Mes en honor de Santa Ana

By salutarishostia

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DIA DECIMO SEXTO

Afecto y diligencia de Santa Ana para con María

Los cuidados de Santa Ana para con su Hija fueron eminentemente santos. Conocida, tal vez por divina revelación, la sublime dignidad a la que María estaba destinada y el grande  amor que Dios le profesaba, a ella se dedicó enteramente: sus cuidados, sus solicitudes, sus pensamientos, sus afectos, su sonrisa, sus besos, sus ternuras, todo fue para Ella.

A aquel milagro de santidad, a aquella belleza de Paraíso, a aquella sonrisa de cielo Santa Ana vertía todo su amor y cumplía con inefable alegría todos sus cuidados maternales para con María.

Hermoso es imaginar  como Santa Ana transfundía sus sentimientos al corazón de aquella graciosa Niña, que se abría a las caricias maternales como el lirio se abre al calor del sol!

Admirable ejemplo de armonía espiritual que enseña, a quienes deben tener a su cuidado criaturas inocentes, como deben portarse para conducirlas al Señor por los senderos de la virtud y de la piedad.

¡Oh!, si los padres cristianos comenzaran a interesarse por la santificación de su prole, aun antes de recibirla, qué frutos de bendición se cosecharían en la tierra! Ellos con frecuencia son descuidados; y  ¿por qué admirarse, si después esa prole es causa de su amargura…? De cualquier modo que sea, recuerda, oh cristiano, que al iniciarse  en ti el uso de la razón, ya estabas obligado a honrar y amar con todo tu corazón a Dios, que sin mérito tuyo te dio la existencia, ¿fuiste en esto negligente? ¡Ah! no tardes. Agradece al Señor, que todavía te da tiempo de cumplir este ineludible deber.

Dile hoy mismo con San Agustín: “Haced, Señor, que os conozca y me conozca; para ti, honor; para mi el desprecio“.

EJEMPLO

Santa Ana alcanza para sus devotos gracias y favores temporales, como lo demuestra evidentemente en la inesperada curación de S.S. el Papa Gregorio XV.

Estaba en los extremos de la enfermedad, los médicos declararon ser un caso perdido, más él tuvo la inspiración de recurrir a Santa Ana.

Al instante se hicieron rogativas especiales para obtener la curación del Santo Padre;  el por su parte se puso con fe en manos de su poderosa Madre.

He aquí que curó de repente, consolando a todos; y que está curación milagrosa fue obtenida por intercesión de Santa Ana lo atestiguan los médicos, los que allí se encontraban y los historiadores de aquel tiempo.

Para perpetuar su reconocimiento el Papa quiso que el 26 de julio de cada año fuese consagrado a festejar y conmemorar a la poderosísima Santa Ana que de tal modo había intercedido en favor de su causa.

OBSEQUIO.- Invoquemos a Santa Ana a fin de que nos asista a prestar cuidados espirituales a aquellos a quienes debemos acercarnos.

JACULATORIA.-Bondadísima Santa Ana, obtenednos diligencia en la práctica de la virtud.

ORACIÓN

¡Oh, humildísima Ana, tan engrandecida hasta encerrar en vos un cielo más espacioso que los cielos mismos!; todas las gentes os bendicen por ser madre de la Inmaculada. Todos los espíritus celestiales y mortales dicen: Bienaventurados los brazos que la sostuvieron, los pechos que la alimentaron, los labios que le imprimieron y recibieron sus primeros y purísimos besos. Mientras todos os tributamos honor y gloria, y a Vos volvemos nuestros ojos, confiados y devotos, ¡ay!, bajad los vuestros hacia nuestros gemidos en este valle de llanto. Atraednos tras el olor de vuestras virtudes sobre todo de vuestra humildad, a fin de que el Señor, hallándonos gratos a sus ojos nos bendiga ahora y siempre. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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DIA DÉCIMO SÉPTIMO

Amor de Santa Ana a María

El amor de Ana a María, no era el amor ordinario de la madre a su propia hija, revestía caracteres especiales que daban a entender algo más que humano.

Ella entrevía en su Hija la gran misión que debía ejercer en la Redención y el altísimo honor que le tocaba en su glorificación, por esto debía tener a Ella un amor tan celestial y santo, sue sobrepujaba muy mucho al amor de toda madre.

Era el amor que la conducía a Dios a través de su Hija, amor que revelaba la pureza de sentimientos, generosidad de sacrificios y que le debía hacer gustar cuanto de gozoso y de intimamente excelso se unía en Aquella privilegiada Criatura.

Cuáles serían, pues, las ternuras del corazón de Santa Ana, los afectos de su alma cuando contemplaba su rostros, la acariciaba, besaba, abrazaba y sentía  el pequeño corazón de Ella palpitar al unísono con el suyo?

Si nos fuera posible levantar el velo que cubre los recónditos misterios del Corazón de la Santísima Virgen y el de Santa Ana, sacaríamos una impresión tan suave y dulce que nos inundaría de júbilo por toda la vida.

Roguemos a María Santísima y a Santa Ana a fin de que nos den tal pureza que merezcamos su inefable visión.

Al reflexionar que Santa Ana fue digna madre de la única hija perfecta, enriquecida desde el primer instante con todas las gracias y privilegios así singulares, no se puede menos de concebir una altísima estimación de su excelencia. Si Isabel, al ver a María, fue llena del Espíritu Santo; y el Bautista, santificado en su nacimiento, ¿Qué santificación y qué gracia no produciría en Santa Ana la presencia de María? Conque así, si antes, cristiano, has conocido, venerado y amado poco a esta excelsa Matrona, ahora procura remediarlo, consolándote con una devoción tan piadosa como saludable, fuente de gracia y consuelo celestial.

EJEMPLO

Amilcar Ludendorf, de noble linaje, había derrochado toda su hacienda en vicios y diversiones.

Reducido a la miseria, poco le faltaba para perder su alma y darse a la desesperación, cuando he aquí que en medio del torbellino de sus malos pensamientos tuvo la inspiración de trasladarse a Santiago de Galicia para impetrar del Santo un poco de luz en medio de sus densas tinieblas.

Se le apareció el Santo y díjole: “La gracia que deseas obtener, la alcanzarás invocando a Santa Ana y a su Familia.”

El joven tembloroso y conmovido, prometió cambiar de vida y practicar cuanto le fue dicho. Tuvo tierna devoción a Santa Ana, a San Joaquín y a María, devoción que conservó hasta el último de sus días y llevó vida cristiana ayudado por ambos Santos,  los cuales muchas veces se les aparecieron para consolarle. Aconteció esto de modo especial en la hora de su muerte, cuando furiosamente tentado acerca de su salvación, SAnta Ana, San Joaquín con María le anunciaron la salvación eterna.

OBSEQUIO.- Confiémonos en Santa Ana, para que nos enseñe a amar a su excelsa Hija.

JACULATORIA.- Amorosísima Santa Ana, encomiéndanos a María Inmaculada.

ORACIÓN

Dios te salve, oh nuevo cielo, que concebiste la espléndida aurora de la inaccesible luz del sol de gracia y justicia. Con Vos me alegro, afortunadísima Santa Ana, me regocijo y gozo, al ver los primeros almores de vuestra hija y Señora mía, tan luminosos, tan santos, tan limpios de toda mancha.

Por aquella alegría de los astros matutinos, a la cual por la voz del Vicario infalible de Cristo, que declaró de fe este privilegio, se asoció toda la Iglesia, ¡oh gloriosa Matrona!, dignaos mirar benigna a todo el orbe católico. mostrando cuán grande es vuestro  poder cerca de hija tan excelsa. Humillad a los enemigos que luchan contra la Iglesia y haced que todos conozcan que Ella es el arca de paz, fuera de la cual no hay salvación.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DÍA DÉCIMO OCTAVO

 Consagración de María Santísima al Señor

El sentimiento de reconocimiento de Santa Ana hacia el Señor por haberle concedido en una avanzada edad a María Santísima fue tan profundo tan sentido que le indujo a ofrecerle, a consagrarle Aquella flor inmaculada, Aquel tesoro divino, Aquella viva prueba de predilección del Señor.

Justo era, que recibiera el Señor aquel agradable holocausto por manos de Santa Ana, como fué acertada que Santa Ana, elegida Madre de la Madre de Dios, fuese ejemplo de generosidad a todas las madres en dar su prole al Rey de Reyes y Señor de los que gobiernan.

La consagración de María no fue un acto cualquiera para Santa Ana: al tiempo que sentía una especial gratitud para con el Señor, conocía cuan agradable podía ser a Dios la oferta de su inocentísima Hija.

La celestial María, santificada desde el primer instante de su concepción, debía aparecer una criatura santa en la ofrenda extrema de su existencia, de tal modo que íntimamente atraía y robaba el Corazón de Dios y sus místicas complacencias.

Ejemplo elocuentísimo que nos enseña el pronto y constante cumplimientos de los votos y de las promesas.

EJEMPLO

No pocos permancen constantes en la fe por intercesión de Santa Ana.

En el año 1643, la ciudad de Duven fue sitiada por formidable ejército de calvinistas y los sitiados, presos de gran terror, desesperaban de su salvación.

Era párroco de aquella ciudad en la iglesia de Santa Ana el P. Teodoro Ray de la Compañía de Jesús, el cual les exhortó a recurrir a Santa Ana, de la cual era devotísimo e invitándoles a prometer a Dios antes de morir que renunciar a la fe. Aceptaron el santo consejo del buen padre y protestaron unánimes de permanecer en la religión católica.

Mientras los hombres combatían, los ancianos, las mujeres y los niños invocaban con fervorosa súplica a Santa Ana para que los defendiera y fueron favorablemente atendidos.

Al noveno día de sitio, noveno día de plegarias, los enemigos, cansados abandonaron la ciudad sin haber causado daño alguno; lo caul demostró a los enemigos una protección sobrenatural sobre la ciudad y a los ciudadanos de Duven la bondad de Santa Ana en su favor.

OBSEQUIO.- Prometamos a Santa Ana trabajar para que aumente en nosotros el amor a nuestra Santa Religión y recitemos el acto de Fe.

JACULATORIA.- Potentísima Santa Ana, haznos dignos de consagrarnos a Dios.

ORACIÓN

¡Oh, nobilísima Santa Ana!, ninguna matrona fue, ni será jamás, semejante a Vos, que sois la madre de la Madre de Dios. ¿Qué suerte venturosa no es tener el tesoro de Dios y de los hombres, la esperanza de los siglos, la alegría de los ángeles, el gozo de todas las criaturas, el terror del infierno? ¿Qué gloria no es ver que en vos aparece el pie triunfante que debe hollar la cabeza de la serpiente seductora? ¡Oh gloriosísima Santa! Vos sabéis bien cómo el enemigo, aunque  expelido por su descendencia, provoca  encarnizada guerra a la vuestra. ¡Oh piadosísima!, venid en nuestro socorro. Con vuestra presencia los hijos de la serpiente huirán, y los hijos de vuestra Hija, alegres y triunfantes, os bendecirán junto con Jesús y María

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

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DIA DÉCIMO NOVENO

De la Imposición del Nombre de María

El ángel enviado a Santa Ana le había dicho: ” Nacerá de ti una hija, la cual, llamada María, será bendita entre todas las mujeres, y ese nombre le pusieron sus padres, porque el ángel lo había revelado.

“El nombre de María emana de los  tesoros inmensos de la Divinidad”, como escribe San Pedro Damián, y Santa Ana que impuso, después de serle revelado, el nombre de María a su Hija, formó parte de aquellos tesoros. El nombre debe expresar cuanto de grande y de santo se espera de la persona que debe llevarlo, al mismo tiempo debe manifestar la misión y oficio que la persona debe cumplir.

Santa Ana poseía la clara visión de la santidad, de la grandeza y de la majestad a que sería elevada su Hija, e impúsole el augusto nombre de “María”.

Verdadera fuente de gracias y bendiciones es el nombre  “María”, nombre dulcísimo, nombre potentísimo, bálsamo de salud y de paz.

Cristiano, procura ser devoto de este nombre, que es bálsamo de consolación, de salud y de paz para el que invoca con afecto y confianza.En las tentaciones, en las angustias, no dudes; llama a María, y experimentarás auxilio celestial. Ten este nombre frecuentemente en los labios, y siempre en el corazón, para tener la suerte de terminar tu vida con esa prenda segura de salvación.

Invoquemos frecuentemente con fe y amor este nombre tan querido y obtendremos clemencia en vida y en muerte.

EJEMPLO

En el año 1831 la peste se enseñoreó de Dijón haciendo cotidianos estragos.

Sus habitantes, atemorizados, oprimidos, extraviados, se unieron al Clero y al Obispo a fin de pedir al cielo les favoreciera. Entre las muchas promesas hicieron el voto de solemnizar cada año el día de Santa Ana de la manera más solemne si los libraba de aquel terrible azote siendo este voto acompañado de la más viva fe en obtener de la divina Misericordia, por intercesión de este gran santa, la suspirada gracia.

Al instante fueron atendidos; la mortalidad cesó como por encanto y la ciudad fue librada de aquel terrible mal.

En la catedral de Dijón una lápida conmemorativa en honor de Santa Ana demuestra a todas horas cuán solícita se muestra con los que en Ella confían.

OBSEQUIO.- Invoquemos con frecuencia los dulces nombres de Ana y de María y las tendremos propicias en vida y en muerte.

JACULATORIA.- Piadosísima Santa Ana, dadnos vuestro amor para con María.

ORACIÓN

¡Oh, bienaventurada Santa Ana!, yo me alegro con Vos. Vuestra humillaciones, penas y afanes en el largo tiempo de vuestra esterilidad fueron sobreabundantemente trocadas en gozo indecible. Enseñada por el ángel  de que seriáis la madre de María, repitiendo este dulcísimo nombre experimentábais todos los placeres celestiales. ¡Ah, mi poderosa abogada, haced que este nombre santísimo, lleno de todas  las riquezas del tesoro eterno, sea mi luz, mi guía, mi sostén y mi refugio, en vida y en muerte. Hacedlo por aquella suavidad que siempre sentís al pronunciarlo, entre los aplausos de los ángeles, en la patria del eterno contento.

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 DÍA VIGÉSIMO

Purificación de Santa Ana

Santa Ana, enteramente sumisa a la ley hebraica, cumplió el rito de la purificación. Pasados los días establecidos, salió de Nazaret camino del Templo llevando consigo a su Hija. La Sagrada Escritura nada dice de esta purificación, la cual debía sin duda tener puntos de contacto con otra  acaecida años después, cuando María Santísima presentó el suspirado Niño Jesús y lo puso en brazos del anciano Simeón. También Santa Ana presentó al Templo a María, púsola en manos del anciano Sacerdote, ofreció el cordero y la tórtola y suplicó  al Señor aceptara la ofrenda y quedara  Ella purificada. Tal profundísima humildad y perfecta obediencia debía aumentar el gozo de los angélicos ejércitos que veían en la Santa Niña a Aquella que debía ser proclamada Bienaventurada.

Séanos grato participar con el pensamiento y con el corazón a aquella admirable visión de cielo y hagámosnos propicias a aquellas dos Criaturas, tan agradables a Dios, con la práctica de la obediencia y de la humildad.

“Advierte, dice la Virgen en una visión a la Venerable de Agreda, la puntualidad, tan agradable al Señor, con la cual mi madre satisfizo a la ley de la  purificación, y sé su imitadora.  Yo fui concebida sin pecado; y siendo pura por la gracia del Señor,  no necesitaba ser presentada al templo, como tampoco lo necesitaba mi madre; sólo fue por mostrarse obediente, y el Señor la acrecentó en gracia y virtud.

Con que así, te avisó que cuides de cumplir las leyes más pequeñas, y de no dispensarte jamás de ninguna regla de tu monasterio; porque Dios, larguísimo remunerador de la puntual fidelidad, se declara ofendido por la más insgnificante negligencia”. ¡Oh!, cuán oportunos son estos ejemplos y estos avisos en nuestros tiempos, en que fácilmente se quebrantan  las leyes y las observancias más santas. Confundido así, y destruído el buen orde, todo es escándalo y ruina. ¡Ah sí!, es demasiado cierto que el que desprecia las pequeñas observencias deja al fin el cumplimiento de las más importantes.

EJEMPLO

Una joven riquísima caída en la más triste miseria, estaba tentada de suicidarse, pero oyendo un día hablar del poder de Santa Ana y de su validísimo patrocinio, fue vivamente inspirada a dirigirse a Ella y empezó al momento una novena en su honor con la esperanza de ser atendida.

Santa Ana, no tardó en consolar a aquella pobre hija, pues antes de terminar la novena un noble y religiosísimo joven la pidió por esposa sin cuidarse de si carecía de dote. Sumamente maravillada y feliz la pobre joven atribuyó a Santa Ana el inestimable favor recibido y para eterno reconocimiento quiso divulgar el hecho.

OBSEQUIO.- Prometamos a Santa Ana mantener puros el entendimiento y el corazón.

JACULATORIA.- Clementísima Santa Ana, Madre de la Purísima Madre de Dios, rogad por nosotros.

ORACIÓN

¡Oh, igualmente humildísima y obediente Santa Ana! ¿Cuándo aprenderé con vuestros ejemplos a domar mi orgullo, que tan fácilmente me domina impidiendo que preste la obediencia debida a Dios y a sus representantes en la tierra?

Por el amor con que vos practicasteis virtud tan bella, por los ricos tesoros de gracia y de mérito que os vinieron por ella, haced, ¡oh gran Santa!, que yo siga vuestras pisadas. Así, si obedeciendo llego a cantar victoria, humillándome seré acepo al Señor, que desprecia a los soberbios y exalta a los humildes. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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