LA SANTA MISA
Con la asistencia de Santa Ana
Madre de María Santísima
Antes de la Misa
Al asistir hoy al más augusto misterio que se celebra sobre la tierra, al incruento Sacrificio del altar suplico e invoco vuestra asistencia, oh gloriosa y bienaventurada Santa Ana. Vos que hicisteis aquel noble sacrificio de ofrecer desde los más tiernos años a vuestra amadísima Hija al servicio divino del Templo, Vos que con santidad y justicia servisteis a Dios por todos los días de vuestra vida: ¡Ah bendita Santa Ana, en este feliz momento iluminad de viva fe mi ciega inteligencia, encended de amor divino mi frío corazón, a fin de que pueda, con vuestro poderoso auxilio, sacar de este sacrosanto misterio copiosos frutos de vida eterna.
Al principio de la Misa
Santísima Trinidad, héme aquí para ofreceros en unión de este Sacerdote el sacrificio de la Misa; concededme la gracia de asistir a ella con sentimientos de una profunda devoción animada de viva fe, firme esperanza y caridad ardiente.
Soy una miserable criatura, que por mis pecados he merecido ser desechada de Vos; pero sí me atrevo a presentarme ante vuestra Majestad, es para detestar y corregir mis faltas y alcanzar de Vos perdón, y pongo toda mi esperanza en el gran sacrificio, que Jesús hizo sobre la Cruz, y ahora viene a renovar por mi sobre el altar.
Y Vos, afortunadísima Santa Ana, alcanzadme la gracia de atender a ella con la fe y piedad con las cuales la Santísima Virgen vuestra Inmaculada Hija asistió al pie de la cruz.
Al Confiteor
Oh mi benignísima Santa Ana! Héme aquí humildemente postrado a vuestros pies para suplicaros me obtengáis junto con la intercesión de vuestra santísima Hija María, del clementísimo Jesús la gracia de la remisión de todos los pecados cometidos con el pensamiento, palabra, obra y omisión desde el instante del uso de la razón hasta esta hora; y haced además que, antes que yo parta de esta vida mortal, obtenga mi corazón una verdadera contrición y eficaz dolor de todas mis culpas
A las Oraciones
Oh! Poderosa Abogada nuestra, Santa Ana, dignaos avalorar con vuestra intercesión las súplicas de la Santa Iglesia y de este Sacerdote su ministro, a fin de que suban agradables al trono de la divina misericordia, y se nos concedan todas las gracias de las cuales tenemos necesidad.
A la Epístola
¡Oh! Gloriosa Santa Ana, luz de los ciegos y ayuda de los que en Vos confían, haced que de vuestro ardiente corazón salga un rayo de luz celestial que ilumine mi inteligencia, para que aprenda de los oráculos del Señor, la verdadera sabiduría, la cual desprecia las cosas caducas y busca y quiere solamente las divinas. Iluminad a todas las almas que duermen en las tinieblas de la ignorancia del pecado y haced que conozcan y amen a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre y Salvador de todos
Al Evangelio
La ley de Jesús sea siempre en mi mente, en mi boca, y en mi corazón. Oh fidelísima Santa Ana! Por aquella santidad y justicia con que servisteis a Dios durante todos los días de vuestra vida, dignaos alcanzarme de Dios el poder arreglar todos mis pensamientos, palabras y obras según el espíritu del Santo Evangelio a norma del cual seré juzgado al instante de mi muerte
Al Credo
Señor mío Jesucristo, yo creo que con la luz de vuestro Evangelio, habéis iluminado a las almas envueltas en las tinieblas y en la sombra de la muerte y les habéis hecho partícipes de vuestra admirable claridad. Creo y os doy gracias ya que por vuestra gratitud misericordia os dignasteis inscribirme en el libro de vuestros fieles, regenerándome con las aguas del Bautismo. Ah! Cómo por tal gracia ha sido levantada y ennoblecida mi mísera condición!
Vos mi amada Santa Ana, obtenedme una fe ciega y viva, y que mediante ella practique las verdades contenidas en el Credo y pueda así salvarme.
Al Ofertorio
Padre infinitamente santo, aceptad esta ofrenda del pan y del vino que os presenta el Sacerdote sobre el altar, lo cuales consagrados por la oración y bendición, mediante las prodigiosas palabras, se convierte en verdadero Cuerpo y verdadera Sangre de Jesucristo, vuestro Hijo y nuestro Salvador. – recibid esta oferta en expiación de nuestros pecados y de los de todo el mundo, por las necesidades de toda la Iglesia y de nuestros parientes, conocidos, amigos y enemigos, por los fieles vivos y difuntos. Oh querida Santa Ana! Presentad esta Hostia pura e inmaculada ante el trono de la divina misericordia y obtenednos con vuestra intercesión que, unida a la oferta de nuestro corazón, venga aceptada por Dios y nos sea fuente de bendiciones y gracias celestiales. Así sea
Al Lavabo
Deseo, oh Señor, vivir con los inocentes para hacerme digno de asistir a vuestro altar; pero Vos santificadme, a fin de que, por los misterios que se obran en los sagrados templos, obtenga la entrada en la celestial Jerusalén.
Oh gloriosa Santa Ana, rogad también Vos al Señor a este fin y alcanzadme pureza de alma y cuerpo tan perfecta en el tiempo venidero, cuanto negligente fui en el pasado. Bienaventurada Madre Ana, rogad por nosotros.
Al orate frates
Presentad, os lo suplico, oh mi protectora Santa Ana, mis humildes plegarias junto con las del Sacerdote al divino Eterno Padre, a fin de que por la Hostia Santa que se está ofreciendo se nos concedan todas las gracias necesarias para vivir santamente y santamente morir.
Al Sanctus
Oh Dios! Vos sois infinitamente Santo y yo una pobre y miserable criatura pecadora; todo el cielo y toda la tierra están llenos de Vos: solo mi corazón está de Vos vacío. Ah! Dios mío, por los méritos de la gloriosa Santa Ana dignaos llenar de Vos mismo mi pobre corazón y haced que muera a la vanidad de la tierra
Al memento por los vivos
Clementísimo Señor, os encomiendo la patria terrena que me disteis, a fin de que conserve siempre el preciosísimo y necesario tesoro de la Fe. – Os encomiendo también a todos los individuos de mi familia y a mis parientes; a todos mis amigos y bienhechores; a todos aquellos por quienes estoy obligado a rogar y a aquellos que se encomiendan a mis oraciones, os encomiendo finalmente a mis enemigos si los tuviere. –Santa Ana querida, obtenednos que seamos todos colmados de divinas bendiciones, a fin de que seamos todos socorridos, consolados y provistos según nuestras necesidades temporales y eternas.
A la Consagración
Ahora, oh Señor, que obráis milagros para daros todo a nosotros miserables, yo me doy enteramente a Vos en testimonio de gratitud y de amor. Más, ¿qué soy yo? Nada delante de Vos! No obstante, a fin de que no desdeñéis mi pobre oferta, os la presento por manos de Santa Ana y la uno con la que Ella os hizo de su amada Hija María, dedicándola desde sus más tiernos años a vuestro divino servicio.
A la Elevación
Creo en Vos, os adoro y amo, oh Jesús mío, realmente presente bajo las especies sacramentales, os ofrezco en compensación de mi frialdad, todos los actos fervorosísimos de alabanza, de amor y de adoración que elevaba a la misericordia divina la bienaventurada Santa Ana cuando llevaba en su seno a la Corredentora del linaje humano
Después de la elevación
Os perfectísimo Señor y Dios mío, por esencia Santo e infinitamente puro, que os complacéis de apacentaros entre los lirios, he aquí en la Humanidad santísima de vuestro Jesús, nuestro Salvador, el más puro y cándido lirio que haya podido existir. A Vos ofrecemos su divino candor e incomparable suavidad, en satisfacción de todos los pecados deshonestos que se cometen en el mundo
Dignaos también aceptar las adoraciones y súplicas que os elevamos junto con la gran madre Santa Ana para que por los méritos de Jesús Víctima Divina sean admitidas al eterno descanso las Santas Almas que moran en el Purgatorio.
Al Pater Noster
Dignaos, oh gloriosa Santa Ana, presentar ante el trono de Dios nuestras suplicas, mientras que con humildad y fe levantamos la voz diciendo: Padre nuestro, etc.
Al Agnus Dei
Cordero de Dios, por vuestra preciosísima Sangre imploramos el dolor de nuestras culpas. Cordero de Dios, por vuestros infinitos méritos imploramos la remisión de nuestros pecados. Cordero de Dios, por este Sacrificio divino imploramos la verdadera paz celestial prometida a quien tenga buena voluntad. Oh gloriosa Santa Ana Madre de la Virgen de las Vírgenes, rogad por nosotros. – Gloria Patri, etc.
A la Comunión
Oh Jesús, Rey de todos los corazones, mi esperanza, mi amor, mi vida, mi todo! Oh si pudiera también yo con la inocencia de un San Luis o con el ardor de una santa Teresa acercarme con más frecuencia la Mesa del Paraíso para recibir con vuestro Cuerpo y Sangre tesoros de gracia y misericordia!
Ah Dios mío, si por mi culpa no me es concedido tan gran favor, dejad al menos que me presente a Vos con vivos deseos de recibiros, de unirme con Vos, vida del alma y su alimento sobrenatural. Y ya que dulcemente nos invitáis diciendo – venid a Mí vosotros todos los que estéis en pena y en trabajos, que yo os aliviaré; yo – pobre criatura – me presento a Vos, aunque cargada de pecados y estrechada por angustias de espíritu, para obtener ayuda, socorro, y liberación.
Oh mi querida Santa Ana, obtenedme con vuestros fervientes preces que yo pueda acercarme con frecuencia y bien a la fuente de la suavidad, a vuestro Jesús y mío en el divino Sacramento.
A las últimas Oraciones
Concededme, oh buen Jesús, por los méritos y por la intercesión de María Santísima y de su gloriosa Madre, todas las gracias que os he pedido en esta Santa Misa y aceptad el ardientísimo amor de Santa Ana y de su Inmaculada Hija María en compensación de mis distracciones y frialdades.
Al Dominus vobiscum
El Señor estuvo siempre con Vos, oh bendita Santa Ana; ¡Ah! Haced que esté también conmigo con su gracia, a fin de que, fortificado con ésta, no me separe jamás de Él por el maldito pecado
A la Bendición
Bendecidme, oh Jesús, como bendecistéis a vuestra querida Madre, cuando os le aparecisteis después de resucitado: y Vos, mi amadísima Santa Ana, auxilio de todos aquellos que a Vos recurren, rogad por mí y obtenedme que vuestra bendición y la de vuestro Jesús permanezcan siempre en mí, me defiendan en todos los peligros, me ayuden en todas mis necesidades, y sean prenda de aquella bendición que Dios me dará cuando entre a gozar eternamente de su gloria
Al último Evangelio
Dios omnipotente, eterno, justo y misericordioso, proteged la Iglesia Romana, madre nuestra amorosísima. Haced que con vuestro poder vuelvan a Vos los hijos pródigos y en Vos perseveren los buenos. Que todos los hijos reconozcan los dulces beneficios de la Madre Iglesia y sigan siempre sus venerandos mandatos. Que de un confín a otro de la tierra se goce de libertad cristiana para que se extienda vuestro Santo Evangelio. Y vos, afortunada Santa Ana, alcanzadme, os lo suplicamos, que las divinas enseñanzas del Evangelio sean siempre guía a nuestros pasos, luz a nuestras acciones, regla de toda nuestra conducta, a fin de que, después, de esta vida, podamos alcanzar la eterna bienaventuranza con Vos en el Paraíso.
Acabada la Santa Misa
Santísima Trinidad, Dios omnipotente, dignaos concederme por la intercesión de Santa Ana, que los frutos saludables de la Santa Misa, a la cual he asistido, sean para fortificarme en la fe, para aumentarme la esperanza y para encenderme siempre más en el amor hacia vos único bien mío y mi último beatífico fin.
También Vos, oh queridísima Santa Ana, dadme vuestra bendición y grabad en mi mente que la devoción más agradable al Señor y a mí más provechosa, es el ofrecerle cada día en la misa el Unigénito Hijo suyo, nuestro piadosísimo Salvador Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, al cual sea honor, gloria y bendición ahora y siempre por los siglos de los siglos. Así sea.
Un Pater, Ave y Gloria a Santa Ana
DE LA SANTA CONFESIÓN
Oración para antes del examen
Acudo a Vos ¡Oh gloriosa Ana! A fin de que me obtengáis de Dios la luz necesaria para que vea y conozca las llagas que ha abierto el pecado en mí alma. Venid en mi auxilio ya que sois mi querida Madre. Otorgadme la gracia de que el Espíritu Santo, claridad eterna, disipe mis tinieblas, me de a conocer mis infidelidades e ingratitudes y me manifieste todo cuanto desagrade a El, a María y a Vos. Haced, Madre mía amantísima, que vea mis pecados como Dios mismo los ve. Así sea
Oración para antes de la Confesión
¡Voy a echarme a los pies del sacerdote! Oh poderosísima Santa Ana! Como lo hizo aquella pecadora que recibió a las plantas del buen Jesús la remisión de todas sus culpas. Mostraos misericordiosa conmigo; conducidme Vos misma al tribunal sagrado; haced que no vaya a él por costumbre ni por respeto humano, sino por un impulso del Espíritu Santo, y que la confesión que voy a hacer sea un testimonio de la conversión de mi corazón. Dadme vuestro amor, ¡oh Madre mía! A fin de que, acusándome de mis faltas, me sienta penetrada del más sincero dolor y merezca por la penitencia de mi corazón contrito y humillado, la remisión de mis pecados y la curación de todos mis males.
Después de la confesión
Amorosísima Santa Ana, os suplico vuestros merecimientos me obtengáis de mi Divino Redentor que esta mi confesión sea a El mismo agradable y la tenga por buena; y que cualquier cosa que a ésta y a las demás que he hecho le haya faltado la suficiente contrición, pureza o integridad, lo supla su inmensa piedad y misericordia. Haced, cariñosa Madre mía, que Jesús tenga a bien tenerme más copiosamente absuelto en el cielo. Así sea.
LA SANTA COMUNIÓN
Con la asistencia de Santa Ana
Oh gloriosa Santa Ana, mi celestial Protectora, tengo la intención de acercarme hoy a la Mesa Eucarística a fin de recibir a Jesús en la Santa Comunión. La obra es grande; a Vos vengo pues recordando el ardentísimo amor y la fervorosa piedad que tuvisteis a Dios. Encended en mi corazón vivo deseo de recibir a Jesús lo más dignamente que pueda y con vuestra intercesión merezca que El me conceda benignamente la gracia de hacer bien esta Santa Comunión
ACTO DE FE
La Hostia Santa es verdaderamente el Cuerpo, la Sangre, el Alma, la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Aquel Dios tan bueno desciende del cielo para venir a esconderse en mi pobre corazón. Así lo creo firmísimamente, oh dulcísimo Jesús.
Vos, abogada mía Santa Ana, obtenedme una fe vivísima e inquebrantable hasta dar la vida por ella.
ACTO DE ESPERANZA
Espero de Vos, Dios mío, que por los méritos de vuestro Hijo Jesús, a quien deseo recibir dentro de mi corazón, que obtendré los medios para salvarme y el perdón de mis pecados; espero también me concederéis estas gracias por la intercesión de María Santísima y de su gloriosa Madre Santa Ana a fin de que mi esperanza un día sea completada con la Visión beatífica
ACTO DE HUMILDAD Y DE CONTRICIÓN
Es posible oh Jesús mío, que siendo Vos el Unigénito del Padre, el esplendor de la Gloria, Dios de Majestad, queráis venir y habitar en esta miserable e indigna criatura? ¡Oh bondad inefable! Es tan grande mi confusión que quisiera deciros con San Pedro: alejaos de mí que soy hombre pecador. Pero no, que si Vos os alejáis, mi Vida, mí único Bien, donde podré hallar la salud? Vendré pues a gozar un favor tan grande porque Vos mismo amorosamente me lo ofrecéis. Pero a la vista de vuestra inmensa bondad conozco cuán gran pecador he sido, habiendo con mis culpas ofendido a quien tanto amor ha tenido conmigo y tanto merece ser amado! Me pesa Dios mío y propongo con vuestra gracia nunca más separarme de Vos y hacerme más digno de vuestro amor.
-Oh gloriosa Santa Ana, con María, refugio de pecadores, rogad por mí
He aquí la hora suspirada y el precioso momento en el cual Jesús, mi Rey, se unirá conmigo por medio del Sacramento Eucarístico. He aquí el Señor de los Señores, el Amigo más fiel, el más tierno Padre, el Esposo querido de mi alma que viene a mí!
Dentro de poco poseeré a Dios, a mi Redentor, a Jesús que forma las delicias del Padre Eterno, y que no cabe en los cielos. ¡Oh qué felicidad la mía!
Mi alma os desea, suspira por Vos, mi dulcísimo Jesús
Venid, dulce Amor mío, venid a mi alma y santificadla, a mi corazón y purificadlo, a mi cuerpo y guardadlo, y haced que nunca me separe de Vos.
Santa Ana bendita, asistidme en este momento que he de recibir a Jesús sacramentado; alcanzadme las disposiciones necesarias para recibirle dignamente y obtener sus divinas gracias.
Acción de gracias para después de la Santa Comunión
¡Oh Espíritus bienaventurados de la Corte celestial! Aquel Dios inmenso, cuya Majestad no podéis mirar sin santo temor.Aquel si movido del más sorprendente y fino amor hacia mi se ha dignado rebajarse, y anonadarse entrando en mi pobre corazón. ¡Ah! Envidiad mi suerte, Espíritus celestiales, que ciertamente tenéis razón de ello! ¡Oh alma mía! Consuélate y alégrate! Eres tabernáculo vivo de la divinidad; tu corazón, silla del Dios de la majestad, trono del Rey de la gloria. Venid Ángeles del cielo, venid también bendita Madre Santa Ana, venid a adorar conmigo y por mí en mi pobre pecho a mi Redentor y a mi Dios. Venite, venite, adoremus eum quia ipse es Dominus Deus Noster
Acto de adoración
Oh dulcísimo Jesús mío, que os habéis dignado habitar en mi pobre corazón, humildemente adoro vuestro Cuerpo, vuestra Sangre, vuestra Alma y vuestra Divinidad. Os adoro, oh buen Jesús y con Vos al Padre y al Espíritu Santo, Trinidad Santísima y un solo Dios. Y, Vos, mi cariñosa Madre Santa Ana, obtenedme, os ruego, que tenga hambre de este Manjar celestial, que me acerque a la sagrada Mesa con suma devoción, y que antes de partir de este mundo terreno reciba a mi Jesús en el Santo Viático para después ver cara a cara adorar, servir, amar y dar gracias eternamente a mi amabilísimo Salvador y Redentor Jesucristo. Así sea
Acto de Ofrecimiento
Mi Amado es mío y yo soy todo de El; ya que, oh mi divino Jesús, habéis venido a mí, ya que, habéis venido a visitar la pobre asa de mi alma, yo os ofrezco y os doy la casa y todo yo mismo con la libertad y voluntad; pongo en vuestras divinas manos mi cuerpo y mi alma para que hagáis de ellos los que os plazca.
Santa Ana Protectora mía, ofreced por mí al Cordero inmaculado todos vuestros méritos y obtenedme del Señor la santa perseverancia en el bien hasta la muerte
Acto de Suplica
¡Oh poderosa Madre mía, Santa Ana! Este es el momento más propicio para pedir favores al Señor, pero he sido ingrato, con El, no he guardado sus dones, le he servido con frialdad!
¿Cómo podrá fiarse de quien tantas veces le ha ofendido? Por esto, a Vos acudo y reverentemente os suplico me alcancéis de Dios un santo y vivo amor que consume todo otro amor que a El desagrade. Virgen Inmaculada María, oh querido San José, venid también Vosotros en mi ayuda y con vuestra mediación obtenedme del piadosísimo Jesús un reverente temor filial de ofenderlo, un ardiente amor a su Divino Corazón, la huida constante de las malas compañías y de cuanto pudiera impedir mi salvación eterna.
(Pídase a Jesús cualquiera otra gracia para sí y para el prójimo; ruéguese por el Sumo Pontífice, por toda la Iglesia y no se olviden los pobres pecadores y las benditas almas del Purgatorio)
