para ser el hogar de este regalo especial al pueblo de Daroca. Un relicario majestuoso fue creado en 1385. Esculturas representando los hechos que conducían al milagro fueron colocadas en la Iglesia, como por ejemplo la Batalla de Luchente, al Padre Don Martínez levantando el corporal como un estandarte de batalla, el viaje de la mula, y la llegada a Daroca.

En 1261, personas de Daroca fueron a Roma para informarle al Papa Urbano IV sobre el Milagro Eucarístico. El Papa Urbano IV, Santiago Pantaleón, era contemporáneo de la Beata Juliana de Liege, la monja que se pasó su vida tratando de instituir un día de fiesta para el Santísimo Sacramento. El Papa Urbano IV fue el papa que declaró que el Milagro Eucarístico de Bolsena era auténtico, y un año después instituyó la Fiesta de “Corpus Cristi”. Se cree que el Papa Urbano IV, aceptó las noticias del Milagro Eucarístico de Daroca como una señal más del Señor de que El quería que esta fiesta fuese instituida.

En 1444, el Papa Eugenio IV concedió un año de Jubileo para Daroca, cada 10 años. Este fue el mismo Papa que hizo auténtico el Milagro Eucarístico de Walldurn, Alemania, y el Milagro Eucarístico de Ferrara, Italia. Fue durante ese tiempo que la ciudad de Daroca escogió a Santo Tomás de Aquino como el Protector del Milagro Eucarístico. El Papa Sixto IV también le concedió un jubileo al Milagro de Daroca, cada 6 años.

La sangre en el corporal ha sido analizada, y ha sido determinado que es de origen humano. No hay ningún dato sobre el tipo de sangre.

 4- Relato histórico del Milagro de los Corporales

En el archivo de la Colegiata de Daroca existe un antiquísimo pergamino, que contiene la verdadera historia del Milagro de los Corporales, el cual conserva aún los tres sellos colgantes para corroborar la fe del notario que atestiguó la verdad de todo lo que en el pergamino está escrito.

Incluye éste una misiva en latín vulgar, que remiten el Alcalde, Clero y demás autoridades de Daroca al baile, Rector, justicia y jurados del Castillo y villa de Chiva (Valencia), pidiéndoles testimonio jurado de cómo se verificó el Prodigio de los Corporales. La carta fue presentada por Miguel Pérez Cabrarizo, vecino de Daroca, firmada el 25 de junio de 1340, a la cual contestaron los de Chiva con el referido documento, escrito en lengua vulgar, del cual entresacamos lo siguiente:

“A los honrrados et discretos el Sacristan e los Calonges de la Eglesia de Sancta María de la villa de Darocha el hommes vuenos del concejo del dito lugar. Salut el honor. …. Femos vos saber que a nos es cierto por testimonios dignos de fe asín Xristianos como moros …. que el Noble, don Berenguer de Entenza en el tiempo traspasado defunto, con companya de hommes de caballo el de pie fasían entradas en el dito Reyno de Ualencia el d’aquí trahían grandes cavalgadas et bestiares et de moros et albergaban en el Pueyo, en el qual agora es edifícado el Castillo de Chiva. — Et fue entre los ditos moros ordenado que tuviesen acerca quando el dito don Berenguer de Entenza, exivia con la cavalguda et seria attentado en el dito Pueyo que todos los moros de la Ciudat de Ualencia et de los otros lugares del Reyno fiziesen en tal manera commo el día sería claro todos fuesen derredor del dito Pueyo et asistiesen al dito Noble et a todos los que con él fuesen, la qual cosa fué hecha segunt que entre ellos fué ordenado. Et commo vino el día claro que el dito Noble vído que era asitiado en el dito Pueyo, fizo mandamiento a hun Clerigo qui era del Conceio de Darocha que celebrare et dixiese missa. Et commo aurían, missa, et aurían Dios pregado que confesasen los unos de los otros et después que firiesen en él los moros. El qual misacantano comenzó a dezir missa et commo huvo posado sobre los Corporales el dito cuerpo de Ihesu-Xristo se convirtió en verdadera sangre, de la qual cosa todos fueron mucho maravillados qué significaba. Et fué asín el dito Noble et las companyas que con él eran que el dito misacantano se vistiese un tabardo d’escarlata muyt bello et honrrado et puyase et cavalgase en hun mulo blancho que ahí era et que lievase commo más honrradament pudiese los ditos corporales et que devallasen del Pueyo por ferir en los ditos moros. …. Et devallado del Pueyo en la forma desús dita, el dito Noble et las companyas …. comenzaron á ferir en asín que Xristianos con la gracia del nuestra Señor Ihesu-Xristo huvieron grant victoria contra los ditos moros et mataronne muchos et cativaronne. Et emprés cascuna de las ditas Universidades deseavan et querían aver los ditos Corporales et echaron suertes entre los citos concelles et cayó la suert á los de Darocha por tres vegadas, en asín que fué contencion entre ellos …. Et por partir contencion ordenaron que el dito misa-cantano cavalgando en el mulo et levando con sy con muyt grant reverencia los ditos Corporales et que fuese delant la gent: et en qualquie lugar que él dito mulo por voluntat del nuestro Sennyor Ihesu-Xristo endresas, que los ditos Corporales fuesen de aquel lugar, el qual caminando sen de fué derechament a una Eglesia que es cerca, de la villa de Darocha, la qual es apellada Sant Marcho, et fincó los genollos por voluntat de Ihesu-Xristo …. Et en testimonio de verdat et de las ditas cosas fazemos fer aquesta carta pública testimonial. (Firmanla Guillén Serra, alcaide del Castillo, Bernat de Alcoleia, Rector, el Justicia y los Jurados). Data in Chiva el día 6 de Julio de 1340, — Domingo de Ahuero, notario público. Con sobrepuesto en la quinta regla do dice per sarracenos”. (Del libro TRADICIONES Y LEYENDAS DE DAROCA del P. José Beltrán (Escolapio) publicado en el año 1929)

Fuentes:  www.corazones.orghttp://www.zaragoza-ciudad.com/aragon/ruta4/daroca.htm - www.daroca.info (aquí podrán encontrar más información sobre este milagro y sobre la ciudad de Daroca) 

Jesús escucha benigno nuestras oraciones

Abril 25, 2008

bs-7

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

¡Amabilísimo Jesús! Desde ese Sagrario, en que descansas, oigo que me dices: éste es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque es la habitación que me escogí. Pues si tú escogiste entre nosotros tu habitación, queriéndote quedar en el Santísimo Sacramento de nuestros altares, y el amor que nos tienes hace que encuentres en ellos tu reposo, será motivo para que nuestros corazones habiten siempre contigo por amor y encuentren allí todas sus delicias y descanso.

¡Oh verdaderamente felices ustedes, almas amantes, que no hallan en el mundo mayor consuelo que permanecer cerca de su Jesús Sacramentado! Y ¡Qué feliz sería también yo, ¡Oh Señor mío!, si en adelante no encontrase mayor delicia que permancer siempre en tu presencia, o al menos, siempre pensara en ti, que en el Santísimo Sacramento piensas siempre en mí y en mi bien!

¡Ah Dios mío, Dios mío! ¿Y por qué perdí tantos años en que no te amé? Años infelices, yo los maldigo y te bendigo a ti, ¡oh paciencia infinita de mi Dios!, que tantos años me has sufrido, aunque he sido ingrato a tanto amor.

Y, sin embargo, a pesar de mi ingratitud, me has esperado. ¿Para qué, Dios mío, para qué? para que vencido un día por tu misericordia y tu amor, me entregara todo a ti. No quiero resistir más, Señor; no quiero ser más tiempo ingrato. Justo es que te consagre el tiempo, breve o largo, que me queda de vida y espero de ti, jesús mío, que me ayudes para ser todo tuyo. Si cuando huía de ti y despreciaba tu amor me has favorecido tanto, ¿Cómo no esperar que me favorezcas ahora que te busco y solo deseo amarte? Dame, pues, la gracia de amarte. ¡Oh Dios digno de infinito amor! Yo te amo con todo mi corazón, te amo más que a mi propia vida. me arrepiento de haberte ofendido. ¡Oh bondad infinita! Perdóname mis pecados, y juntamente con el perdón, dame la gracia de amarte hasta la muerte, y luego por toda la eternidad. Haz que vea el mundo, ¡Oh Dios omnipotente!, este prodigio de tu poder; que un alma tan ingrata como la mía se convierta en una de las almas más amantes tuyas. Hazlo por tus infinitos méritos. ¡Oh Jesús mío! Tú que me inspiras el deseo, dame fuerzas para cumplirlo.

Gracias te doy, Jesús mío, por haberme esperado hasta ahora.

Visitas al Santísimo Sacramento. Día Catorce.

Archicofradía de los Jueves Eucarísticos

Abril 24, 2008

RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE PÍO XII
CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO
DE LA ARCHICOFRADÍA DE LOS JUEVES EUCARÍSTICOS*

Jueves 17 de octubre de 1957

Amadísimos hijos, esparcidos por el mundo, que formáis las fervorosas legiones de la «Archicofradía de los Jueves Eucarísticos», y en especial vosotros, los que acá y allá estáis en estos momentos congregados para celebrar, con una Hora Santa, el quincuagésimo aniversario de vuestro piadoso sodalicio:

Os habla, desde Roma, vuestro padre el Papa; vuestro pastor, que conoce a sus ovejas (cf. Jn 10, 14) y que, aunque tan lejos, le parece percibir el ardiente latir de vuestros corazones; se dirige a vosotros el Vicario, aunque indigno, de Aquel que, escondido bajo los tenues velos sacramentales, está acaso en estos momentos ante vuestros ojos y es justo objeto de vuestras adoraciones.

Miradle una vez más; haced un acta de fe «Credo Domine» (cf. Mc 9, 24); un acto de adoración «Dominus meus et Deus meus» (Jn 20, 28); un acto de fidelidad «Domine, ad quem ibimus? verba vitae aeternae babes» (Jn 6, 68). Y ahora, así, casi a media voz, ¿será vuestro Padre el que os sugiera lo que habéis de meditar en esta hora?

- Pues entonces, antes que nada, una mirada atrás para comprender y ponderar los beneficios recibidos.

Cuando, en los primeros años del siglo, allá, casi en el sitio donde, por Occidente, Europa quiere sumergirse en el mar, entre las brumas de la dulce Galicia y en una de aquellas sonrientes rías, que tanto hablan de recogimiento y de interioridad con las líneas suaves de su paisaje y el amable encanto de su verdor perenne, se encendía aquella centellita insignificante con el fervor de unas poquitas almas escogidas, ¿quién hubiera podido soñar con los veinte mil centros de hoy, los millones de asociados y, en una palabra, con esa tan grande hoguera, cuya luz y cuyo calor perciben todos? ¡Cuántas ciudades y cuántos pueblos purificados y renovados; cuántas parroquias y cuántos centros vivificados y beneficiados; cuántas almas santificadas y hasta sublimadas a los más altos ideales de la perfección cristiana.

Poco a poco, la aprobación de insignes Prelados, la recomendación del Congreso Eucarístico Internacional de Madrid (1911), la bendición de los Sumos Pontífices, el especialísimo favor de ser recibidos bajo el manto maternal de la Patrona y Reina de España. ¡Vosotros, los que nos oís desde Zaragoza, los que nos escucháis bajo las bóvedas de esa insigne Basílica, ante esa cámara angélica! No intentamos hoy cantar otra vez las glorias, humanas y cristianas, de la famosa capital aragonesa, como ya a su tiempo lo hicimos (cf. Discorsi e Radiomessaggi, vol. XVI, p. 196), porque ahora queremos solamente presentarnos ante el trono de la Virgen del Pilar, para decirle : «Oh Madre piadosísima, que desde lo alto de esa columna has presidido, dirigido y alentado la evangelización de un gran pueblo, a quien tan altos destinos estaban reservados en la historia de la Cristiandad: dígnate hoy presentar a tu Santísimo Hijo el testimonio de nuestra gratitud por lo mucho que ha bendecido nuestra humilde Archicofradía, esperando que quiera siempre conservarla y hacerla crecer, para gloria suya y bien de las almas».

- Pero, ¿cómo pensáis vosotros poder cooperar al mayor esplendor y desarrollo de vuestra querida Archicofradía? De dos factores dependerá todo: de la gracia divina, que ya con tanta abundancia se os ofrece, y del vigor que vosotros conseguiréis infundir en el espíritu sobrenatural que la distingue.

Bien está, pues, hacer de todos los jueves del año una jornada dedicada especialmente a la evocación de aquel gran día, en que nuestro amabilísimo Redentor, «cum dilexisset suos, qui erant in mundo», aunque siempre había amado a los suyos de esta tierra, entonces les amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1), no sólo quedándose con ellos para siempre, sino también dándoseles como alimento, produciendo así en sus almas los más maravillosas efectos y concediéndoles la perfección y la consumación de la vida sobrenatural, que aquí halla sustento, crecimiento, reparación y gusto (S. Th. 3 p. q. 79, art. 1 in c). Oportuno será considerarlo así en vuestra meditación eucarística matutina; conmemorarlo solemnemente, como deseáis, vuestras fervorosas comuniones; honorarlo y glorificarlo, según es vuestra intención, en la hora santa vespertina. Pero todo ello sería cosa vacía, si no estuviera penetrado de un íntimo conocimiento de la magnitud del don, que ni en los cielos ni en la tierra lo hay, ni pudo haberlo mayor; todo sería algo inexplicable si, como el Apóstol, no os acercáis a aquel pecho ardiente (cf. Jn 21, 20), para escuchar las palpitaciones del amor que lo inspira; todo resultaría cosa muerta si, en justa correspondencia, no sintieseis alzarse en vuestros pechos aquellas llamaradas del más grande, del más santo, del más puro de los amores, juntamente con la más profunda, la más sentida gratitud, que os conduzca al más sincero deseo de reparación.

- Amor y gratitud; gratitud y reparación. He aquí el fuego divino, que debe purificar vuestros pensamientos, vuestras palabras y vuestras acciones; he aquí la luz, que debe iluminar vuestros ojos, para que nunca se desvíen del camino recto; he aquí la fuerza, que os hará superar todas las dificultades, convirtiéndolas en escalones para el cielo; he aquí el impulso, que os ha de arrastrar continuamente al apostolado, hasta convertiros en otros tantos focos de perfección y de santidad. Si es cierto que el mundo padece y languidece, porque la sensualidad, la soberbia y la codicia le quieren transformar en el reino de las tres concupiscencias (cf. 1Jn 2, 16), cierto será también que la mejor medicina contra tan graves males la humanidad la encontrará siempre en la Eucaristía, que mitiga el ardor de las pasiones (S. Th. 3 p. q. 79, a. 6, ad 3) y aumenta el fuego de la caridad (Ibíd.. 3 p. q. 78, a. 3, ad 6), desligando al hombre de las cosas bajas y dirigiéndolo hacia las altas y celestiales.

Por eso mismo, a pesar de todos los males de nuestros tiempos, nuestra esperanza es grande, porque precisamente en estos tiempos, y acaso más que en otros, es grande la frecuencia de sacramentos, es universal y magnífico el culto que las personas particulares y los pueblos, en cuanto tales, tributan al Soberano Señor sacramentado y es altamente consolador el ver cómo la piedad eucarística, en sus más variadas formas, se extiende y se difunde hasta poderse afirmar que es una de las más espléndidas realidades de nuestros días.

Vuestra Hora Santa, hijos amadísimos, está para terminar. Sabemos que en ella tenéis la intención particular de pedir por Nos y por todos los deseos y ansias de nuestro corazón de Padre. Pues bien, Nos deseamos hacer presente que vuestras valiosas oraciones las queremos aplicar por esta intención determinada: que vuestra Archicofradía, y todas las instituciones similares, que en la Iglesia de Dios florecen, crezcan y se desarrollen hasta inundar y llenar las respectivas naciones, hasta llegar a todo el mundo y a todas las almas, comunicándoles el amor a la Eucaristía, a esa Eucaristía que ha de salvar al mundo.

Prenda y garantía de tales gracias, quiere ser la Bendición que ahora os damos, para todos y cada uno de vosotros, para vuestros familiares y amigos, para vuestras intenciones y deseos y, de modo muy especial, para vuestra benemérita Archicofradía.

* Discorsi e Radiomessaggi, vol. XIX, págs. 503-506.