Jesús, médico de las almas

By salutarishostia

bs-3

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

¡Oh si los hombres acudieran siempre al Santísimo Sacramento para buscar allí remedio a sus males!, ciertamente no serían tan  miserables como son.

Lloraba Jeremías y exclamaba: ¿por ventura no hay resina o bálsamo en Galaad?, o  ¿no hay allí algún médico? Galaad, monte de Arabia, rico en ungüentos aromáticos, como dice Beda, es figura de Jesucristo que tiene dispuestos en este Sacramento remedios para todos nuestros males.

¡Oh hijos de Adán! – parece decir el Redentor – ¿por qué se quejan de sus males, cuando tiene en este Sacramento el médico y el remedio de todos ellos? Vengan a mí todos … que yo los aliviaré. Te diré, pues con las hermanas de Lázaro; aquel a quien amas está enfermo. Señor, yo soy ese pobrecito a quien amas: tengo mi alma toda llagada por los pecados que he cometido, y por eso vengo a ti. ¡Oh Divino Médico mío! para que me cures. Si tú quieres, puedes sanarme; sana, pues, mi alma que ha pecado contra ti.

¡Oh Jesús mío dulcísimo! Atráeme del todo a ti con los amabilísimos atractivos de tu amor. Prefiero y estimo más estar unido a ti, que ser dueño y rey de toda la tierra, y nada deseo en el mundo sino amarte. Poco tengo que darte; pero si poseyera todos los reinos de este mundo, quisiera sólo poseerlos para renunciar a ellos por tu amor. Renuncio, entre tanto, a todo lo que puedo: parientes, comodidades, gustos y hasta consuelos espirituales. Te entrego mi libertad y mi voluntad, y te consagro todos mis afectos. Te amo, Bondad infinita; te amo más que a mí mismo, y espero amarte eternamente.

Jaculatoria: Jesús mío, a ti me entrego, recíbeme.

San Alfonso María de Ligorio. Visitas al Santísimo Sacramento. Día dieciséis.

Escribe un comentario