Mes en honor de Santa Ana

By salutarishostia

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DIA SEXTO

De como Santa Ana se preparó para la elección de estado

La preparación para elegir el estado a que nos llama la Divina Providencia es considerada por todos los Doctores de la Iglesia, como una de las mejores disposiciones para obtener del Señor las gracias necesarias para salvarnos.

El Señor había elegido a Ana esposa de Joaquín, por Madre de su santísima Madre y Ella se preparaba con asiduas oraciones, meditaciones, obras piadosas y con la práctica de todas las virtudes que ejercía en grado heroico.

¡Qué humildad, fervor y fe, en sus cotidianas oraciones!

¡Cuánta modestia, candor y sencillez en sus palabras y en sus obras!

El Señor la enriquecía con todos sus singulares favores y le manifestaba toda su divina complacencia.

Profunda lección que nos invita a pedir al Señor luz para conocer su santísima voluntad, de la cual depende nuestra salvación eterna.

He aquí el modo ¡oh cristiano!, de conocer el estado al cual te llama el Señor, estado del que depende tu salvación. Pedir con suma instancia la luz necesaria al dador de todo bien. Santa Ana tenía la ley, y además los parientes instaban a casarse; pero ella no se mueve antes de conocer la divina voluntad. Y ved cómo su matrimonio es fecundado con la concepción de la bendita entre todas las mujeres, de la esperanza de los siglos.

¡Oh si los casados imitaran el ejemplo de Ana y Joaquín, cuántos frutos de gracia y honor darían los matrimonios bendecidos por Dios, y la familia y la sociedad no marcharían a su ruina! De las espinas no nacen uvas, ni los árboles buenos dan malos frutos.

EJEMPLO

Dos jóvenes de Verona estaban angustiados y llenos de preocupaciones temiendo no acertar en la elección de estado; cotidianamente pedían al buen Dios les mostrase claramente cual fuese su Santísima Voluntad.

Tuvieron la divina inspiración de dirigirse con fervorosas súplicas a Santa Ana a las que unieron votos , velas y flores, a fin de que les concediera la gracia de conocer la voluntad del Señor.

No tardó la celestial Patrona Santa Ana en aparecérseles acompañada de su Santísima Hija y con amorosas palabras les aseguró ser voluntad de Dios que entrasen en la Orden de San Agustín y llevaran vida devota. Lo que ambos hicieron, dejando en aquella ilustre Institución ricos perfumes de virtud y santidad.

OBSEQUIO.- A ejemplo de Santa Ana no dejemos pasar día sin pedir que seamos iluminados a fin de conocer en nosotros la divina Voluntad

JACULATORIA.- Poderosísima Santa Ana, obtenédnos del buen Dios que conozcamos y practiquemos su Santísima Voluntad.

ORACIÓN

¡Oh, misericordiosa Santa Ana!, que como, madre de la verdadera luz, tenéis el don de iluminar la mente a cuantos piadosamente invocan vuestro auxilio. ¡Ah! enviad luces a la juventud, a fin de que, al elegir el estado del que depende la felicidad eterna, conozca su peso y tenga la gracia de cumplirlo fielmente, y dadnos a todos la gracia de santificarnos en el estado elegido, cumpliendo siempre la voluntad del Eterno. Así, por vuestra intercesión, unánimes en el servicio de Dios, veremos cesar los ejemplos funestos, aumentar el número de los buenos y florecer la paz y el buen orden en la familia y en la sociedad

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA SÉPTIMO

Desposorios de Santa Ana y San Joaquín

El motivo principal que inducía a las mujeres hebreas a unirse en matrimonio, era el deseo de ver la propia descendencia glorificada con el nacimiento del Mesías. Esta misma razón determinó a los padres de Santa Ana a privarse de su querida hija y darla por esposa a Joaquín.

Varios escritores afirman que tal unión se hizo por una revelación especial que tuvo Santa Ana, la cual sin titubear puso prontamente en práctica uniéndose con el elegido del Señor.

Los Santos Padre cantan alabanzas a las especiales virtudes que nuestra Santa debía revelar a su esposo Joaquín. Este a su vez atraído por las incomparables dotes de Ana, no podía dejar de corresponder con otras tantas celestiales prerrogativas. Así estas dos almas privilegiadas fueron las únicas aptas para preparar del modo más digno la venida de Aquella que debía robar el Corazón de Dios.

A la escuela de tales virtudes aprendamos aquella pronta obediencia a la voluntad de Dios en todo aquello que mira a nuestro provecho espiritual.

Admirad el bello ejemplo de unión y de paz que Santa Ana ofrece a los casados cristianos y a todos los miembros de la familia. ¡Portento celestial! Dios es caridad; y el que vive en caridad, vive en Dios y Dios en él. La caridad es la paz y la señal segura de que Dios habita en el alma del que la posee; ¿y qué tesoro más rico puede juntar el insaciable corazón del hombre? ¿qué podrá dar en cambio, o qué sacrificio podrá serle pesado para adquirirlo y guardarlo? El que tiene a Dios, lo tiene todo, y nada tiene quien de El está privado. Las familias donde imperan estos principios representan la felicidad del paraíso; mientras que en aquellas donde faltan se descubre el desorden y confusión propia del infierno. Haz, pues, cristiano, cuanto puedas por vivir en caridad y ruega a Santa Ana que es la abogada de la paz doméstica.

EJEMPLO

Un noble español pedía fervorosamente a María Santísima le alcanzara la gracia de poderse decidir a la elección de estado, a cuya realización se oponían infinidad de obstáculos.

La Reina de los cielos apareciéndosele, le invitó a dirigir sus súplicas a su poderosísima Madre Santa Ana, lo que hizo con singular fe y devoción.

Nuestra querida Santa Ana no desoyó las fervientes súplicas de aquel su devoto y le obtuvo sin tardanza una suave calma de espíritu, que le indujo a seguir el camino a que era divinamente llamado.

Agradecido conservó constante devoción a su Protectora, a la cual tuvo siempre propicia en vida y en muerte.

OBSEQUIO.- Si debemos elegir estado, invoquemos a Santa Ana para que nos obtenga la luz; si lo hemos elegido bien, supliquémosle nos ayude a perseverar en él.

JACULATORIA.- Piadosísima Santa Ana, iluminadnos a fin de que conozcamos la divina Voluntad.

ORACIÓN

¡Oh bendita Santa Ana!, por amor de aquel Dios que habitó constantemente en vuestro corazón, haced que la santa caridad, alma y vida del cristiano reine siempre entre nosotros. Vos disteis a luz a la madre de Aquel que vino a traerla del cielo a la tierra; una palabra vuestra dirigida a El es un mandato; ¡Ah! hablad, rogad por los casados cristianos, por las cristianas familias, por todos nosotros, a fin de que formando un solo corazón y una sola alma, se vea reinar en todos la paz de Jesucristo. Así sea.

Padre Nuestro, Ave María, y Gloria

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DIA OCTAVO

Vida de perfecta armonía de Santa Ana y de San Joaquín

Ana y Joaquín ligados con vínculo indisoluble, admirablemente unidos con total uniformidad de parecer, con perfecta identidad de aspiraciones, transcurrían su vida dulce y serenamente, llena de alegría y amor, avisándose mutuamente, confortándose recíprocamente, animándose con cariño al cumplimiento de sus deberes. Así de día en día hacíanse más agradables a Dios, el cual les elevó a la dignidad de padres de su Santísima madre.

Lo que más agrada al Señor, es nuestra conformidad con sus divinos designios y esto es lo que convierte este valle de lágrimas en un oasis del cielo y destruye en nosotros el egoísmo, pasión que en todo más o menos predomina, que es la causa principal de las discordias en las familias y en las naciones.

La paz angelical que reinó entre Joaquín y Ana nos sea estímulo de caridad fraterna, porque el Señor no reinará con su báculo de bondad y misericordia entre nosotros, si nosotros no renunciamos a nosotros mismos.

Cristiano ¿qué aprecio haces de la santa castidad y la continencia, a las que no hay cosa tan valiosa que pueda compararse? Basta decirte que sólo los que aman la limpieza del corazón tendrán por amigo al Rey de la gloria. Esta no es virtud de sólo los claustros, sino de todos los cristianos que desean ser gratos a Jesús. El Redentor dice a todos: El reino de los cielos reconquista por la fuerza y es prenda de los que se hacen violencia. Vela, pues, continuamente sobre ti mismo, conculca generosamente las comodidades y placeres de la vida presente que muy pronto se desvanecen; y la expectación de la eterna felicidad, que Dios te ha prometido, sea tu fuerza en medio del ineludible combate. Ruega a Santa Ana, para que por su Inmaculada Hija haga tu corazón casto, puro y siempre triunfante.

EJEMPLO

Cuéntase que entre dos esposos había desaparecido la paz y, a pesar de las fervorosas súplicas, y ejemplar vida de la consorte, no lograron sacar al esposo del mal camino y así alcanzar la paz perdida. Angustiada la piadosa señora se dirigió con fe a Santa Ana, a fin de que les hiciera conseguir la paz perdida y sus ruegos fueron atendidos.

El esposo cayó en grave enfermedad obligándose a guardar cama mucho tiempo y así pudo apreciar los diligentes cuidados y amorosas atenciones de su fiel esposa, la cual olvidando de todo cuanto había por el sufrido, no conoció sacrificios con tal que estuviese lo mejor socorrido y asistido posible.

Un día vio a su esposa en oración y quiso saber lo que pedía al Señor: “Pido, le contestó, que por la intercesión de Santa Ana nos sea devuelta con tu salud la primitiva concordia”. Al oir respuesta tan cariñosa, le pidió perdón, le protestó el antiguo afecto, le prometió absoluta fidelidad y como lo dijo, lo cumplió.

OBSEQUIO.- Propongámonos estar en paz con todos, especialmente con aquellos con quienes convivimos.

JACULATORIA.- Amabilísima Santa Ana, dadnos vuestro espíritu de humildad y de paz.

ORACIÓN

¡Oh! amabilísima Santa Ana, que, santificada desde el seno materno, fuiste siempre brillantísimo espejo de pureza y honestidad!; ¿cuándo será que yo, imitando esta preciosa virtud, haga de mi corazón y de mi cuerpo un templo amado del Espíritu Santo, que habite en los que la poseen? Yo no lo merezco, pero espero que vuestra inclinación piadosa no se dejará vencer por mi indignación. Ea, madre de la Virgen de las vírgenes, tened compasión de mí, y sed en mí la perpetua custodia de tan rico tesoro. Yo me consagro todo a Vos y Vos aceptadme por vuestro, por amor a Jesús y María, como a vuestro siervo dadme la gracia de no ser tentado y el valor para no ser vencido.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA NOVENO

Elevación de Santa Ana hacia el Señor

El Damasceno dice: que Santa Ana de las rentas y frutos del haber doméstico formaba, con el consentimiento de su marido tres partes: la primera la ofrecía al templo de Jerusalén para el culto del Señor; la segunda la distribuía entre los pobres, y la tercera la empleaba en el sostenimiento honesto de la familia. Así es verdaderamente; cuando Dios es el tesoro del corazón no hay apego a los bienes terrenales, que hoy son y mañana desaparecen; por el contrario, dándole gracias a El que los da, cómo y cuándo quiere, se le vuelven donándolos a su culto y a sus pobres. He aquí como la casa de Santa Ana llega a ser un asilo de ángeles, un paraíso floreciente de virtudes. Los afligidos, atribulados y enfermos son llevados allí, y Ana los recibe por amor a Dios y los fortalece. En verdad ¿qué maravilla no es que el mismo Dios se alojase en esa casa y hallase en los brazos misericordiosos de Ana el reposo que después tuvo en el seno de su hija?

Cosa óptima es, ¡oh cristiano!, mirar con reconocimiento los dones que Dios nos ha dado y devolvérselos a El mismo, para atesorar centuplicadamente en el Cielo. Contribuyendo al lustre y decoro de la casa de Dios, tú lo reconoces por absoluto dueño de cuanto posees; y con aliviar la indigencia haces tu deudor a Dios mismo, que dices: Lo que hicieres con mis pobres, conmigo lo hicisteis. Dad y se os dará. Es verdad que no todos podrán ser espléndidos con la Iglesia y con los pobres; pero como Dios mira más el afecto del donante que la suma donada, acepta la pequeña moneda de la viuda con más agrado que la ofrenda de los ricos. El no te exige que te prives de cuanto necesitas; y está dispuesto a hacerte merced por un vaso de agua dado por su amor, y tu caridad será encomiada el día del juicio, en presencia del universo. ¡Oh!, bienaventurados, los misericordiosos; el que mucho siembra, abundantemente recoge.

Favorecida de gracias especiales, Santa Ana sentía en grado sumo la necesidad de acercarse en todo momento a su Dios, vivir en El, reposar en El, y todo a El lo encaminaba aún su misma esterilidad, que parecía, según la opinión hebraica, indicio de maldición y cólera divina.

Con invicta paciencia y admirable resignación a su pesar y a su llanto unía humildes y fervorosas súplicas, ayunos prolongados y rigurosos, frecuentes y generosas limosnas.

Suplicaba al Señor tuviera de Ella piedad y misericordia, y sus oraciones subían al trono de Dios omnipotente como blanquecina nube de oloroso incienso. Ella debía soportar y soportaba muy santamente el desprecio de las personas que la conocían, la frialdad de los Sacerdotes y todas las impertinencias de las personas que en su esterilidad querían ver una prueba de desagrado del Señor.

Y Santa Ana no hacía más que suplicar al Señor con todo el amor de su corazón para que la librara de aquellas amarguras.

Tomemos ejemplo del modo cómo debemos suplicar para obtener: primero la gracia del Señor; después aquello de que tengamos más necesidad.

EJEMPLO

En Bruselas en el año 1864 una pobre mujer cuyo marido se había dado a todos los vicios, oyó hablar de los continuos prodigios obrados por Santa Ana y sin más, emprendió, como peregrina el camino hacia su Santuario para demandar y obtener la deseada conversión.
No la arredró los 500 km. de camino, al contrario, abrazó voluntariamente los terribles trabajos del tal viaje persuadida de obtener la gracia. Llegó a la Iglesia de la Santa desfallecida y con los pies ensangrentados; se postró ante su trono y tanto lloró, tanto suplicó que por fin se sintió el alma inundada de alegría, preludio cierto de la gracia obtenida.
Levantóse con fe y de regreso a su patria encontró al esposo completamente mudado de vida. Respetuoso y bueno, emprendió de nuevo sus prácticas religiosas y en todos sus días llevó vida cristiana y edificante.

OBSEQUIO.- Prometamos al Señor alejar de nosotros la indolencia en el divino servicio.

JACULATORIA.- Misericordiosísima Santa Ana, estimuladnos a continuas aspiraciones hacia el Señor.

ORACIÓN

¡Oh!, piadosísima Santa Ana, que imitando los encomios de la mujer fuerte y teniendo siempre a Dios en la mente y el corazón, fuisteis generosa con el templo, larga con los pobres y multiplicasteis riquezas para el Cielo con el esplendor de vuestras acciones virtuosas; por esto el honor de la mujer que de Vos recibió la vida os llama bienaventurada, y bienaventurada, os repiten cuantos son sus hijos. ¡Oh!, ¡gloriosísima madre!; tended una mirada también hacia mí, que, aunque pobre y miserable, fui engendrado por vuestra hija al pie de la cruz y pertenezco al número de vuestros devotos. Extendedme vuestra mano, proveedme de la doble vestidura de vuestros devotos domésticos; llenadme de fortaleza y decoro, a fin de que pueda ser reconocido por vuestro en mi último día. Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA DÉCIMO

De la Humildad y Esperanza de Santa Ana

La profunda humildad de Santa Ana aparece más bella y luminosa en la larga y dura prueba de su esterilidad, que en aquel tiempo era como un signo de maldición. Señalada con el dedo y despreciaba por sus conciudadanos, jamás exhaló una queja ni guardó el menor resentimiento. Venerando la Providencia divina, que todo lo dispone para nuestro bien, se reconocía merecedora de tal confusión, y agradecía al Señor que la trataba como merecía. Mas, creciendo con los años las burlas y los desprecios, Ana, con verdadera alegría del corazón, invocaba al Señor, diciendo: Sed eternamente bendito, ¡Oh mi Dios! Que mortificáis y vivificáis. Si mi confusión aumenta, vuestra gloria crezca para mí cada día, siéndome más agradable que el más brillante trono. Otros os alaban porque los habéis enriquecido con una prole numerosa; y yo no cesaré de bendeciros porque me habéis privado de ella. Más en medio de tanta humillación esperaba y tenía como cosa segura que al fin llegaría para ella el día del contento.
Llegaron hasta el trono de la beatísima Trinidad los suspiros, súplicas, lágrimas y votos que Ana elevaba continuamente con fe y amor y del cielo volvieron aceptados y satisfechos.
Fue entonces cuando el Altísimo se dignó manifestar a los Ángeles que había llegado el tiempo por El determinado de realizar el misterio de la Encarnación, que había llegado el momento de la Concepción de María, la afortunadísima elegida entre millares, la cual recibiría en su purísimo seno al Verbo divino, al Mesías prometido esperado e invocado desde tantos siglos.
Les manifestó que Ana y Joaquín habían hallado gracia antes sus ojos, que los había guiado con predilección y que por su fidelidad, santidad y pureza había elegido a Ana para Madre de María.
Las humildes asiduas oraciones de las almas justas son aptas para mover el corazón de Dios y para que desciendan sobre nosotros sus divinas misericordias. Imploremos pues el don de la oración y hagamos un especial estudio para agradar al Señor por medio del cumplimiento de nuestros deberes.
Ahora, ¿Qué dices, cristiano, de este ejemplo? ¿Cómo acostumbres humillarte bajo la mano potente de Dios, que te exaltará en el día de su visitación? Para tu bien, El te prueba como el oro en el fuego. No llegues, pues, a perder la humildad, que es camino constante por el cual el Señor conduce a la exaltación y a la gloria. ¿No es justo que El, tu Dios, tenga toda la gloria, y que tú, polvo y nada, seas hollado por la planta de todas las criaturas? Espera siempre y confía; ninguno que en El esperó fue jamás confundido. Llegará la hora de tu muerte y El recompensará con infinitos tesoros de gloria tu voluntaria humildad y constante confianza, y del polvo en que yacías será elevado a los primeros puestos del Cielo.

EJEMPLO

Las Hermanitas de los pobres tenían a su fundador gravemente enfermo, sin esperanza de vida. Toda la ciencia era inútil; empero la Superiora pensó invocar a Santa Ana haciendo una novena y un voto solemne de elegirla por la Protectora de todas sus casas cuando hubiere obtenido la suspirada gracia.
La fe puesta en nuestra Santa no fue vana. Desde aquel momento el Padre Le Paillem empezó la mejoría y al terminar la novena quedó completamente curado. Es más fácil imaginar que describir la alegría de aquellas buenas Hermanitas. Fue cumplido el voto y la Santa dispensó nuevas gracias y bendiciones sobre el Instituto.

OBSEQUIO.- Examinemos si cumplimos o dejamos de cumplir los votos hechos.

JACULATORIA. – Fervorosísima Santa Ana, alcanzadnos constancia en cumplir lo prometido.

ORACIÓN

Admiro vuestra alta fortuna, ¡oh mi gran abogada Santa Ana! Vuestra hija, porque es la más próxima a Cristo, según la humanidad que tomó de ella, participa más de la plenitud de su gracia y Vos, porque fuisteis más próxima a la humildísima sierva, participáis más de su santidad. ¿Y cuándo comenzaré yo a aprender de Vos la santa humildad, que es el principio y base de todas las virtudes? ¿Cuándo, fijando la mirada en mi Redentor, que puso su trono en la paja de un vil establo, estableceré yo mi mansión entre el polvo del que fui formado? ¡Ah! Vos, que de la humillación fuisteis exaltada tanto, moveos a compasión de mí, y dadme un corazón verdaderamente humilde y lleno de confianza en mi Señor.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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