Mes en honor de Santa Ana

By salutarishostia

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DIA UNDÉCIMO

Disposición de Santa Ana a los Portentos Divinos

Virtudes escogidas y singulares enriquecían cada día el corazón de Ana: la fe inquebrantable en aquel Dios que no permitió se apagara la luz de su progenie, el amor más ardiente y la más completa confianza en El, atraían sobre Ella la plenitud de los celestiales favores.

Escrito está que las gracias descienden sobre nosotros según sean nuestras disposiciones. Imaginémonos de cuantas gracias sería colmada Santa Ana cuyo corazón emanaba continuamente, como de un templo, el delicado perfume del más aceptable holocausto.

Si para todos es elocuente el ejemplo de nuestra Santa, séalo de un modo especial para las almas generosas y aprendamos cómo el Señor es generoso con las almas que, dotadas de fe ardiente y caridad humilde, se someten agradecidas a sus divinas disposiciones.

Dios da sus gracias según la medida del mérito que cada alma tiene ante El y cuanto más ella se muestra digna de recibirlas, tanto más copiosamente infunde sus gracias, sobre los corazones que le son fieles y les muestra su predilección.

Ahora, mira ¡oh cristiano!, cuál es tu paciencia, sin la cual no puedes cumplir la voluntad divina, ni llegar a la posesión del reino eterno. Tú sabes que al Cielo se llega por la senda de muchas tribulaciones. Con que así sufre perseverante las fatigas que de cualquier lado te vengan; sufre porque Dios así lo permite y así lo quiere tu profesión de cristiano.

Observa con frecuencia cuánto ha padecido tu divino Maestro y piensa que rehúsa pertenecer al cuerpo el que rehúsa sufrir con la cabeza. Reflexiona especialmente en el premio que te está preparado, considerando que pasan las enfermedades, las persecuciones, las pérdidas, pero que la recompensa es eterna.

EJEMPLO

En la ciudad de Borgo en Sicilia una jovencita llamada Lucía enfermó de viruelas quedando ciega de dicha enfermedad. Su madre, convencida de que todos los remedios humanos eran inútiles, la puso bajo la protección de Santa Ana a fin de alcanzar de Ella aquella curación que inútilmente había esperado de la ciencia mediática.
A tal fin se postró ante el altar de la Santa y con lágrimas le suplicó fervorosamente restituyera la vista a la pobre ciega.
Y Santa Ana, que nunca desoye a quien a Ella recurre con fe inquebrantable, atendió los ruegos de aquella madre.
Acabada la súplica y enjugándose las lágrimas, la buena mujer levantóse para volver a su casa, cuando de improviso ve a su lado a la hija, que feliz al ser curada, postróse a los pies de la Santa dándole gracias, le prometió eterno reconocimiento.

OBSEQUIO.- Recitemos tres Glorias a la Santísima Trinidad para que nos conceda perfecto abandono a su santísima voluntad.

JACULATORIA.- Dulcísima Santa Ana, hacednos sumisos a las divinas inspiraciones.

ORACIÓN

¡Oh invicta Santa Ana, luciente espejo de santa resignación y paciencia!; por aquel fruto bendito de eterna gloria y honor que recibisteis, haced que yo saque provecho de todos los males que afligen esta mísera vida ¡Ah, sì! Por vuestros méritos no me debiliten los trabajos; reciba con gozo y resignación las tribulaciones; y en medio de los sufrimientos, bese siempre la mano que me hiere. Así después de las angustias de esta vida, alegre recibiré la inmarcesible corona que Dios ha preparado para aquellos que con su auxilio soportan la inevitable prueba.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA DECIMO SEGUNDO

Causa de la Esterilidad de Santa Ana

Es propio de Dios sacar sus más ricos tesoros de la esterilidad, para manifestar mejor su poder. El mundo, creado de la nada; la tierra, al principio informe y vacía, y el cielo sin luz, muestran claramente el poder de su palabra. El oro, la plata y los brillantes se producen en terrenos horridos e infecundos, y la rosa nace entre las espinas. Isaac, Sanson, Samuel y el Bautista, luminares de su siglo, nacieron de madre infecunda. He aquí por qué Ana es estéril. De esta humillación suya debía originarse su dignidad ¿Por qué la madre de Dios, pregunta el Damasceno, nació de madre estéril? Porque era necesario que su nacimiento preparara el camino al prodigio de todos los prodigios. Si Ana hubiere sido fecunda no habría dado a luz a la única bendita entre todas las mujeres al océano de gracia, al más bello adorno de la tierra y del cielo. Su hija, tan elevada sobre todas las criaturas, debía de ser hija de la gracia. Y así, surgiendo de padres infecundos, su nacimiento debía atribuirse más que a la naturaleza, a especial bendición de Dios. Retardado el nacimiento de María, explica San Jerónimo se manifiesta mejor que la que nace, no es del sentido, sino de la gracia. Mejor se explica, añade San Ildefonso, que nace limpia de cuerpo y de corazón, sin concupiscencia. Además, en la prolongada esterilidad de Ana, se preparaban todas las virtudes y las gracias que debían nacer con María.
Aprende ¡Oh cristiano! De Santa Ana, a conformarte con el divino querer; El te sacó de la nada, cuando le plugo; te hará vivir en la tierra cuando le plazca, y cuando quiera te llamará a su presencia. Si deseas ser feliz, aquí y en la eternidad, reflexiona que eres obra de sus manos y que si te sacó de la nada fue no para que vivieses para ti mismo, sino para su gloria. Busca a El de todo corazón y sin descanso. Si tarda en llegar, espéralo que llegará en el tiempo fijado y te confortará y consolará; aquí te colmará de santificación y de gracia, y en el cielo de alegría y gloria.
Reflexiona, ¡Oh cristiano!, que la prosperidad es madastra de la virtud, y que al contrario, el llanto y los afanes son nutricios de la piedad y guía de la perfección. Las gracias más bellas, los favores más señalados del Cielo son, por lo común, el fruto de las plegarias, de las humillaciones y de los sacrificios. Esto lo vemos en Santa Ana, que sin la esterilidad no habría llegado a la dignidad sublime de la Madre de Dios.

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DIA DECIMO TERCERO

Concepción Inmaculada de María

Es opinión de algunos Doctores de la Iglesia, que Santa Ana tuvo conocimiento por un Angel del gran advenimiento que debía efectuarse en Ella, en la Concepción de María Santísima de la Mujer que, debiendo ser Madre del Hijo de Dios, no debía ser en ningún instante esclava de la culpa original.

Tal privilegio en María importa una pureza especial y una sublime grandeza en Santa Ana, elegida Madre de una tan grande Hija.

¡Oh! cuánta alegría inundó el alma de nuestra Santa, cuando, apagada casi en Ella la esperanza de ver glorificada su descendencia, se sintió elevada al más alto honor y cercana a Aquel que debía traer la salvacion al mundo entero! Cuales acciones de gracia habrá dado a Dios, que santa complacencia, que dulzura de espirituales carismas habrá gustado desde la concepcion de Aquella excelsa Hiija, que debía ser Madre de Dios, Autor de la vida!

Tú también, cristiano, aunque concebido en pecado, debes, como verdadero hijo de María, aspirar a tu santificación. EI Apóstol te dice: Voluntad de Dios es tu santificación. Ella exige que te libres de toda mancha, y que adelantes en obras buenas. Ruega a Santa Ana para que te confirme en la senda del bien.

Postremonos a los pies de esta querida Santa, unámonos a su gozo y supliquémosle nos asista en vida y en la hora de la muerte.

EJEMPLO

Sor Ana Maria Zanolli, veneciana, fue desde la cuna devota de Santa Ana, en cuyo honor se dedico en su casa a la vida eremitica. Pasando por Padua, como supiese que había allí un monasterio de eremitas franciscanas fundado por la Venerable Graciosa Cechini, quiso ser admitida.
Por sus raras virtudes, muerta la fundadora, fue elegida abadesa, e inmediatamente pensó en fundar un nuevo monasterio en lugar y forma más a propósito. Para la obra puso toda su esperanza en Santa Ana, y repetía a sus monjas: La gran santa, para mostrar que es suyo este prodigio, moverá los corazones piadosos a socorrernos, y nos hará encontrar después un lugar doble del que ocupamos”. A los que Ie ponderaban las dificultades de la empresa y la falta de medios, añadía: “Yo tengo mi bolsillo en el cielo; Santa Ana ha hecho prodigios mayores”. Tanta confianza no fue defraudada, porque en seis años se hizo iglesia y monasterio en Vanzo, realmente doble de la pobre ermita que tenían en Ponte Corbo; entonces la Zanolli vio llegar cuantiosas limosnas de países lejanos y vio multiplicarse en su bolsillo sus pequeños recursos, que nunca escasearon, hecho que, desde luego, atribuyó a la protección de Santa Ana.

OBSEQUIO. – Preparemonos todos los días para morir, a fin de que la muerte no nos sorprenda sin estar preparados.

JACULATORIA. – Generosísima Santa Ana, áncora de salvación de los que mueren, rogad por nosotros.

jDios te salve, oh, gloriosa Santa Ana!, que aunque nacida de la raza manchada con el pecado original, pura por especial asistencia divina, concebiste santamente a la más pura, la más casta, la más santa de las criaturas, el objeto de las complacencias de Dios. Vos; con el nacimiento de María, anticipasteis los mas ilustre dones del antiguo pacto y superasteis sus riquezas, todas juntas. Mientras yo bendigo al Altísimo, que os concedió las bendiciones de todas las gentes os conjuro, por el amor de vuestra inmaculada hija, que purifiquéis mi corazón. Así será, hará habitación del Señor y ciertamente agradable cuando lo ofrezca a vuestra dulcísima María mi Madre y Reina, a la cual se ha dado todo honor por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

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DIA DECIMO CUARTO

Vivísimo Deseo de Santa Ana del nacimiento de María

Cuan vivo y ardiente fuese el deseo de Santa Ana de ver nacer a su prole, se puede deducir de los ayunos, de las súplicas, de las limosnas y de los sacrificios con que la pidió.

Si una madre goza en la expectación de ver a su criatura, que alegría inefable no debía sentir Santa Ana cuyo corazón era centro de la acción directa de la gracia, cuya alma estaba renovada de energía superior ?

Es dulce imaginarla en supremo éxtasis resplandeciente de amor en el deseo de abrazar a su privilegiada Hija, contemplar su angelical rostro y enajenarse con los perfumes de aquellas virtudes que debía exhalar aquel corazón que nunca tocó la culpa y en aquellos deseos derramar lágrimas de júbilo!

Unámonos a la gloriosa Santa Ana en el ardor de la plegaria, a fin de que nos obtenga el gozo de ver un día a Aquella que es la alegría del cielo.

Mira, ¡oh, cristiano! cuanto valen las constantes plegarias de los justos. Dios, por ellos, manda a su hijo, sobreabundando, con infinita misericordia, a la suma maldad que cubría la tierra. ¡Oh, y en que míseros tiempos ahora nos hallamos! La tierra ha llegado a ser abominable a los ojos del Cielo, por el descuido de la religión y el desprecio de la fe. Y Dios, irritado contra el hombre, lo abandona en manos de su iniquidad, que es el castigo más grande que suele mandar. (¿Será posible que no haya quien pueda mover a Dios a misericordia? Sólo las almas justas pueden inclinarlo con sus oraciones. Muchos suspiran y lamentan el diluvio de iniquidad y de pecados, del cual ellos mismos son también causa. Muchos querrían ver el fin casi sin despegar los labios. Justifiquémonos primero, roguemos con asidua humildad y lo obtendremos todo.

EJEMPLO

El siguiente pasaje revela de cuánto auxilio sirve a los que se dedican a la vida contemplativa la meditación de la vida retirada y devota de los santos Joaquín y Ana, que contribuuye eficazmente al adelanto de la senda de la perfección. Refiere el Venerable Luis de Granada, en el tomo segundo de sus sermones sobre los Santos, que un religioso dominico, para gozar mejor de la soledad, lejos del bullicio de las criaturas, se retiró a la gruta de Marsella. Un día, mientras oraba, se le apareció María Magdalena, que le informó sobre muchas cosas realizadas con ella en ese mismo lugar. Le contó, entre otras cosas que San Miguel Arcangel le trajo del Cielo una cruz, en la que se veían pintados los principales misterios de la pasión de Nuestro Señor; y además, escrita por manos angélicas, la historia de los santos progenitores de María, Joaquín y Ana. Y que en verdad el angel le había dejado esa cruz para fortalecerla.

OBSEQUIO.- Prometamos a Santa Ana aumentar nuestro amor a María.

JACULATORIA. -: Augustísima Santa Ana, hacednos devotos de vuestra Santísima Hija.

ORACIÓN

¡Oh igualmente bienaventurados essposos Joaquín y Ana a los que todas las criaturas os son deudores por el don de los dones, que obtuvisteis para la tierra en vuestra excelsa hija y Madre de Dios; vuestra virtud, vuestras súplicas alcanzaron tan gran tesoro. ¡Ay! en vista de don tan amable y tan precioso, obtenednos el espíritu de gracia y.de oración, a fin de que, detestando nuestras culpas y santificandonos en nuestro estado, aplaquemos con nuestros ruegos la ira de Dios y logremos paz en la tierra. Si vos lo queréis, la gracia está concedida, porque es omnipotente cerca del trono divino la voz de vuestra hija, y cerca de Ella es omnipotente la vuestra. Rogad, pues, por nosotros, que con razón en Vos confiamos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA DECIMO QUINTO

Nacimiento de María

EI nacimiento de la Virgen Inmaculada es cantado por la Iglesia como portador de luz y alegría al mundo entero; luz y alegría que se reflejaron en, Santa Ana, la cual escogida entre miles a tal gloria, nos dio a la bendita entre todas las mujeres a la augusta Madre de Dios.

Es lícito imaginar como el Señor cumplió su promesa haciendo gustar a la Madre una gota de aquella alegría que su divino Hijo traería a todos los hombres. De aquí innumerables actos de amor y de agradecimiento a Dios; cuidados maternales y diligencia amorosa hacia su querida Niña. Delante a aquella visión mas celestial que terrena, debía repercutir en todo su ser el gozo que en el cielo sentían los Ángeles anunciadores de la divina Redención.

He aquí, oh cristiano, como el Señor mortifica y vivifica, conduce al sepulcro y los saca de él, da la pobreza y las riquezas, humilla y exalta. Bienaventurado quien en El confía y se humilla bajo su mana poderosa.
Regocijémonos de vernos unidos con vínculos tan estrechos a Santa Ana, Madre de nuestra piadosa Corredentora.

A su nacimiento, los angeles se regocijaron y se alegró la naturaleza. ¡Y como, añade San Idelfonso entre los gozos y cánticos de los Ángeles podrían mezclarse la tristeza y el dolor que Ana heredó de Eva? Cuanto más raras son estas cosas en la naturaleza humana, tanto más convenientes eran a la dignidad de María. ¡Feliz nacimiento, concluye San Fulberto, por el cual se reparó la ruina del mundo!

También para ti, ¡oh cristiano!, nació la autora de tantos prodigios, el canal de toda gracia, el piélago insondable de gozo. Nació tu refugio, tu esperanza, tu madre, que te ama con amor invencible. ¿Cómo no agradece al Señor y alabas a Santa Ana. Pero piensa que para ser hijos de María, que jamás estuvo en las tinieblas, y sí siempre en la luz, debes renunciar a las obras de pecado, que son propias del que odia la luz. Debes andar con toda honestidad, como se camina en el día, vistiéndote dentro y fuera de María; esto es, viviendo con su espíritu, que es todo santo, dulce, amoroso. ¡Oh, dichoso tu, si fueras todo de María! Santa Ana tendríate predilección, te miraría como cosa suya y te sería siempre propicia, en vida y en muerte.

EJEMPLO

El venerable Inocencio de Chusi, Menor reformado, que por la gran devoción a Santa Ana quiso ser apellidado con su nombre, celaba continuamente la gloria de tan excelsa Patrona. Con frecuencia repetía que había obtenido de esta gran santa innumerables gracias milagrosas, las cuales, al quererlas reunir, habrían formado un gran volumen. De él se refiere que al pasar de Sicilia a Roma por asuntos de su convento, recibió una carta del archiduque Leopoldo del Austria, que imploraba de sus oraciones el tener un hijo varón. Inocencio, después de haber orado, le contestó que ya Santa Ana le había hecho el milagro; que él, al nacimiento del heredero, mostrase su gratitud a tan poderosa abogada. El archiduque, apenas nacido el hijo, hizo fabricar un convento para los Reformados, con la iglesia bajo la advocación de Santa Ana.

OBSEQUIO. - Honremos a María Niña y a su felicísima Madre con el rezo de fervorosas oraciones.

JACULATORIA.- Carísima Santa Ana, aumentad en nuestros corazones el amor a Vos y a María.

¡Oh, piadosísima Santa Ana!; si el universo, tras tanto esperar, tuvo 1a suerte de contemplar la fúlgida aurora, mensajera del sol de justicia, después de Dios, debe a vuestro voto, a vuestras humillaciones, Y suspiros, un tan gran bien. ¡Sed eternamente bendita!; por Vos se descubre el tesoro escondido de los siglos, y vuestros ardientes gemidos engendran a la Madre de las virtudes. Por Vos vino la que es 1a vida, dulzura y cara esperanza nuestra. Bendito sea Dios, que así colma vuestros deseos, y del polvo os colocó sobre el trono más brillante. ¡Ay!, amabílisima madre; hacednos fieles en el cumplimiento de los preceptos divinos, y constantes en seguir vuestros ejemplos para recibir después el premio eterno.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Una respuesta para “Mes en honor de Santa Ana”

  1. pamee Dice:

    me enqanto la historiia

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