Archivo de Enero 2009

Un globo sostenido por dos columnas

Enero 31, 2009

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SAN JUAN BOSCO

“Imaginaos ver un gran globo con sus dos polos apoyados en dos columnas.

Sobre una está escrito: Regina mundi, en la otra: Panis vitae.

Pero notad que el polo apoyado en la columna Regina mundi, está separado de ella, mientras el otro está unido a la columna Panis vitae.

Sobre este globo caminan muchos hombres en todas direcciones.

Pero los que se encuentran junto a las dos columnas gozan de una luz vivísima mientras los que se sitúan distantes de ellas, es decir, en medio del globo, permanecen en oscuras tinieblas.

El globo representa el mundo. Las dos columnas son: una, María Santísima;otra, el Santísimo Sacramento.

Ellas sostienen verdaderamente el mundo; si no fuese por María Santísima y el Santísimo Sacramento, a estas horas el mundo estaría destruido.

Y los hombres que quieren caminar a la luz, esto es por la senda del paraíso, es preciso que se acerquen a estas dos fuentes de luz o al menos a una.

Memorias biográficas de Don Bosco. Volumen 7.

Qué hace por nosotros Jesús en el Santísimo Sacramento

Enero 31, 2009

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SAN JUAN BOSCO

Resumen de la primera conferencia que dio don Bosco a la Compañía del Santísimo Sacramento el año 1859.

“El profeta Isaías había anunciado que con la venida del Señor se agitarían los montes y se encenderían en amor los corazones más duros, y así fue.

Pero, si hoy dirigiese su mirada a la tierra desde el reino de los bienaventurados, ¡qué frío encontraría el sagrado entusiasmo, que él tal vez esperaba sería duradero, intenso y siempre creciente hasta el fin de los siglos!

Los Patriarcas y todo el pueblo hebreo deseaban ver los días de Jesucristo, anhelaban tenerle entre ellos, ser bendecidos por él.

Y nosotros, que lo poseemos, que lo tenemos continuamente en nuestras iglesias, que podemos adorarlo presente, recibirlo en nuestro corazón, hablar con Él, pedirle todo, porque Él es dueño de todo, ¿cómo lo tratamos?

Para sacudir nuestra ingratitud, nuestra indiferencia, hagámonos estas dos preguntas:

1.- ¿Qué hace por nosotros Jesús en el Sacramento de la Eucaristía?

2.-¿Qué debemos hacer nosotros en consecuencia por Él?

¿Qué hace por nosotros Jesús, oculto en el Santísimo Sacramento? Permanece en un continuo acto de profunda humildad, para darnos ejemplo de esta virtud tan necesaria.

Verdad es que toda su vida mortal fue una humillación constante; pero, si lo miro nacido en un portal, recostado entre pajas, oigo a la par el canto de los ángeles, veo una brillante estrella que lo anuncia a los grandes de la tierra, a los Reyes Magos, que al instante emprenden un largo viaje para ir a adorarlo; si lo contemplo entre la muchedumbre, despreciado, escarnecido por Escribas y Fariseos, veo también que, por donde quiera que pasa, lo acompañan los más estrepitosos milagros; si lo observo colgado de la cruz, veo que, ante su dolor, se contrista y desquicia el firmamento, niega el sol su luz; tiembla y vacila la tierra bajo el pie de la cruz; salen los muertos de sus tumbas; la naturaleza trastornada anuncia al universo la muerte de Dios hecho hombre.

En cambio, en el Santísimo Sacramento del altar no veo nada que de algún modo me indique que allí está oculto un Dios todopoderoso y tan terrible en sus justos juicios como infinitamente bueno en sus misericordias.

Y ¿esto por qué? íPor amor a los hombres!

Para poder quedarse con nosotros, casi como un igual, para enseñarnos a ser humildes…

Si Él dejase brillar un solo rayo de su majestad, ¿quién podría aguantar ante Él?…

Y además, si así fuese, ¿qué mérito tendría el cristiano?

El mérito está en la fe; mas si este Dios se manifestara visiblemente en nuestros altares, quedaría reducido a la nada todo nuestro mérito de creyentes.

Quiere Él darnos una ocasión fácil y afectuosa para adquirir este mérito prestando fe a sus palabras, que son palabras de un amigo divino.

Pero, ¿qué suerte de fe encuentra en nosotros?

Ante un Dios tan bueno ¿qué juicio tendremos que hacer de nuestra indiferencia para con su caridad?

Se entra en la Iglesia distraídamente, no se considera al Sagrario digno de una genuflexión, o se le hace una inclinación sólo a medias; algunos se parecen a aquellos judíos que, después de tapar los ojos a Jesús, ¡se arrodillaban ante Él por burla!

Queridos míos, al entrar en la iglesia poned vuestros ojos en el Sagrario donde está Jesucristo. Aunque no lo veis ¡allí está Él!

Avivad vuestra fe; pensad que allí habita Aquel, ante el cual tiemblan las legiones de los ángeles y todas las muchedumbres de los santos están con la frente pegada al suelo.

Vuelvo a preguntar: ¿qué hace nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar?

Ruega continuamente al eterno Padre por nosotros: detiene los castigos, los rayos que nos lanzaría por nuestros pecados.

Si ya no se ven ni se padecen en el mundo los terribles castigos que caían sobre el pueblo hebreo en tiempos de la antigua ley, no es porque nuestros pecados no sean tan grandes o porque sea menor su número.

También vosotros sabéis cuántos hombres impíos viven entre nosotros ¿quién detiene el brazo de la justicia eterna cada día, a cada momento, sin descanso?

Es Jesús desde nuestros altares quien, especialmente en la santa misa, se ofrece como víctima por nosotros.

A la vista de sus llagas el ángel exterminador envaina la espada…

 Memorias biográficas de Don Bosco. Volumen 6

Qué debemos hacer nosotros por Jesucristo

Enero 31, 2009

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SAN JUAN BOSCO

Resumen de la segunda conferencia que dio don Bosco a la Compañía del Santísimo Sacramento el año 1859.

Oísteis en la última conferencia lo que hace Jesús por nosotros en el Santísimo Sacramento: queda ahora por examinar lo que debemos hacer nosotros por Él. Él, que está en nuestros altares en continua humillación, se inmola, ruega por nosotros; y nosotros debemos:

1. Demostrar agradecimiento por su humillación, con nuestra verdadera fe;

2. Agradecimiento por sus padecimientos, con nuestro encendido amor;

3. Agradecimiento por las oraciones que ofrece continuamente por nosotros, con actos de perfecta contrición.

1. Él, que es un Dios tan grande, está escondido, aniquilándose bajo las especies de un poquito de pan y un poquito de vino.

Esta humillación debería estimular a los hombres a creerlo más firmemente Dios de amor, que sólo por amor, y amor a quien tan poco lo ama, tanto se humilla.

Y sin embargo, ¡cuántos herejes hay que precisamente por no ver ninguna apariencia divina, se atreven a negar la presencia real de Jesús en el Sacramento!…

Quisieran ver con sus propios ojos el divino rostro de Jesucristo, quisieran oír las angélicas armonías de todos los espíritus bienaventurados que le hacen corona de continuo.

Pero sepan estos herejes que quien no cree en la palabra de Jesucristo, no verá nunca su rostro, y será condenado.

Desagradecidos, ingratos, de dura cerviz, de la misma raza que aquellos pérfidos hebreos que, no pudiendo negar los milagros que Jesús realizaba ante sus ojos, decían que los obraba con el poder del demonio.

¿Así os pagan los hombres, oh divino Salvador, vuestra humillación?

Jesús mío, es verdad que hay algunos tan ingratos que no os reconocen, pero en medio de tanta ingratitud hay muchísimas almas, están todos estos jovencitos que creen, con toda la fuerza de su corazón, que estás vivo y realmente presente en el Santísimo Sacramento.

Sí, creen que tú eres hijo del Eterno Padre, del Dios vivo, dueño absoluto de toda la creación; te creen verdadero hijo de María, de quien naciste para librarnos de las garras del infernal enemigo…

2. ¡Oh tiempos felices los de la Iglesia primitiva, en la que los fervientes campeones de Cristo tanto se distinguían por su caridad, qué de menos os echamos en nuestros días!

Por la historia puede saberse cuán grande era el amor de los primeros cristianos a Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

Ni por un instante olvidaban el Calvario y la Cruz.

¡Con qué reverencia y adoración, con qué devoto recogimiento estaban en su presencia, iban a visitarlo, asistían al santo Sacrificio y comulgaban!

En aquellos sagrados templos, unos lloraban de gozo, otros lanzaban ardientes suspiros desde lo hondo de su pecho y algunos quedaban arrobados en éxtasis.

Virgencitas y niños inocentes cantaban himnos al Divino Cordero, como los ángeles en la celestial Sión, y les parecía que tardaba en llegar el dichoso instante de poder abrazarse con su amado Jesús.

Y con Él en el corazón, por amor a Él, los veis marchar heroicamente al encuentro de un glorioso martirio y dar gracias a Jesús con la sangre y con su vida, por la sangre y por la vida que Él consumó en la cruz para ellos.

Pero ¡ay de mí! Si desde aquellos cristianos vuelvo la mirada a los de hoy, ¡qué espectáculo más distinto se me ofrece! ¡Qué relajamiento, qué frialdad, qué negligencia en la mortificación de los sentidos!

Y, si no bastara para inflamar nuestros corazones todo lo que hizo y sufrió por nosotros el divino Salvador, ¿qué podrá encenderlos?…

3. Por último, las oraciones de Jesús por nosotros deben movernos a demostrar nuestro agradecimiento con una perfecta contrición.

¿Quién no tiene que reprocharse alguna falta de respeto si repasa con el pensamiento su vida pasada? ¡Cuántas irreverencias en su presencia, cuántas distracciones! ¡Cuántas comuniones recibidas con un corazón frío, indiferente, hechas tal vez sólo por motivos humanos, para no llamar la atención! ¡Quién sabe si alguna vez, incluso, no se repitió la traición de Judas con el sacrilegio! ¡Y Jesús siempre tan bueno, tan compasivo con nuestra ruindad! ¡Ah! reflexione cada cual un poco sobre cómo ha tratado a Jesús y resuelva para el porvenir encender agradecido en su corazón una fe viva en reconocimiento a tantas humillaciones como sufrió por nuestro amor el buen Dios; arder el corazón de amor al buen Jesús por los daños que recibe en el Santísimo Sacramento de los hijos ingratos; excitarnos a un verdadero arrepentimiento de todos nuestros pecados, en reconocimiento a las oraciones que ofrece a su Eterno Padre por nosotros…

Memorias Biográficas de Don Bosco. Volumen 6

Directorio para la preparación

Enero 31, 2009

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SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

La sagrada Comunión es Jesús mismo recibido sustancialmente en nosotros, en nuestra alma y en nuestro cuerpo, bajo forma de alimento, para transformarnos en sí comunicándonos su santidad primero y después su felicidad y su gloria.

Por la Sagrada Comunión Jesucristo nace, crece y se desarrolla en nosotros. Todo su deseo es que le recibamos y le recibamos a menudo; tal es también el consejo de la santa Iglesia, la cual pone a nuestra disposición todos sus medios de santificación para mejor disponernos a recibirle bien, así como todo su culto tiende a preparanos la Comunión y a dárnosla.

Si conocieramos los dones y las virtudes que nos trae la Comunión, suspiraríamos de continuo por ella. Una Comunión basta para santificar a uno en un instante, por ser el mismo Jesucristo, autor de toda santidad, quien viene.

Mas es preciso comulgar bien, y una buena Comunión no se concibe sin la debida preparación y acción de gracias.

Cabe distinguir dos clases de preparación: la del cuerpo y la del alma.

La del cuerpo requiere ayuno completo desde media noche, y nos exige, además cierta limpieza y decencia exterior en el vestir.

En la Comunión celébranse las bodas regias del cristiano; nuestro divino rey nos visita; y quien comulga celebra su fiesta del Corpus; todo lo cual implica que no dejemos diligencia alguna por poner para que nuestro porte exterior sea cual conviene.

Para la preparación del alma hace falta, ante todo, que la conciencia esté limpia de todo pecado mortal, y en cuanto sea posible de todo pecado venial voluntario.

La limpieza es el primer ornato de una casa en que se recibe a alguno. Si son pocas las virtudes que hermosean el alma del que comulga, que nunca falte, por lo menos, esta blancura que las prepara.

Las conveniencias exigen además devoción, recogimiento y fervor en la oración. El amor divino debiera conservarnos siempre en las condiciones necesarias para comulgar; el amor anhela, suspira, languidece por el Amado de su corazón, siempre dispuesto está el pobre a recibir limosna.

Avivad, cuando menos, vuestro amor, valiéndoos de los cuatro fines del sacrificio.

***

Adorad con viva fe a Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, en la Sagrada Hostia que vais a recibir; adoradle exteriormente con el más profundo respeto del cuerpo y con la mayor modestia de los sentidos; adoradle también interiormente con profunda humildad, rendidle homenaje con todas las facultades del alma, dividiéndole, con santo Tomás, a impulsos de vuestra fe: Vos sois mi Señor y mi Dios.

Dad gracias por don tan soberano del amor de Jesús, por esta invitación a su mesa eucarística que os dirige a vosotros, de preferencia a tantos otros mejores y más dignos de recibirle.

Ensalzad su sabiduría por haber ideado e instituído este gran Sacramento, por haber conducido hasta vosotros, tan puro como en su manantial, este río que culebrea por entre todas las generaciones.

Bendecid su omnipotente bondad por haber sabido triunfar de tantos obstáculos, por no haber retrocedido ante ningún sacrificio ni humillación para darse plenamente.

Ensalzad el inmenso amor que en este sacramento le reduce a la condición de víctima perpetua de nuestra salvación, de alimento divino de nuestra vida, de cariñosísimo y constante amigo en nuestro destierro; unánseos los ángeles; invitadlos a alabar a su Dios y rey, a una con vosotros.

Propiaciación.- Después de haber considerado al dador y la excelencia del don, echad una ojeada sobre vosotros mismos; ved vuestra pobreza, imperfecciones, y deudas; humillaos al ver tanta bajeza y los pecados que habéis cometido, llorándolos una vez más; confesad que os truecan en indignos y pedid misericordia y perdón.

Decid a nuestro Señor: “Pero, Señor, ¿olvidáis acaso lo que he sido, el mayor de los pecadores; lo que soy todavía, la más mísera de vuestras criaturas; lo que tal vez sea, ¡ay!, en adelante,  el ingrato y el más infiel? … No, no; no soy digno de recibiros con una sola palabra de perdón me basta … Alejaos de mi que soy un pecador indigno de vuestro amor… “Aborreced  entonces, vuestros pecados, desead, pedid la pureza de los ángeles, la santidad de la Virgen Santísima. Rogad a los ángeles y a los santos que se interesen por vosotros; entregad a María, para que ella misma os apareje para la Comunión.

Imaginaos luego que oís esta dulce palabra del Salvador “Porque eres pobre, vengo a ti; precisamente porque estás enfermo, vengo a curarte; para comunicarte mi vida, para hacerte partícipe de mi santidad, me he sacramentado; ven, ven pues, con confianza; dame tu corazón, que es cuanto quiero de tu parte.”

Suplicad al llegar aquí a nuestro Señor que quite toda las trabas y os venga.

Desead, suspirad por este momento de vida y de felicidad; estad dispuestos a sacrificarlo todo, a abnegaros en todo, por una Comunión.

Y luego corred, volad hacia la mesa celestial, que los ángeles envidian vuestra suerte y el cielo os contempla plasmado. Jesús os aguarda; id, id al festín del Cordero.

Llegado el momento de comulgar no os ocupéis ya de vuestros pecados; lo contrario sería una tentación peligrosa por cuanto os causaría tristeza y turbación, cosas ambas reñidas con la devoción.

No os ocupéis tampoco ahora en hacer oraciones vocales, sino id a recibir a vuestro amoroso Dios con sosiego de la conciencia, poseídos del dulce sentimiento de confianza en la bondad de Jesús, que os llama y os aguarda.

Id a la sagrada mesa con las manos juntas, los ojos bajos, el andar grave y modesto. Poneos de rodilla con el corazón penetrado del sentimiento de gozo y felicidad.

Al comulgar, tened la cabeza derecha y quieta; los ojos bajos; abrid modestamente la boca; sacad la lengua sobre el labio inferior y tenedla inmóvil hasta que el sacerdote haya puesto en ella la sagrada forma.

Guardadla un momento, si queréis, sobre la lengua, para que Jesús, santidad y verdad, la purifique y santifique; introducidla, luego en vuestro pecho y ponedla sobre el tono de vuestro corazón. 

Adoradle en silencio y comenzad la acción de gracias.

La Sagrada Comunión

Los tres misterios de la Eucaristía

Enero 20, 2009

CATECISMO ROMANO

“Y procedamos ya a declarar y desentrañar los divinos misterios ocultos en la Eucaristía, que en modo alguno debe ignorar ningún cristiano.

San Pablo dijo que cometen grave delito quienes no distinguen el cuerpo del Señor. Esforcémonos, pues, en elevar nuestro espíritu sobre las percepciones de los sentidos, porque, si llegáramos a creer que no hay otra cosa en la Eucaristía más que lo que sensiblemente se percibe, cometeríamos un gravísimo pecado.

En realidad, los ojos, el tacto, el olfato y el gusto, que sólo perciben la apariencia del pan y del vino, juzgarán que sólo a esto se reduce la Eucaristía.

Los creyentes, superando estos datos de los sentidos, hemos de penetrar en la visión de la inmensa virtud y poder de Dios, que ha obrado en este sacramento tres admirables misterios, cuya grandeza profesa la fe católica.

1) El primero es que en la Eucaristía se contiene el verdadero cuerpo de Nuestro Señor, el mismo cuerpo que nació de la Virgen y que está sentado en los cielos a la diestra de Dios Padre.

2) El segundo, que en la Eucaristía no se conserva absolutamente nada de la substancia del pan y del vino, aunque el testimonio de los sentidos parezca asegurarnos lo contrario.

3) Por último – y esto es consecuencia de los dos anteriores, y lo expresa claramente la fórmula misma de la consagración-, que, por acción prodigiosa de Dios, los accidentes del pan y del vino, percibidos por los sentidos, quedan sin sujeto natural. Es cierto que vemos íntegras todas las apariencias del pan y del vino, pero subsisten por sí mismas, sin apoyarse en ninguna substancia. Su propia substancia de tal modo se convierte en el cuerpo y sangre de Cristo, que deja de ser definitivamente substancia de pan y de vino.

A) Presencia real de Jesucristo

1) PRUEBAS DE LA SAGRADA ESCRITURA

Acerca de la primera verdad (que en la Eucaristía se contiene el verdadero cuerpo de Cristo) no pueden ser más explícitas y claras las palabras del mismo Señor: Éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre. Su significado no puede ser mal entendido, especialmente tratándose de la naturaleza humana de Cristo, tan cierta y real, según el testimonio de la fe católica.

San Hilario escribió a este propósito: No es absolutamente posible duda alguna sobre esta verdad, habiendo declarado el mismo Señor y habiendo confirmado la fe que su carne es verdaderamente comida.

El apóstol San Pablo, después de referirnos la consagración del pan y del vino y su distribución a los apóstoles, escribe: Examínese, pues, el hombre mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Señor, se come y bebe su propia condenación (1Co 11,28-29).

Si no existiese en este sacramento – como pretenden los herejes – más que una simple memoria y símbolo de la pasión de Cristo, ¿por qué amonestar a los fieles sobre tan grave obligación de examinar su propia conciencia?

Con la terrible palabra condenación expresamente declara el Apóstol que comete un crimen nefando quien, recibiendo indignamente el cuerpo de Cristo, no diferencia la Eucaristía de cualquier otro manjar corriente.

Y en la misma Epístola insiste San Pablo otra vez: El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1Co 10,16). Palabras que abiertamente demuestran ser la Eucaristía el sacramento de la substancia del cuerpo y de la sangre de Jesucristo.

A la luz de testimonios tan explícitos, no cabe duda alguna sobre esta verdad, autorizadamente confirmada por la santa madre Iglesia.

2) DOCTRINA DE LA IGLESIA

Por una doble vía podemos descubrir el pensamiento de la Iglesia sobre este punto: a) por la doctrina unánime de los Padres, y b) por la condenación de las arbitrarias falsificaciones de los herejes.

a) Los Santos Padres, testimonios los más autorizados de la doctrina eclesiástica, han sostenido constante y unánimemente, desde los comienzos de la Iglesia, la verdad del dogma eucarístico.

Sería labor inacabable aducir todos y cada uno, de sus testimonios. Baste la mera insinuación de algunos de ellos para poder juzgar de todos los demás.

San Ambrosio afirma, como innegable artículo de fe, que en la Eucaristía se recibe el verdadero cuerpo de Jesucristo formado en el seno de la Virgen María.

Y en otro lugar: “Antes de la consagración está sobre el altar el pan, mas después de la consagración no está allí más que la carne de Cristo”.

San Juan Crisóstomo profesa y enseña repetidamente la misma verdad. Es notable su homilía 60, en la que habla de los que se acercan indignamente a la comunión, y las 44 y 45, en las que comenta el evangelio de San Juan. Dice el santo Doctor: Obedezcamos a Dios y no nos atrevemos a contradecirle, aunque nos parezca que dice cosas contrarias a nuestros sentidos y a nuestra razón, porque sus palabras son infalibles y nuestros sentidos fácilmente se engañan.

San Agustín insiste constantemente en la misma doctrina. Comentando el título del salmo 33, dice: Llevarse a sí mismo en sus propias manos, es imposible al hombre, pero, en cambio, es posible a Cristo; llevábase en sus manos citando, ofreciendo su propio cuerpo, dijo: Éste es mi cuerpo.

San Cirilo, en su libro 4, sobre San Juan, hace una profesión de fe tan clara sobre la verdadera carne del Señor en la Eucaristía, que en modo alguno pueden tergiversarse sus palabras con falsas y sofísticas interpretaciones .

Y podíamos citar aún a San Dionisio, a San Hilario, a San Jerónimo, a San Juan Damasceno y a otros innumerables Padres, cuyos claros y profundos testimonios se encuentran en cada página de sus obras, recopiladas en un volumen por ilustres escritores.

b) Condenación de los herejes.-

La verdad del cuerpo de Cristo en la Eucaristía es doctrina tan difundida y constante en la Iglesia, que cuando, en el siglo XI, se atrevió a negarla Berengario, afirmando que se trataba de un mero símbolo, inmediatamente fueron condenadas sus impías afirmaciones por unánime sentencia en el Concilio de Vercelli, convocado por León IX. El mismo hereje abjuró allí de su herejía. Cuando reincidió en el mismo error, fue condenado de nuevo por otros tres Concilios: uno en Tours y dos en Roma, convocados estos últimos por Nicolás II y Gregorio VII. Estas decisiones conciliares fueron confirmadas más tarde por Inocencio III en el ecuménico Concilio Lateranense IV. A su vez, los Concilios de Florencia y Trento declararon más abiertamente aún y confirmaron esta verdad de fe.

Si los sacerdotes explican diligentemente esta doctrina – prescindiendo de quienes, ciegos en sus errores, aborrecen la luz-, fortalecerán a los – débiles y dudosos y llenarán de profunda alegría a todos los buenos.

Es doctrina catalogada eminentemente entre los dogmas de la fe cristiana, y ninguno que crea en Dios y en su omnipotencia puede dudar del divino poder para obrar las inmensas maravillas que adoramos en la Eucaristía.

Si, además, creemos a la Santa Iglesia Católica, necesariamente habremos de creer, por lo mismo, en la verdad de este sacramento.

3) DIGNIDAD ESTUPENDA DE LA EUCARISTÍA

Nada colmará tanto de estupor y alegría a las almas buenas como la contemplación de la dignidad sublime de este sacramento.

a) Ante todo, constatarán la gran perfección de la ley evangélica, a la que fue concedido poseer en realidad lo que en la ley mosaica estaba solamente oculto en símbolos y figuras.

A este propósito escribió muy bien San Dionisio que la Iglesia está en medio de la sinagoga y del paraíso, participando de uno y otra.

En realidad, jamás acertaremos nosotros a admirar suficientemente la perfección de nuestra Iglesia y la espléndida alteza de su gloria, únicamente separada por un velo de la bienaventuranza celestial.

Convenimos con los santos del cielo en la presencia de Jesucristo, Dios y hombre; nos distingue únicamente el hecho de que ellos le gozan en una visión bienaventurada, mientras nosotros le veneramos con profunda fe, presente, sí, pero invisible a nuestros ojos y misteriosamente velado en el sacramento.

b) En segundo lugar, en la Eucaristía experimentan las almas la perfectísima caridad de Nuestro Señor.

Porque fue su inmensa bondad la que sugirió al Salvador el no privar jamás a les hombres de aquella santa humanidad que de ellos había asumido, queriendo Él mismo permanecer con nosotros, en cuanto le era posible, para demostrar así la verdad de aquellas admirables palabras: Mis delicias son estar con los hijos de los hombres (Pr 8,31).

4) JESUCRISTO ENTERO EN EL SACRAMENTO

Recordemos, además, que en la Eucaristía está no solamente el cuerpo de Cristo, con todas las partes, miembros y elementos que pertenecen a un verdadero cuerpo, sino el Cristo total e íntegro: cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Es dogma de fe que en el sacramento está el cuerpo de Cristo. Pero Cristo es nombre que designa al Dios – Hombre todo entero: la Persona divina del Verbo encarnado, con las dos naturaleza, divina y humana, y con todo lo que a las dos naturalezas pertenece: la divinidad, el alma, el cuerpo con sus distintas partes, y la sangre.

En la Eucaristía está el mismo Cristo que en el cielo; y en el cielo, la humanidad de Cristo está unida a la divinidad en una sola persona. Sería, pues, impío suponer que el cuerpo del Cristo eucarístico está separado de la divinidad.

Sin embargo, todas estas santas realidades no están presentes en la Eucaristía del mismo modo y por el mismo motivo:

a) Algunas se encuentran en ella en virtud de la consagración, cuyas palabras deben producir realmente lo que significan.

Los teólogos dicen que una realidad está contenida en el sacramento en fuerza del sacramento cuando aquélla está expresada en las palabras de la fórmula sacramental; de tal manera que, si por un absurdo, pudiese ésta subsistir sin las otras, en el sacramento tendríamos solamente lo que expresa la fórmula, y nada más.

b) Otras realidades, en cambio, se encuentran en el sacramento en cuanto que no pueden estar separadas de aquello que la fórmula misma expresa y directamente pretende.

Examinemos la fórmula con que se consagra la Eucaristía; significa ésta y expresa directamente el cuerpo de Cristo: Éste es mi cuerpo.

Por consiguiente, el cuerpo de Cristo está presente en la hostia en fuerza del sacramento. Mas, puesto que al cuerpo están unidas la sangre, el alma y la divinidad, todas estas cosas deben también encontrarse presentes en el sacramento, no en fuerza de la consagración, sino por su inseparable unión con el cuerpo, es decir, por concomitancia.

Así, Cristo entero está en la Eucaristía, porque, dado el género de unión de las realidades en Él existentes, donde está una, deben estar también las otras.

5) JESUCRISTO ENTERO BAJO LA ESPECIE DE PAN Y BAJO LA ESPECIE DE VINO

Por la misma razón, Cristo está todo entero tanto bajo la especie de pan como bajo la del vino.

Y así como en la especie del pan no solamente está el cuerpo, sino también la sangre y Jesucristo entero, del mismo modo en la del vino no solamente está presente la sangre, sino también el cuerpo y Cristo todo entero.

Y aunque hemos de creer firmemente que esto es así, se estableció, sin embargo, la consagración bajo las dos especies por profundas razones:

a) Lo primero para expresar más al vivo la pasión de Cristo, en la cual la sangre fue separada del cuerpo.

Por esto en la consagración del vino se hace explícita mención de la efusión o derramamiento de la sangre.

b) Además, para significar mejor que este sacramento – pensado por Cristo como alimento del alma – es comida y bebida, esto es, alimento completo.

6) JESUCRISTO ENTERO EN LA MÁS MÍNIMA DE LAS PARTÍCULAS

Ni puede tampoco olvidarse que Cristo está todo entero no sólo en cada una de las dos especies consagradas, sino también en la más pequeña partícula de cada una de ellas.

A este propósito escribió San Agustín . Cada uno recibe a Jesucristo, que está todo entero en cada una de las partes, por pequeñas que sean; se da entero a todos, distribuyéndose a cada uno.

Y lo confirma espléndidamente la misma narración evangélica: Cristo no consagró separadamente cada uno de los pedazos de pan distribuido a los apóstoles, sino que, con una única consagración, consagró el pan entero, suficiente para el sacramento y para la distribución.

Más claramente aparece en la consagración del cáliz y en las palabras del Maestro: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros (Lc 22,17).

Sirva cuanto queda dicho para que los fieles comprendan y crean que en el sacramento de la Eucaristía están realmente el cuerpo y la sangre de Jesucristo.

B) Transubstanciación

1) EL HECHO

Después de la consagración no queda en el sacramento nada de la substancia del pan y del vino.

Esta verdad, por extraña que nos parezca, se sigue necesariamente de lo anteriormente dicho sobre la consagración.

Dijimos que después de ella, bajo las especies de pan y de vino, está el verdadero cuerpo de Cristo: ahora bien, si Cristo se encuentra en la Eucaristía, donde antes de la consagración no existía, esto sucede: a) o por cambio de lugar, b) o por creación, c) o por transformación de otra substancia en Él.

a) No es posible que Cristo se encuentre en el sacramento eucarístico por cambio de lugar, es decir, por haber abandonado el cielo para bajar a la hostia. Esto supondría que Cristo no está ya en el cielo, porque el que se mueve de un lugar a otro abandona el lugar de donde se traslada.

b) Más absurdo resulta pensar que Cristo esté en la Eucaristía por creación.

c) No resta, pues, más que admitir que Cristo se en cuentra en la Eucaristía por conversión de la substancia de pan en Él.

Luego no puede subsistir nada de la substancia del pan y del vino.

2) DEFINICIÓN DE LA IGLESIA

Los Padres del Concilio Lateranense y de Florencia definieron este dogma.

Más explícita y claramente aún, el Concilio de Trento nos ha dejado la siguiente declaración: “Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanecen las substancias del pan y del vino juntamente con la sangre y el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, sea anatema”.

3) PRUEBAS DE LA SAGRADA ESCRITURA

Por lo demás, se apoya este dogma en claros testimonios de la Sagrada
Escritura.

a) Ante todo, en las mismas palabras de la institución: Esto es mi cuerpo.

La palabra Esto tiene tal fuerza, que expresa con precisión toda la substancia de la cosa que está presente.

De tal forma que, si aún permaneciera la substancia del pan, no habría podido decir Cristo con verdad: Esto es mi cuerpo.

b) Además, el mismo Señor dice en San Juan: El pan que yo os daré es mi carne, vida del mundo (Jn 6,51), llamando pan a su carne.

Y poco después añade: En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros (Jn 6,53).

Y aún. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6,55).

Si Cristo, con palabras tan formales, llama a su carne verdadero pan y verdadera comida, y a su sangre verdadera bebida, claramente quiso darnos a entender que en el sacramento no permanece substancia alguna de pan ni de vino.

4) DOCTRINA DE LOS SANTOS PADRES

Este dogma ha sido, constantemente, unánime doctrina de los Padres de la Iglesia.

San Ambrosio escribe: Tú acaso dirás: Este es mi acostumbrado pan; mas este pan, te respondo, es pan antes de las palabras de la consagración, pero después de ella se convierte en la sangre de Cristo.

Y esclarece esta verdad con toda una serie de comparaciones y ejemplos.

Y en otra parte, comentando el verso del Salmo: Yave hace cuanto quiere en los cielos, en la tierra, en el mar y en todos los abismos (Ps 134,6), observa: Aunque se vea la apariencia del pan y del vino, debe creerse que después de la consagración alli sólo está el cuerpo y la sangre de Cristo.

San Hilario, para ilustrar la misma verdad, utiliza casi idénticas palabras: Aunque exteriormente no aparezca más que pan y vino, sin embargo, en la Eucaristía está realmente el cuerpo y la sangre del Señor.

Ni debe maravillarnos que aun después de la consagración se haya conservado el nombre de pan para la Eucaristía. Porque el sacramento conserva tanto la apariencia de pan como su propiedad natural de alimentar y nutrir al cuerpo. Es, por lo demás, costumbre bíblica llamar las cosas según sus apariencias externas. Así, por ejemplo, en el Génesis se dice que se aparecieron a Abraham tres hombres, siendo así que eran tres ángeles ; y en los Hechos, aquellos dos ángeles que se aparecieron a los apóstoles inmediatamente después de la ascensión de Cristo son llamados también hombres.

5) EXPLICACIÓN DEL HECHO

Sumamente difícil es la explicación de este misterio.

Sin embargo, deben esforzarse los sacerdotes por explicarlo a los más adelantados en el conocimiento de las cosas divinas, ya que los que no están suficientemente adiestrados en las verdades de la fe y en el estudio de las Sagradas Escrituras, correrían el riesgo de sentirse oprimidos por la grandeza del misterio.

En fuerza de esta admirable conversión, toda la substancia del pan se convierte, por virtud divina, en toda la substancia del cuerpo de Cristo, y toda la substancia del vino, en toda la substancia de la sangre de Cristo.

Ninguna mutación, sin embargo, se da en el mismo Cristo, porque ni es de nuevo engendrado, ni mudado, ni alterado, sino que permanece intacto e igual -en su substancia.

San Ambrosio, declarando este misterio, escribe: Observa cuan eficaz es la palabra de Cristo. Si ella pudo llamar a la existencia lo que no existía, es decir, al mundo creado, más eficaz aún será al hacer que unas realidades ya existentes tengan nuevo ser y se transformen en realidades distintas. Igualmente opinan otros antiquísimos Santos Padres.

San Agustín comenta también: “Creemos firmemente que antes de la consagración están allí el pan y el vino cuales les formó la naturaleza; pero después de la consagración están allí la carne y la sangre de Cristo cuales les consagró la bendición.”

Y San Juan Damasceno: “El cuerpo de Cristo, aquel mismo cuerpo que nació de la santa Virgen en la Encarnación, esiíá en la Eucaristía verdaderamente unido a la divinidad; no porque descienda del cielo, donde ascendió, sino porque el pan y el vino se han convertido en el cuerpo y en la sangre del Señor.”

Con toda exactitud designó la Iglesia a esta admirable conversión con el nombre de transubstanciación, como lo enseña el santo Concilio de Trento. Porque así como la generación natural puede llamarse con propiedad transformación, en cuanto que en ella se muda la forma, así también, con exactitud y acierto, inventaron nuestros mayores el nombre de transubstanciación para designar esta conversión eucarística, ya que en la Eucaristía se cambia toda una substancia entera en otra.

6) RESPETEMOS Y ADOREMOS EL MISTERIO

Procuren los sacerdotes prevenir a los fieles, como repetidamente lo han hecho los Santos Padres, para que no se dejen desviar por una demasiada curiosidad en la indagación del misterio de esta transformación substancial.

El modo como esto se realiza escapa a la razón humana, ni existe, además, en la naturaleza imagen o analogía alguna que pueda iluminarnos a este propósito.

Aprendamos de la fe solamente la realidad del hecho; en cuanto al modo, sepamos moderar nuestra excesiva curiosidad.

Conviene adoptar también una postura de humildad y discreción frente al otro aspecto del misterio: cómo es que Cristo pueda estar todo entero en toda mínima partícula eucarística.

También es prudente evitar aquí todas las disquisiciones demasiado sutiles. Y, en todo caso, nunca olvidemos las palabras evangélicas: Nada hay imposible para Dios (Lc 1,37).

Una nueva observación: Cristo nuestro Señor no está en este sacramento como en un lugar o espacio material. Porque las cosas materiales ocupan un espacio en cuanto que son extensas, y Jesucristo no está en la Eucaristía en cuanto que es grande o pequeño, esto es, como una cuantidad, sino como una substancia, esto es, en cuanto que la substancia del pan se convierte en la substancia de Cristo. Y la substancia de una cosa se encuentra toda entera tanto en un espacio pequeño como en otro mayor. La substancia del aire, por ejemplo, está toda entera en el aire contenido en un espacio pequeño como en el contenido en un espacio mayor; como la substancia del agua se encuentra lo mismo en un recipiente pequeño que en un río.

Si, pues, el cuerpo de Cristo sustituye a la substancia del pan, se seguirá que aquél se encuentra en el sacramento del mismo modo que se encontraba la substancia del pan antes de la consagración. Y que esta substancia del pan se encontrase allí en grande o pequeña cantidad sería cosa absurda el discutirlo, porque allí se encontraba toda entera la realidad de la substancia misma.

C) Sustentación milagrosa de las especies sacramentales

1) EL HECHO

Un tercer aspecto, no menos admirable, del sacramento, lo constituye el hecho de que en la Eucaristía las especies del pan y del vino subsisten sin estar sostenidas por ningún sujeto.

Hemos dicho que el cuerpo y la sangre de Jesucristo están realmente presentes en este sacramento, de tal modo que no permanece en él nada de la substancia del pan y del vino. Como estas especies o accidentes no pueden estar sostenidos por el cuerpo y la sangre de Cristo, sigúese que se sostienen por sí mismas, sin apoyarse en substancia alguna: hecho que no pertenece al orden natural de las cosas, sino que constituye un verdadero prodigio.

2) DOCTRINA DE LA IGLESIA

Ésta fue la perpetua y constante doctrina de la Iglesia católica, sostenida por la autoridad de los Padres y los Concilios citados anterior mente a propósito de la transubstanciación.

3) RESPETEMOS Y ADOREMOS EL MISTERIO

Pero lo que sobre todo importa, prescindiendo de estas sutiles cuestiones, es que los cristianos sepamos adorar y venerar la majestad de este admirable sacramento, elevando un himno de gratitud al Dios que se ha dignado otorgarnos tan santos y sublimes misterios bajo las especies del pan y del vino.

1) Repugnando a nuestra naturaleza el comer carne humana o beber su sangre, quiso Dios, en su infinita sabiduría, superar esta dificultad, y nos ofreció la carne y la sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino, elementos los más comunes y gratos- de nuestro alimento cotidiano.

Y a esto se unen otras dos ventajas:

2) el vernos libres de la calumnia de los paganos, calumnia que difícilmente podríamos evitar si nos vieran comer a Cristo en su forma humana;

3) y el poder así alimentar cada día nuestra fe, mientras recibimos a Cristo, sin que nuestros sentidos puedan percibir su propia realidad. Porque, según la célebre sentencia de San Gregorio Magno, la fe no tiene mérito cuando la razón humana ofrece la experiencia.

Todo esto, sin embargo, debe predicarse con las debidas cautelas, atendiendo siempre a la capacidad de los oyentes y a las necesidades de cada momento.

Un camino para seguir

Enero 19, 2009

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A punto de cumplirse el 50º Aniversario del fallecimiento del Hermano Alfonso presentamos las palabras que pronunció  el Padre Carlos Ripoll ODB en  nombre de la Legión de María en el cementerio de la Recolecta al momento de despedir sus restos mortales:

“La Legión de María ha logrado con la muerte del Hermano Alfonso Lambe, su suprema ambición en la tierra: Ofrecer un alma generosa a la acción del Espíritu Santo para que el luminoso día de Pentecostés no conozca ocaso, para que en verdad el Espíritu Santo renueve la faz deformada de la tierra y establezca doquier el reinado del amor.”

“Para que esta hora fuera una realidad se unió a María Stma. y salió hace seis años del Cenáculo del Concilium Legionis para la reconquista del mundo de María estableciendo su reinado preparatorio para el de Jesús en varios países de América Latina con la fundación personal de 2000 praesidia. Su participación plena en la misma fe de María provocó en nosotros la misma admiración que Isabel tuviera por su prima, cuando llegó a la gran casa Argentina para extender la Legión y con Isabel nosotros decimos cabe los despojos mortales del Hermano Alfonso en los umbrales de la eternidad ¡Bienaventurado Alfonso porque creiste!”

“Descubriste a María en su doble y única maternidad que engendra a la cabeza y a los miembros y te aproximaste hasta ponerte con Ella a la sombra del Espíritu Santo para realizar con El y con María, en medio de nosotros, una sola acción: la acción del Espíritu Santo por medio de María”.

“Como el de María tu vivir fue totalmente el de Cristo, hasta el punto que la dicha de tratarlo en las escalas del camino que recorrió a pasos de gigante: ¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba de María en su camino? “

“Su espíritu de legionario lo llevó a actuar en sus escasos 26 años de vida y en forma constante la orden de María en el banquete de Caná: “Haced lo que El os diga.”

“Llenó y colmó la medida de las tinajas de agua y esa su buena voluntad la trocó María en un vino exquisito: dar a Jesús al mundo Americano y a cada alma en particular.”

“Al abrigo de María no cediste Hno. Alfonso ante el peso de la pequeñez humana y tuviste ánimo hasta el fin para creer como María en lo imposible. Tu característica ha sido ser con María pura capacidad de Jesús.”

“No tuviste temor de recibir y hacer cumplir sus órdenes, pues tuviste la firme convicción de que todo lo que Ella nos manda sigue siendo obra del Espíritu Santo. Viviste el espíritu de la Legión, como hay que vivirlo: indisolublemente unido a María en la acción apostólica y Ella te acompañó de puerta en puerta, por los caminos de tu corta pero rica vida. Como la prudente ama de casa se sirvió de tus pasos, de tus palabras, de tus fatigas a lo largo de todas las rutas de nuestra querida patria que con orgullo te ofrece el lugar para tu eterno descanso. Tu acción apostólica fue de larga paciencia y de solidaridad que no se cansa de esperar sin aceptar la derrota ni el derrotismo. Como María no trataste a nadie de superior ni inferior ni siquiera de igual a igual, sino de inferior a superior. Tu unión con María te llevó a ver al prójimo con otros ojos, con los ojos de María; con otros labios, con los labios de María; a amar con otro corazón, con el corazón de María. Por eso tu plegaria fue el preludio de tu acción y después acompañamiento ineludible de todos tus trabajos legionarios.”

“Serviste a Dios con la decisión y valentía de las nobles causas que te confió la Legión. Tu valentía tuvo para nosotros una fuerza de atracción superior a los más elocuentes discursos que podríamos pronunciar en estas circunstancias. Fuiste un soldado fiel en permanente acto de servicio legionario y la característica apostólica fue el significativo de tu vida. No en vano militaste bajo la conducción de la Virgen Guerrera, vencedora en todos los combates contra Satanás y sus malignas potestades.”

“Con Ella creíste en la posibilidad de lo imposible y no hubo miseria moral que no nos hubieras propuesto remediar con los métodos experimentados de la Legión. Tu vida nos dejó la enseñanza de que en el mundo actual más que nunca, se necesita un catolicismo fuerte, valiente y atento a la inmensa miseria moral que nos rodea por doquier.”

“Hermano Alfonso: seguiremos contemplando tu figura de legionario fiel a la sombra del Vexillium empuñado con tu mano laboriosa en el acto de hacer la promesa al Espíritu Santo ante la Reina de todas las batallas y tú, Hno Alfonso dirás a las generaciones de legionarios argentinos, que reclutarás desde el cielo con inspiraciones de fe, amor, humildad, pureza, y valentía: Me presento a Tí como soldado e Hijo tuyo.”

“Estas palabras sean, hermanos legionarios, antes los despojos mortales de Alfonso Lambe, toque de llamada a un amor que no ceja ante las dificultades y que sabe según su ejemplo permanecer fiel hasta la muerte.”

Alfie Lambe por Frank Duff

Enero 19, 2009

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 ”Aunque parezca extraño, creo que nunca he pronunciado una charla formal sobre Alfie Lambe. Ha sido, por supuesto, un tema frecuente en nuestras conversaciones. Para aquellos que lo conocieron, su imagen permanece muy vívida. Nunca se menciona su nombre sin despertar una profunda impresión”.

“Ahora se nos aparece bajo un nuevo aspecto. Hace poco tiempo, Su Eminencia el Cardenal Umberto Mozzoni, quien fuera Nuncio Apostólico en la Argentina en los tiempos en que Alfie actuaba allí, volvió a visitar el país y se mostró sorprendido de que la Causa de Alfie, no hubiera sido presentada aún. Se entiende que se expresó muy claramente sobre este punto, insistiendo en que Alfie poseía todas las cualidades requeridas para justificar este paso.”

“Luego de su distinguida carrera como Nuncio Papal, Monseñor Mozzoni volvió a Roma, donde fue elevado al Cardenalato y designado para integrar varias de las importantes Congregaciones que manejan los asuntos de la Iglesia. Una de ellas es la que tiene a su cargo las canonizaciones. Este hecho agrega gran peso a sus recomendaciones, pero, sobre todas las cosas, Su Eminencia, conoció personalmente a Alfie, lo vio trabajar, conversó mucho con el y habló de él con Nuncios y autoridades eclesiásticas de todos los demás países de Sud América en los cuales trabajó Alfie. Más aún, fue el mismo quien dio las bendiciones finales al Enviado, en el momento de morir.”

“La expresión de asombro de Su Eminencia con respecto a la demora en la presentación de la Causa, parece que resultó efectiva. La Legión fue puesta en marcha y se formó una comisión para promover el asunto. Ahora, María Sofía del Prado, designada para presidir esa comisión ha visitado Dublín procedente de Roma donde conversó sobre este tema con el Cardenal Mozzoni para enterarnos de esas actividades y requerir la colaboración del Concilium.”

“Voy a expresar que no es una sorpresa para nosotros la proposición del Cardenal. Siempre hemos pensado que Alfie murió en olor de santidad y en todos los lugares donde actuó, se ha registrado idéntica impresión. Nos parecía lógico que se hiciera algo a ese respecto. En efecto, cuando murió, el Cardenal De la Torre, Arzobispo de Quito, Ecuador, aprobó una oración que le fue propuesta”.

“Era pues de esperarse que el Concilium se diera cuenta que el tiempo pasaba sin que se concretara una acción formal en tal sentido, pero la vida en el Concilium se desarrolla en una febril actividad y se presumía que el asunto avanzaba a un ritmo adecuado a su importancia. De modo que nos ha hecho un efecto de “shock” el constatar que todos esperábamos que se hiciera algo, sin que se hubiera hecho, hasta ahora, nada tangible.”

“Tenemos pues, que prestar de todo corazón, la cooperación que María Sofía del Prado ha venido a pedirnos. Es nuestro deber, ya que somos los principales custodios del prestigio de Alfie. Que no se diga de nosotros cínicamente, que la recordación de los hombres no es un monumento”

“El progreso de la Causa de Edel Quinn ha logrado que ella continúe viviendo. Debemos también a Alfie esa continuidad de vida. Por ello, debemos hacer todo lo que está en nuestras fuerzas para ponerlo en evidencia. Tenemos que orar y tenemos que hacerlo conocer en la mejor forma que podamos.

¿Como puede la gente interesarse por él si no lo conoce?

“Una forma efectiva es divulgar su biografía escrita por Hilda Firtel, obra que es una joya. Hilda fue nuestra Enviada en Alemania, inmediatamente después de la guerra y esparció la Legión en todo el país. Su propia vida está llena de grandes méritos.”

“He releído este libro ahora y nuevamente he quedado admirado por la forma en que la autora lo ha encarado. Cuando ustedes lo lean, sabrán porque Alfie fue capaz de llegar tan profundamente a los corazones. Como cubrió Sud América con su ejército de legionarios y también como ganó tal veneración. Dejo al libro la tarea de contarles la historia de Alfie Lambe.”

“La primera vez que vi a Alfie en un grupo, no fue un encuentro personal. Era Novicio en los Hermanos Cristianos en Marino, al norte de Dublín y yo fui para hablar de la Legión. Más tarde me dijo que esa conversación había despertado su interés por la Legión.”

“Luego se enfermó. Tal era el aprecio en que lo tenían sus superiores que por un momento hasta pensaron no tomar en cuenta la opinión de los médicos y retenerlo. No sabían ellos que cerca estuvieron de interferir en su verdadera vocación.”

“Para él su separación de los Hermanos Cristianos, le pareció un desastre irreparable, que casi le destrozó el corazón, según declaró.”

“Pero la Legión, a la que se incorporó poco después en su ciudad natal, le trajo la verdadera consolación.”

“Consideremos las circunstancias posteriores. Cuando Alfie murió, fue la puerta del sepulcro de los Hermanos Cristianos de Buenos Aires, la que se abrió para recibir sus restos mortales. El Superior había sido su condiscípulo en Marino. ¿No es esta una notable coincidencia?”

“Nuestro Señor reconoció cuanto habían hecho los Hermanos Cristianos por Alfie y al final, se los devolvió.”

“Pero nos hemos adelantado a los acontecimientos. Volvamos al angustiado muchacho que ve naufragar sus más caras ambiciones.

Pero no se permitió permanecer mucho tiempo en esas condiciones. Ingresó en la Legión y ella fue para él, un sustituto, por lo menos, de lo que había perdido. Como toda la situación era obra de la Providencia, los acontecimientos siguieron su curso. La importante empresa donde trabajaba Alfie, cerró súbitamente.”

“Si uno hubiera estado alerta con respecto al desenvolvimiento de Alfie, podía haberse imaginado lo que iba a suceder. La atracción legionaria fue lo suficientemente fuerte para influir en él. No buscó trabajo localmente sino que vino a Dublín.”

“Otros horizontes se abrían para el. Se unió a los esfuerzos por extender la Legión en toda Irlanda. Mostró en esas tareas su gran capacidad y aquellos que lo rodeaban comenzaron a preguntarse que sucedería más adelante.”

“Fue entonces que sonó la campana de su destino. Se había decidido enviar al hno. Grace a Colombia y Venezuela. Esta noticia electrizó a Alfie. Cristalizaba todos sus anhelos hasta entonces casi desconocidos para el mismo. Era lo que él quería algo realmente grande, lanzarse a lo desconocido para buscar almas y prepararse a pagar cualquier precio por ello.”

“No hay que equivocarse en esto. Era la idea de la entrega de sí mismo lo que le atraía. ¿Por que suponer que estaba hecho de un metal menos valioso que el de los incontables monjes de la “Peregrinación por Cristo” que incursionaron en las selváticas regiones de Europa y muchos de los cuales desaparecieron para siempre? ¿Por qué su sueño había de ser menos y su visión de menos alcance que la de ellos, si fueron sus modelos?”

“Tampoco debemos imaginar que sus pensamientos fueran más limitados que los de Edel Quinn. Recuerden sus observaciones en la reunión del Concilium que la comisionó como Enviada. El gran Dr. Elías Magennis, que conocía íntimamente la zona de África que le había sido asignada, señaló los peligros y dificultades que encontraría y que consideraba demasiado penosas para ella. Sólo un hombre sumamente fuerte -dijo- podría soportar ese solitario ambular en tales condiciones y ustedes conocen la respuesta de Edel Quinn “no deseo que se me envíe a un pic-nic”. Los elementos de peligro y privaciones no constituían un obstáculo, formaban parte de la atracción. No tengan ustedes la menor duda sobre este punto. Tampoco Alfie quería ir a un pic-nic. Un espíritu indomable impulso a Edel ocho años y a Alfie por seis y en ambos casos un continente recibió por ellos un diluvio de gracias. Edel murió en 1944, es decir, nueve años antes que Alfie fuera Enviado. Es incuestionable que el ejemplo de ella influyó mucho sobre él”.

“Tal vez me haya detenido demasiado en este aspecto del heroísmo en la causa de la religión. Pero al presentar la nota de Canonización respecto a Alfie es necesario enfatizar esta pauta.”

“Los dos enviados fueron comisionados en una reunión del Concilium, en abril de 1953 e inmediatamente comenzaron los preparativos. El 16 de Julio viajaron a New York, donde pasaron una semana y continuaron luego a Bogotá, capital de Colombia. En el aeropuerto los esperaba la gentil Joaquina Lucas que fue enviada a Sud América en 1946. Ya había recorrido todo el continente y había regresado a Bogota con la esperanza de ser útil a los recién llegados. Alfie trabajó con ella y fue ella su principal profesora de español. Sus progresos en este idioma fueron notables, al finalizar el año podía desenvolverse por su cuenta.”

“Fue entonces que la campana de su destino volvió a sonar. Ambato es una Diócesis en Ecuador. Su cabeza era el Obispo Echeverría, un Franciscano. “

“La Diócesis se encontraba en deplorables condiciones, marcadas por la indiferencia, la ignorancia y las constantes deserciones. El Obispo había convocado a sus sacerdotes para considerar estos problemas.”

“Uno de los presentes describió una reciente experiencia con la Legión, que lo había impresionado. Esto impulsó a la asamblea, con el resultado final de que todos los presentes se comprometieron a probar la Legión. “

“El Obispo escribió enseguida al Concilium, describiendo la situación y pidiendo un enviado que les indicara como debían comenzar”

“En esos momentos el Concilium discutía el asunto de a donde sería enviado Alfie en primer término. Muchos eran los lugares donde se requería su presencia. La carta del Obispo Echeverría fue la señal indicadora. Ambato está situado cerca de la frontera. El Obispo debe haber pensado que tenemos un stock permanente de enviados listos para partir, porque se le comunicó que Alfie estaba ya en camino. El encuentro fue muy cordial y Alfie justificó las esperanzas del Obispo, iniciando dos praesidia de inmediato y preparando el camino para muchos otros.”

“Tan impresionado quedó el Obispo que presentó a Alfie en una reunión de toda la jerarquía eclesiástica, llevada a cabo en Quito bajo la presidencia del Cardenal De la Torre. Alfie fue invitado a hablar ante tan augusta concurrencia y la Legión fue aceptada en Ecuador.”

“Luego ocurrió algo típico de Alfie. Pidió a las legionarias que se entregaran con generosidad, con el objeto de aprovechar las muchas oportunidades que se presentaban. Este material humano bisoño respondió admirablemente y se puso en marcha una campaña sensacional, destinada a expandir la Legión en todo el territorio de la Nación. Los praesidia eran de todo tipo, de presos a leprosos, de analfabetos a las clases altas del país. El trabajo fue sólido, muy pronto Ecuador se cubrió de una red de filiales.”

“Por supuesto que en los países circundantes todo esto se supo y muy pronto Alfie se vio asediado con urgentes invitaciones de otros países de Sud América. Con sentimientos encontrados, su propio Obispo accedió, pero el Cardenal De la Torre insistió en llevarlo primero al Congreso Eucarístico Internacional en Río de Janeiro, para presentarlo a las innumerables Obispos que el Congreso reuniría en esa oportunidad. Esto nos da la pauta de la extraordinaria impresión que Alfie y su trabajo despertara en Ecuador.”

“Por supuesto que en Alfie obraban fuerzas celestiales. Aquel, que por su precaria salud, había sido considerado inepto para ingresar en una Orden, en el templado clima de su propia patria, desplegaba una energía que azoraba a todos. En el mismo plano se encuentran su capacidad para persuadir y para organizar. Mucha más importante aún, es el hecho de que todos los que lo trataban sentían de inmediato, la irradiación de su santidad. Instintivamente, se sentía el deseo de complacerlo en todas las circunstancias, aún las más agotadoras; el permanecía imperturbable y con su simpatía habitual.”

“Esta irradiación de fuerza no había sido prevista por el Concilium, sabían que era muy capaz, pero desconocían esta cualidad de invencibilidad.”

“No se necesitó mucho tiempo para reconocer este extraordinario carácter que luego fue resumido en una frase: “Alfie es la llave del continente”.

“No tomando demasiado en serio sus impedimentos físicos, el Concilium siguió encantado, el crecimiento de la Legión.”

“Es especialmente impresionante el hecho de que Alfie se daba cuenta perfectamente de los grandes acontecimientos que se estaban desarrollando, repetidamente remarcaba sus cualidades sobrenaturales, pero en ningún momento se sintió tentado de atribuirse algún mérito, irradiaba modestia”

“En Río de Janeiro, en medio de los esplendores del Congreso, tuvo el placer de encontrarse con otros enviados, la formidable Joaquina Lucas nuevamente, María Diepen, de Holanda que recién llegaba para trabajar por la Legión en las Guayanas y en las Antillas Holandesas y Mary Clerkin, que debía dividirse el gigantesco Brasil entre ella y Joaquina.”

“Durante el Congreso, los cuatro enviados tuvieron muchas oportunidades de contactos con Nuncios y miembros de la más alta jerarquía, pero tuvieron que pagar un alto precio, pues Joaquina se quejó al Concilium de que sus compañeros se estaban matando. El Obispo Echeverría no cejaba en su esfuerzo por presentarlos a todo el mundo.”

“Alfie se impresionó tanto con la posibilidad que ofrecía el Brasil que había decidido quedarse allí por el momento. Sus progresos en el idioma portugués eran rapidísimos y hay que recordar que el Brasil es tan grande como Europa. Pero recibió una carta del Concilium enviándolo a la Argentina.”

“Si pensamos que había planeado tanto, de acuerdo con las necesidades del Brasil, debemos reconocer que esta orden debe haberle producido un “shock”. Además debe haber pesado para ella consideración de que la Argentina representaba una larga inmovilidad, porque hasta ese momento se habían rehusado todos los pedidos de establecer la Legión y que su estadía equivalía a largos años de inútiles esfuerzos, golpeando puertas siempre cerradas, cuando en otros lugares cada hora le rendía extraordinario provecho.”

“El Concilium, por su parte, también consideró profundamente el asunto en su posición central, podía contemplar el problema desde todos los puntos de vista e iluminados con el criterio que ya se habían formado con respecto a Alfie, es decir, que era “la llave del continente” sabía que bastaba enviarlo para que se abrieran todas las puertas. “

“Se esperaba que Alfie partiera de inmediato y así lo hizo. Al finalizar el otoño de 1955 desembarcó en Buenos Aires donde solamente se había autorizado la formación de unos pocos praesidia. Visitó al Nuncio, que lo recibió calurosa y cordialmente, pero la gran Diócesis de Buenos Aires continuó desfavorable, de manera que encaminó sus pasos en otra dirección.”

“Existían pequeñas fundaciones legionarias en las Diócesis de Salta y Catamarca y allí se dirigió vivificándolas con su intervención. Empezó entonces su monumental serie de visitas a todos los Obispos del país, lo que representaba una infinidad de viajes. Cada Obispo a su turno, reconoció su posibilidad y accedieron a su pedido. En un año fundó muchos praesidia en el territorio del país.”

“Estando en pleno trabajo, debió viajar a Bolivia y al Paraguay, para contribuir al crecimiento de la Legión en esas Repúblicas. Durante un tiempo lo acompañó Oonagh Twomey, la nueva enviada en Bolivia y que él sugirió lo acompañara para iniciarla en sus tareas. También pasó cinco meses en Ecuador, donde la Legión marchaba admirablemente: había cuatrocientos praesidia, con muchas eficientes Curiae. Sus antiguos amigos y colaboradores lo recibieron calurosamente.”

“Volvió luego a la Argentina, donde muchos Obispos requerían urgentemente su presencia. Qué cambio desde unos años atrás, cuando parecía un país totalmente cerrado. La capital, no obstante, mantenía su posición de exclusión, para grande aflicción de Alfie. Pero súbitamente se produjo un vuelco. Roma dividió en cinco partes esa enorme Diócesis de cuatro millones de personas. Inmediatamente las puertas de cuatro de ellas se abrieron para la Legión y no pasó mucho tiempo para que la quinta Diócesis otorgara la autorización. Eso sucedió el 9 de Diciembre de 1957. “Todavía no lo puedo creer” escribió Alfie al Concilium.”

“Actualmente Buenos Aires es un centro de industria legionaria. Tiene un Senatus y treinta Consejos funcionando. En el total de un millón de millas cuadradas de la Argentina, existen ahora dos mil praesidia bajo tres Senatus y una Regia.”

“En su libro Miss Firtel dedica un capítulo a la extraña fascinación que Rusia había comenzado a ejercer sobre Alfie. Ya veía su obra en Sud América casi finalizada, con la Legión arraigada, siendo los enviados una etapa que desaparecía. No hay duda que tenía en mente algunos proyectos que significaban su traslado a otro lugar, que por supuesto sería un nombramiento de la Legión, porque tenía una total y cada vez más fuerte convicción con respecto a la Legión.”

“Era Rusia lo que tenía en su mente. Estudió el idioma y pronto lo dominó. Tradujo al ruso el Manual y se vinculó con rusos en Buenos Aires. Logró, gracias a ello, establecer un praesidium entre los Ortodoxos. Singular privilegio que el Vaticano otorgó a la Legión.”

“En su correspondencia hizo referencia a este tema y eventualmente solicitó autorización para visitar Rusia, en viaje de turismo. Esto le fue negada por razones aparentemente valederas; como ser: que el costo era muy alto y no había razón para esperar que los beneficios fueran grandes y que podía resultar una peligrosa distracción para él. Por supuesto que Alfie esperaba alguna ayuda sobrenatural en este viaje, había llegado a considerarla parte de su equipo de enviado.”

“No debe pensarse que se lo “desahució” en este asunto. Por el contrario se lo consideraba mucho y todas sus palabras eran atendidas con gran seriedad. No hay duda que cuando se presentara la oportunidad de mandar un enviado a Rusia, sería Alfie el elegido obviamente todo dependía de que su misión en Sud América estuviera suficientemente encaminada.

Alfie había probado con creces su eficacia en cualquier empresa de la Legión.”

“Pero, ahora nos damos cuenta, Dios no quiso que Alfie fuera a Rusia, aunque no debemos pensar que todos sus anhelos y preparativos fueran inútiles. ¡Lejos de ello! La misión de la Legión nos obligará a pensar que el sentido indicado por Alfie es una señal de gracia, una especie de luz para un futuro operativo. En el orden práctico será ventajoso mantener este proyecto en nuestra mente. Un testimonio más de las santas cualidades de Alfie es el hecho de no permitir que nuestra negativa le causara la menor desilusión.”

“Vamos a saltar ahora unos cuantos años.” “Seguramente muchos habían pensado en Rusia y en el año 1969 se consideró que debía efectuarse un gesto simbólico; se organizó una Peregrinación a ese país. Resultó un éxito que nadie había esperado y desde entonces se realizan anualmente constituyendo un extraordinario acontecimiento. Ninguno entre nosotros duda de que los anhelos y preparativos de Alfie contribuyeron a ese fin.”

“Alfie había sufrido durante mucho tiempo de trastornos estomacales. Pero nosotros no lo tomábamos demasiado en serio.

Alfie era un hijo querido de Jesús y Maria. Esas almas se guían por sus propias reglas; hacen lo que los demás no pueden hacer. Un médico movería la cabeza al verlos y sin embargo, ellos son capaces de vivir en condiciones imposibles, cumplir misiones y realizar esfuerzos que ni los hombres más fuertes serían capaces de realizar”

“Por supuesto, suplicamos a Alfie, como lo hacíamos con Edel, que se moderasen, pero igual continuaron como seres súper humanos. No quiero decir que fueron desobedientes, no estaba eso en ellos. Es que veían las cosas desde distintos puntos de vista. Juzgaban que se desempeñaban dentro de su capacidad y que María, su Madre, los alentaba.”

“Llegamos al extremo de sugerir a Alfie que se desempeñara en la forma que designábamos como “enviado de sillón”, es decir, que se quedara en un lugar y con su prodigioso don de organización, mandara sub-enviados”.

“Esto es, por supuesto, lo contrario esencialmente, de lo que debe ser la labor de un enviado y Alfie no podía aceptarlo.

Posiblemente ni tomó en serio la sugerencia. No insistimos porque no consideramos su estado realmente grave. Lo atribuimos a cualquier cosa, menos a lo que realmente era.”

“Y llegó el final, como un trueno repentino. En Diciembre de 1958, el Arzobispo de Córdoba autorizó la iniciación de la Legión en la provincia y Alfie se trasladó a tan importante centro. Había fundado ya cinco praesidia cuando cayó enfermo, tan gravemente, que fue llevado a un hospital. Los rayos X indicaron que había que efectuar una operación. Por lo que fue trasladado en avión a Buenos Aires, al hospital de las Monjas Azules. La operación comprobó la existencia de cáncer generalizado. La medicina no podía hacer nada. Alfie iba a morir.”

“El propio Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Copello, que había mantenido alejada a la Legión durante tantos años, le administró los últimos Sacramentos. El Nuncio que siempre fue un apoyo y un consuelo para el enviado le dio la bendición final. Dos de los nuestros nos encaminamos enseguida a Tullamore para dar la noticia a su madre. Un hermano mayor de Alfie, abrió la puerta, su madre como esperando nuestra visita, estaba a su lado. Sin haberse enterado de nada, creía que Alfie había muerto.”

“Fue una premonición. En los diarios del día, figuraba la noticia de un accidente aéreo, entre Córdoba y Buenos Aires y cosa increíble, ella llegó al convencimiento de que su hijo había muerto, de modo que al enterarse por nosotros de que estaba aún con vida, experimentó un alivio momentáneo.”

“El 21 de Enero de 1959 murió Alfie. El día de Santa Inés, el día de la pureza, una de las cualidades que él poseía en alto grado. Todos los años, en esa fecha, en Roma, el Santo Padre recibe dos corderos. Se ha señalado que la Legión ofreció ese día un cordero al Padre Eterno, refiriéndose al término por el cual se denominaba afectuosamente a Alfie, cordero, corderito, (en ingles Lamb significa cordero).”

“Me preguntan si creo que Alfie es canonizable. Si, lo creo. No veo defecto en él. Eso podría ser un estado negativo pero en él estaba suplementado con una fe sin limites y otras cualidades heroicas.”

“Puso todas sus energías en la tarea de ganar almas. Tenía a Nuestra Señora en una perspectiva perfecta. Podríamos establecer un paralelo entre Alfie y Edel. Ambos eran talentosos y encantadores, llenos de simpatía y sin retorcimientos.

En los dos, una vocación frustrada se convirtió en un supremo triunfo. En el caso de Edel, el ciclo se completó en ocho años, en seis el de Alfie. A ella se la aclama como el modelo para la juventud moderna; él también puede desempeñar ese rol para los muchachos. “

“Dos días después del funeral de Alfie. llegó Noel Lynch, enviado para ayudarlo, pero en realidad para tomar su lugar. Tenía veintidós años de edad y no hablaba español. Elisa Fox que había proporcionado alojamiento a Alfie en Buenos Aires, se indignó que hubieran enviado a un niño para desempeñar una misión de adulto. No vacilamos en escribirle: “Espere y verá”.

Ella esperó y se dio cuenta que ese muchacho de seis pies de altura, era todo un hombre. El cosechó con nobleza lo que Alfie había sembrado y trabajó bien en la viña que estaba a su cargo.”

“Mencioné antes a un distinguido personaje, el Cardenal Mozzoni, que era Nuncio en la Argentina en la época de Alfie y lo ayudó mucho. El Cardenal acaba de enviar una carta muy importante a la Sta. María Sofía del Prado, presidenta del grupo de Buenos Aires que presentó un pedido al Arzobispo para la constitución de un Tribunal que estudie la santidad de Alfonso Lambe. La carta del Cardenal es un valioso testimonio a favor de dicha petición y un ítem importante que tendrán ustedes el placer de oír a continuación.”

‘Distinguida señora:

Antes de todo, le agradezco vivamente y retribuyo, un poquitín atrasado, sus votos pascuales. Pero como hoy se cumple la Pascua con la gloriosa Ascensión de Jesús a los Cielos, mi plegaria para usted es que El la lleve siempre a los altos con libertad de espíritu y serenidad de corazón.”

“Le digo enseguida que no sé nada de la Causa de la Hna. Edel Quinn; sentí hablar de ella en Lourdes, por algunas legionarias en términos muy elogiativos por sus virtudes y su heroica dedicación a los hermanos negros.”

“Creo que lo que fue Edel para los africanos, lo fue y puede ser un poquitin, como nuestro Alfonso para América Latina.”

“A veinte o veintiún años, deja Dublín y a veintiséis cuando muere en Buenos Aires, ha lanzado la simiente de la Legión en casi todo el Cono Sud de América: Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Brasil. “

“Yo he admirado su apostolado en Bolivia y Argentina. La escritora Hilda Firtel lo define:

“Un gigante del Apostolado”. Y así fue: solo, sin conocer la lengua y pobre; el enfrenta hombres y mujeres, jóvenes y adultos en el nombre de Maria.”

“Por ejemplo en Bolivia el vivió días y días en Oruro entre los mineros, todos indios. Se pide mucha, mucha fantasía, imaginar lo que era entonces y lo que es aún Oruro, a 360 Km. de La Paz y el espíritu de violencia que allí predominaba. Y bien, nuestro Alfonso consiguió fundar la Legión allí, ¡Propio en Oruro! yo, cuando lo supe, dije a mi mismo: este chico cumple milagros.”

“En Argentina, tuve yo que guiarlo y frenarlo un poco en sus ansias de fundación y conquista: en ese momento la tierra de Santa María era legionaria.”

“Físicamente me pareció mucho mas bajo que alto, delgado y con la enfermedad que lo minaba, él la atribuía al clima. Carácter: fuerte y a la vez muy dulce; temperamental, pronto como pocos a cualquier sacrificio. ¿Vocación? ¡La Legión! Yo creo que una vez bien completada, el habría dedicado su vida a Maria en el servicio sacerdotal de su Hijo Jesús.”

“El amor de Dios, se reflejaba y constataba en el amor al prójimo: enfermos que visitaba, curaba y para los cuales incitaba a los legionarios; eran los tiempos heroicos de la Legión, vividos en humildad y dedicación total al ideal legionario. ¡Vivir la Legión! y de esto el apostolado como exigencia. Alfonso es una estrella, de aquellas que en pleno verano, en las noches límpidas cruzan rápidas los cielos, dejan una luz y desaparecen, y la luz queda a los ojos de todos los argentinos”.”

“Como un tributo a Alfonso este documento llega a mucha altura. Y llega también profundamente al corazón”.

De Mons. Alberto Deane, antiguo Obispo de Villa Maria, Córdoba, tenemos su impresión de Alfonso Lambe:

“Su fervor, su amor a las almas y su devoción a la Virgen Santísima era algo que impresionaba gratamente y sorprendía.”

“El hecho de que un hombre joven, bien educado, extranjero, se dedicara con tanto celo y entusiasmo a la fundación de la Legión de María, haciendo tantos viajes por las Diócesis del país, daba que pensar y admirar también! Mi convicción es que fue un hombre fervoroso, lleno de celo por las almas, muy apostólico y muy devoto de la gran Madre de Dios.”

“Sus largos viajes por el país y en otros de América, sólo pueden explicarse por un interior lleno del amor a Dios y de Maria, cuyo culto propagaba con entusiasmo”.

También recibí el testimonio de Mons. Antonio Corso, Obispo de Maldonado-Punta del Este, Uruguay, donde destaca las virtudes que le causaban una constante admiración en el Siervo de Dios.

“Su caridad era tal que nunca se le vio enojado, ni frente a las adversidades ni frente a las incomprensiones. Era tesonero, perseverante, humilde y siempre alegre. Obediente. Nunca criticaba a nadie aunque sabíamos que no habían sido correctos con él.”

“Durante su estadía en Montevideo nunca habló de enfermedad ni parecía estar enfermo. Siempre alegre y sonriente.”

“Aprovechaba su tiempo de tal manera que mientras viajaba en ómnibus hablaba siempre de religión con quien se sentaba a su lado y era tan prudente que quienes tenían la dicha de tratarlo, aunque no fueran creyentes, retenían de él un rostro cristiano simpático.”

“Era joven pero de ideas muy claras y firmes.

Su adhesión a la Iglesia y a su Magisterio eran incondicionales. “

“Cuando nos enteramos de la gravedad de su enfermedad y posterior muerte, toda la Legión y cuantos le conocieron tenían un pensamiento unánime: era un santo!”.

Catalina Killian que trabajó con Alfonso Lambe en la Legión de Maria, en Temperley, Buenos Aires y después en Montevideo, nos dice:

“En él si se manifestaba en toda verdad, esa Fe intrépida a que se refiere la Oraci6n Legionaria. Era sencillo, luminoso, humilde, de mente ágil, convencía con unas pocas y sencillas palabras. Tenía en grade sumo aquella cualidad que suele llamarse “carisma”. El don de comunicarse y convencer. Todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo estábamos convencidos de que era un predestinado, un alma de predilección.”

“Después de su muerte mantuve correspondencia con su madre, de la primera que recibí transcribo lo siguiente:

“Nunca durante los cinco años y medio que pasó en Sud América había mencionado que no se sentía bien. Me escribió esta última Navidad diciéndome que estaba hospitalizado con un leve malestar estomacal pero que no me preocupe por él y me volvió a escribir con fecha 30 de Diciembre diciéndome que aprovechando el viaje de dos Hermanos de las Escuelas Cristianas que viajaban a Dublín me estaba enviando un pequeño obsequio (sin decir que era). Me volvió a decir que se sentía mejor y que había pasado una Navidad feliz. Me quedé tranquila. Pero el día 19 de Enero llegaron hasta mi casa el Hno. Frank Duff y el Hno. Crowley para comunicarme que estaba muy grave, que tenía cáncer. “

“Dos días después el 21 de Enero de 1959 falleció. Por eso su muerte me produjo un shock profundo.”

“Me olvidé del obsequio que me anunció en su ultima carta, pero un mes después, el 21 de Febrero, recibí por correo una hermosa foto de mi hijo. Entonces comprendí que él sabía que se iba de este mundo y que ya no volvería a verlo y por eso quiso enviarme esa foto”.

“Salió de Irlanda como Enviado de la Legión de Maria antes de cumplir 21 años y falleció a los 26. En esos breves años hizo un enorme trabajo que sólo Dios y la Santísima Virgen pueden conocer en su totalidad.”

“Fue testigo valiente, fiel, feliz. Su hermosa juventud fue brindada en una ofrenda total, por la conversi6n del mundo, al servicio incondicional de la Santísima Virgen y de la Iglesia”.

El Dr. Raul E. Kelly relata:

“Cuando por pedido de la Sta. Elisa Fox, que lo tenía alojado en su domicilio atendí a Alfonso Lambe, su salud se había resentido mucho últimamente. Dado que en su actividad de Delegado Internacional de la
Legión de María era incansable y lo obligaba a esfuerzos muy superiores a sus posibilidades físicas, se creía que este decaimiento era sólo el resultado de su febril actividad, viajando a lugares inhóspitos y no bien alimentado.”

“Me encontré con un joven agradable, sonriente, aunque con signos que ya mostraban la gravedad del proceso que lo aquejaba.’”

“Cuando le pedía detalles de sus padecimientos, les quitaba toda importancia e inmediatamente desviaba la conversación hacia el porvenir de la Legión. Entonces su rostro se iluminaba y todo el irradiaba un poder que contrastaba y hacía olvidar lo que antes habla parecido tan obvio.”

“Desgraciadamente tuvo que ser trasladado al Sanatorio de la Pequeña Companía y la intervención quirúrgica confirmó la naturaleza mortal del proceso que se habla extendido por todo el organismo.”

“Al seguirlo hasta el final del proceso nos desconcertaba, por un lado estar en presencia de un ser roído por el cruelísimo mal que lo aquejaba y por el otro su optimismo, su contagiosa alegría, su empuje como legionario.”

“Cuando llegó el final quedó para todos nosotros una sensación de paz, entusiasmo y alegría al ser testigos del triunfo del espíritu sobre la materia conseguidos por intercesión de este elegido del Señor”.

Primeros años de Alfonso

Enero 19, 2009

Desde que ingresé en la Legión de María en el año 1962, sentí una gran admiración y devoción por Alfonso Lambe, Enviado del Concilium Legionis para América del Sur, devoción que me llevó a tratar de conocer algo más de su vida, sus hazañas apostólicas, el gran amor a María y el total olvido de sí mismo anteponiendo a todo la salvación de las almas.

Estaba convencida de que era un ser elegido por Dios para dar un ejemplo acabado de virtudes en grado heroico y del verdadero espíritu cristiano tan necesario en el constante esfuerzo para ascender en él.

No puedo dejar de manifestar mi más profundo agradecimiento a Frank Duff, fundador de la Legión de María, por haberme designado representante del Concilium Legionis en lo referente a la que era en aquel entonces, posible introducción de la Causa de Canonización de Alfonso Lambe; a Su Eminencia el Cardenal Umberto Mozzoni quien alentó desde el comienzo mi gestión y cuyo testimonio escrito fue el primero que recibí. También a los demás Oficiales del Concilium por el constante apoyo que me brindan.

En sus comienzos

En uno de mis viajes a Dublín, Irlanda, tuve la posibilidad de conocer Tullamore, su familia, la casa de sus padres donde nació Alfonso el 24 de Junio de 1932, el día de San Juan Bautista que marcó tal vez su camino de precursor.

Es un lugar sereno, apacible, acogedor. Se percibe la paz de una vida en unión con el Señor, tradición de una familia que recibe con profunda humildad, la gracia de tener en su seno al que llegaría a ser Siervo de Dios.

Quisiera que este sencillo relato de su vida desde la infancia, aliente a seguir su ejemplo, sobre todo en la formación de la juventud, seguros de que él nos ayudará en los esfuerzos que hagamos por imitarlo.

Recordaré siempre esa visita a su familia que ha quedado muy grabada en mi y a la que me acompañaron gentilmente John Murray, Oficial del Concilium Legionis, y Noel Lynch, a quien le debemos los argentinos haber afianzado y continuado la obra de Alfonso Lambe.

De él dijo el fundador de la Legión de Maria, Frank Duff: “Cosechó con nobleza lo que Alfie había sembrado y trabajó en en la viña que estaba a su cargo”.

Nos esperaban esa tarde pero antes visitamos la iglesia donde tantas veces habría orado Alfonso y tal vez nació allí y creció su acendrado amor al Santísimo Sacramento y a la Madre de Dios.

Fuimos recibidos por el dueño de casa John Lambe, su esposa y otros tres hermanos que fueron para participar de esta reunión.

La alegría de estar junto a ellos, la emoción de sentir su afecto sincero y el deseo de trasmitirme todo lo que de Alfie recordaban, anécdotas de su infancia, costumbres, etc., me confirmaron lo que ya era convicción en mi: la santidad de su vida y su abandono total a la Voluntad de Dios.

La reunión transcurrió casi con ese único tema, inacabable, que no se agotaría en varias horas en las que no cesaban tampoco sus atenciones ni disimulaban el enorme gusto de conocer a alguien del país en el que iría a terminar su vida el tan querido hermano menor, aquellos que le vieron partir sin pensar que era para siempre.

¡Si supieran que se le atribuyen abundantes gracias a todos los que invocan su mediación! Esa pérdida para ellos irreparable como para los que tuvieron el privilegio de conocerlo, de trabajar con él en la Legión de María, de gozar de su amistad, sería solo una prueba que no los priva de su presencia en el Señor.

Primeros años

Volviendo a esta reunión inolvidable y cumpliendo con las sugerencias de los Oficiales del Concilium y de su Eminencia el Cardenal Umberto Mozzoni al enterarse de mi visita a Tullamore, quisiera trasmitir algunos momentos de la infancia de Alfonso, relatados por una de sus hermanas, Catalina, con la que era más próximo en edad.

“Su padre los llevaba a los dos cuando salía a recoger turba para el hogar y en el camino el pequeño Alfie siempre quedaba retrasado porque se detenía a cortar flores para ponerlas a la Santísima Virgen”.Su amor por Ella se manifestó desde la más temprana edad, tanto que pidió a su madre:

 ”Yo sé que somos pobres pero yo quiero que me regalen una estatua de la Virgen”. 

“Como en casi todas las familias irlandesas, rezaban todos los días el Rosario, los padres acompañados por sus ocho hijos, de rodillas y con gran devoción. El Sr. Lambe lo dirigía y añadiendo numerosas oraciones lo hacía bastante largo. Como es natural los hermanos menores quedaban un poco atrás y Catalina empezó a notar que Alfie se retiraba sin que los demás se dieran cuenta.

Al repetirse esto varias veces, sintió curiosidad por saber a donde iba, se retiró también sin ser vista y fue grande su sorpresa al encontrarlo de rodillas rezando con todos el Rosario pero arriba de su cama”.

Alfie empezaba a sufrir, no resistía tanto tiempo arrodillado en el suelo, pero cuantos dolores resistió después sin tratar siquiera de suavizarlos!

“Cuando a la edad de 14 años, seguro ya del llamado de su vocación comunicó a su familia la decisión que había tomado de vivir solo para Dios y para servir a la Santísima Virgen, su hermana Catalina le recordó que cuando se rezaba el Rosario él se retiraba por lo que dudaba de su amor a María. Alfonso nada contestó!’

Al entrar en el Noviciado de los Hermanos Cristianos, pidió a sus Superiores, permiso para ocuparse del altar donde fue alimentando día a día ese amor a María que llenó su vida.

Cuando fueron a hacerle la primera visita su madre y hermanas, Alfie sale al encuentro de ellas y les dice: “Vengan, vengan a ver si no la quiero a la Virgen” llevándolas al altar que era arreglado por él. Así contestó a esa broma que le había hecho Catalina”.

Para los elegidos de Dios, El tiene sus caminos trazados, que no podemos comprender y sin embargo, Alfonso abandonado a Su Voluntad, los fue siguiendo “sin mirar atrás”.

Llego el momento de sufrir por el AMOR, pero cuanto le costa tener que dejar, por su débil salud, ese lugar en el que creyó encontrar su felicidad. Al salir del Noviciado en la primera carta que escribe a su hermano mayor le decía: “No se que va a ser de mi vida ahora”.

Pero el Señor si lo sabía y lo fue llevando de su mano María por ese camino en el que fue entregando cada día su vida, hasta consumirla en la entrega total. 

María Sofía del Prado. Alfonso Lambe: Un camino a seguir. Buenos Aires. 1989.

Alfonso Lambe

Enero 19, 2009

alfonso_lambe

Monseñor Pedro Antonio Bordoni

La Escritura nos dice que el profeta soporta un terremoto que rompe y hace volar las piedras pero que allí no estaba Dios.

Que no estaba Dios en el viento huracanado que desgaja los añosos cedros; que no estaba Dios en el fuego arrollador que todo lo consume.

Finalmente al paso de una brisa suave, el profeta siente la presencia de Dios.

Cuando la autora de esta breve biografía del Siervo de Dios me pidió que escribiera unas letras para ella, inmediatamente acudió a mi memoria el texto de la Escritura.

¡Así era Alfonso Lambe!

En una ciudad convulsionada por tantas acontecimientos políticos, sociales, culturales, económicos – no olvidemos que transcurríamos los años 1955 al 59 – aparece, enviado por el Concillium Legionis, este joven, que no domina la lengua castellana, al que se le confía la tarea de fundar en varios países de América, algo nuevo, la Legión de María.

¿Qué trae para ello? Su juventud, lo que parece más un obstáculo que un beneficio.

Pero era una juventud llena de amor a la Virgen que emprende generosamente la tarea encomendada.

Esta tarea consiste en solicitar ante las diversas Jerarquías Eclesiásticas de América y de nuestro país el permiso para fundar su amada Legión.

Me gusta pensar que también él, sintiendo “que tenía poco tiempo para hacer muchas cosas” no se dio tregua ni tomó descanso. Como si hubiera presentido la brevedad de “su tiempo”, estaba acosado por la necesidad de realizar una tarea de gigante.

A todo esto no debemos perder de vista en Alfonso, su juventud.

Desgajado, por el pedido del Superior, del vínculo familiar, madre, hermanos, pueblo, nación, costumbres, hábitos tan distintos a los del nuevo mundo al que era enviado.

Muchas veces, al leer vida de santos, nos hemos sentido tentados de creer que se nace santo. No es así. Se hace santo. Este es el ingrediente que se nos suele escapar.

Solo; algo enfermo, así aparece en su aspecto delicado, aunque incansable en su tarea.

Sus viajes a diversas diócesis, con dificultades de idioma, con otras costumbres en los pueblos, alimentación, clima, etc.

Esa suma de cansancios, tareas e incomprensiones con las que había de chocar no pocas veces y por otra parte la urgencia con que debía fundar su amada Legión; la carencia de familiares o legionarios compañeros con los que hubiera podido comentar sus experiencias, solicitar consejos, pedir oraciones, etc.

Querido Lector, intente ponerse dentro de Alfonso Lambe para poder valorar la fuerza tenaz que lo movía, para admirar la serenidad de su porte, el equilibrio de sus juicios, la gentileza de su trato, la mansedumbre que irradiaba al par que su infatigable hacer de todos los días y a toda hora.

La Iglesia lo llama Siervo de Dios, lo que significa que había en él, cosas que van más allá de una juventud generosa. Tenemos que investigar, tenemos que escudriñar su paso entre nosotros -por los frutos conoceréis el árbol-.

La riqueza espiritual de la Legión de María es la fructificación de la semilla Legionaria y Mariana, que este joven austero, silencioso, sembró en nuestras tierras eminentemente marianas. “En un tiempo muy breve, produjo muchos frutos”.

Para que la entrega con la que aceptó ser enviado a América fructificara en frutos de bendición, la Providencia dispuso que igual que su semilla, el mismo fuera sepultado en nuestra tierra. Se le negó el último descanso entre los suyos.

Su generosidad se puso de manifiesto más allá de su muerte.

A treinta años de su paso a la eternidad, entre los que lo conocieron, aún perdura el recuerdo de la penetrante dulzura de su mirada que calaba muy hondo en las almas.

No lo vimos anciano. Llegó joven y Dios nos lo quitó joven. .

Como una brisa suave pasó entre nosotros haciendo el bien.

Así lo recordamos. Así le pedimos su intercesión en nuestras necesidades.

Lo sentimos tan presente…

María Sofía del Prado. “Alfonso Lambe, un camino para seguir”.  Buenos Aires. 1989.

La vida interior, por la Eucaristía, resume toda la fecundidad del apostolado

Enero 17, 2009

JUAN B. CHAUTARD

Abad de la Trapa de Sept-Fons

El fin de la Encarnación, y en consecuencia de todo apostolado, es divinizar a la humanidad.

Christus incarnatus est ut homo fieret Deus (San Agustín). Unigenitus Dei Filius suae divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram assumpsit ut homines deos faceret factus homo (Santo Tomás, Oficio de la solemnidad de Corpus).

Pero el apóstol  asimila la vida divina en la Eucaristía; mejor dicho en la vida eucarística, o sea,  en la sólida vida interior que se nutre en el divino banquete.

Así lo asegura la palabra perentoria e inequívoca del Maestro: Nisi manducaveritis carnem Filii hominis et biberitis ejus sanguinem, non habebitis vitam in vobis (Jn 6, 53).

La vida eucarística es la vida de Nuestro Señor en nosotros, no sólo por el estado de gracia que es indispensable para tenerla, sino, además, por una sobreabundancia de su acción: Veni ut vitam habeant et abundantius habeant (Jn 10,10).

 Si el apóstol debe tener una sobreabundancia de vida divina para distribuirla entre los fieles y no encuentra otro manantial que la Eucaristía para tomarla, ¿cómo imaginar que las obras puedan ser eficaces sin la acción de la Eucaristía en aquellos que, directamente o indirectamente, deben ser los dispensadores de esa vida por medio de sus obras?

Es imposible meditar en las consecuencias del dogma de la presencia real, del sacrificio del altar y de la comunión, sin llegar a la conclusión de que Nuestro Señor instituyó este Sacramento con el fin de hacerlo foco de toda actividad, de toda abnegación y de todo apostolado, que sean de utilidad verdadera para la Iglesia.

 Si toda la Religión gravita en torno del Calvario, todas las gracias de este misterio brotan del altar.

 Y la palabra evangélica del obrero que no viva del altar, será una palabra muerta, que no podrá salvar a nadie porque sale de un corazón que no está bastante impregnado de la Sangre redentora.

Profundo fue el designio del Salvador al explicar después de la cena, sirviéndose de la parábola de la vid y los sarmientos, la inutilidad de toda acción que no esté animada del espíritu interior: Sicut palmes non potest ferre fructum a semetipso, sic neo vos nisi in me manseritis (Jn 15, 4).

E inmediatamente indica el valor de la acción, ejecutada por el apóstol que vive la vida interior, es decir, la vida eucarística: Qui manet in me et ego in eo, hic fert fructum multum (Jn 15, 5).

Hic, o sea sólo él. Dios no obra con eficacia sino por él. Es lo que dice San Atanasio: “Nosotros nos hacemos dioses por la carne de Cristo.”

Cuando el predicador o el catequista conservan en su ser el calor de la Sangre divina, y su corazón está abrasado por el fuego que consume al Corazón Eucarístico, ¡cómo vive, arde e inflama su palabra! Y ¡cómo irradian los efectos de la Eucaristía en una clase, en la sala de un hospital, en un patronato, etc., cuando aquellos que Dios escogió para directores de sus obras reanimaron su celo en la comunión, viniendo a ser verdaderos portadores de Cristo!

La Eucaristía, vida del verdadero apóstol, hace sentir sus efectos incomparables contra el enemigo de nuestra salvación, ya se trate del demonio, tan hábil en retener las almas en la ignorancia o del espíritu soberbio o impuro que trata de emborracharlas de orgullo o de ahogarlas en el fango.

El amor se perfecciona en la Eucaristía. Ese viviente memorial de la Pasión aviva el fuego divino del apóstol cuando iba a apagarse.

Le resucita Getsemaní, el Pretorio y el Calvario y le da la ciencia del dolor y la humillación.

El obrero apostólico habla a los afligidos en una lengua que les hace participar de los consuelos que se encuentran en esa escuela divina.

Tiene el lenguaje, de las virtudes cuyo ejemplar es Jesús, porque cada una de sus palabras es como una gota de la Sangre eucarística, derramada en las almas.

Sin ese reflejo de la vida eucarística, la palabra del hombre de obras producirá un efecto momentáneo. Únicamente las facultades secundarias serán impresionadas, y ocupadas las avanzadas de la plaza; pero la ciudadela, que es la voluntad y el corazón, quedará sin ser tomada la mayor parte de las veces.

La fecundidad del apostolado, casi invariablemente, es paralela al grado de vida eucarística alcanzado por el alma del apóstol.

 Efectivamente, un apostolado será eficaz en la medida en que provoque en las almas la sed de participar frecuente y prácticamente en el divino banquete.

Y este resultado no se obtiene sino en la medida en que el mismo apóstol vive en verdad, de Jesús-Hostia.

Semejante a Santo Tomás, que hundía su cabeza ante el tabernáculo para hallar la solución de las dificultades teológicas, el apóstol también se postra allí para confiar al huésped divino todos sus secretos, y su acción sobre las almas es el resultado práctico de sus confidencias con el Autor de la vida.

Nuestro admirable Pontífice y Padre, Pío X, el Papa de la comunión frecuente es también el Papa de la vida interior. Instaurare omnia in Christo (Ef 1, 10) ha sido la primera palabra que dirigió, programa de un apóstol que vive de la Eucaristía y no aprecia más triunfos de la Iglesia que los progresos de las almas en la vida eucarística.

¿Por qué las obras de nuestro tiempo, tan variadas, pero tan estériles, no han regenerado la sociedad? Confesémoslo una vez más; su número es mayor que el de los siglos pasados y, sin embargo, no han logrado impedir que la impiedad arrasara en proporciones alarmantes el campo del padre de familias. ¿Por qué?

Porque no están suficientemente enquistadas en la vida interior, en la vida eucarística ni en la vida litúrgica bien entendida.

 Los hombres de obras que las dirigen pudieron explayar en ellas su filosofía, su talento y su piedad hasta cierto punto; lograron lanzar algunas llamaradas de luz y adoptar algunas prácticas de devoción.

Pero como no bebieron de la fuente de la vida, no pudieron irradiar el calor que doblega las voluntades. En vano hubieran pretendido despertar esas abnegaciones ocultas, pero irresistibles, ni esos fermentos activos de las colectividades, ni esos focos de atracción sobrenatural, que son irreemplazables, y que silenciosa y constantemente propagan el incendio en su torno y penetran con lentitud, pero con seguridad, en todo género de personas que están a su alcance.

 Su vida en Jesús era muy débil para alcanzar esos resultados.

En siglos pasados bastaba una piedad ordinaria para preservar a las almas del contagio del mal.

 Pero para el virus actual, que tiene una violencia centuplicada, inoculada por los incentivos del mundo, se precisa un suero vivificador mucho más enérgico.

 Por carecer de laboratorios capaces de producir contravenenos eficaces, las obras se han limitado a provocar un fervor sentimental manifestado en grandes arranques que se extinguían a poco de nacer, o cuando han logrado mejores frutos, se redujeron a exiguas minorías.

Los seminarios y noviciados no han producido esos enjambres de sacerdotes, religiosos y religiosas, bien embriagados del vino eucarístico.

Por eso, el fuego que por su conducto debía transmitirse a los seglares piadosos, consagrados a las obras, ha quedado en estado latente.

 La Iglesia ha contado, no hay duda, con apóstoles evangélicos formados por la vida eucarística, en esa piedad integral, en esa guarda del corazón y en ese celo ardiente, activo, generoso y práctico, que se llama la vida interior.

No es raro calificar de buena y hasta excelente, a una parroquia, porque la gente saluda con respeto al sacerdote, le responde con cortesía, le manifiesta sus simpatías y hasta le presta algunos servicios, aunque la mayor parte de los feligreses trabaje los domingos en vez de ir a misa y no frecuente los sacramentos, con una ignorancia de la Religión pareja de las intemperancias y blasfemias que se escuchan, con el consiguiente quebranto de la moral. ¡Qué desgracia! ¿Y a eso se llama excelente Parroquia? ¿Pueden denominarse cristianos los que hacen una vida totalmente pagana?

¿Por qué nosotros, los obreros evangélicos, que lamentamos esos resultados no vamos con más frecuencia a esa escuela donde el Verbo instruye a los predicadores? ¿Por qué no hemos ido a beber la palabra de vida más a fondo, en esa intimidad de corazones con el Dios de la Eucaristía?

Como Dios no hablaba por nuestra boca, ha sido fatal el resultado. No nos extrañemos más de la esterilidad de nuestra palabra.

Las almas no han visto en nosotros el reflejo de Jesús y de su vida en la Iglesia. Para que el pueblo hubiera depositado su fe en nosotros, habría sido preciso que circundase nuestra frente una brillante aureola, a manera de aquella que fulguraba en las sienes de Moisés cuando descendía del Sinaí y llegaba a los israelitas.

Aquella aureola era a los ojos de los hebreos, un testimonio de la intimidad del embajador con quien le enviaba. Para el eficaz desempeño de nuestra misión, hubiera sido preciso que apareciéramos ante los demás, no solamente como hombres probos y convencidos, sino iluminados por un rayo de la Eucaristía que descubriese al pueblo, al Dios viviente en nosotros, a quien nada resiste.

Retóricos, tribunos, conferenciantes, catequistas y profesores, hemos cumplido a medias nuestra labor, por no haber reflejado la intimidad de Dios.

Al lamentar los fracasos de nuestras obras, los apóstoles, que sabíamos que en último término el hombre es arrastrado por el deseo de la felicidad, preguntémonos si se vio en nosotros irradiación de la dicha eterna e infinita de Dios, que nos hubiera dado la unión con Aquel que, oculto en el Tabernáculo, es la Alegría de la Corte celestial.

El Maestro tenía bien presente este alimento de la alegría tan necesario a los apóstoles: Haec locutus sum vobis ut gaudium meum sit in vobis et gaudium vestrum impleatur (Jn 15, 11), les dijo acabada la cena, para recordarles hasta qué punto será la Eucaristía el manantial de todas las grandes alegrías de la Tierra.

Ministros del Señor, para quienes el Tabernáculo estaba mudo, el ara frío y la Hostia casi inerte, debimos dejar abandonadas las almas en sus caminos de perdición. ¿Cómo hubiéramos podido sacarlas del fango de los placeres prohibidos?

Sin embargo, hemos hablado algunas veces de las alegrías de la Religión y de la buena conciencia.

Pero como no supimos llegar hasta la saciedad al beber las aguas vivas del Cordero, no alcanzamos sino a tartamudear cuando hablábamos de aquellas alegrías inefables, cuyas ansias, despertadas por nosotros, hubieran roto las cadenas de la triple concupiscencia, mucho mejor que las frases más terribles sobre el infierno.

Hemos presentado ante las almas ese Dios que es todo Amor, como un legislador austero y un juez inexorable en la sentencia y riguroso en el castigo, y nos hemos callado el lenguaje del Corazón de Aquel que tanto ama a los hombres, porque nuestras efusiones con su Corazón eran tan raras como superficiales.

No carguemos la culpa a la inmoralidad de la sociedad, aunque sea muy grande, porque podemos comprobar la moralización operada en parroquias mucho tiempo descristianizadas, por la dirección de sacerdotes juiciosos, activos, abnegados, competentes y, sobre todo, amantes de la Eucaristía.

A despecho de todos los esfuerzos de los ministros de Satanás, esos sacerdotes, pocos por desgracia, facti diabolo terribiles, sacando la fuerza de la fragua de la fuerza, de las ascuas del Tabernáculo, han sabido templar sus armas, tan invencibles, que todos los demonios conjurados no han podido quebrantarlas.

La oración que hacían al pie del Altar no fue estéril, porque pudieron comprender estas palabras de San Francisco de Asís: La oración es la fuente de la gracia.

La predicación es el canal que distribuye las gracias que hemos recibido del cielo.

Los ministros de la palabra de Dios han sido escogidos por El Gran Rey para llevar a los pueblos lo que ellos aprendieron y recogieron de sus labios, SOBRE TODO AL PIE DEL TABERNÁCULO.

Lo que más alienta nuestra esperanza es ver actualmente una generación de hombres consagrados a las obras, que no se contentan con organizar brillantes comuniones, sino que saben despertar en las almas la verdadera práctica de la comunión frecuente.

“El alma de todo apostolado”. Cuarta parte: Fecundidad de las obras por la vida interior