PRIMER VIERNES DE JULIO
Un cristiano devoto del Sagrado Corazón de Jesús se vuelve a este Sagrado de su amor con continuas aspiraciones
Las almas unidas por amor al Sagrado Corazón de Jesús no esperan el tiempo de la tribulación o de la necesidad para volverse a este divino objeto.
Cien veces entre día, aún en medio de las mayores tribulaciones le hablan con el corazón. Su amor es como un fuego perenne, cuyas llamas se levantan incesantemente hacia el cielo.
¿Por más ocupado que estás, cuando entra algún amigo a visitaros, no le dices al menos dos palabras?
No se os pide otra cosa, sino es, que sin dejar vuestras ocupaciones, hagáis para con Jesucristo lo que diariamente practicáis con aquellos que os aman, y a quienes amáis.
Jesús os tiene siempre en su corazón, tenedlo también siempre en el vuestro.
Su corazón está dispuesto a esparcir sobre el vuestro los benéficos influjos de su amor: la buena correspondencia pide iguales disposiciones de vuestra parte.
Cuantas veces hiriereis el corazón del amado de vuestra alma con algún dardo amoroso, tantas nuevas saetas de fuego se desprenderán de aquel divino corazón para inflamaros más y más en su santo amor.
Aunque no sea necesario sugerir a un corazón amante lo que debe decir objeto de sus afectos; con todo eso no será inútil dar aquí una idea de semejantes jaculatorias. Se podrán escoger algunas de las que más agradaren a cada uno, y repartirlas por los días de la semana, repitiéndolas con frecuencia entre día.
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ASPIRACIONES
DE SAN BERNARDO
¡Qué rico tesoro es vuestro corazón, oh amable Jesús!
Daré con gusto cuanto tengo, por apoderarme de él.
Yo os saludo, oh corazón del rey soberano de los cielos.
Oh Jesús concededme la gracia de tener siempre mi corazón unido al vuestro.
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DE SAN FRANCISCO DE SALES
¡Oh Señor, cuan bueno es vuestro corazón!
¡Cuán amable!
Haced que yo viva siempre en este santo domicilio.
El Corazón de Jesús viva siempre en nuestros corazones.
Sea Él ahora y siempre el corazón nuestro.
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DE SANTA GERTRUDIS
¡Oh amor! ¡Oh Rey mío! ¡Oh mi Dios!
¡Oh Jesús único objeto de mis más tiernos amores!
Recibidme bajo la amable protección de vuestro corazón,
para que yo sea siempre y totalmente vuestra.
¡Oh Dios de amor!
¡Dichoso el corazón que tiene la suerte de estar unido al vuestro, y de estrechar por este medio una amistad indisoluble con vos!
¡Oh Jesús dulce esperanza mía, qué vuestro corazón herido por mi amor sea el primer asilo que encuentre mi alma al salir de este cuerpo.
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DEL BEATO ENRIQUE SUSÓN
¡Oh dulcísimo Jesús, transformad mi corazón pobre y miserable en vuestro divino corazón!
¡Oh amor mío crucificado!
Haced que vuestros dolores unan vuestro corazón al mío y me lo hagan siempre amable y propicio.
¡Oh Jesús! ¡Cuánto vuestro corazón encendido de amor mueve, hiere, e inflama el alma mía!
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Para hacer estas elevaciones de corazón se pueden, algunas veces, imitar las expresiones de la escritura diciendo a imitación de las palabras del profeta.
Dios de mi corazón, vuestro corazón será, como lo espero, la herencia que me tocará por toda la eternidad. El corazón sagrado de mi Señor sea para siempre bendito. Amén, amén.
Corazón adorable de Jesús, vos reinareis por todos los siglos en los corazones de todos los santos.
O imitando las palabras del Apóstol; espero que ninguna cosa será capaz de separarme del corazón de Jesucristo.
Deseo morir por eso para estar con Jesús, y unirme para siempre a su corazón.
Al Sagrado Corazón de Jesús honor y gloria por todos los siglos de los siglos.
Esta práctica de levantar entre día frecuentemente el propio corazón al Corazón Sagrado de Jesucristo no requiere que se ponga en tortura el espíritu: basta una afectuosa disposición de corazón.
No se trata de rezar muchas oraciones muchas veces al día, sino de aspiraciones inflamadas y cortas, que se llaman comúnmente oraciones jaculatorias.
Con un poco de atención al principio se contrae insensiblemente este santo hábito, hasta hacerlo tan familiar, que al mismo punto de despertar se vuelve el corazón al divino objeto de su amor, a quien entre día se ha acostumbrado a alabar frecuentemente y con facilidad.
Esta práctica es como un homenaje continuo que se tributa al Sagrado Corazón de Jesús.
Se trata de esto en el libro quinto de la vida de la venerable madre Margarita en donde se dice, que un día le fue representado el divino corazón más resplandeciente que el sol y rodeado de serafines, que cantaban sus alabanzas; los cuales dijeron, que habían venido expresamente para acompañarse con ella a ofrecer unidamente al sagrado corazón de Jesús un tributo continuo de amor, de adoración y de alabanza.
Basta leer la historia de su vida, y aun sólo lo que de ella decimos en estas lecciones para ver que luego que conoció el tesoro que se le presentaba en la devoción del sagrado corazón de Jesús, el fue siempre el objeto que tuvo presente en todas sus acciones y que no pensaba mas que en tributarle los obsequios de adoración y de amor.
Para hacerse un poco familiar con esta Santa costumbre, se puede seguir el consejo que daba esta amante del sagrado corazón de Jesús a una persona, esto es que levantase su corazón a este divino objeto al menos tres veces al día. “La mañana, le decía, para tributarle homenajes de adoración: al medio día para tributarle homenajes de amor; y la noche pura tributarle homenajes de reconocimiento y de acción de gracias por todos sus beneficios”
Sugería también que se hiciesen semejantes aspiraciones según las circunstancias en que uno se halla; como por ejemplo cuando está uno agitado de algún temor. ¿De que temes? Tú tienes contigo al corazón de Jesús y su amor. Cuando uno se halla en algún trabajo. Recibe lo que te manda el sagrado corazón de Jesús para unirte á el. Cuando se ejercita algún acto de mortificación: O corazón sagrado, yo muero á este placer, para no vivir sino para vuestro amor. Después de haber caído en alguna falta: O único amor mío, satisfaced, y pagad por vuestra pobre esclava y reparad el mal que ha cometido.
Algunos acostumbran poner en su casa en él lugar más expuesto á la vista, o por donde pasan con frecuencia, una imagen del sagrado corazón de Jesús, para que su vista les acuerde el propósito de levantar el corazón al amable objeto que la imagen representa.
Añadiremos que la práctica tan útil y tan santa de volverse hacia el sagrado corazón de Jesús con alguna aspiración, según las circunstancias en que uno pueda hallarse, la daba el gran san Francisco de Sales, fundador de las monjas de la visitación.
Ve aquí algunas aspiraciones que usaba en tiempo de aflicción, sacadas de las obras de dicho santo:
Jesús, Señor mío, por la desolación que padeció vuestro corazón divino en el huerto de Getsemani, y en la cruz, sed la alegría, ó a lo menos la fortaleza de mi corazón. ¡Ah! Jesús, Señor mío, mitigad mi corazón por la dulzura y suavidad del vuestro.”
“Oh cruz, mi corazón te quiere, puesto que el corazón de mi Dios te ha querido.”
Seguid pues el consejo de Lanspergio, poniendo en vuestra casa la imagen del Sagrado Corazón. Tened, dice, para mantener vuestra devoción alguna imagen de este adorable corazón. Colocadla en algún lugar donde podáis verla frecuentemente para que su vista os traiga á la memoria este ejercicio, y encienda el fuego del amor divino en vuestro pecho.
Se refiere de la devota Ursulina Ana de Beauvais, que al ver pintada, ó recamada la figura de algún corazón, levantaba su corazón y su espíritu hacia el corazón de Jesucristo, y su mayor gusto cuando trabajaba en la aguja era el formar corazones, y rodearlos de llamas, para tener presente el amor ardiente de nuestro Salvador.
Por lo demás Lanspergio añade al consejo de que hablamos arriba “el de besar la imagen del Sagrado Corazón con la misma devoción, dice el, que lo hicierais si sé os diese a besar el corazón mismo de Jesucristo, entrando en espíritu en aquel corazón deificado, y amoldando el vuestro al suyo, procurando de atraer á vuestro corazón el espíritu que anima al de Jesucristo: sus gracias, sus virtudes, en una palabra, cuanto hay de saludable en aquel divino corazón, lo que excede toda ponderación.”
El padre Vicente Hubi daba el mismo consejo á todos aquellos á quienes regalaba medallas de los sagrados corazones de Jesús y de Maria. Exhortaba a que las besasen todos los días con devoción y ternura, y que á lo menos las estrechasen al pecho, animando este acto externo de religión con otro interno de amor de alguna virtud, ó detestación de algún vicio, según las disposiciones de cada uno.
ACTO DE ADMIRACION.
Corazón Sagrado de mi Redentor: ¿Quién podrá comprender vuestra excelencia y vuestras perfecciones? Ellas son infinitas. Mientras yo mas procuro penetrarlas, más reconozco mi impotencia. El sentimiento que esto causa en mí corazón es el del más profundo afecto. ¡Oh divino corazón! Reconociendo entre la alegría y la admiración que vuestras grandezas son superiores á mis alcances, y uniéndose á los espíritus bienaventurados que siempre cantan á gloria vuestra himnos de alabanza, me postro en vuestra augusta presencia, y os rindo los supremos homenajes que merecéis.
Pero corazón adorable, aunque vuestras perfecciones son incomprensibles, podemos comprender cuanto nos amasteis por las pruebas que nos habéis dado de un amor infinito. Porque ¿quien puede pensar en los misterios de la redención y de la Eucaristía sin exclamar ¡Oh corazón de mi Dios, cuan bueno sois, cuan amable! Vos sois el verdadero y leal amigo de los hombres. Vos sois para ellos un manantial inexhausto de dones, y el trono donde residen las más grandes misericordias? ¡Oh! con cuanta razón y con que justo título sois el único objeto del amor de las almas justas, y ellas os llaman el restaurador y reparador de los males y culpas que por su desgracia han cometido desde que habitan sobre la tierra: el protector de su perseverancia en la virtud, el remedio de su fragilidad, la seguridad de su salvación!
¿Como es posible que haya en el mundo corazones tan insensibles que no os amen? No merecen vivir todos los corazones ingratos, que resisten a un amor tan legítimo. ¡Oh! que a lo menos mi corazón se os consagre entera y perpetuamente. ¿Cómo? ¿Vos sois el amor mismo y no os amaré? ¿Sois la misma bondad, y os negaré cosa alguna?
¿Sois la misma constancia, y os abandonaré? No, no: vos seréis mi gloria, mi esperanza, mi felicidad, mi único amor, como lo espero así en vida como en mi muerte. Amén.
MEDITACIÓN SÉPTIMA
Sobre la mansedumbre del Sagrado Corazón de Jesús.
PUNTO PRIMERO.
CONSIDERAD a Jesús en su vida exterior y pública, y encontrareis que la mansedumbre fue siempre uno de los principales caracteres de su divino corazón. ¡Con que amor soportaba a sus Apóstoles siempre defectuosos! Con que bondad y dulzura recibía a los pecadores! Jamás rechazó ninguno de ellos. Los delitos del Publicano, de la Magdalena, de la mujer adúltera no causaban otro efecto en su corazón que el acrecentarle la compasión de sus miserias. Los fariseos lo ultrajaban con palabras sin que el jamás respondiera con ultrajes ni con amenazas. Mucho antes de su nacimiento anunciándolo Isaías al mundo, dijo: que no sería ni de humor melancólico ni colérico, ni que jamás se le oiría alzar la voz. ¿Y tú, corazón mío como imitas al corazón de tu Salvador? ¿Cómo soportas los vicios y defectos del prójimo? ¿Sus malos modos, sus desprecios, sus ingratitudes? Estás, atento a sofocar en tu pecho cualquier sentimiento de aspereza y rencor? Jesucristo es un Dios de paz, que no establece el reino del amor sino en corazones semejantes al suyo: factus est in pace locus ejus. El prometió hacer bienaventurados en la tierra de los santos á los corazones mansos, á los corazones que no se exasperen con las penas de esta vida, á los corazones afables, aun con aquellos que menos merecen nuestra benevolencia Pero quien más que yo, ó Dios mío, es el documento más auténtico de la mansedumbre de vuestro corazón? ¿Cuántas veces he merecido con mi proceder que se me cerrase la entrada á vuestro corazón? Y no obstante lo he encontrado abierto siempre que he implorado su misericordia. ¿Con que podré yo mostraros mas bien mi gratitud, que tratando a mi projimo como vos me tratais á mi? Dignaos dulcísimo Jesús de esparcir sobre mi corazón con la unción de vuestra gracia la mansedumbre de vuestros sentimientos.
PUNTO SEGUNDO.
Considerad a Jesús principalmente en el tiempo de su pasión. Entonces la mansedumbre de su corazón compareció todo su esplendor.
Un discípulo lo entrega en manos de sus enemigos ¡Qué herida, para el corazón del maestro! No obstante Jesucristo da el título de amigo al traidor. Pilatos reconoce la inocencia de Jesús, y no obstante lo condena á muerte. Jesús se abandona a quien injustamente lo condena, deteniendo los rayos con que merecía ser abandonado aquel injusto y bárbaro juez. ¿Y en la cruz? ¡Oh corazón de infinita clemencia! En la cruz pide perdón para sus mismos enemigos.
Ofrece al Padre sus tormentos y su muerte para obtener el perdón del horrible atentado que cometen contra su persona.
¿A vista de esto, que debo pensar de mi suma delicadeza a la menor señal de desprecio? Que deben pensar tantos cristianos, que tienen un corazón insensible a la menor injusticia, y a la más leve afrenta? Tantos cristianos que se precian de pagar desprecio con desprecio, e injuria con injuria? Cuando acabaré de despojarme de los sentimientos del corazón de hombre, para vestirme de los del corazón de Dios, cuyos pensamientos son tan superiores a los nuestros, cuanto lo es el cielo á la tierra.
Oh Corazón Sagrado de mi Salvador, tan tierno siempre aun con vuestros mayores enemigos, haced que pase á mi corazón toda la mansedumbre y nobleza de vuestros sentimientos. Y vosotros, torrentes de lágrimas y de sangre que derramó Jesús por hombres crueles é insensibles, venid á ablandar la dureza de mi corazón. Salvador mío, Dios de las misericordias, no faltan quienes den motivo de tristeza y de amargura á mi corazón; pero yo desde ahora propongo firmemente concederles el perdón, que en realidad merecen por si mismos; pero que vos merecéis por ellos, y para cual me habéis dado un ejemplo tan grande.