Archivos de la categoría ‘Devoción a la Santísima Trinidad’

Oraciones a la Santísima Trinidad

Junio 7, 2009

del Siervo de Dios Padre Bernardo Clausi,

 para alcanzar una gracia particular

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A Ti sea la alabanza, a Ti la gloria, a Ti la acción de gracias, por todos los siglos. Amén.

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Eterno Padre, he aquí a esta miserable e impotente criatura que nada puede: reconoce su completa impotencia y la infinita Potencia vuestra; y a ese Poder infinito recurre en la presente necesidad. En vuestro Poder espera, en él confía. Pensadlo Vos, Padre mío. Gloria Patri.

Eterno Hijo, he aquí a esta miserable e ignorante criatura que nada sabe: reconoce su suma ignorancia y la infinita Sabiduría vuestra; y a ella recurre en la presente necesidad; en ella confía, a ella se abandona enteramente. Pensadlo Vos. Gloria Patri.

Eterno Espíritu Santo, he aquí a esta miserable e ingrata criatura que nada merece: reconoce su enorme ingratitud y la infinita Bondad vuestra; y a ella recurre en la presente necesidad, a ella se acoge. Pensadlo Vos: en Vos me abandono, en Vos confío. Gloria Patri.

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Importantes súplicas

Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad augustísima y santísima; oh, Jesús y María. – Angeles, Santos, y Santas del cielo, obtenednos estas gracias, que pedimos por la preciosísima Sangre de Jesucristo:

Hacer siempre la voluntad de Dios;

estar siempre unido a Dios;

no pensar más que en Dios;

amar sólo a Dios;

hacerlo y sufrirlo todo por Dios;

buscar sólo la gloria de Dios;

hacernos santos sólo por Dios;

conocer bien nuestra nada;

conocer y practicar siempre y en todo la amabilísima voluntad de Dios;

hacer siempre lo que Dios quiere, y querer lo que Dios hace, cueste lo que cueste.

María Santísima ofreced al Eterno Padre la Sangre preciosísima de Jesucristo por la santificación de nuestras almas; por las almas del Purgatorio; por las necesidades de la Iglesia y por todo el mundo.

Tres Gloria Patri a la preciosa sangre de Jesús; un Ave María a los Dolores de María Santísima y un Padre nuestro por las almas del Purgatorio. 100 días de indulgencia.

Trisagio

Junio 7, 2009

Acto de contrición

¡Oh, amabilísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en esencia y trino en personas, incomprensible en los secretos, admirable en la Providencia e infinito en todas las perfecciones! yo os adoro con el más profundo respeto, en Vos creo y espero; os amo sobre todas las cosas y me pesa de haberos ofendido. No permitáis que en adelante ofenda jamás a Trinidad tan augusta, tan santa y tan amable, sino que alabándoos y sirviéndoos ahora con todos los justos, logre después alabaros con los Angeles y amaros eternamente con los Serafines. Amén

Al Eterno Padre

Eterno Padre, principio y fuente de todo bien; increado, ingénito y centro de felicidad.

Gózome de veros tan superior a todo lo creado, que mi entendimiento se pierde en el océano de vuestras perfecciones infinitas.

Permitid que, unido a los Angeles, Arcángeles y Tronos, celebre vuestro inmenso poder, y os diga:

Un Padre nuestro, y nueve veces, alternando con el pueblo:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Oración al Hijo

¡Oh, Hijo divino, en todo igual al Padre, verdad infalible, camino seguro y vida felicísima del hombre! Os glorifico por todos vuestros soberanos atributos y os alabo por vuestras misericordias infinitas.

¡Ay, Jesús mío, que no he sido discípulo vuestro, sino de nombre!

Quiero serlo en realidad y para ello os pido vuestra gracia.

Uno mi voz a la de los Principados, Dominaciones y Potestades, para ensalzar con ellos vuestra infinita sabiduría, diciéndoos:

Padre nuestro, etc. Santo, Santo, etc.

Oración al Espíritu Santo

¡Oh, Espíritu Consolador, que procedéis del Padre, y del Hijo, amor increado, manantial de gracias, centro de toda dulzura, y no obstante, tan poco amado y conocido!

A lo menos me alegro del encendido amor con que os aman las Virtudes, los Querubines y los Serafines.

¡Quien pudiera amaros siempre, como esos Espíritus bienaventurados!

Permitid siquiera que, uniéndome a ellos, os diga con abrasado amor:

Padre nuestro, etc. Santo, Santo, etc

Luego se repite tres veces:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, libradnos, Señor de todo mal.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.

Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos la gloria de tu eterna Trinidad, y hacer que confesando una sola y verdadera fe, adorásemos la unidad de tu augusta Majestad: te rogamos, Señor, que en virtud de esta misma fe, nos veamos siempre libres de toda adversidad y peligro. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Trisagio a la Santísima Trinidad. Manual de Ntra Sra. del Huerto. Congregación de Nuestra Señora del Huerto. Bs. As.

Tres ofrecimientos a la Santísima Trinidad

Junio 7, 2009

para alcanzar la buena muerte

León XII, con rescripto de su propia mano, de 21 de octubre de 1823, concedió perpetuamente a todos los fieles cristianos cien días de indulgencia por cada vez que rezaren devotamente los tres siguientes ofrecimientos a la Santísima Trinidad, etc., para alcanzar una buena muerte; y a los que los rezaren diariamente por espacio de un mes, les concede, al fin del mismo, indulgencia plenaria, confesando, comulgando el día que bien les pareciere, y rogando además según la intención del Sumo Pontífice.

Dichas indulgencias pueden también aplicarse a las almas del Purgatorio. El citado rescripto original se conserva en el archivo de lso PP. MM. OO. de Aracaeli en Roma.

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LOS DICHOS OFRECIMIENTOS

I. Ofrezcamos a la santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias, por la preciosísima sangre que Jesús derramó por nosotros en el Huerto; y por los méritos del mismo, roguemos a su divina Majestad por la remisión de nuestros pecados.

Un Padre nuestro, un Ave María, y un Gloria Patri.

II. Ofrezcamos a la santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias, por la preciosísima muerte que padeció por nosotros en la cruz; y por los méritos del mismo, roguemos a su divina Majestad por la remisión de las penas debidas por nuestros pecados.

Un Padre nuestro, un Ave María, y un Gloria Patri

III. Ofrezcamos a la santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias, por la inefable caridad con que bajó del Cielo a la tierra a tomar carne humana y padecer y morir por nosotros en cruz; y por los méritos del mismo, pidamos a su divina Majestad, que, después de nuestra muerte conduzca nuestras almas a la gloria celestial.

Un Padre nuestro, un Ave María, y un Gloria Patri.

 

La Santísima Trinidad

Junio 7, 2009

Doctor Félix Sardá y Salvany, Pbro.
1844-1916

“Enseña la fe cristiana y creemos firmemente todos los verdaderos católicos, que Dios es Unidad y juntamente Trinidad.

Unidad de esencia o naturaleza y Trinidad de Personas. Cuales tres divinas Personas, subsistentes en la única naturaleza divina, se llaman en el dogma y teología católica Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por lo que mira a la Unidad de Dios es muy claro el testimonio que de ella dan a cada paso las Sagradas Escrituras.

Se afirma en el Símbolo cuando se dice Credo in unum Deum: “Creo en un solo Dios”.

En el Deuteronomio lo declara el mismo Dios a su pueblo cuando le dice: “Oye, Israel; el Señor Dios vuestro es un solo Dios”.

Y en otro lugar: “Yo Soy tu Dios y Señor, y no hay otro fuera de Mí”.

Y lo confirma la propia razón natural.

Porque si es Dios lo más culminante en perfección, en poder, en bondad, en belleza, lo sumo, en una palabra, en cuanto existe, no puede tener igual a sí; de donde se concluye en buena y sana filosofía que no hay Dios, o no hay más que un solo y verdadero Dios. Esto es en cuanto a la Unidad de la naturaleza divina.

En cuanto a la Trinidad de Personas no es menos categórica la Revelación.

“Id, dijo el Salvador, y enseñad a todas las gentes, y bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Quien esto creyere y fuere bautizado será salvo; quien, empero, no creyere, se condenará”.

Y en conformidad a esto se habla en otros diferentes capítulos de las tres divinas Personas, nombrándolas siempre de esta misma suerte: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Es éste el dogma fundamental de Cristianismo. Así que por su invocación se hace todo en nuestra Religión sacrosanta.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, somos bautizados, y acompañados de esta fórmula se administran los demás Sacramentos.

Las bendiciones y exorcismos de la Iglesia, sus rezos y predicaciones, la construcción de sus templos y el simbolismo de su culto, todo se empieza y se prosigue y se acaba en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

He aquí algunas frases más entrañables del rezo con que en tal día lo solemniza la Iglesia.

“¡Bendigamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo! ¡Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos!

Gracias a Ti, ¡oh Dios! Gracias a Ti, verdadera y una Trinidad, una y suma Deidad, santa y perfecta Unidad.

Unidad de Esencia te confesamos, ¡oh Dios!, y Trinidad de Personas. Que eternamente eres, vives y entiendes, lo reconocemos de todo corazón.

Te invocamos te alabamos, te adoramos, oh Trinidad beatísima. Esperanza nuestra eres, salud nuestra, honor nuestro, oh Santísima Trinidad. Líbranos, sálvanos, vivifícanos, trino Dios.

La fe que los santos Patriarcas y Profetas recibieron de Dios, aún antes de la Encarnación de su Hijo divino, y la que de Este vestido de carne mortal oyeron los Apóstoles, y que éstos guiados por el Espíritu santo enseñaron de palabra, y por escrito, nos dice que Dios es Trinidad, esto es, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y no sería Trinidad si fuese una misma Persona la que se llama Padre, Hijo y Espíritu Santo…

“Por la unidad de naturaleza todo el Padre está en el Hijo y en el Espíritu santo; todo el Hijo en el Espíritu Santo y en el Padre; todo el Espíritu Santo en el Padre y en el Hijo.
Ninguno de ellos está fuera de cualquiera de ellos; ninguno de ellos aventaja al otro en eternidad, o le excede en grandeza, o le supera en poder.” San Fulgencio

“¿Cuál de los católicos ignora que el Padre es el verdadero Padre, el Hijo verdadero Hijo, el Espíritu Santo verdadero Espíritu Santo? Lo dijo el Señor a sus Apóstoles: “Id y bautizad a todas las gentes en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” San Gregorio N.

“De El proceden todas las cosas; por El fueron hechas todas las cosas; en El subsisten todas las cosas ¡Sea a El la gloria por todos los siglos!

¡Bendita sea la Trinidad santa y su indivisible Unidad! Glorificadla, porque ha hecho brillar sobre nosotros su misericordia.

¡Oh profundidad de los tesoros de sabiduría y ciencia de Dios! ¡Cuan incomprensibles son sus juicios, cuán inapelables sus caminos! Porque ¿quién conoció los designios del Señor? O ¿Quién fue su consejero? Todas las cosas son de El, y todas las cosas son por El, y todas las cosas existen en El. ¡A El sea la gloria para siempre! Amén!. San Pablo.

“Dios omnipotente y eterno, que con la luz de tu fe diste a conocer a tus siervos la gloria de la eterna Trinidad, y les enseñaste a adorar en ella la Unidad de tu soberana naturaleza; confírmanos en esta misma fe, para que no nos abatan los males y adversidades del mundo. Por Cristo nuestro Señor tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo Dios por todos los siglos de los siglos. Así sea.”

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

He aquí una fórmula sencillísima que pronunciamos repetidas veces, y que si del modo debido la pronunciásemos nos bastaría para dejar perfectamente cumplidos los principales actos internos que prescribe la santa virtud de la Religión. Esta fiesta de la Santísima Trinidad, creemos es la ocasión más oportuna para llamar sobre eso la atención de nuestros amigos.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. es en primer lugar profesión de fe. Por ella reconocemos la existencia de Dios, su trina personalidad en la unidad simplicísima de su naturaleza; la divindad del Hijo y del Espíritu Santo iguales al Padre; la verdad de la revelación de Jesucristo que nos lo enseñó, y la de la Iglesia católica por El fundada y que es la que sostiene viva en el mundo esta enseñanza.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es el tributo de alabanzas con el cual reconocemos la gloria inefable de las tres divinas Personas, y reparamos en lo posible el agravio inmenso inferido a su honra con los pecados del mundo y especialmente con la horrible blasfemia que el infierno procura se levante a todas horas de él contra el trono de la soberana Majestad.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es acto de rendimiento y sumisión por el cual reconocemos y confesamos el abosluto señorío, que tiene la Trinidad beatísima sobre nosotros y sobre todas nuestras cosas, por los beneficios de creación, conservación, redención y justificación de que somos deudores a las tres divinas Personas.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es intención por la cual vivificamos con alma y vida sobrenaturales nuestro obrar, declarando que el principio y fin y regla de todas nuestras acciones, palabras y pensamientos no queremos sean otros que los que proceden del querer de Dios, de la ley de Dios y de los fines altísimos de la providencia de Dios; actuación sobrenatural que conviene practiquemos con más ahinco y con mayor frecuencia en nuestro siglo, en que todo lo quiere devorar y corroer el impío naturalismo.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es por todos estos conceptos símbolo de fe, himno de alabanza, homenaje de reparación, protesta de fidelidad, sello de ortodoxia.

Haber vivido y haber creído y haber esperado y haber obrado y haber hablado y haber fallecido en el espíritu de esta breve fórmula, es llevar a la otra vida la más clara y cierta señal de salvación.

Al empezar, pues, nuestros trabajos y al acabarlos; cuando sacudamos el sueño o cuando nos recojamos a él; cuando algo nos sorprenda o con imprevista alegría o con repentino temor, como exteriormente sella la Iglesia todos sus Sacramentos y ritos con esta fórmula, sellemos nosotros por lo menos interiormente con ella nuestra operación como con sobrenatural divisa. Y asi vivamos y muramos, y oremos y trabajemos, y combatamos y descansemos, y gocémonos o lloremos siempre En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Correlativo a este pensamiento de toda la vida del cristiano será después el cántico que nos ocupará y regocijará eternamente ¡Gloria al Padre! ¡Gloria al Hijo! ¡Gloria al Espíritu Santo!

Oscuridad luminosa

Podrá la impiedad echarnos en rostro que es oscuro el misterio, y nosotros no trataremos de negárselo, pues dejaría de ser misterio, si no tuviese oscuridad.

Mas lo que no puede negar la impiedad es que este misterio nos haya sido claramente revelado, porque el hecho de esta revelación está muy a la vista en los Libros sagrados.

Lo que no probará además la impiedad es que una cosa sea falsa por el solo hecho de ser oscura, y que una cosa por oscura que en sí sea no pueda y deba ser muy creíble, cuando es firme y de toda confianza la autoridad del que nos responde con su palabra de la certeza de su existencia.

Y aquí, aunque la cosa sea misteriosa y envuelta en sombras, o mejor, en focos de inaccesible luz mucho más viva y esplendorosa de lo que pueden resistir nuestras débiles pupilas, la palabra que nos la asegura es la del mismo Dios, que ni engañarse puede, ni puede engañarnos.

Así que, lo mismo en este misterio que en todos los demás de la Religión, la fe que prestamos a su verdad (aunque no la comprendamos) es el acto más racional de nuestra inteligencia cautivada en obsequio a Dios.

El apóstol San Juan, en una de sus Cartas apuntó a este propósito una razón concluyente cuando dijo: Si recibimos el testimonio de los hombres, más respetable es el testimonio de Dios.

Efectivamente, si no hemos de hacer a Dios de peor condición que sus criaturas, no podemos racionalmente negarle el asenso o crédito que a estas prestamos todos los días.

Nos duele tener que prestar actos de fe divina; y sin embargo ¿cuántos actos de fe humana ejercemos sin la menor dificultad? ¿No creemos en la ciencia sin comprenderla? El escalpelo del anatómico y la espátula del analizador químico tropiezan a cada paso con el misterio, ¿y dejan, por esto, de creer el uno en la verdad de la fisiología, y el otro en los datos de la química? ¿No creemos los hechos históricos que no hemos visto, por la autoridad de un historiador a quien tampoco hemos conocido? ¿No nos fiamos de la palabra de un amigo? ¿No descansamos en el testimonio de nuestros sentidos, que tan a menudo nos engañan? ¿Por qué no hemos de descansar en la autoridad de Dios y en la de la Iglesia fundada por Dios?

Pero se dirá que la oscuridad con que se nos presentan las verdades de la fe las hace sospechosas a la razón.Solía decir uno con mucha gracia, que lo más oscuro entre todo lo que existe es el sol, a quien no se puede mirar de hito en hito precisamente por ser demasiado luminoso. Así es la oscuridad de los misterios. No es oscuridad suya, es cortedad nuestra.

¿Y hay por ventura algo que no tenga esta oscuridad, algo que no sea un misterio? ¿cuál es la íntima naturaleza de esta pluma con que escribo, de este papel en que trazo los caracteres? ¿Quién es que puede jactarse de tener un conocimiento claro del ser más sencillo de la naturaleza? ¿Qué es esta luz que me alumbra? ¿Qué es este aire que me rodea? No me citéis sus componentes químicos, porque os preguntaré acerca de ellos, y no podréis responder a mi pregunta más que con vuestra confesión ¿Y queréis investigar los misterios del infinito? ¿Y queréis daros cuenta de la naturaleza y atributos del mismo Dios?

Todo lo que a Dios se refiere debe ser por necesidad superior a nuestros alcances. Y si no comprendemos lo que está bajo nosotros, ¿cómo extrañaremos no comprender lo que está por encima? El hombre más sabio se ve obligado a confesarse ignorante cada día ante cien y cien fenómenos que le ofrece esta tierra vil que huella con sus pies, y ¿habremos de rebelarnos neciamente por no comprender lo que existe en la región de los cielos a los que no puede penetrar nuestra débil vista?

Agradezcamos a la fe el habernos entreabierto algo la puerta que tales grandezas nos oculta, y en adoración sumisa y profunda aguardemos gozar, tras estos breves crepúsculos y vislumbres que ahora se nos conceden, el mediodía espléndido de la visión clara de Dios y de sus perfecciones en la gloria eterna.

El Santo Trisagio

De cuantas invocaciones y alabanzas se dirigen a la Trinidad Beatísima, es la más popular, y por decirlo así, la más clásica, aún hoy, entre los fieles, la que se conoce con el nombre de El Santo Trisagio.

Trisagio es palabra griega formada de dos que significan Santo tres veces repetido, aludiendo a la jaculatoria Santo, Santo Santo, etc., que forma lo esencial de esta devoción.

Sabido es su origen, que lo trae de los mismos cielos de donde lo oyó cantar un Profeta a las angélicas jerarquías, siendo éste el himno que allí sin cesar se entona por los bienaventurados a Dios Uno y Trino, como homenaje a su eterna y soberana Majestad. Y en efecto, cierta como semejanza del cielo tienen los grupos de la tierra, por quienes, con el fervor debido, se reza o se canta esta divina y celestial salmodia.(…)

Honremos con esta hermosa práctica a la Trinidad Santísima, y no dejemos se disminuya su tradicional ejercicio en nuestras iglesias y familias.

Gocémonos en preludiar desde el tiempo lo que cantaremos muy luego por toda la eternidad:

¡Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos!

¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo!

Año Sacro. Tomo Segundo. Tiempo y Fiestas después de Pentecostés. Barcelona. Ed. Casals. 1954.

TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Mayo 18, 2008

 

 

V. Abre mis labios, Señor, y anunciaré tu alabanza.

R. Atiende a mi sin tardanza; dame tu auxilio y favor.

 

V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

R. Así como era al principio, sea ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

 

 

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ACTO PREPARATORIO AL EJERCICIO

 

Benignísimo Dios, uno en esencia y trino en Personas: aquí tienes una de tus humildes criaturas, que reconoce en sí la venerable imagen de tu Trinidad Santísima. Confieso que no he cumplido con las obligaciones a que me empeña el honor de esta divina semejanza. He pecado, Dios mío; pero nunca negué, sino he creído constantemente en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo: que el Padre no tiene algún principio; que el Hijo es producido por el Padre, a quien es consustancial, y que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, de cuyo amor recíproco es término también consustancial a ambos, que el Padre no es primero que el Hijo, ni los dos primero que el Espíritu Santo. Adoro al Padre como Dios, al Hijo como Dios y al Espíritu Santo como Dios; y con todo, en los tres sólo creo y adoro un solo Dios. Yo no entiendo, Señor, este misterio; pero cautivo mi entendimiento en obsequio de la fe, para mayor gloria tuya y mérito mío. Ofrezco estos profundísimos sentimientos de religión, de reverencia y amor, como unos votos gratísimos a tu santidad, para que por ellos perdones tantas ofensas cometidas por mi contra tu Majestad increada. ¡Oh Trinidad beatísima! A ti suspira la trinidad miserable de mis potencias. Mi memoria muy enferma de fragilidad, mi entendimiento atestado de ignorancia, mi voluntad contagiada de inclinación al mal. Sánala, santifícala y dame auxilios para que jamás falte a los propósitos que te has dignado inspirarme: que yo protesto de todo corazón dedicarme desde hoy en adelante a mantener la nobleza de costumbres que corresponde al carácter de ti mismo con que me has sellado, y hacer todo el aprecio que me sea posible de tu gracia, y a valerme para conservarla de la devoción al misterio de tu augustísima Trinidad, en quien espero hallar misericordia, piedad y beneficencia para siempre. Amén.

 

 

 

HIMNO

 

Y a se va el Sol de fuego:

Tú, Unidad, Luz perenne,

Trinidad Santa, infunde

Tu amor en nuestras mentes.

De mañana y de tarde

Rogamos que nos lleves

A alabarte en el cielo

Con himnos reverentes.

 

 

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Al Padre, al Hijo, y a Tí, divino Espíritu, siempre la gloria que hasta aquí, sea dada eternamente. Amén.

 

Un Padre nuestro y Gloria al Padre

 

CON LOS SERAFINES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LOS QUERUBINES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LOS TRONOS

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

 

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ORACIÓN A DIOS PADRE

 

Omnipotente y sempiterno Dios Padre, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, uno en la esencia y trino en las Personas. Yo te adoro, venero y bendigo con las tres angélicas Jerarquías; y con los tres coros de la primera, amantes Serafines, sabios Querubines y excelsos Tronos, te aclamo Santo, Santo, Santo poderoso y eterno Padre del Verbo divino, principio del Espíritu Santo, Señor de los cielos y tierra, a quien  sea gloria por los siglos de los siglos. Amén

 

Otro Padre nuestro y Gloria al Padre.

 

CON LAS DOMINACIONES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LAS VIRTUDES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LAS POTESTADES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

 

 

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ORACIÓN A DIOS HIJO

 

Sabio y soberano Dios Hijo, hecho hombre por nosotros, que con tu eterno Padre y divino Espíritu eres un solo Dios, uno en esencia y trino en las Personas. Yo te venero, bendigo y adoro con las tres Jerarquías de los Ángeles, y con los tres Coros de la segunda, Dominaciones, Virtudes y Potestades, te aclamo Santo, Santo, Santo, Omnipotente, Verbo Divino y unigénito Hijo de Dios, principio del Espíritu Santo, Señor de los cielos y tierra, a quien sea gloria por los siglos de los siglos. Amén

 

Otro Padre nuestro y Gloria al Padre

 

CON LOS PRINCIPADOS.

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LOS ARCANGELES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

CON LOS ANGELES

 

V.Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos.

R.Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal. Ten misericordia de nosotros.

 

 

 

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ORACIÓN A DIOS ESPÍRITU SANTO

 

Amante Dios, Espíritu Santo, Amor divino, que con el eterno Padre y su unigénito Hijo eres un solo Dios, uno en la esencia y trino en las Personas. Yo te bendigo, adoro y venero con las tres jerarquías angélicas, y con los tres Coros de la tercera, Principados, Arcángeles y Ángeles, te aclamo Santo, Santo, Santo, divino Amor y suavísima unión del eterno Padre y del Hijo, procediendo en amor de uno y otro, Señor de los cielos y  tierra, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

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ANTIFONA

 

Tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son una misma cosa.

 

V.Bendigamos al Padre, al hijo y al Espíritu Santo.

 

R. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.

 

 

ORACIÓN

 

Altísimo e incomprensible Dios, que dentro del santuario de tu divina naturaleza, donde nadie entra, tienes encerrado el Misterio de tu Trinidad santísima, a quien no se puede correr el velo para verla de lleno, sino que todas las criaturas  debemos adorarla profundamente desde fuera, dígnate admitir nuestros humildes votos, deprecaciones y alabanzas, que presentamos reverentemente al pie del trono de tu inefable Majestad por los merecimientos de nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Tres Credos a la Santísima Trinidad

Mayo 18, 2008

 

Pidiendo una buena muerte  y nos libre de los males, que se expresan en los ofrecimientos

 

Dios y supremo Señor

Rey de los cielos y tierra

Del hambre, la peste y la guerra

Líbranos por tu amor

 

 

A DIOS PADRE

 

 

Creo en Dios Padre, etc.

 

Suplico, Dios Padre, me libres de muerte súbita y desapercibida y de pecado mortal; haz que sea auxiliado con los santos Sacramentos y buena disposición.

 

 

 

A DIOS HIJO

 

Creo en Dios Padre, etc.

 

Suplícote, Dios Hijo, Criador y Redentor mío, que pues eres mi Juez, ordenes mi vida de manera que te de buena cuenta de ella cuando me la pidas.

 

 

A DIOS ESPIRITU SANTO

 

Creo en Dios Padre, etc.

 

Suplícote Dios Espíritu Santo, me des gracia santificante hasta la muerte, y me libres de las penas del infierno. Amén

 

Dios Padre, yo te ofrezco mis pensamientos buenos: haz que todos los sean. Dios Hijo, yo te ofrezco mis palabras buenas: haz que todas lo sean. Dios Espíritu Santo, yo te ofrezco mis obras buenas: haz que todas las sean. Bendita y alabada sea la santísima Trinidad que crió a María santísima para tanto bien y remedio nuestro. Amén.

 

OFRECIMIENTO

 

Altísima Trinidad, Dios y Señor mío, conozco que nada soy, que nada tengo, ni me es posible tener: sólo lo que tu divina Majestad me ha dado y quiera concederme. De todo te doy infinitas gracias y alabanzas, y me ofrezco todo tuyo por tu esclavo, ahora y siempre protestando estar a tu voluntad santísima en esta vida, hasta ir a cantar tus misericordias en la gloria. Amén

 

ACTO DE SUMISIÓN

 

Dios mío, venerando profundamente los designios de tu Providencia, dejo a tu disposición mis bienes, mis esperanzas, mi honra, mi salud, mi vida; cuanto poseo, cuanto amo, cuanto necesito y cuanto soy, humildemente resignado en todo a tu voluntad santísima: sólo te pido y espero de tu infinita bondad y de tu infinito amor, como mi Dios, mi Creador, mi Bienhechor y mi Padre, que te dignes concederme los auxilios de tu divina gracia para que lleve con modestia la prosperidad, con paciencia las adversidades, con fortaleza las tribulaciones: y que cumpliendo puntualmente en cualesquier estado y condición tus preceptos en la tierra, merezca acompañarte y bendecirte por toda la eternidad entre los bienaventurados en el cielo. Amén