(Ediciones Montfortianas, Centro Mariano Montfortiano,Colombia, 2003)
CÁNTICO NUEVO PARA TODOS LOS DÍAS DE LA SEMANA
SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
CÁNTICO 128 – PARA EL DOMINGO
1. Fuera estoy de mí mismo,
al ver cuánto se humilla,
en este Sacramento,
la majestad divina;
veo al Dios verdadero,
sin brillo y sin figura,
oculto en el sagrario.
¿Quién osará creerlo?
2. Aquel manso cordero
se pone en tal estado,
para ser ante el Padre
nuestro amable abogado.
Allí está noche y día
en su santa presencia.
Para apagar su enojo,
va a herir al culpable
que lo irrita y ofende.
3. En hostia allí se cambia
por contener su ira,
sin cesar le suplica
nos mire con piedad.
Allí le rinde a Dios
toda honra y homenaje,
es nuestro suplemento,
lo ama infinitamente.
¿Podía hacer algo más?
4. Se encuentra en su presencia,
en santa adoración,
de reverencia lleno
y amor ante su nombre.
Allí en todo momento,
su corazón anhela
plenamente exaltar
al Señor, y que todo
se someta a su imperio.
5. Por él todos los ángeles
y bienaventurados,
tributan mil honores
al Dios del paraíso.
Lo que hacen en los cielos
podemos aquí hacerlo:
Cristo está con nosotros
y es todo para todos,
como nuestro modelo.
6. Y si Jesús se humilla
en amor sin fronteras,
paguemos ese amor
con amor sin medida,
corramos a sus plantas
en este gran misterio,
diciendo “Amén” día y noche,
para honrar a su Padre.
7. Jesús amabilísimo,
seremos todos tuyos,
tú te has dado a nosotros:
hoy nos damos a ti,
ven y reina, Señor,
como en tu santo templo,
para adorarlo humildes
y amarlo santamente
y nosotros contigo.
8. Dale como tú haces,
en este nuestro altar
perfectas alabanzas
al Amor inmortal;
Sagrado Corazón,
entona el canto excelso,
que cantas sólo tú,
y exultarán los cielos
de dicha incontenible.
CÁNTICO 129 : PARA EL LUNES
1. Aquel cuya hermosura encanta siempre
y anuncian cielo y tierra
descansa en los altares,
oculto en el copón.
El Dios omnipotente en su grandeza,
igual a Dios su Padre,
por robarnos el alma,
vive en tan gran misterio.
2. Aquí en la Eucaristía en verdad guarda,
plenitudes de amor
plenitudes de vida;
es tesoro infinito;
él es Sabiduría, Amor del Padre;
mas su luz no decae,
aunque hasta nuestro mundo
se digna descender.
3. Allí ahorrar no quiere don alguno:
se entrega sin reservas,
todo a todos, al punto
que no puede dar más:
lo entrega y brinda a todos uno a uno,
sin exceptuar a nadie;
dar es su mayor gloria,
su dicha y su contento.
4. ¿Quién contarnos pudiera, quién decirnos
lo que el divino Esposo, hace gustar aquí
a sus fieles amantes?
Es un vino abundante y delicioso
como no hay ningún otro.
Es perfume precioso
y néctar agradable.
5. Es allí donde se entrega todo a todos:
tal es su caridad;
es nuestro tierno Esposo,
nuestro Dios verdadero;
nuestro médico santo y dulce dueño,
nuestro amigo y hermano,
nuestra senda y camino
y nuestra luz amable.
6. En su Corazón guarda sus tesoros,
ése es su tabernáculo;
y los da con dulzura,
si obstáculos no encuentra;
su Corazón anhela ardientemente
brindar y compartir;
nos llama sin descanso.
¿Habrá alguien que lo escuche?
7. Vengan, amigos míos, vengan todos,
nos pide el buen Maestro,
a gustar su dulzura,
a amarlo y conocerlo;
quiero darles mi carne en alimento,
coman, que yo los amo;
beban a grandes tragos,
embriáguense en mi sangre generosa.
8. Jesús nos ama, amémoslo nosotros,
¿no es razonable acaso?
Acérquense sin miedo,
porque es todo dulzura.
¿Le queremos amar ardientemente
como en el mismo cielo?
Corramos al Sagrario.
9. ¡Oh divino Jesús!, vierte a raudales
tu gracia en nuestros pechos,
ya no resistiremos
tus incendios de amor.
Por favor, haz que sea nuestro pecho
valiente y generoso,
y fija en nuestras almas
tu mirada de amor.
Amén.
CÁNTICO 130: PARA EL MARTES
1. Maravillosa escuela
que enseña en corto tiempo,
sin palabras ni esfuerzos,
la ciencia y la virtud,
es el gran Sacramento.
¡Oh divino saber!
El Maestro es Jesús que dulcemente
predica sin cesar.
2. Maestro sin igual,
que ilumina las almas,
y como sol divino
las calienta e inflama;
él en este misterio,
se hace modelo santo,
practicando en secreto noche y día
lo que a hacer nos enseña.
3. Cuando baja al altar
lo hace por obediencia,
sin resistencia acude
a la voz de un mortal;
su Corazón sagrado
se inflama en caridad,
viene para salvar al pecador,
lo despierta y lo llama.
4. La humildad que tanto ama,
lo hace bajar del cielo
para ocultar su gloria
en un pobre ciborio;
allí nos proporciona
su mejor enseñanza:
aprendan mi bondad y mi dulzura,
yo soy manso cordero.
5. Por más que el pecador
con su habitual orgullo,
insulte su grandeza,
aquí en la Eucaristía
no es posible pensar,
qué grande es su paciencia:
todo lo excusa y calla y nunca quiere
mostrar ira o venganza.
6. Allí está siempre muerto
a las cosas del mundo,
sin usar los sentidos
y en infinita paz
su pecho es la dulzura,
que es su virtud más grata,
al soportar sin ira al pecador
ni mostrarle su cólera.
7. Misterio que es de amor
o el amor mismo;
Cristo en él noche y día
nos grita que nos ama;
como amigo muy fiel,
nos dice y nos reclama,
le amemos y busquemos en su pecho
la vida verdadera.
8. ¿Cuál es su amor por Dios?
Es un amor sin límites,
porque él aquí lo ama
cuanto Dios se merece
y todas las virtudes
tienen su única fuente
en el Corazón Santo de Jesús:
sólo él las comunica.
9. Amigos, visitemos
a este rey soberano,
que quiere con nosotros,
quedarse por amor:
hallaremos secretos
que nos den la victoria,
medios de perfección y santidad
e ingreso al paraíso.
10. ¡Oh Jesús!, ilumínanos,
tú eres luz infinita,
sólo en ti encontraremos
las palabras de vida:
regálanos, Señor,
tus virtudes e imagen,
y nunca más haremos resistencia
a tu acción celestial.
CÁNTICO 131: PARA EL MIÉRCOLES
1. Que mi lengua publique en todas partes
y mi vida pregone sin descanso
las sublimes grandezas del Santísimo.
Vengan a ver al Salvador del mundo,
vengan a ver su Corazón Sagrado,
que arde en amor divino:
es una sola llama, un solo incendio.
2. Es un refugio abierto a toda hora,
para ser por amor nuestra morada;
nuestro asilo seguro y fortaleza
y para todos, roca inexpugnable,
donde jamás penetra el enemigo;
es un reino de paz,
donde nada nos puede derrotar.
3. En este corazón jamás Dios Padre,
deja sentir su cólera y enojo;
a aquél que pecador allí se esconde,
el corazón lo oculta y lo protege,
lo oculta con su amor y su bondad
para calmar al Padre.
¡Oh caridad!, ¡Amor!, ¡amor paterno!
4. ¡Oh cristianos, aléjense del mundo,
vengan al Corazón de los tesoros,
al augusto y divino Sacramento!
Vengan, gusten en este Corazón
más dulzuras, más goces y alegrías,
de los que andan buscando.
¿Temen? No teman nada, que él les ama.
5. Ven, pecador, ven que en la Eucaristía,
encontrarás la vida verdadera,
y los mejores y apreciados bienes;
ven, escóndete aquí, estarás seguro;
en medio a mi Sagrado Corazón,
el dolor hallarás
y también el perdón de tus pecados.
6. Almas fervientes, digan ¿por qué tardan
en gustar la dulzura que cautiva
y en mi Sagrado Corazón ofrezco?
Vengan, descansen y en silencio aprendan
el lenguaje feliz del amor santo,
para hablar de él, después
con santo amor y humilde reverencia.
7. Mi Corazón Sagrado es todo a todos,
para el alma que en él llega a morar:
da sin medida y nunca se empobrece,
enriquece y ayuda y brinda aliento,
defiende sin cesar e instruye y ama,
abrasa y guía al tiempo
y es todo para todos sin reserva.
8. De en medio del ruido y del tumulto,
de en medio del desprecio y las injurias,
vengan que en mí hallarán dicha y consuelo.
¿Sus enemigos quieren acabarlos?
Aquí en mi corazón tienen refugio,
aquí podrán vencerlos,
y ellos, entonces, quedarán burlados.
9. Alma pura, que guardas la inocencia,
ven a verme, abandona las criaturas,
te espero en el divino Sacramento,
entra en mi Corazón, es tu refugio,
escóndete y no temas, que es tu casa,
gusta cuán bueno soy,
gústalo y saboréalo, amada mía.
10. ¡Oh buen Jesús!, ante tu amor me rindo,
¡qué fuerte es! y ¡qué tierno y paternal!
Albérgame en tu santo Corazón
que así tendré segura la victoria,
sobre todos mis otros enemigos;
sea él mi único cielo,
donde te ame por siempre el pecho mío.
CÁNTICO 132: PARA EL JUEVES
1. En verdad, buen Jesús, tú me pareces,
pródigo de ti mismo por amor,
pues no contento con pasar la vida
en medio de trabajos y tormentos,
en exceso de amor quieres quedarte
con nosotros y darte todo a todos.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
Amémosle, sirvámosle, adorémosle…
2. Nos ama hasta el extremo, sin fronteras,
pues para abrir y darnos libre entrada
a su presencia, esconde su deidad,
brillo y grandeza en apariencia ruin;
olvida su poder, conquista a todos,
ganando por amor los corazones.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡Su amor y caridad son infinitos!
3. Dios nos ama y consiente con ternura,
hasta agotarse en este Sacramento.
¿Quién lo podrá creer? Da sin reserva
su carne en alimento, y en bebida
su propia sangre y alma y ser eternos,
con el fin de cambiarnos en él mismo.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡Digno de toda gloria y alabanza!
4. Si su poder prodigios noche y día
realiza trastornando hasta sus leyes,
su amor es aún más grande y más sublime,
pues lo une desde ahora a su criatura:
Jesús y el alma son un solo ser.
Todo es común entre ellos.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡El ama y ama a todos sin medida!
5. Pecadores, venid, venid a mí,
os dice el Salvador amablemente,
venid, hombres, mujeres, yo soy fuego
y deseo abrasaros en mis llamas.
He bajado del cielo porque anhelo
abrasar en mi incendio todo el orbe.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡Su Corazón es una sola llama!
6. Si queréis incendiaros en mi fuego,
reside en mi divino Corazón:
allí fue do los santos se inflamaron:
inflamaos en él, yo os lo regalo;
Basta con que pidáis, que yo consiento,
en darlo con largueza a cuantos pidan.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡Su caridad a todos nos apremia!
7. Soy vuestro salvador, tal quise hacerme,
os escribí en mi pecho en letras santas,
porque todos seáis hijos de mi Padre,
abierto está para albergar a todos,
para acoger, guardar y consolar.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
¡Qué misterio tan grande y tan sublime!
8. Cristianos, devolvamos santamente,
sí, todos, con amor, amor paguemos,
que el Señor lo merece; el agua inmunda
de nuestras propias faltas no ha podido
poner fin a su amor ni a sus bondades;
¡Ay, pobre pecador!, que amar no puedes,
al dulce Salvador de nuestras almas.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
Desde hoy, para siempre, eternamente.
9. Repitamos con voz enternecida:
¡Oh Corazón!, inflámanos, incéndianos,
en tus llamas de amor, divina hoguera,
consúmenos, Señor, aquí nos tienes;
colócanos al pie de tus altares,
haz que seamos hostias agradables,
y que cantar podamos noche y día,
esta dulce canción de amor sagrado:
¡Bendito y alabado sea el Santísimo!
Porque él y sólo él es nuestra vida. Amén.
CÁNTICO 133: PARA EL VIERNES
1. Escuchen mi justa queja
los que aman al Salvador,
voy a exponer sin temores
lo que siente el corazón:
que se olvida y abandona
al Sacramento de amor,
donde casi nadie acude,
lo digo con desazón.
2. Las mansiones están llenas
de gentes a reventar,
cuya queja y dolor es
perder su tiempo no más;
pero la iglesia está sola,
ir allá es cosa aburrida,
una hora parece un año.
¡Ojos, llorad, noche y día!
3. ¿Cómo ver al rey del cielo,
triste y solo en el altar,
borrado de la memoria
de tanto y tanto mortal?
El que cautiva a los ángeles,
con su gloria y su poder,
recibe crueles desprecios.
¡Corred, lágrimas, corred!
4. A menudo, el Adorable
es pobremente alojado,
y sucia y sin ornamentos
la iglesia es como un establo:
mientras los grandes del mundo,
en casa lo tienen todo
muy bien y no falta nada.
¡Todo brilla y es de oro!
5. Reina un silencio absoluto
en las cámaras reales,
las palabras son mandatos,
la presencia es deseable:
en la iglesia el hombre impío
puede irrespetar a Dios
y en su inmodesta actitud,
menospreciar su mansión.
6. A este Señor de señores,
después de entregarlo,
mil traidores lo traicionan
y lo burlan de mil modos,
pues le ofrecen por morada
la del mismo Satanás,
donde su Corazón sufre
angustia y dolor mortal.
7. Hemos visto a los herejes,
nuestros templos derribar,
y a pesar de los católicos
la hostia santa pisotear;
mira cómo ofende el hombre
a su amable bienhechor;
tiemblo y con sólo pensarlo
se me rompe el corazón.
8. ¿Podremos ser insensibles
a tan horribles abusos?
¡No, no, jamás! No se puede.
¡Lloremos al buen Jesús!
Visitémoslo a menudo…
a nombre de los cristianos;
su corazón nos implora,
sus tesoros quiere darnos.
9. Reparemos tantas culpas,
con un amor sin fronteras,
rindámosle mil honores,
hagámosle compañía;
vayamos en desagravio
a su amor menospreciado,
a su Corazón amante,
por nosotros inmolado.
10. Reina doquiera, Señor,
aun en este Sacramento;
haz que te reconozcamos,
¿no ha llegado acaso el tiempo?
Impide que se te acerquen
para injuriarte o venderte,
y a las almas quebrantadas,
misericordia concede.
11. Si nuestros bienes son tuyos,
pues de ti los recibimos,
que caigan sobre nosotros,
siendo nuestros tus desprecios;
por reparar tanto crimen,
toma nuestro corazón,
que sea víctima propicia,
ante tu altar, oh Señor. Amén.
CÁNTICO 134: PARA EL SÁBADO
1. Jesús no puede nunca separarse
-¡tanto la ama!- del lado de María;
y por ella, poco antes de la muerte,
inventó la divina Eucaristía,
con el fin de ser siempre su consuelo,
aún después de subir feliz al cielo.
2. Tras gozar complacencias celestiales,
en su morada virgen nueve meses,
quiere volver a hallar sus complacencias,
en su pecho de amor una y mil veces
y ofrecerse cual víctima a su Padre
desde el altar sagrado de su Madre.
3. Desterrado de tantos corazones,
en este Corazón halla morada,
allí recibe amor, dicha y refugio,
la gloria que le fuera arrebatada,
en tan dulce y bellísimo cantar
que él sólo a perfección sabe entonar.
4. Un descanso agradable allí recibe
en el lecho feliz de su pureza
y de gozo inefable a gozar llega
de su amor en el fuego y su belleza.
Y mucho más que todo, su humildad
lo atrae a ella y cautiva su amistad.
5. Y Jesús rebosando gratitud,
parte en su amor y dones le ofreció,
la nutre con su Cuerpo y con su Sangre,
que ella misma en la infancia alimentó.
La leche de su seno virginal,
hoy cambia por su sangre divinal.
6. ¡Qué delicias, placeres y caricias
no recibe en tan cálido momento!
Al fin tiene en sus brazos a su Hijo,
que es su amor, es su Dios y es su contento.
Su santo Corazón salta de amor
por Jesús su divino Salvador.
7. Su santo Corazón es un incendio,
una hoguera inflamada en fuego ardiente,
que sólo en el Señor encuentra vida
y en él sustento y de existencia fuente.
Arde sin consumirse noche y día,
porque no puede amar en demasía.
8. Parece que el amor sus corazones
funde, en este misterio, en solo uno;
todo el Hijo en la Madre está escondido,
todo es común entre ambos, todo es mutuo:
en la Madre se ve ya solamente,
a su amor Jesús, eternamente.
9. Entonces con sus súplicas confiadas
ella alcanza del dulce Salvador,
perdón para los pobres pecadores.
Son el Hijo y la Madre un solo amor:
Su casto Seno y Corazón sagrado,
hacen caer las armas y el pecado.
10. ¡Oh cristiano!, la Virgen, Madre amada,
nos brinda en la sagrada comunión,
santas disposiciones como ejemplo:
imitemos toda esa perfección,
y al Santo Sacramento tributemos
la adoración y amor que le debemos.
11. De ti, Virgen amante recibimos
ese cuerpo y la sangre que vertida,
a tan sublime sitio nos elevan
que causamos del ángel santa envidia.
¡Bendita tú en todo sitio y toda gente
por darnos tan bellísimo presente!
12. Vierte, Madre admirable, en nuestras almas
tus virtudes, tus gracias, tu mirada,
con el fin de que Cristo tu Hijo amado
pueda poner en ellas su morada.
¡Vierte, Madre, en nosotros tu amor santo
y así a Jesús amemos siempre tanto!
13. ¡Oh Jesús!, en tu Madre hallamos siempre
perfecto y adecuado suplemento;
ven a unirnos al Padre eternamente,
óyenos, ¡oh Jesús!, ven al momento,
o mejor, a su pecho sin demora
que nos ha de suplir hora tras hora. Amén.