San León Papa
(400-461)
Doctor de la Iglesia
†
Muy cierto estoy, amados hermanos míos, de que acercándose la solemnidad de la Pascua, el mismo tiempo santo de la Cuaresma os despierta, para guardar los ayunos que consigo trae; pero no me parece cosa fuera de propósito haceros sobre lo mismo una exhortación, la cual con ayuda del Señor, ni será sin provecho para los que son perezosos, ni será pesada para los que son devotos; y visto que la santidad de este tiempo requiere, que nuestra bondad por mucha que sea, ahora haya de ser mayor, confío de vuestra caridad, que todos os alegraréis de ser excitados a mayor bien.
Es tal nuestra condición natural, mientras estamos sujetos a ser mudables, que por muy altos de quilates que seamos en la virtud, así como estamos en la posibilidad de bajar, también lo estamos de poder subir: de manera que la verdadera justicia de los perfectos es, que nunca presuman que lo son, ni se tengan por tales, porque podría ser, que con esta presunción se descuidasen del camino en que van, como si ya le hubiesen acabado, y se expondrían a caer en el lugar en donde habían señalado el punto de más importancia.
Porque habéis de tener por cierto, muy amados hermanos míos, que ninguno es tan perfecto ni tan santo, que no pueda ser mucho más perfecto y muchos más santo, y por esto es necesario, que todos en cualquier grado de virtud que nos hallemos, corramos sin diferencia alguna con amor piadoso, y suspiremos por pasar adelante, y según la gracia del Señor nos acompañare, nos esforcemos por mejorarnos.
Mucho le falta de la virtud cristiana en otros tiempos del año, al que en este santísimo de la Cuaresma no se mejora, y por esto las palabras del glorioso Apóstol que hoy habéis oído, nos han hablado muy a propósito, diciendo: ved aquí ahora el tiempo aceptable: ved aquí el día de la salud: ¿Qué cosa puede ser más acepta a Dios que este tiempo? ¿Qué cosa puede ser más saludable que estos días, en los cuales se pregona guerra abierta contra los pecados, y se buscan todos los medios por donde las virtudes crezcan? ¡O alma cristiana! Si en todos los tiempos de tu vida te conviene velar contra el enemigo de tu salud, y no dar lugar ni tiempo a los engaños de tu tentación, advierte, que en este tiempo sagrado es menester, que con mayor cuidado y cautela uses de la prudencia, porque sin duda ahora es cuando arde tu enemigo con más cruel envidia: en este tiempo crece su ira, viendo cuanto se le acorta en todo el mundo el poder de su malicia, y viendo que cuantos vasos tenía y poseía por suyos, le son en este tiempo sagrado quitados de su poder.
Echan todos de sobre sí este robador cruelísimo; no hay pueblo, nación, ni lengua que no consienta en arrojarle de sí: y en fin no hay linaje de hombres que usen de razón, que no desechen las leyes tiranas de este enemigo, porque por todas las partes del mundo se alistan nuevos soldados que toman a Jesucristo por su Capitán: y como se hacen nuevas criaturas por la gracia del Espíritu Santo, arrojan de sí la malicia que tenían con el pecado, y con ella el señorío de este tirano. Brama, pues, el furor de este enemigo hallándose despojado, y viendo, que en este santo tiempo perdió el mando antiguo que tenía, y vuelve a buscar alguna nueva ganancia. Como enemigo nunca cansado va penando sin jamás dormir, por ver si hallará algunas ovejas descuidadas que se hayan apartado de la manada de la Iglesia Santa, para guiarlas por los desiertos de los pecados, y por los despeñaderos carnales de los vicios, hasta dar con ellos en los corrales de la muerte; y para cumplir este su deseo malvado, enciende en los hombres la ira, cría odio en sus corazones, los abrasa en avaricia, los incita a la gula, y mata en ellos toda especie de continencia. ¿A quién no osará tentar el que se atrevió a tentar la persona sacratísima de Jesucristo?
Porque según la historia del Santo Evangelio, habiendo Cristo Redentor nuestro ayunado cuarenta días y cuarenta noches, y con este largo ayuno habiendo tenido por bien sentir hambre como hombre verdadero, el diablo se alegró, viendo que hallaba en él señales de ser mortal y pasible; mas por reconocer si había en él el poder grande que se temía, se llegó á su Majestad, diciéndole: si tú eres Hijo de Dios, di que estas piedras sean hechas panes. Pudiera muy bien la soberana omnipotencia , y muy fácil le era como á Criador de las cosas, mandar que una criatura se mudase en otra, así como en el convite de las bodas mudó el agua en vino; mas era cosa mas conveniente y saludable que esto se guiase por otro camino, y la Providencia Divina tuvo por bien, que la astucia de este malvado enemigo fuese vencida con el misterio de la humildad , y no con la omnipotencia de la alta Divinidad; y ¡así vencido el demonio, y confundidos todos sus maliciosos engaños, los Ángeles se llegaron al Señor, y le servían.
Quedan de este misterio confundidos los hijos y discípulos del diablo, los que llenos de la ponzoña de su padre han querido engañar alguna gente simple del pueblo, queriéndoles dar á entender, que en Cristo Redentor no había verdaderamente dos naturalezas , es á saber, humana y divina; queriendo despojar o a Dios de la humanidad ó al hombre de la divinidad , y estos dos errores heréticos fueron confundidos juntamente en este misterio; porque por la hambre corporal se mostró el Señor verdadero hombre, y por los Ángeles que le vienen á servir, se muestra verdadero Dios.
Y pues hemos aprendido, muy amados hermanos míos, por la boca de nuestro Maestro y Redentor Jesucristo, que el hombre no vive de solo pan, sino en la palabra de Dios, muy justa cosa es, que el pueblo cristiano por mucha necesidad que tenga de manjar corporal, desee mucho mas verse lleno de la palabra de Dios, que del manjar corporal.
Recibamos, pues, muy amados hermanos míos, este santo ayuno de la Cuaresma con muy cierta devoción , y con fe muy alegre: no pongamos nuestra perfección en estar desmayados por comer poco, que esto muchas veces lo hallamos en los hombres, ó por estar mal dispuestos de salud, ó por avaricia de no querer gastar: vaya nuestro ayuno acompañado de ardiente caridad y de alegría en el Señor, que con su gracia nos acompaña para ello, porque entonces seremos de los que la misma verdad dice: bienaventurados son todos los que tienen hambre y sed de justicia , que sin duda ellos se verán hartos.
Todos nuestros deleites y regalos han de ser ejercitarnos en las obras de piedad cristiana, y procurar mucho mantenernos con manjares que esfuerzan á las almas para subir al cielo.
Alegrémonos, amados hermanos, de ver hartos, contentos, y muy alegres á los pobres, mantenidos con nuestra substancia y dineros.
Alegrémonos en ver vestidos los desnudos, que hemos vestido con nuestras ropas, y los enfermos que están en las camas con enfermedad y pobreza, sientan nuestra piedad en el socorro que les hiciéremos, aliviando las flaquezas de los flacos , los trabajos de los desterrados , los huérfanos desamparados , las viudas, que con lágrimas y soledad son fatigadas.
En el socorro de todos estos toma muy gran perfección el ayuno; porque yo pienso, que unos mas, otros menos, no hay quien no pueda cumplir alguna de estas buenas obras: y tengo por muy cierto, que no hay hombre, que tenga poca hacienda, si tiene gran corazón; y la medida de la piedad no está colgada del compas de la heredad; porque la abundancia de buena voluntad y deseo, por pobre que sea la hacienda, nunca carece de merecimiento rico delante de Dios.
Mayores son las limosnas de los ricos, y muy menores las de los pobres; mas siendo el amor de los que ofrecen igual, no será el galardón desigual.
También debéis acordaros, muy amados hermanos míos , de que en esta santa Cuaresma hay tantos asuntos de virtudes , que ninguno se puede excusar; porque hay otras buenas obras , que las podemos cumplir sin abrir los silos del trigo, ni menoscabar la moneda de la bolsa ; y es desterrar de nosotros toda especie de regalo carnal: desterrar todos los banquetes , y grandes desordenes de gula: domar con las leyes de la castidad los torpes movimientos de la carne: mudar todos los rencores en amor del prójimo: las enemistades , convertirlas en sosegada paz : matar la ira con la paz del alma: perdonar las injurias con la mansedumbre del espíritu.
Los señores, y los criados, que se ordenen entre sí de tal manera, que los unos moderen su poder tratando mejor á los súbditos, y los otros se esfuercen con más amor á servir á sus Señores.
Con esta orden que habéis oído, amados hermanos míos, alcanzaremos la misericordia de Dios: y habiendo bien lavado todas las manchas de nuestra conciencia, vendremos á celebrar la solemnidad sacratísima de la Pascua con las almas claras y graciosas delante del Señor, que vive, y reina con el Padre, y el Espíritu Santo para siempre jamás sin fin. Amen.
+
FUENTE: Colección de homilías, o sermones de los más excelentes santos padres y doctores de la iglesia. Recopiladas por el doctor Alcuino, maestro del emperador Carlo Magno. Tomo Segundo. 1795. Págs.: 29-33.