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DIA SEGUNDO Patrocinio de Santa Ana El alto oficio a que la divina Providencia destinó a Santa Ana, nos da a conocer cuan grande y eficaz sea su patrocinio para aquellos que a Ella recurren. El Señor que premia al que da un vaso de agua en su nombre que no hace el sordo a quien con fe le invoca, podrá negar a Santa Ana las gracias que pida por nosotros, cuando Ella ha dado mucho más a Aquélla que El ha elegido por Hija, Madre y Esposa? Si los Santos obtienen beneficios y gracias para sus protegidos, cuanto más podrá obtener Santa Ana cuya intimidad con Dios es resultado del ligamen que tiene, a través de María Santísima, con Jesús, del cual viene a ser Abuela? Si pues fue tan grande delante del Señor que mereció este señalado favor estemos ciertos, que El nada sabrá negar a las súplicas de esta gran Santa. Por lo tanto justificada es la fe que tenemos en Santa Ana; mas para obtener su maternal asistencia debemos recurrir a Ella con humildad y constancia. Recorriendo las sagradas escrituras encontramos muchas cosas misteriosas aplicadas por los padres y doctores de la iglesia a Jesús y María en parte se relacionan también con Santa Ana. Si la Virgen es el arca de la alianza que en sí contiene a Jesús, Santa Ana es el inaccesible santuario en el que esa arca está colocada. Si María es la espléndida aurora que tiene luz del divino Sol, Santa Ana, dice el Damasceno, es el nuevo cielo donde resplandece. Si María es la madre perla que produce la incomparable margarita oriental, Santa Ana, es el océano que la contiene y la educa. Si jesús es el fuego y María la zarza incombustible, Ana es la tierra santa en que brota. Si Jesús es el nuevo Adán y María el nuevo paraíso, Ana es el querubín que vela sobre ellos. Si María es el iris y Jesús el sol que lo dora y embellece, Ana es la afortunada nube en la cual se forma ese arco tan admirado del Cielo y de la tierra. Si María es la jerusalén celestial y Jesús el Cordero y el Rey que allí ejercita su imperio, Santa Ana es la guardiana que posee la llave del oro para abrir a su voluntad la entrada. ¡Oh admirable grandeza la de estar unida a la Madre de Dios, hasta tomar parte de sus preeminencias! ¡Oh incomensurable riqueza la de ser colmada de tantas gracias y dones para ser la madre de la purísima Madre de Dios! A la vista de santidad tan sublime, de dignidad tan elevada y de poder y gloria correspondiente, reflexiona cuan bien puesta se halla tu confianza en Santa Ana y cuan seguro estás bajo el manto de su patrocinio, tanto en vida como en la hora de la muerte. EJEMPLO Que nuestra querida Santa Ana esté siempre pronta a socorrer a quien invoca con fervor su patrocinio, nos lo atestigua el siguiente ejemplo. Un ilustre caballero llamado Emerico, se encontraba con otros viajeros navegando, cuando he aquí que levántóse una furiosa tempestad que presagiaba el hundimiento de la nave. Desolados, angustiados, todos hacían votos y promesas a fin de que el buen Dios les librara de tan apurado trance. Gritos desesperados subían al cielo. La nave, juguete de las olas, estaba próxima a hundirse, cuando el ilustre caballero lleno de fe en el poder de Santa Ana, de la cual era gran devoto, con las manos juntas y los ojos fijos en el cielo, exclamó: “Gloriosa y bendita Madre Santa Ana, salvadnos”. Al punto se serenó el cielo, cesó el viento, se calmaron las olas y todos sanos y salvos llegaron a tierra. Imposible describir la alegría y el reconocimiento de todos a Emerico, quien redobló su amor y devoción a su Protectora Santa Ana OBSEQUIO.- Procurémonos una imagen o medalla de Santa Ana y tengámosla siempre con nosotros. JACULATORIA.- GLORIOSÍSIMA SANTA ANA NO ME NEGUÉIS VUESTRO PATROCINIO ORACIÓN ¡Oh, bienaventurada Santa Ana, que destinada en los designidos eternos para digna madre de aquella que debía surgir como aurora creciente del divino Sol, jesucristo, fuiste prevenida con bendiciones de dulzura para buscar siempre la gloria de Dios! ¡Ah! por amor del que hizo en Vos prodigios tan grandes, tened compasión de mí. haced que mi mente toda esté ocupada en Dios, y que mi corazón se abrase todo en su amor, a fin de que no buscando otra cosa, ni queriendo más que a El y su gloria, muerto para mí mismo, sea todo de Dios ahora y siempre. Así sea Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
DIA TERCERO Santa Ana por especial favor es elegida Madre de la Santísima Virgen Dios desde la eternidad había escogido para su divino Hijo encarnado una Madre digna de El y por lo tanto destinó para Esta una Madre que, refulgente de preclaras virtudes y de santidad eminente, respondiera al supremo oficio a que era llamada. Imposible imaginar con que caudal de gracias especiales llenó Dios el corazón de nuestra querida Santa Ana al ensalzarla a ser Madre de la Inmaculada María. Así como la aurora anuncia la belleza del día, así Ana debía anunciar la espléndida belleza de María, fruto de sus entrañas. Demos gracias al Señor que ha glorificado a nuestra bondadosa Madre Santa Ana y congratulándonos por el grande honor conferido, le repitamos lo que un piadoso autor escribió: “Grande sois Vos, gloriosa Santa Ana, porque grande es el oficio a Vos confiado inmenso el cúmulo de favores que el buen Dios ha escondido y sembrado en vuestro corazón”. Aquí reflexiona, ¡oh cristiano!, que los Evangelistas, callando el nombre de la gloriosa santa Ana, le hicieron gran elogio insinuando que fue digna madre de la Madre de Dios. ¿Quién es el que no sabe que por la calidad del fruto se conoce el mérito de la planta? ¿Quién es el que ignora que las alabanzas y glorias de María son las alabanzas y glorias de Santa Ana? Sin que los Evangelistas pongan el nombre, tú sabes que ella es la madre de la Madre de Dios. ¿Qué elogio más breve y grande quieres que éste? El silencio te enseña también la singular modestia de Ana, que buscó una gloria escondida y cerrada en su interior. Aprende entonces de ella a juntar tesoros escondidos para la otra vida. Las riquezas manifestadas están en continuo peligro de ser robadas. ¡Oh dichoso tú si puedes decir con Santa Ana mi Dios y mi todo! EJEMPLO Un mahometano hallábase en grave enfermedad; las personas que le asistían, pusieron en práctica todo cuanto sabían para persuadirle a que abrazase la santa religión cristiana, pero todo parecía inútil. Las oraciones más fervorosas alternaban con los argumentos y razones más persuasivas; no obstante continuaba obstinado en su secta saliendo de sus labios horribles blasfemias. Pensaron entonces en recurrir a Santa Ana con incesantes súplicas para obtener la suspirada gracia. He aquí que una noche el infiel vio en sueños a Santa Ana, que con imperio mezclado con suave dulzura, le dice: “Hazte cristiano”. Este mandato y la divina belleza de Santa Ana le despertó y quiso, sin pérdida de tiempo, cumplir el querer de Ella, aplicándose al estudio de la religión cristiana. Se le administró el Bautismo, la Confirmación, y la Santísima Eucaristía estando de rodillas aunque bastante enfermo. Vivió después de este hecho diecisiete días, al fin de los cuales, confortado con Jesús Eucaristía, expiró tranquilamente. Admirable ejemplo de cuanto vale la intercesión de Santa Ana para alcanzar la conversión de los pecadores y para obtenerles una santa muerte OBSEQUIO.- Recitar tres Gloria a la Santísima Trinidad , dándole gracias por los privilegios concedidos a Santa Ana. JACULATORIA. – Dulcísima Madre Santa Ana, hacednos devotos de vuestra querida Hija María. ORACIÓN ¡Oh bendita Santa Ana! jardín florido de gracia y virtud!, yo me alegro con Vos y con el más tierno afecto de amor y gratitud alabo y rindo gracias a la Santísima Trinidad porque os dio por hija al refugio de los pecadores y causa de nuestra alegría. Bendita Vos y el fruto purísima, que es el renuevo de vida, alabado y encomiado por la tierra y el Cielo. ¡Oh gloriosa madre de tan grande Virgen! Por su amor y honor, hacedme cada día más agradable a tan excelsa Señora; así viviendo y muriendo en su servicio y el vuestro, tendré la suerte de alabaros por siempre en el Cielo. Así sea. Padre Nuestro, Ave María y Gloria
DIA CUARTO Nacimiento de Santa Ana La Sagrada Escritura nada dice de la vida de nuestra Santa y esto no debe maravillarnos, ya que las obras portentosas de Dios no tienen necesidad de ser escritas muchísimas veces saltan a primera vista de quienes las contemplan. Fácil es demostrar cómo Santa Ana nació de piadosos y excelentes padres de la real estirpe de David, observantísimos de la Ley y estimadores profundos de las misericordias divinas. Apareció como aurora que anuncia la próxima venida del Sol de justicia, del candor de eterna luz hecho carne, del esperado Mesías. La Iglesia Católica tiene por tradición indudable que la madre de a Madre de Dios se llamó Ana, y el padre Joaquín, ambos de la raza de David y descendientes de aquellos renombrados personajes, patriarcas, pontífices y reyes descriptos por los santos evangelistas Mateo y Lucas, Joaquín de Nazaret era descendiente de David, por la rama de Leví y Ana, de Belén por la rama de Mathan. Esplendido fue, ¡oh cristiano! el nacimiento de tu protectora Santa Ana. Ilustre en verdad, por los títulos gloriosos de sus antepasados, es incomparablemente más esclarecida por la prole que debía dar a luz, que es, no sólo hija del Rey, sino madre del Rey de los reyes. Por tales motivos hay razón para que el culto singular y la profunda veneración que la Iglesia profesa a la Madre de Dios se extienda de un modo especial a Santa Ana. ¿Quieres tú participar de esas gracias? Hazte verdadero hijo de María, copiando en tí la virtud, la reverencia y el honor que Ella rinde a su madre. De este modo, si por María se difunde la gracia en sus ascendientes, vendrá un día en que Ella también pasará a sus descendientes, es decir, a todos aquellos que se portan como verdaderos hijos suyos. EJEMPLO En el año 1513 un voraz incendio amenazaba destruir un convento de Franciscanas en Alemania. ya el fuego había destruido los edificios vecinos y se carecía de medios para atajarlo. Las pobres monjas atemorizadas por el inminente peligro se encontraban en la más grande desesperación, cuando he aquí que algunas de ellas, recurrieron a la protección de Santa Ana pidiéndole su auxilio. Tomaron una imagen de la Santa con devoción, la pusieron delante las llamas e hicieron votos. Al instante el fuego se apagó y dejó ilesas a aquellas buenas monjas que desde aquel día aumentaron más y más su devoción a la que fue por ellas invocada. OBSEQUIO. – Pongamonos por espacio de algunos instantes, delante de la Imagen de Santa Ana y examinemos cuáles son los sentimientos de devoción que nos ligan a Ella. JACULATORIA.- Amadísima Santa Ana, Madre de la excelsa Madre de Dios, rogad por nosotros. ORACIÓN ¡Oh, mi dulcísima abogada Santa Ana, cuánto gozo al considerar las glorias de tu nacimiento, como brillante estrella en el cielo tempestuoso; cuanto me regocijo de las caricias con que fuiste enriquecida! Querría que todas las criaturas se uniesen conmigo para agradecer y bendecir al Altísimo. ¡Oh mi amoroso Señor! yo os ofrezco todas las incesantes alabanzas que os tributan los coros celestiales en acción de gracias por los privilegios y dones que vuestra bondad derramó a manos llenas sobre Santa Ana, os pido la merced de venerarla y amarla cual conviene. Padre Nuestro, Ave María y Gloria
DIA QUINTO Infancia de Santa Ana En la infancia de Santa Ana crecía la gracia al mismo tiempo que la edad. Esto pedía el alto encargo que Ana debía desempeñar en lo que atañe al divino Redentor del mundo, no pudiendo ser de otro modo por el enlace que debía armonizar la acción de la gracia y las angélicas disposiciones de Ella. En efecto, dícese que Ella a una atrayente venerabilidad de aspecto, unía un trato señoril y afable, corazón ardiente y generoso, sencillez y candor que cautivaban, sagacidad y prudencia superior a la edad; por esto en Ella nada de vano, nada de impulsivo, sino todo sabiamente ordenado, tanto que su modestia hacía resaltar su belleza y su correcto comportamiento en todas las cosas manifestaba una belleza de alma que extasiaba. Mientras que en Ella florecían la infancia y la juventud, su alma se abría sucesivamente a la acción de los espírituales carismas los cuales perfeccionándola, la encendían más y más de celestial amor hacia su Dios. Qué contraste entre nuestra conducta y este sublime modelo! He aquí el modo, ¡oh cristiano! de hacerse aceptable al Señor, quien aunque no a todos destina para grandes cosas, sin embargo, da a todos la gracia para santificarse en su estado. Toca, pues, a cada uno el corresponder a este beneficio pasando sus años en el santo temor de Dios, absteniéndose del mal y obrando el bien. Lo que más importa es unir la vida activa a la contemplativa, teniendo la mente dirigida a Dios y a su gloria en el acto mismo en que con diligencia se cumplen los deberes domésticos ¡Oh! si todos lo hicieran así, ¡cuántas inquietudes menos habría en la familia, donde sus miembros, por lo común, tocan los extremos! Los extremos son vicios, y la filosofía enseña que sólo en el justo medio está la virtud. Esto sólo lo comprende aquél que viviendo, en familia, procura ser semejante a Santa Ana: todo de Dios y todo de la familia. EJEMPLO La asistencia de Santa Ana a aquellos que en su poder confían, lo demuestra lo que sigue. Navegaba de Sicilia a Roma el Ven. Inocencio de Chiusi: improvistamente la nave fue perseguida por los piratas turcos y todos los viajeros fueron presos del temor de ser asaltados y saqueados. Fray Inocencio, devotísimo de nuestra Santa, les dijo: “Invoquemos a una el auxilio de la poderosísima Santa Ana, Ella es benigna y no tardará en socorrernos ” Y todos a coro gritaron llenos de fe: “Santa Ana socorrednos, Santa Ana, salvadnos” Al instante vieron las naves enemigas volcarse y desaparecer bajo las aguas. Con gran reconocimiento todos ensalzaron con júbilo el poder y clemencia de la excelsa Santa Ana. OBSEQUIO.- Examinemos si en nuestra alma hay algo que pueda desagradar a Santa Ana. JACULATORIA.- Amabilísima Santa Ana, aumentad en nuestro corazón el amor y la fe hacia Vos. ORACIÓN ¡Oh, afortunada Santa Ana, que habiendo conocido a Dios desde los primeros albores de la vida, en El creíste, en El esperaste y a El solo amaste con todo el corazón, buscando siemre su honor y su gloria, aun en medio de las ocupaciones civiles y domésticas! ; ¿y cuándo será que nosotros, imitando tu ejemplo, realmente recorramos el camino de la salvación? ¡Ah poderosa abogada!, por aquel amor constante con que serviste y honraste al Señor, haced que le amemos sobre todas las cosas, y que todos nuestros actos pensamientos y afectos sean dirigidos a El y a su gloria, estando dispuesto a perder la vida antes que la gracia. Padre Nuestro, Ave María y Gloria. |
