Archivo de Noviembre 2008

Sobre medallas e imágenes

Noviembre 29, 2008

SAN MAXIMILIANO KOLBE

Los protestantes del más diferente calibre no logran tolerar medallas, escapularios, cuadros, y, en general, las imágenes de Jesús y de los santos, pero sobre todo de la Virgen.

No mucho tiempo atrás recibí a este propósito una carta de un docente que me escribía nada menos que de la otra extremidad de Polonia. Entre otras cosas me preguntaba: “¿Desde cuándo la fe en medallas sin vida defiende del mal más que la fe en el Dios vivo y verdadero? Aludía a la Medalla Milagrosa de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen María.

Los protestantes hasta dan la fecha en la que la Iglesia “inventó” el culto a las imágenes, cruces, y reliquias. Ese año “nefasto” fue el 787. Otros estudios de la Sagrada Escritura quitan benévolamente unos cuatro años y asignan esta desgracia al año 783.

No quiero aquí hablar de la falta, simplemente estridente, de conocimiento de la historia y de los documentos de los siglos pasados. Es suficiente examinar con qué veneración San Ambrosio, muerto en el año 397, es decir, cuatro siglos antes de esa data “funesta”, colocó bajo un altar, en Milán, las reliquias de los santos Gervasio y Potasio. Es suficiente hacer una breve caminata hasta Roma, bajar a los sótanos de las catacumbas de los primeros siglos ensangrentados del cristianismo, echar una mirada a las numerosas imágenes que adornan sus paredes para no ventilar semejantes tonteras.

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En particular, según parece, los metodistas hasta se horrorizan a la vista de alguna efigie de la santísima Virgen María. Por eso les aconsejamos vivamente que visiten las catacumbas de Priscila, en las que oraban los cristianos que acababan de ser bautizados de las manos de los Apóstoles, y allí verán, representados en las paredes, una anunciación a la santísima Virgen María, una Virgen con el Niño Jesús, una escena del homenaje de los Magos y una Virgen Inmaculada sentada con el Niño Jesús.

Cerca de Ella está el profeta Isaías, que sostiene con una mano el libro de sus profecías, y con la otra señala una estrella que brilla por encima de la Virgen, en la que se cumplíó su profecía.

Tales imágenes de la santísima Virgen y de los santos, con las trazas de la más remota antigüedad, se pueden mirar esculpidas en los sarcófagos, cinceladas en el vidrio o grabadas en el metal.

De todos modos, dejo aparte todo esto, porque lo que, quizás, impresiona aún más, es la falta de lógica en nuestros adversarios. Las mismas personas para las que las imágenes de la Virgen y de los otros santos son un hueso en la garganta, abarrotan después sus casas con una gran cantidad de cuadros, fotografías, retratos y estatuas. ¿Y qué representan todos ellos? Ya hombres, célebres, beneméritos de la patria y de la sociedad, ya miembros de la familia o personas queridas. Por un lado verás la foto del padre difunto o de la madre, colocada en un marco decoroso y circundada, como es justo, de veneración filial; por otra la madre dolorida, no pudiendo olvidar la pérdida prematura de su dilecto niño, guarda con amor su retrato.

Además, las personas, atadas entre sí por el afecto pero obligadas por las circunstancias a una separación temporánea, desean recibir mutuamente de la persona amada al menos algún objeto que la recuerde. Y cuando la muerte envíe al amigo a la tumba, entonces aquel recuerdo llegará a ser cien veces más querido.

En estos casos una carta “sin vida”, una pintura “sin vida”, un metal “sin vida”, o un objeto ” sin vida”, no los ofenden. Sin embargo, no se trata de otra cosa sino de cuadros, imágenes o reliquias.

Con todo… aún aquí también se esconde “una cierta lógica”, la lógica de “alguien”.

Cada uno de nosotros no sólo tiene un alma, sino también un cuerpo, no sólo la razón, sino también los sentidos. Todo conocimiento natural llega ante todo a los sentidos (ojo, oído, …) y después llega a la inteligencia y se graba en la memoria. No de manera diferente acontece para el conocimiento natural de los problemas relacionados con la religión. Cuanto más a menudo vemos nosotros una cosa que está en relación con Cristo, la Virgen o los santos, y más todavía su efigie en la tela o en el papel, o también en medallas o escapularios, tanto más a menudo se dirige también nuestra mente a las personas que tales objetos representan o recuerdan; y todo ello influye poderosamente en nuestra vida.

Muchas personas, a la vista de Cristo clavado en la cruz o de un cuadro de la Virgen, ¿no renuncian quizás a un pecado que ya tenían en ánimo de cometer?… ¡No tendrían tanta petulancia ni tanta maldad!… Además, ¿cuántas oraciones brotan de los corazones delante de estas imágenes en dirección a las personas que ellas representan? … Y ¿cuántos ardientes suspiros de amor o cuántas peticiones de corazones doloridos arrancan ellas?… Y desde lo alto desciende a este corazón el bálsamo del consuelo.

¿Cuántas veces una mirada, aun sólo ocasional, dirigida a un crucifijo o a una estatua de la Inmaculada llena el corazón de coraje y de serenidad?… Si vas a descansar o te levantas para ir al trabajo, si llevas sobre tu pecho un escapulario o una medalla de la Santísima Virgen y los besas con gratitud y veneración, entonces Ella se acordará de este acto de reverencia y de amor, y por toda la jornada guiará tu inteligencia y tu corazón, alejará de ti las tentaciones más graves, te dará fuerza en la lucha y no permitirá que tú caigas.

En el caso que tú te desprendieras por un instante de sus manos misericordiosas, pusieras en ti mismo la confianza y cayeras, en seguida Ella te levantaría, llenaría tu corazón con un arrepentimiento que procede del amor, conseguiría para ti el perdón y transformaría el mal en un bien aún mayor.

¿Quién arremete para estas bendiciones no desciendan a tu alma?

Por cierto, no es Dios, ni la Virgen, ni los santos, ni los ángeles buenos.

¿Quién, pues? …

San Maximiliano Kolbe: “Itinerario espiritual a través de sus escritos”. Editorial Apostolado Mariano. pag. 87-89.

Novena Perpetua a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Noviembre 28, 2008

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La Novena Perpetua se reza en la Parroquia y Santuario Medalla Milagrosa todos los miércoles del año a las 17,30 hs.

La dirección es Curapaligüe 1185, Capital Federal, Argentina.

*****

1. CANTEMOS

Llevemos Cristianos (melodía de “los cielos, la tierra)

1.Llevemos cristianos

la Santa Medalla

que cura los cuerpos

y salva las almas.

¡Ave, ave, ave, María! (Bis).

2. Del Cielo la Virgen

nos da esta Medalla

a quien Milagrosa

los pueblos aclaman.

3.Favores sin cuento

la Virgen derrama

sobre las que llevan su santa Medalla.

  4.Sus brillantes rayos

publican las gracias

que otorga la Virgen

a los que la llaman.

2. SALUDO INICIAL

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

3.ORACIÓN PREPARATORIA

¡Santísima Virgen María! Míranos con ojos misericordiosos a cuantos recurrimos a Vos, llenos de confianza y amor, implorando tu protección. Derrama sobre nosotros las bendiciones que has prometido a cuantos veneren tu santa Medalla. La amamos de todo corazón y tenemos la certeza de que atenderás nuestras súplicas.

ACTO PENITENCIAL: Yo confieso…

Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a SAnta María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. Amén

5.ORACIÓN DE SAN BERNARDO

Acuérdate – ¡Oh piadosísima Virgen María! – que jamás se oyó decir – que ninguno de los que han acudido a tu protección, – e implorado tu asistencia – haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos, también acudo, – ¡Oh Virgen, Madre de las Vírgenes! – y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, – me atrevo a aparecer – ante tu presencia soberana. – No desprecies mis súplicas, – ¡Oh Madre del Verbo!, – antes bien dígnate atenderlas – y favorablemente escucharlas. Así sea.

6. MEDITACIÓN

Se propone el evangelio del día

7. SE PIDEN LAS GRACIAS QUE SE DESEAN OBTENER

8. ACTO DE FE EN LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA.

¡Santísima Virgen! – yo creo y confieso – tu santa e 258351692_e737b7b859Inmaculada Concepción – pura y sin mancha. ¡Oh Purísima Virgen! – por tu pureza virginal! – Tu Inmaculada Concepción – y tu gloriosa prerrogativa de Madre de Dios – alcánzame de tu amado Hijo – la humildad – la caridad, una gran pureza de corazón – de cuerpo y de espíritu – la santa perseverancia en el bien – el don de oración – una buena vida y una santa muerte. Así sea.

9. BENDICIÓN E IMPOSICIÓN DE LA MEDALLA

(Si es en celebración comunitaria)

10. CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Postrado ante vuestro acatamiento. ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa! y después de saludaros en el augusto misterio de vuestra concepción sin mancha, os elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, Abogada, Reina y Señora de todas mis acciones, y Protectora ante la majestad de Dios. Yo os prometo, virgen purísima, no olvidaros jamás, ni vuestro culto ni los intereses de vuestra gloria, a la vez que os prometo en los que me rodean vuestro amor. Recibidme, Madre tierna, desde este momento, y sed para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte. Amén

¡Oh María, sin pecado concebida! ¡Rogad por nosotros que recurrimos a Vos! (tres veces)

11. COMUNIÓN

(Si es celebración comunitaria)

12. ORACIÓN FINAL

“Oh Virgen Inmaculada de la Sagrada Medalla. Disipa con un rayo de tus manos nuestras tinieblas interiores; oriéntanos hasta la cumbre donde nos esperas. Haz que tu medalla sea escudo invulnerable para nuestros cuerpos y nuestras almas y nos ayude a vivir la vida de la Gracia y así poder gozar un día de la Gloria. Amén

13.BENDICIÓN FINAL

La medalla milagrosa y el legionario

Noviembre 25, 2008

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“Luego me dijo la santísima Virgen: “Haz que acuñen una medalla según este modelo. Todos aquellos que la lleven recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan pendiente del cuello. Las gracias serán copiosas paracuantos la lleven con confianza” (Santa Catalina Labouré).

Los legionarios harán muchísimo aprecio de esta medalla, que está tan íntimamente asociada con la historia de la Legión. La imagen de la Milagrosa que adornó la mesa de la primera junta no fue elegida deliberadamente con preferencia a otras, y, sin embargo, sintetizó de manera maravillosa la concepción espiritual de la organización, que nació, así, en torno de Ella.

Ya desde un principio se recomendó el uso de la medalla en el trabajo legionario. La invocación que aparece en la Medalla se dijo ya en la primera junta, y ahora la rezan diariamente todos los socios, como parte integral de la Catena. La Medalla es parte integral del Vexillum de la Legión.

El que la Medalla esté tan íntimamente ligada con la piedad legionaria es cosa que invita a meditar. Y las consideraciones siguientes harán ver si esto es debido a circunstancias fortuitas o a la delicada y admirable disposición de la Providencia:

a) La Medalla tiene por fin extender la devoción a la Inmaculada Concepción. Pero también muestra a María como Medianera de todas las gracias; y, así abarca los varios aspectos según los cuales considera la Legión a su Reina, a saber: María Inmaculada, Madre y Medianera.

La representación de la Inmaculada Concepción queda complementada por la del corazón Inmaculado de María en el reverso de la Medalla: aquélla retrata a María concebida sin pecado; ésta, a María sin pecado para siempre.

b) El reverso de la Medalla ostenta la imagen del Sagrado corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Ambos Corazones han sido invocados ya desde la primera junta de la Legión en las preces preliminares. Los dos Corazones -el uno coronado de espinas, el otro atravesado por una espada-, y, encima, la Cruz y una M mayúscula: todo ello recuerda la Pasión de Jesús y la Compasión de María, aquel misterio que mereció el tesoro de gracias que los legionarios suplican tener, con el privilegio de dárselo a otros en compañía de María.

c) Por una coincidencia verdaderamente notable, el cardenal arzobispo de París comenzó la audiencia en que dio su aprobación y bendición a la Legión a la misma hora y el primer mismo día del primer centenario de las apariciones de la Virgen Milagrosa a Santa Catalina Labouré, que tuvieron una significación especial para Francia.

Podemos, pues, afirmar que la Medalla ha sido como asimilada por la Legión; y que la misión del legionario incluye la de la Medalla. El legionario es, por decirlo así, una medalla viviente, un humilde instrumento en manos de la Virgen, para derramar sus gracias por el mundo.

Hay algunos católicos ansiosos de mostrarse avanzados, intelectuales, que desprecian esta Medalla, lo mismo que otras medallas y escapularios, como si fueran supersticiones. Esta actitud de falta de respeto hacia los sacramentales aprobados por la Iglesia es una temeridad. Y además peca contra la evidencia de los hechos, porque no hay duda de que el uso de la medalla ha sido bendecido por Dios milagrosamente.

Así como los legionarios deben considerarse como soldados, así también deben tener la Medalla milagrosa como su arma principal. No hay que dudar de que María comunicará a su Medalla doble eficacia en manos de los legionarios.

Por medio del rito de su alistamiento en la Legión, uno queda convertido en miembro de la Asociación de la Medalla Milagrosa, sin necesidad de una inscripción oficial en ningún registro. El socio queda facultado automáticamente para lucrar todas las indulgencias otorgadas a la Asociación.

La fiesta de nuestra Señora de la Medalla Milagrosa se celebra el 27 de noviembre.

Apéndice 6. del Manual Oficial de la Legión de María

Un caso relatado por Frank Duff sobre la Medalla Milagrosa

Noviembre 25, 2008

Frank Duff
Maria Legionis Nº 3, 1973

…. Algunos de ustedes han oído la historia de la chica india ahogada en el río Cowichan. El cuerpo había sido buscado inútilmente durante una semana por la tribu entera. Vino enseguida a la superficie en el lugar donde se echó una Medalla milagrosa en el momento de abandonarse a la búsqueda.

Un día conté esta historia a un grupo legionario. Una hora después, un reloj se perdió en el yermo de una ladera de montaña donde diez mil hombres no habrían bastado para encontrarlo. Acordándose de la historia, se echó una medalla en medio de un enredo de vegetación. Cayó sobre el reloj. La medalla podía subir un cuerpo, podría encontrar un reloj.

Más importante puede despertar la vida en un alma muerta. Pero tan solo es un canal de fe; por eso nunca entregues la medalla de manera meramente mecánica. Deliberadamente haces la intención de que sea una portadora de vuestra fe y de la entrega de esa alma al cuidado de su Madre María, cuya imagen está en la medalla.

La medalla de la Inmaculada Concepción, llamada “Medalla Milagrosa”

Noviembre 25, 2008

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Lo que significa esta devoción

LA MEDALLA MILAGROSA proviene directamente de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Es un regalo del Cielo que nunca ha dejado de prodigar gracias maravillosas a través del mundo entero. Es un medio sencillo y muy eficaz para beneficiarnos de la protección de María en todas nuestras necesidades espirituales y temporales.

El 27 de noviembre de 1830, en la Capilla del convento de las Hijas de la Caridad, rue du Bac en París, la Santísima Virgen apareció a Santa Catalina Labouré (1806-1876) por segunda vez. Ese día, la Reina del Cielo Se manifestó con un globo a Sus pies y sosteniendo en Sus manos, a la altura del pecho, otro globo más pequeño que parecía ofrecer a Nuestro Señor con gesto de súplica. De repente, Sus dedos se cubrieron de anillos y gemas de gran belleza que irradiaban fulgores que se esparcían por doquier…

La Virgen posó los ojos en la humilde novicia que La contemplaba. He aquí, le dijo, el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre las personas que Me las piden… –«haciéndome comprender,» escribe la Santa, «¡cuán generosa es Ella hacia las personas que se las imploran; cuántas gracias otorga a los que se las piden; qué alegría Ella siente al darlas!»– Las gemas que permanecen a la sombra representan las gracias que olvidan pedirme.

En ese momento, se formó en torno a la Virgen un cuadro un tanto ovalado sobre el que se leían estas palabras, inscritas en letras de oro:

O María

sin pecado concebida,

rogad por nosotros

que recurrimos a Vos.

En una actitud que nos invita a confiar y acudir a Ella, las manos de María descendían y se explayaban, tal como lo vemos representado en la medalla.

Sor Catalina Labouré contemplaba esta visión dichosa. Luego me dijo la santísima Virgen: “Haz que acuñen una medalla según este modelo. Todos aquellos que la lleven recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan colgándosela del cuello. Las gracias serán copiosas para cuantos la lleven con fe” (Santa Catalina Labouré)

El cuadro parecía tornarse, y Sor Catalina vio, en el reverso, la letra M rematada por una pequeña cruz, y debajo, los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

Ambos Corazones han sido invocados ya desde la primera junta de la Legión en las preces preliminares.

El primero estaba rodeado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada.

Doce estrellas aureolaban el monograma de María y los dos Sagrados Corazones, todo ello recuerda la Pasión de Jesús y la Compasión de María, aquel misterio que mereció el tesoro de gracias que los legionarios suplican tener, con el privilegio de dárselo a otros en compañía de María.

Sor Catalina llevó a cabo fielmente la misión que el Cielo le había encomendado, mas por humildad y por amor de la vida retirada, lo hizo de tal manera que, hasta su muerte, nadie en derredor suyo supo que ella era la mensajera escogida por la Reina del Cielo. Su confesor recibía sus confidencias pero tardó mucho en creer en ellas.

A instancias de la Virgen decidió él por fin hablar del asunto a Monseñor Quélen, Arzobispo de París. Corría el año de 1832. La medalla fue acuñada y al instante se difundió prodigiosamente por todo el mundo, acompañada de incesantes prodigios de curaciones, protecciones y conversiones, al punto que se le dio el nombre de Medalla Milagrosa.

Llevemos esta Medalla de la Santísima Virgen con respeto, y repitamos a menudo, con amor y confianza, la invocación con la cual nuestra Madre Celeste quiere que Le pidamos Sus favores:

O María

sin pecado concebida,

rogad por nosotros

que recurrimos a Vos.

El rito del sacramento de la Eucaristía

Noviembre 16, 2008

Santo Tomás de Aquino

«La providencia de Dios omnipotente ha querido que, desde que el Doctor Angélico fue incluido en el elenco de los Santos, por medio de la seguridad y la verdad de su doctrina se hicieran desaparecer desarticuladas y confundidas muchas de las herejías que surgieron, como se ha podido comprobar ya de antiguo y, recientemente, en el Concilio de Trento; por eso establecemos que su recuerdo sea venerado con mayor agradecimiento y piedad que hasta ahora, pues por sus méritos la tierra entera se ve continuamente libre de errores deletéreos» San Pio V

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¿SE INMOLA CRISTO EN LA CELEBRACIÓN DE ESTE SACRAMENTO?

San Agustín dice en el libro Sententiarum Prosperi: Cristo se inmoló a sí mismo una sola vez, sin embargo, todos los días se inmola en el sacramento.

La celebración de este sacramento es considerada como inmolación de Cristo de dos maneras.

*Primera: porque, como dice San Agustín en Ad Simplicianum: Las imágenes de las cosas suelen llamarse con el mismo nombre que las cosas mismas, como, por ej., al ver un cuadro o un fresco
decimos: ése es Cicerón, y aquél, Salustio.

Ahora bien, la celebración de este sacramento, es una imagen representativa de la pasión de Cristo, que es verdadera inmolación. Por eso dice San Ambrosio comentando la carta Ad Hebr.: En Cristo se ofreció una sola vez el sacrificio eficaz para la vida eterna. ¿Qué hacemos entonces nosotros? ¿Acaso no le ofrecemos todos los días como conmemoración de su muerte?

Segundo: este sacramento es considerado como inmolación por el vínculo que tiene con los efectos de la pasión, ya que por este sacramento nos hacemos partícipes de los frutos de la pasión del Señor.

Por lo que en una oración secreta dominical se dice: Siempre que se celebra la memoria de esta víctima, se consigue el fruto de nuestra redención. Por eso, en lo que se refiere al primer modo, puede decirse que Cristo se inmolaba también en las figuras del Antiguo Testamento.

Y, en este sentido, se lee en el Ap 13,8: Cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, muerto ya desde el origen del mundo.

Pero en lo que se refiere al segundo modo, es propio de este sacramento el que se inmole Cristo en su celebración.

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Objeciones por las que parece que Cristo no se inmola en la celebración de este sacramento.

1. Se dice en Heb 10,14 que Cristo con una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados. Pero esa oblación fue su inmolación. Luego Cristo no se inmola en la celebración de este sacramento.

SANTO TOMÁS responde: 1. A la primera hay que decir: Como afirma San Ambrosio en el lugar antes citado: Única es la víctima, o sea, la que Cristo ofreció y nosotros ofrecemos,  no muchas, ya que Cristo se ha inmolado una sola vez. Pero este sacrificio  nuestro es una imagen de aquél. De la misma manera que lo que se ofrece en todas partes es un solo cuerpo y no muchos, así el sacrificio es único

2. Aún más: la inmolación de Cristo se hizo en la cruz, en la que se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma, como se dice en Ef 5,2. Pero en la celebración de este misterio Cristo no es crucificado. Luego tampoco se inmola.

A la segunda hay que decir. De la misma manera que la celebración de este sacramento es una imagen representativa de la pasión de Cristo, así también el altar es la representación de su cruz, sobre la que Cristo se inmoló en su cuerpo físico.

3. Y también: Dice San Agustín en IV De Trin.’ que en la inmolación de Cristo es el mismo el sacerdote y la víctima. Pero en la celebración de este misterio no es el mismo el sacerdote y la víctima. Luego la celebración de este sacramento no es una inmolación de Cristo.

A esta tercera objeción hay que decir. Por la misma razón, también el sacerdote es la imagen de Cristo, en cuyo nombre y por cuya virtud pronuncia las palabras de la consagración, como se ha dicho anteriormente (q.83 a.1.3). Por tanto, en cierto modo, es el mismo el sacerdote y la víctima.

Adoración en espíritu y en verdad (1)

Noviembre 15, 2008

SAN PEDRO JULIAN EYMARD

Pater tales quaerit qui adorent eum … in spiritu et veritate. (Juan IV. 23)

9El objeto de la adoración Eucarística es la Divina Persona de Nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento.

Él está viviendo allí. Quiere de nosotros que le hablemos y Él nos hablará. Cualquiera puede hablarle a nuestro Señor. ¿No está allí para todos? ¿No nos dice: “Vengan a mí”?

Esta conversación entre el alma y nuestro Señor es la verdadera meditación Eucarística, es decir, la adoración.

La gracia de ésta es dada a todos. En orden, sin embargo, de tener éxito en ella y evitar la rutina o la sequedad de mente y corazón, los adoradores deben buscar inspiración en la gracia de su vocación, en los varios misterios de la vida de nuestro Señor y la Santísima Virgen, o en las virtudes de los Santos.

De esta manera honrarán y glorificarán al Dios de la Eucaristía por medio de las virtudes de Su vida mortal como también por medio de todos los Santos, cuya santidad Él fue la gracia y el fin como Él es ahora su corona de gloria.

Considera la hora de adoración asignada como una hora en el Paraíso. Concurre a tu adoración como uno iría al Cielo, al Divino Banquete. Entonces desearás esa hora y la saludarás con alegría. Ten placer en fomentar un deseo por ésta en tu corazón. Di a ti mismo: “En cuatro horas, en dos horas, en una hora, nuestro Señor me dará una audiencia de gracia y amor. Me ha invitado; me está esperando! Por mi; Él está añorándome.”

Cuando tu hora sea particularmente difícil, regocíjate aún más; tu amor será más grande por el mayor sufrimiento. Es una hora privilegiada que será contada por dos.

Cuando, debido a una enfermedad, debilidad, o alguna otra razón, no puedes hacer tu hora, deja que tu corazón se entristezca un momento. Luego en espíritu imaginate en adoración en unión con aquellos que lo están de hecho adorando. En una cama enfermo, o de viaje, o debido a una tarea que te detiene, se más recogido, y obtendrás el mismo fruto como si hubieses estado arrodillado a los pies del buen maestro. Esa hora será escrita a favor tuyo y quizás contada por dos.

Ve a nuestro Dios tal como eres. Se natural en tu meditación. Agota tu propio stock de piedad y amor antes de recurrir a libros. Aprecia el libro inagotable de un amor humano. Está muy bien tomar un libro piadoso para recobrar el control de ti mismo en el caso que la mente se disperse o que los sentidos se vuelvan somnolientos; pero recuerda que nuestro buen Maestro prefiere la pobreza de nuestro corazón a los más sublimes pensamientos y afectos tomados de otros.

Puede ser que no queramos acudir a nuestro Señor porque estamos avergonzados de nuestra miseria: ese es el fruto de un amor propio sutil, impaciencia, o cobardía. Nuestro Señor prefiere nuestra impotencia a todo lo demás; está contento de ella y la bendice

¿Estás sufriendo de sequedad espiritual? Por lo menos, puedes dar gloria a la gracia de Dios sin la cual no puedes hacer nada. Abre tu alma hacia el cielo tal como una flor abre sus pétalos al amanecer para recibir el refrescante rocío.

Estás golpeado por una total impotencia; tu mente está perdida en la oscuridad, tu corazón está herido con la pesadez de su nada; tu cuerpo está sufriendo. Ofrece a Él la adoración que debería de alguien tan indigno; olvida tu pobreza y permanece en nuestro Señor. O de nuevo, presenta tu pobreza a Él para que la enriquezca; que sea una obra digna de Su gloria

Pero estás en un estado de tentación y de tristeza; todo se rebela en ti; todo te induce a dejar tu adoración con el pretexto que estás ofendiendo a Dios, y que lo estás deshonrando más que servirlo. No escuches a tan insidiosa tentación, adóralo resistiendo, siendo leal a El contra ti mismo. No, no lo estás disgustando. Estás trayendo alegría a nuestro maestro quien está observando y quien permite que Satanás te moleste. Él espera que lo honres permaneciendo con Él hasta el último minuto de tiempo. Que la confianza y la simplicidad y amor te lleven a la adoración.

“THE REAL PRESENCE”. Saint Peter Julian Eymard,
Founder, Blessed Sacrament Fathers, with Imprimi Potest, Nihil Obstat and Imprimatur, 1940
www.catholictradition.org