Jesús fuego que inflama nuestros corazones

By salutarishostia

bs-2

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Decía el Venerable Padre Francisco Olimpio, teatino, que no hay cosa en la tierra que más vivamente encienda el fuego del divino amor en los corazones de los hombres que el Santísimo Sacramento del altar. El Señor se dejó ver por Santa Catalina de Siena como un inmenso horno de amor, del cual salían torrentes de llamas divinas que se esparcían por toda la tierra, y quedó atónita la Santa al considerar cómo podían vivir los hombres sin abrasarse de amor, en medio de tales incendios divinos.

¡Oh Jesús mío! Haz que yo arda en las llamas de tu amor: haz que no piense, ni suspire, ni desee, ni busque sino a ti. ¡Dichoso yo si ese fuego sagrado de tu amor se apoderase de mí totalmente y, a medida que fueran pasando mis años, fuera él consumiendo felizmente en mí todos los afectos terrenos!

¡Oh Verbo divino! ¡Oh Salvador mío muy amado! Sobre ese altar te veo sacrificado, aniquilado, destruido enteramente por mi amor. Muy justo será, pues, que a la manera que tú te sacrificas, hecho víctima de amor por mí, yo también me consagre del todo a ti. Sí, Dios mío y soberano mío, por ti sacrifico hoy toda mi alma, toda mi voluntad, toda mi vida, todo mi ser. Uno éste, mi pobre sacrificio, al sacrificio de infinito valor que en el ara de la cruz. ¡Oh eterno Padre! te ofreció una vez Jesucristo, tu Hijo y mi salvador y que ahora tanta veces te ofrece cada día en nuestro altares. Acéptalo por los méritos de Jesús, y dame gracia para renovarlo todos los días de mi vida y para que con mi sacrificio consiga la gloria eterna. Deseo la gracia, concedida a tantos mártires, de morir por tu amor; pero si no soy digno de tan grande gracia, haz al menos, Señor mío, que te sacrifique con plena voluntad mi propia vida, aceptando con resignación la muerte que te guste enviarme. Ésta es, Señor la gracia que yo quiero: quiero morir con voluntad de honrarte y darte gusto.

Desde este instante te consagro mi vida y te ofrezco mi muerte, cualquiera que sea y cuando a ti te plazca enviarmela.

¡Oh Jesús mío! Quiero morir sólo para agradarte.

San Alfonso María de Ligorio. Visitas al Santísimo Sacramento. Día Quince.

Escribe un comentario