SANTO CURA DE ARS
“Hijos míos, no podemos comprender la bondad que Dios ha tenido con nosotros al instituir este gran sacramento de la penitencia.
Si dijéramos a estos pobres condenados que están en el infierno desde hace tiempo: “Vamos a poner un sacerdote a la puerta del infierno. Todos los que quieran confesarse no tienen más que salir”; hijos míos, ¿creen que allí quedaría alguno?
Los más culpables no temerían decir sus pecados, e incluso decirlos delante de todo el mundo.
¡Oh! ¡El infierno quedaría rápidamente vacío y el cielo se llenaría!
Pues bien… ¡tenemos el tiempo y los medios que estos pobres condenados no tienen!
Hijos míos, desde el momento en el que se tiene una mancha en el alma, hay que hacer como la persona que tiene una bola de cristal que guarda cuidadosamente.
Si esta bola tiene un poco de polvo y la persona se da cuenta, rápidamente pasa una esponja y la bola se vuelve clara y brillante”.
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Sobre el propósito de enmienda
“Es bonito pensar que tenemos un sacramento que cura las heridas de nuestra alma. Pero hay que recibirlo con buenas disposiciones, porque si no aumenta el número de heridas.
Imaginen un hombre lleno de heridas, que acude al hospital: el médico lo atiende y lo cura; pero él, al salir, toma un cuchillo y comienza a clavárselo en todas las partes del cuerpo, haciéndose mucho más daño que antes.
¿Qué pensarían de un hombre que actuara de esa manera?
Pues bien, eso es lo que hacen a menudo cuando tras salir del confesionario, vuelven a caer en los mismos pecados.”
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“El Buen Dios lo sabe todo. Sabe de antemano que después de confesarse pecarán de nuevo, y sin embargo, los perdona. ¡Qué amor el de nuestro Dios, que llega a olvidar voluntariamente el futuro para perdonarnos!
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Sobre los pecados ocultos
“Hay quienes profanan el sacramento careciendo de sinceridad. Habrán escondido pecados mortales, hace diez, veinte años. Siempre están atormentados; siempre su pecado está presente en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!
Cuando han hecho una buena confesión, han encadenado al demonio.
Los pecados que escondemos reaparecerán todos.
Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien.”
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Tres cosas necesarias
“Para recibir el sacramento de la penitencia son necesarias tres cosas. La fe, que nos revela que a Dios presente en el sacerdote. La esperanza, que nos hace confiar en que Dios nos otorgará la gracia del perdón. La caridad, que nos lleva a amar a Dios y que inculca en nuestro corazón el dolor de haberlo ofendido.”
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“El Buen Dios, en el momento de la absolución tira nuestros pecados por encima del hombro; es decir, los olvida, los reduce a nada, no volverán a aparecer jamás.”