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Devoción para el Sagrado Adviento de las 1000 Ave Marías

Noviembre 26, 2009

La devoción de las 1000 Ave Marías practicada por Santa Catalina de Bolonia, empieza el 29 de Noviembre y termina el 25 de Diciembre.

Oración para todos los días

Con reverente sumisión, nos postramos a vuestros pies, ¡oh amorosa Madre de los pecadores! y os suplicamos humildemente, por los méritos de la Sangre de vuestro Divino Hijo y mediante vuestra intercesión y la de Santa Catalina, nos alcancéis espíritu de fervor para practicar debidamente esta preciosa devoción, juntamente con las gracias que Vos sabéis necesito para llegar a la santidad y mediante ésta, salvar mi alma. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

1º Decena.- Diremos diez Ave Marías, y al fin de cada una, la siguiente jaculatoria: Bendita sea; ¡oh María! la hora en la cual fuisteis consagrada Madre de Dios.

2º Decena.- Al fin de cada Ave María, diremos: Bendita sea, ¡oh María! la hora en la cual disteis a luz al Hijo de Dios.

3º Decena.- Al fin de cada Ave María, diremos: Bendita sea, ¡oh María! la primera gota de leche con que alimentasteis al Hijo de Dios.

4º Decena.- Al fin de cada Ave María, diremos: Bendito sea, ¡oh María! el primer abrazo que disteis al Niño Jesús, Hijo de Dios.

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Oración para el 25 de Diciembre

(Ofrecimiento de las mil Ave Marías y Bendiciones)

¡Gloria y alabanza al Dios Altísimo, que nos concedió su gracia para practicar este santo ejercicio, a imitación de su fiel Sierva Catalina!

Gloria y alabanza a Vos Madre de mi Dios y Madre mía, María, porque no dudo habréis recibido con agrado este humilde obsequio, aunque tan tibiamente practicado.

Os pido querida Madre mía, que en cambio de estas mil Ave Marías y Bendiciones, me otorguéis Vos dos solas Bendiciones: la primera, en vida, concediéndome la gracia de un verdadero arrepentimiento; la segunda en la hora de mi muerte, obteniéndome la final perseverancia, y con ella la salvación.

Y por esto, desde ahora os digo juntamente con la gloriosa Catalina. “Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María”. Amén.

Escuchad a María

Noviembre 7, 2009

 ¿Qué nos dirá María, nuestra Madre y Maestra?

En el Evangelio, encontramos una frase en la que María se manifiesta realmente como Maestra.

Es la frase que pronunció en las Bodas de Caná de Galilea.

Después de haber dicho a su Hijo: «No tienen vino», dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga».

“Estas palabras encierran un mensaje muy importante, válido para todos los hombres de todos los tiempos.

«Haced lo que Él os diga» significa: escuchad a Jesús, mi Hijo; actuad según su palabra y confiad en Él.

Aprended a decir «» al Señor en cada circunstancia de vuestra vida. Es un mensaje muy reconfortante, del cual todos tenemos necesidad.

«Haced lo que Él os diga».

En estas palabras, María expresa sobre todo el secreto más profundo de su vida. En estas palabras, está toda Ella. Su vida, de hecho, ha sido un «Sí» profundo al Señor.

Un «Sí» lleno de gozo y de confianza.

María, llena de gracia, Virgen inmaculada, ha vivido toda su existencia, completamente disponible a Dios, perfectamente en acuerdo con su voluntad, incluso en los momentos más difíciles, que alcanzaron su punto culminante en el Monte Calvario, al pie de la Cruz.

Nunca ha retirado su «», porque había entregado toda su vida en las manos de Dios: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc, 1,38).

 Al respecto, os recuerdo lo que destaca la Encíclica Redemptoris Mater: «En efecto, en la Anunciación, María se ha abandonado en Dios completamente, manifestando “La obediencia de la fe” a aquél que le hablaba a través de su mensajero y prestando “el homenaje del entendimiento y de la voluntad”.

Ha respondido, por tanto, con todo su “yo” humano, femenino, y en esta respuesta de fe estaban contenidas una cooperación perfecta con la gracia de Dios que previene y socorre» y una disponibilidad a la acción del Espíritu Santo que “perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones”» (Redemptoris Mater, n.13).

«Haced lo que Él os diga».

Esta breve frase contiene todo el programa de vida que María-Maestra realizó como primera discípula del Señor y que nos enseña en nuestros días. Es el programa de una vida que se apoya en un fundamento sólido que tiene como nombre: Jesús.

Buscando el sentido de la vida

Podemos constatar que el mundo en el que vivimos atraviesa momentos de crisis. Una de las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida. Muchos de nuestros contemporáneos han perdido el verdadero sentido de la vida; buscan sucedáneos en un consumismo desenfrenado, en la droga, el alcohol y el erotismo. Buscan la felicidad, pero el resultado de esta búsqueda es una profunda tristeza, un vacío y, muy a menudo, la desesperación.

En esta situación, muchos jóvenes se plantean interrogantes fundamentales: ¿Cómo vivir mi vida de modo que no la arruine? ¿Sobre qué cimientos construir mi vida para que sea verdaderamente bien lograda? ¿Qué debo hacer para dar un sentido a mi vida? ¿Cómo debo comportarme en las situaciones complejas y difíciles que a veces se viven en mi familia, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, con los amigos?… Son interrogantes, a veces, dramáticos, que ciertamente, también hoy, muchos de vosotros se plantean.

Vosotros todos, estoy seguro, queréis establecer vuestra vida sobre fundamentos sólidos, capaces de resistir las adversidades que no pueden faltar: queréis fundarla sobre la roca.

 Entonces, de frente a vosotros, esta María, la Virgen de Nazaret, la humilde sierva del Señor que os muestra a su Hijo diciendo: «Haced lo que Él os diga»; es decir, escuchad a Jesús, obedeced a Jesús, a sus mandamientos, confiad en Él. Éste es el único programa de vida para realizarse auténticamente y ser feliz. Ésta es la sola fuente que le da un sentido profundo a nuestra vida.”

“María os explica, queridos jóvenes, lo que significa creer en Dios y amar a Dios. La fe y el amor no se reducen a palabras o a sentimientos vagos.

Creer en Dios y amar a Dios significa vivir toda la vida con coherencia, a la luz del Evangelio.

Creer en Dios y amar a Dios significa comprometerse a hacer siempre lo que Jesús nos dice en las Escrituras y lo que nos enseña el Magisterio de la Iglesia.

Y esto no es fácil.

¡Sí! Muchas veces se necesita mucho coraje para ir contra la corriente de la moda o la mentalidad de este mundo.

Pero, lo repito, ésta es la única vía para edificarse una vida bien lograda y plena.”

Meditad sobre la vida de María

“Meditadla, sobre todo vosotras, ¡jóvenes! Para vosotras, pues, la Virgen Inmaculada es un modelo sublime de mujer consciente de su propia dignidad y de su alta vocación.

Meditadla también vosotros, ¡jóvenes! Escuchando las palabras que María pronunció en Caná de Galilea: «Haced lo que Él os diga», tratad de construir vuestra vida, desde el principio, sobre el sólido fundamento que es Jesús.

Os deseo que vuestra meditación sobre el misterio de María os lleve a imitarla en su vida: aprended de ella a escuchar y a poner en práctica la Palabra de Dios (cfr. Jn 2,5), aprended de ella a permanecer cerca del Señor, aunque ello pueda costaros mucho (cfr. Jn 19,25).

Os deseo que vuestra meditación sobre el misterio de María os lleve también a rezarla con confianza en el Rosario. ¡Tratad de descubrir la belleza del Rosario! ¡Que esta oración os vaya acompañando cada día de vuestra vida!”

Fragmentos del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la III Jornada Mundial de la Juventud dado el 13 de diciembre de 1987, tercer Domingo de Adviento.

Finalidad de la Legión: La Santificación Personal

Octubre 26, 2009

La Legión de María tiene por fin la santificación personal de sus propios miembros mediante la oración y la colaboración activa, bajo la dirección de la Jerarquía, a la obra de la Iglesia y de María de aplastar la cabeza de la serpiente infernal, y ensanchar las fronteras del reinado de Cristo.

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La importancia de la santificación

Dice San Luis María Grignion de Montfort en “El Secreto de María“:

“Alma, tú que eres imagen viviente de Dios (Gén 1,26) y has sido rescatada con la sangre preciosa de Jesucristo (1Pe 1,19), Dios quiere que te hagas santa como Él (Mt 5,48) en esta vida y que participes en su gloria por la eternidad.

Tu verdadera vocación consiste en adquirir la santidad de Dios. A ello debes orientar todos tus pensamientos, palabras y acciones, tus sufrimientos y las aspiraciones todas de tu vida.

De lo contrario, haces resistencia a Dios, por no realizar aquello para lo cual te ha creado y te conserva la vida.

¡Oh! ¡Qué obra tan maravillosa! ¡El polvo se vuelve luz, la fealdad resplandor, el pecado santidad, la creatura se transforma en su Creador y el hombre en Dios! ¡Sí, qué obra tan maravillosa!, lo repito. Pero difícil en sí. Más aún, imposible al ser humano abandonado a sus fuerzas. Sólo Dios con su gracia, y gracia abundante y extraordinaria, puede realizar con éxito semejante empresa; la creación del universo no es una obra maestra tan excelente como ésta…

¿Cómo lo vas a lograr? ¿Qué medios vas a escoger para llegar a la perfección a la que Dios te llama? Todo mundo conoce los medios de salvación y santificación; el Evangelio los consigna, los maestros de la vida espiritual los explican, los santos los llevan a la práctica. Son necesarios a cuantos quieren salvarse y alcanzar la perfección. Y consisten en la humildad de corazón, la oración continua, la mortificación universal, el abandono a la Providencia y la conformidad con la voluntad de Dios.

Para poner en práctica todos estos medios de salvación y santificación, necesitas absolutamente de la gracia y los auxilios divinos. Que -¿quién lo duda?- se conceden a todos, aunque en diversa medida. Digo esto porque, no obstante ser Dios infinitamente bueno, no da a todos su gracia con la misma intensidad (Rom 12,6). Pero da a cada uno la suficiente. Con fidelidad a una gracia mayor, realizarás grandes acciones; a una gracia menor, las realizarás limitadas. El precio y la excelencia de la gracia dada por Dios y acogida por el hombre aquilatan el precio y excelencia de nuestras acciones. Estos son principios incontestables.

Todo se reduce, pues, a encontrar un medio sencillo para alcanzar de Dios la gracia necesaria para hacernos santos. Yo te lo quiero enseñar. Y es que para encontrar la gracia, hay que encontrar a María.”

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¿Por qué María?

Porque:

1-Sólo María halló gracia delante de Dios (Lc 1,30), tanto para sí como para todos y cada uno de los hombres, a diferencia de los patriarcas y profetas y todos los santos del Antiguo Testamento, que no pudieron encontrarla.

2-María dio el ser y la vida humana al Autor de toda gracia. Por esto se la llama la Madre de la gracia.

3-Dios Padre, fuente única de todo don perfecto (Sant 1,17) y de toda gracia, al darle su propio Hijo, le entregó a María todas las gracias. De suerte que -como dice san Bernardo- en Cristo y con Cristo el Padre le ha entregado hasta su propia voluntad.

4-Dios la escogió como tesorera, administradora y distribuidora de todas sus gracias. De suerte que Él comunica su vida y sus dones a los hombres, con la colaboración de María. Y, según el poder que Ella ha recibido de Dios –en expresión de san Bernardino–, reparte a quien quiere, como quiere, cuando quiere y cuanto quiere de las gracias del Padre, de las virtudes del Hijo y de los dones del Espíritu Santo.

5- Así como en el orden natural, todo niño debe tener un padre y una madre, del mismo modo, en el orden de la gracia, todo verdadero hijo de la Iglesia debe tener a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien se jacte de tener a
Dios por Padre, pero no demuestre para con María la ternura y el cariño de un verdadero hijo, no será más que un impostor, cuyo padre es el demonio …

6.  María ha formado a Jesucristo, Cabeza de los predestinados. Ella debe, por tanto, formar también a los miembros de esta Cabeza que son los verdaderos cristianos.

7.  El Espíritu Santo se desposó con María, y en Ella, por Ella y de Ella produjo su obra maestra que es Jesucristo, la Palabra encarnada. Y dado que no la ha repudiado jamás, continúa produciendo todos los días a los predestinados en Ella y por Ella, de manera real, aunque misteriosa.

8.  María ha recibido de Dios un dominio especial sobre los predestinados para alimentarlos y hacerlos crecer en Jesucristo. San Agustín llega a decir que en este mundo todos los predestinados se hallan encerrados en el seno de María y que nacen definitivamente sólo cuando esta Madre bondadosa los da a luz para la vida eterna. De modo que, así como un niño saca todo su alimento de la madre, que se lo da proporcionado a su debilidad, del mismo modo los predestinados sacan todo su alimento y fuerza espirituales de María.

9. San Agustín llama a María molde viviente de Dios.Y, en efecto, lo es. Quiero decir que sólo en Ella se formó Dios como hombre perfecto, sin faltarle rasgo alguno de la divinidad, y que sólo en Ella se transforma el hombre perfectamente en Dios por la gracia de Jesucristo, en cuanto lo permite la naturaleza humana.

Alma querida, hay una gran diferencia entre un cristiano formado en Jesucristo por los medios corrientes y que -como los escultores- se apoya en su habilidad personal, y otro enteramente dócil, desprendido y disponible, que, sin apoyarse en sí mismo, confía plenamente en María para ser plasmado en Ella por el Espíritu Santo. ¡Cuántas manchas, defectos, tinieblas, ilusiones, resabios naturales y humanos hay en el primero! ¡Cuán purificado, divino y semejante a Jesucristo es el segundo!

10- No hay ni habrá jamás creatura alguna -sin exceptuar a los ángeles y santos del cielo-, en donde Dios manifieste su gloria con tanta perfección como en María. Ella es el paraíso de Dios, su mundo inefable, donde el Hijo de Dios ha entrado para realizar obras portentosas, guardarlo y complacerse en él. Dios creó un mundo para el hombre peregrino: es la tierra; un mundo para el hombre glorificado: es el cielo; un mundo para sí mismo: es María.
Ella es un mundo desconocido a casi todos los mortales. Un misterio impenetrable aun para los mismos ángeles y santos del cielo, que, contemplando al Dios trascendente, lejano e inaccesible, tan escondido y oculto en su mundo que es la excelsa María, exclaman día y noche con religioso estupor: ¡santo!, ¡santo!, ¡santo! (Is 6,3). 

¡Feliz una y mil veces en esta vida, aquel a quien el Espíritu Santo descubre el secreto de María, para que lo conozca!

¡Feliz aquel que puede entrar en este jardín cerrado y beber a grandes tragos el agua viva de la gracia en esta fuente sellada! (Cant 4,12 ).

En esta creatura amabilísima sólo se hallará a Dios: un Dios, a la vez, infinitamente santo y trascendente, e infinitamente cercano y al alcance de nuestra debilidad. Ciertamente Dios está en todas partes -hasta en el infierno se le puede hallar-. Pero en ningún sitio se le puede encontrar tan cercano y al alcance de la debilidad humana como en María pues para esto bajó a Ella. En todas partes es el Pan de los fuertes y de los ángeles; en María, en cambio, es el Pan de los niños.

11- Que nadie se imagine, pues, como ciertos pretendidos iluminados, que María -por el hecho de ser creatura constituya un obstáculo para la unión con el Creador. Ya no vive María; Cristo, o mejor, Dios sólo, vive en Ella (Gál 2,20). Su transformación en Dios supera a la de san Pablo y a la de los demás santos más de cuanto se eleva el cielo sobre la tierra. María se halla totalmente orientada hacia Dios y cuanto más nos acercamos a Ella tanto más íntimamente nos une a El. María es el eco portentoso de Dios . Que cuando alguien grita “¡María!”, responde “¡Dios!”; y, cuando -con santa Isabel- la proclamamos dichosa, responde glorificando a Dios (Lc 1,45-47).
Si los falsos iluminados, a quienes el demonio engaña tan miserablemente, incluso en la oración, hubiesen encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, no hubieran sufrido tan lamentables caídas. Una vez hayas encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, habrás encontrado –como dicen los santos– todos los bienes, sin excepción alguna, toda la gracia y amistad de Dios, la plena seguridad contra los enemigos de Dios, la verdad completa para combatir el error, la facilidad absoluta y la victoria definitiva en las dificultades que hay en el camino de la salvación, la dulzura y el gozo colmados en las amarguras de la vida.

12. No quiere decir esto que cuando hayas encontrado a María por una actitud de verdadero consagrado a Ella, vivas exento de cruces y sufrimientos. ¡Al contrario!
Tendrás que sufrir más que los demás. Porque María, la Madre de los vivientes, hace partícipes a sus hijos del Arbol de la vida, que es la cruz de Jesucristo. Pero, al repartirles grandes cruces les comunica también la gracia de cargarlas con paciencia y hasta con alegría. Ella, en efecto, endulza las cruces que da a los suyos y las convierte –por decirlo así– en golosinas o cruces almibaradas. Y si por algún tiempo estos amigos de Dios deben necesariamente beber el cáliz de la amargura, el consuelo y la alegría que reciben de su bondadosa Madre -después de la tristeza-, les animan inmensamente a cargar con cruces aún más pesadas y amargas.

Por lo tanto, para hacerse santo es necesaria una verdadera devoción a María.  El secreto consiste, pues, en encontrar de verdad a la excelsa María para hallar la abundancia de todas las gracias.

Dios, dueño absoluto de todo, puede comunicar directamente lo que de ordinario sólo concede por medio de María. Más aún, negar que actúe así algunas veces sería temerario.

Pero, según el orden establecido por la divina Sabiduría –como dice santo Tomás–, Dios no se comunica de ordinario a los hombres, en el orden de la gracia, sino por medio de María.

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 -Manual Oficial de la Legión de María. Publicado por el Concilium Legionis Mariae.

- San Luis María Grignion de Montfort: El secreto de María.

De cómo debe rezarse el Rosario

Octubre 12, 2009

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El Rosario debe rezarse con:

1-Pureza de alma,

2-Atención,

3-Combatiendo vigorosamente las distracciones.

4-Modestia,

5-Fe, humildad y confianza

6-Perseverancia

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PUREZA DE ALMA

“No es la duración, sino el fervor de nuestras oraciones lo que agrada a Dios y le gana el corazón”.

Una sola Avemaría bien dicha es más meritoria que ciento cincuenta mal dichas.

 Casi todos los católicos rezan el Rosario o al menos una tercera parte del mismo o algunas decenas de Avemarías. ¿Por qué, entonces, hay tan pocas personas que se corrigen de sus pecados y adelantan de veras en la virtud? ¡Porque no rezan como se debe!

Veamos, pues, cómo se debe rezar el Rosario para agradar a Dios y hacernos santos.

1. Quien reza el Rosario debe hallarse en estado de gracia o estar al menos resuelto a salir del pecado.

Efectivamente, la teología nos enseña que las buenas obras y plegarias realizadas en pecado mortal, son obras muertas que no logran agradar a Dios ni merecer la vida eterna. En este sentido dice la Escritura: No corresponde a los pecadores alabar (Eclo 15,9).

Ni la alabanza ni la salutación angélica, ni la misma oración de Jesucristo pueden agradar a Dios cuando salen de la boca de un pecador impenitente: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí (Mc 7,6).

He dicho “o estar, al menos, resuelto a salir del pecado”:

1. Porque si fuera necesario estar en gracia de Dios para orar en forma que le agrade, la consecuencia sería que quienes están en pecado mortal no deberían orar –no obstante tener más necesidad de ello que los justos– y, por consiguiente, no debería aconsejarse a un pecador que rece el Rosario o parte del mismo, porque le sería inútil. Lo cual es un error condenado por la Iglesia.

2. Porque, si te inscribes en alguna cofradía de la Santísima Virgen, rezas el Rosario o parte de él u otra oración con voluntad de permanecer en el pecado o sin intención de salir de él, pasarías a ser del número de los falsos devotos de la Santísima Virgen y de los devotos presuntuosos e impenitentes que bajo el manto de María, el escapulario sobre el pecho y el Rosario en la mano, van gritando: “Santa y bondadosa Virgen, yo te saludo, oh María!” y entre tanto, crucifican y desgarran cruelmente a Jesucristo con sus pecados y, desde las más santas cofradías de Nuestra Señora, caen lastimosamente en las llamas del infierno.

Aconsejamos el Rosario a todo el mundo: a los justos, a fin de que perseveren y crezcan en gracia de Dios; a los pecadores, para que salgan de sus pecados.

Pero no agrada ni puede agradar a Dios el que exhortemos a un pecador a hacer del manto protector de la Santísima Virgen, un manto de condenación para ocultar sus crímenes y cambiar el Rosario –que es remedio de todos los males– en veneno mortal y funesto. ¡La corrupción de lo mejor es la peor!

*

La Virgen María mostró un día hermosos frutos en una bandeja llena de inmundicias, a un impúdico que recitabaconstantemente el Rosario todos los días. El se quedó horrorizado. La Virgen le explicó: “¡Tú me sirves así! ¡Me presentas bellísimas rosas en un vaso sucio y contaminado! ¡Juzga tú mismo, si me agradarán!”. 

Rosa

ES NECESARIO REZAR CON ATENCIÓN

“Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario. Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios.

Orar a Dios con distracciones voluntarias sería una irreverencia capaz de hacer infructuosos nuestros rosarios y llenarnos de pecados.

¿Cómo pretender que Dios nos escuche, cuando no nos oímos a nosotros mismos? ¿Si, mientras suplicamos a tan Augusta Majestad, nos distraemos voluntariamente corriendo tras una mariposa? Esto equivale a alejar de ti la bendición del Señor y arriesgarte a recibir más bien la maldición lanzada por El contra quienes realizan la obra de Dios con negligencia: Maldito el que ejecuta con flojera el trabajo que Yahvé le ha encomendado (Jer 48,10).

Es verdad que no podrás rezar el Rosario sin padecer algunas distracciones involuntarias. Te será aun difícil recitar un Avemaría sin que la imaginación, siempre inquieta, te robe parte de la atención. Pero, sí te es posible rezar sin distracciones voluntarias.

Para disminuirlas y fijar la atención, debes utilizar toda clase de medios.Para ello: colócate en presencia de Dios, pensando en que El y su Santísima Madre te están mirando, que tu ángel de la guarda está a tu derecha recogiendo tus Avemarías bien dichas, como otras tantas rosas para tejer con ellas una corona a Jesús y a María y que, por el contrario, el demonio se halla a tu izquierda y merodea a tu alrededor para devorar tus Avemarías dichas sin atención, devoción ni modestia y anotarlas en su libro de muerte. Sobre todo, no omitas ofrecer cada decena en honor de los misterios. Represéntate en la imaginación al Señor y su Santísima Madre en el misterio que contemplas.

*

Se lee en la vida del Beato Hermann, premonstratense, que, cuando rezaba el Rosario con devota atención y meditando los misterios, se le aparecía la Santísima Virgen, resplandeciente de luz, hermosura y majestad. Habiéndose enfriado más tarde su devoción, rezaba el Rosario de carrera y sin atención. Se le apareció la Virgen María con el semblante arrugado, triste y repulsivo. Hermann se sorprendió por semejante cambio. Ella le explicó entonces: «Me presento ante tus ojos, como me hallo en tu alma. Pues me tratas como a persona ruin y Despreciable. ¿Qué fue de aquellos tiempos en que me saludabas con respeto y atención y meditabas mis misterios y grandezas?»

Rosa

 HAY QUE COMBATIR VIGOROSAMENTE LAS DISTRACCIONES

 “Así como no hay oración más meritoria para el alma ni más gloriosa para Jesús y María que el Rosario bien dicho, tampoco hay nada más difícil que rezarlo bien y con perseverante atención.

Esto, principalmente a causa de las distracciones que surgen así naturalmente de la repetición continua de la misma plegaria.

Cuando rezas el Oficio de la Virgen, los siete salmos u oraciones distintas del Rosario, el cambio o diversidad de términos frenan la imaginación y recrean el espíritu. Así es más fácil rezarlos bien. Pero en el Rosario, donde siempre encuentras los mismos Padrenuestros y Avemarías hilvanados en la misma forma, es fácil que te canses, te adormiles y lo abandones para irte en pos de oraciones más deleitosas y menos molestas. De suerte que necesitas más devoción para perseverar en el rezo del Santo Rosario que en el de cualquier otra plegaria, aunque sea el salterio de David.

La imaginación, siempre inquieta y que no se queda tranquila un solo instante, aumenta la dificultad. Otro tanto hará la malicia del demonio, incansable en su labor de distraernos e impedirnos orar. ¿Qué no moverá contra nosotros el maligno al vernos aplicados a rezar el Rosario en contra suya? Antes de iniciar nuestra oración, acrecienta la apatía y negligencia naturales. Durante la oración, aumenta el hastío, las distracciones y el decaimiento. Y cuando hemos terminado de orar, entre mil trabajos y distracciones, nos deprime de diversas maneras y se burla de nosotros diciéndonos: “No has hecho nada que valga la pena. Tu Rosario no vale nada. Pierdes el tiempo recitando tantas oraciones vocales sin atención. Media hora de meditación o una buena lectura te aprovecharían mucho más. Mañana, cuando estés menos adormilado, podrás orar con mayor atención. ¡Deja, pues, para mañana el resto de tu Rosario!” En esta forma, el diablo con sus artimañas consigue que abandones el Rosario en todo o en parte, lo cambies por otra oración o lo difieras.”

“Si es preciso que pases todo el Rosario combatiendo contra las distracciones, lucha valerosamente con las armas en la mano. Es decir, sigue rezándolo, aunque sin gusto ni consuelo sensible. Será una lucha terrible, pero muy saludable al alma fiel. Pero si rindes las armas, es decir, si dejas el Rosario, sales vencido y, en lo sucesivo, el demonio triunfador sobre tu fuerza de voluntad, te dejará en paz, pero en el día del juicio te reprochará tu pusilanimidad e infidelidad. El que se mostró digno de confianza en cosas sin importancia será digno de confianza también en las importantes (Lc 16, 10). Quien es fiel en rechazar las pequeñas distracciones durante una breve plegaria lo será igualmente en las grandes empresas. Nada más cierto: ¡son palabras de Espíritu Santo.! ¡Animo, pues, servidor bueno y fiel de Jesucristo y de la Santísima Virgen, que has tomado la resolución de rezar el Rosario todos los días! Que la multitud de moscas –llamo así a las distracciones que importunan mientras rezas– no logren jamás hacerte abandonar cobardemente la compañía de Jesús y de María, en la que te hallas al rezar el Rosario.”

Rosa

HAY QUE REZAR EL ROSARIO CON MODESTIA

“Permíteme añadir que hay que rezar el Rosario con modestia, es decir, –en cuanto posible– de rodillas, con las manos juntas y la camándula entre ellas. Sin embargo, en caso de enfermedad, puedes rezarlo en el lecho. De viaje, puedes rezarlo caminando. Si la enfermedad te impide arrodillarte, puedes rezarlo sentado o de pies. Puedes rezarlo también, mientras trabajas, si no te es posible dejar el trabajo por impedírtelo las obligaciones profesionales, dado que el trabajo manual no obstaculiza a la oración vocal. Ciertamente que nuestra alma, por ser limitada en la acción, estará menos atenta a las operaciones del espíritu, tales como la oración, cuando lo está al trabajo de las manos. Sin embargo, en caso de necesidad, una oración así tiene también su valor ante la Santísima Virgen, que recompensa más la buena voluntad que la acción exterior.

Te aconsejo dividir el Rosario en tres partes y recitarlo en tres tiempos diferentes del día. Es preferible esto a rezarlo todo de una vez. Si no te alcanza el tiempo para recitar de seguido toda una tercera parte, recita una decena acá y otra allá. Así habrás rezado tu Rosario entero antes de irte a acostar, a pesar de tus obligaciones y negocios.

*

Imita en esto la fidelidad de San Francisco de Sales. Hallándose, cierta noche, muy cansado a causa de las visitas que había tenido que hacer durante el día y siendo ya casi las doce de la noche, se acordó de que le faltaban aún algunas decenas por rezar. Se puso inmediatamente de rodillas y las rezó antes de acostarse, no obstante las recomendaciones de su capellán, que -viéndolo tan fatigado- le incitaba para que aplazara hasta el día siguiente lo que faltaba por rezar.”

Rosa

REZAD EL ROSARIO EN COMUNIDAD Y A DOS COROS

“Entre tantos métodos como existen de rezar el Rosario, el más glorioso para Dios, saludable para el alma y terrible para el demonio es el de salmodiarlo o rezarlo públicamente a dos coros.

Dios se complace en las asambleas. Todos los ángeles y santos congregados en el cielo le alaban incesantemente. Los justos de la tierra reunidos en varias comunidades le imploran en comunidad día y noche. El Señor aconsejó expresamente esta práctica a sus apóstoles y discípulos y les prometió que, cuantas veces se reunieran dos o tres en su nombre, El se encontraría en medio de ellos (Ver Mt 18,20) para rogar en su nombre y rezar la misma oración.

¡Qué alegría tener a Jesús en nuestra compañía! ¡Y pensar que para poseerlo basta solamente reunirse a rezar el Rosario! Es la razón por la cual los primeros cristianos se reunían tantas veces para orar juntos, a pesar de las persecuciones de los emperadores que les prohibían reunirse. Preferían exponerse a la muerte antes que faltar a sus asambleas, en las que tenían la certeza de que Jesús les hacía compañía.

La oración en común es la más saludable al alma:

1. porque de ordinario la mente está más atenta durante la oración pública que durante la privada;

2. porque, cuando se ora en comunidad, la oración de cada persona se convierte en la de toda la asamblea y todas juntas sólo forman una oración. De suerte que si algún particular no reza tan bien, otro que lo hace mejor suple su falta. El fuerte sostiene al débil, y el fervoroso enardece al tibio, el rico enriquece al pobre y el malvado se integra a los buenos. ¿Cómo vender un kilo de cizaña? ¡Basta mezclarla con cuatro o cinco de trigo bueno! ¡Y todo se vende!;

3. porque una persona que reza sola el Rosario tiene el mérito de un solo Rosario, pero si lo reza con treinta personas, adquiere el mérito de treinta rosarios. Tales son las leyes de la oración pública. ¡Qué ganancia! ¡Qué ventaja!

4. Urbano VIII -muy satisfecho de la devoción del Santo Rosario que se recitaba a dos coros en muchos lugares de Roma, especialmente en el convento de la Minerva concedió cien días de indulgencia cuantas veces se rece a dos coros: toties quoties. Así que todas las veces que se reza el Rosario en comunidad se ganan cien días de indulgencia;

5. porque, la oración pública es más eficaz que la individual para apaciguar la ira de Dios y obtener su misericordia.”

“Por último, el Rosario rezado en comunidad es mucho más terrible contra el demonio, pues se conforma un ejército entero para atacarlo. En ocasiones triunfa fácilmente sobre la oración particular. Pero, si ésta se une a la de los demás, sólo con dificultad logrará sus propósitos. Es fácil romper una varita. Pero, si la unes a otras y formas un haz, no podrás romperlo: la unión hace la fuerza. Los soldados se unen en batallón para derrotar al enemigo. Los malvados se unen con frecuencia para sus orgías y danzas. Los mismos demonios se unen para perdernos. ¿Por qué no han de reunirse los cristianos para gozar de la compañía de Jesucristo, aplacar la ira divina, alcanzar la gracia y misericordia del Señor y vencer y abatir más eficazmente a los demonios?

Amado cofrade del Rosario: vivas en la ciudad o en el campo, cerca de la iglesia parroquial o de una capilla, vete a ella –al menos todas las tardes– y –con permiso del rector de la iglesia y en compañía de cuantos lo deseen– reza el Rosario a dos coros. Haz otro tanto en tu casa o en la de cualquier particular, si no tienes la posibilidad de ir a la iglesia o a la capilla.”

Rosa

REZAD DIARIAMENTE EL ROSARIO CON FE, HUMILDAD Y CONFIANZA

“Separaos de los malos, pueblo de Dios, almas predestinadas y para escapar y salvaros de en medio de los que se condenan por su impiedad, indevoción y ociosidad, decidíos, sin pérdida de tiempo, a rezar con frecuencia el Santo Rosario, con fe, con humildad con confianza y con perseverancia.

“En primer lugar si piensas con seriedad en el mandato que nos dio Jesucristo de orar siempre y reflexionas en su ejemplo, en la urgente necesidad que tenemos de la oración, a causa de nuestras tinieblas, ignorancia y debilidad y de la multitud de enemigos que nos persiguen, no te contentarás con rezar el Rosario una vez al año –como lo exige la cofradía del Rosario Perpetuo- ni una vez a la semana -como lo prescribe la del Rosario Ordinario– sino que lo recitarás puntualmente todos los días –como lo pide la del Rosario Cotidiano– aunque no tengas otra obligación que la de salvarte. Jesús les propuso un ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse (Lc 18,1).

Estas son palabras eternas de Jesucristo, que es preciso creer y practicar, si no quieres condenarte. Explícalas como quieras. Pero no a la moda, para que no las vivas a la moda. Jesucristo nos dio la verdadera explicación con su ejemplo: Les he dado ejemplo, para que Uds., hagan lo mismo que yo… (Jn 13,15). Pasó la noche en oración con Dios ( Lc 6,12b). Como si no le bastara el día, dedicaba también la noche a la oración. Repetía con frecuencia a sus apóstoles estas palabras: Estén despiertos y orando ( Mt 26,41). El ser humano es débil. La tentación, próxima y continua. Y si no oras siempre, caerás en ella. Los apóstoles creyeron que el Señor sólo les daba un consejo, interpretaron erróneamente sus palabras y cayeron en la tentación y en el pecado a pesar de tener a Jesús en su compañía.

Estimado cofrade, no es necesario orar tanto ni rezar tantos rosarios, si quieres vivir a la moda y condenarte a la moda, es decir, cayendo de tiempo en tiempo en el pecado mortal para luego confesarte, evitando los pecados groseros y escandalosos y salvando las apariencias. Una corta oración por la mañana y por la tarde, uno que otro Rosario impuesto por penitencia, unas decenas de Avemarías a la carrera y cuando te venga en gana… te bastarán para aparecer ante el mundo como buen cristiano. Si haces menos, te acercas al libertinaje y si haces más, te aproximas a la singularidad y a la santurronería.

Pero es necesario que ores siempre, como lo enseñó Jesucristo, si –como cristiano auténtico– quieres de verdad salvarte y caminar tras las huellas de los santos, evitando caer en todo pecado mortal, rompiendo todas las cadenas y apagando todos los dardos encendidos de Satanás. Debes, al menos, rezar diariamente el Rosario u otras oraciones equivalentes.

Digo “al menos”, porque con el Rosario cotidiano alcanzarás cuanto es necesario para evitar el pecado mortal, vencer todas las tentaciones, en medio de los torrentes de iniquidad del mundo que arrastran con frecuencia a quienes se creen más seguros, en medio de los espíritus malignos más habilidosos que nunca y que sabiendo que les queda poco tiempo para tentar, lo hacen con mayor astucia y éxito.

¡Qué maravilla de la gracia del Santo Rosario! ¡Poder escapar del mundo, del demonio y de la carne y salvarte para el cielo!

Si no quieres aceptar lo que te digo, da crédito por lo menos a tu propia experiencia. Respóndeme: ¿eras, acaso, capaz de evitar ciertos pecados graves que sólo tu ceguera te hacía ver como insignificantes, cuando te contentabas con esas cortas oraciones hechas como las hace el cristiano
mediocre? ¡Abre, pues, los ojos! Ora y ora siempre, si quieres vivir y morir como santo; sin pecado mortal, por lo menos.

Reza todos los días, como hacían los cofrades del Rosario cuando se estableció la cofradía. Mas adelante encontrarás la prueba de cuanto te digo.

La Santísima Virgen al dar el Rosario a Santo Domingo, le ordenó rezarlo y hacerlo rezar todos los días. El Santo, por su parte, no recibía en la cofradía a nadie que no tuviera la firme resolución de rezarlo diariamente.

Si ahora no se exige en la cofradía del Rosario Ordinario sino la recitación de un Rosario semanal, ello obedece a que se ha apagado el fervor y enfriado la caridad. ¿Qué más se puede pedir a quienes rezan como a pesar suyo? Pero al principio no fue de esa manera (Mt 19,8).

 Es preciso, además, tener en cuenta tres advertencias:

La primera, que si deseas inscribirte en la cofradía del Rosario Cotidiano y participar en las oraciones y méritos de quienes ya están en ella, no basta con que te inscribas en la cofradía del Rosario Ordinario, ni que tomes simplemente la resolución de rezar el Rosario todos los días. Tienes que dar tu nombre a quienes han sido autorizados para inscribirte en ella. Será conveniente que te confieses y comulgues en esta circunstancia.

La razón de esta advertencia es que el Rosario Ordinario no incluye el Cotidiano, aunque este sí, al Ordinario.

La segunda, que absolutamente hablando, no hay pecado ni siquiera venial, si omites el rezo de Rosario Cotidiano, Semanal o Anual.

La tercera, que cuando la enfermedad, obediencia legítima, necesidad u olvido involuntario te impiden rezar el Rosario, no pierdes el mérito ni la participación en los rosarios de los demás cofrades. Y, por tanto, no es necesario –en absoluto– que al día siguiente reces dos Rosarios para suplir
al que faltaste sin culpa tuya, según suponemos. Pero, si la enfermedad te permite rezar una parte del Rosario, debes rezarla.”

“En segundo lugar, hay que recitar el Rosario con fe, conforme a las palabras de Jesucristo: Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo recibieron… (Mc 11,24). Cree que recibirás de Dios cuanto le pidas y El te escuchará y te responderá: Que te suceda como creíste (Mt 8,13). Si a alguno de Uds. le falta la sabiduría, pídala a Dios. Pero pídala con fe (Sant 1,5-6), recitando el Rosario y le será concedida.

En tercer lugar, hay que orar con humildad, como el publicano, que estaba de rodillas en tierra y no con una rodilla en el aire o sobre un banco, como hacen los orgullosos. Se quedó a la entrada sin atreverse a llegar hasta el fondo del santuario, como el fariseo. Tenía los ojos clavados en el suelo, sin atreverse a levantarlos al cielo. Sin levantar la cabeza ni mirando acá y allá, como el fariseo. Golpeándose el pecho, confesándose pecador e implorando perdón: Ten piedad de mí que soy un pecador ( Lc 18,13). Y no, como el fariseo que se vanagloriaba de sus buenas obras y despreciaba a los demás. Evita la orgullosa oración del fariseo que volvió a su casa más endurecido y maldito. Imita más bien la humildad del publicano en su oración que le obtuvo el perdón de los pecados. Evita correr en busca de lo extraordinario y pedir o siquiera desear conocimientos excepcionales, visiones, revelaciones y gracias extraordinarias que Dios comunica a veces a algunos santos, durante la recitación del Rosario. La fe sola es suficiente (Ver Heb 10,38; Gál 3,11), ahora que el Evangelio y todas las devociones y prácticas de piedad se hallan suficientemente establecidas.

No omitas nunca la menor parte del Rosario en las sequedades, desalientos y decaimientos interiores. Sería señal de orgullo e infidelidad. Como valiente campeón de Jesús y María, recita el Padrenuestro y el Avemaría en medio de la aridez, aunque sin ver, sentir ni gustar, esforzándote cuanto puedas por contemplar los misterios.

No suspires por los bombones y golosinas de los niños para comer tu pan de cada día. Para imitar más perfectamente a Jesús agonizante, prolonga la recitación de tu Rosario, precisamente cuanto más te cueste el rezarlo: En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba más intensamente (Lc 22,43). Así podrá aplicarse a tu caso, lo que se ha dicho de Jesucristo, quien cuando estaba en la agonía, oraba más largamente.

En cuarto lugar, ora con total confianza. Con una confianza fundada en la bondad y generosidad infinitas de Dios y en las promesas de Jesucristo. Dios es fuente de agua viva que corre incesantemente en el corazón de los que oran. Jesús es como el pecho del Padre Eterno, lleno de gracia y de verdad (Ver Jn 1,14. 16). Ahora bien el mayor deseo del Padre respecto de nosotros es comunicarnos las aguas saludables de su gracia y misericordia. Y nos grita: Todos los que tengan sed, vengan a beber agua (Is 55,1), en la oración. Y si no oras, se queja de que le abandonas: Me han abandonado a mí, que soy manantial de aguas vivas… ( Jr 2,13).

Pedir gracias a Jesucristo es causarle placer, un placer mayor que el que procura a las madres naturales dar a sus hijos el néctar de sus pechos. La oración es el canal de la gracia de Dios y a modo de pecho maternal de Jesucristo. Si no acudes a El con la plegaria -como deben hacerlo todos los hijos de Dios- Jesucristo se queja amorosamente: Hasta ahora no han pedido nada: pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen a la puerta y les abrirán (Mt 7,7; Jn 16,24). Más aún, para animarnos a pedirle con mayor confianza, llega a empeñar su palabra de que el Eterno Padre nos concederá cuanto le pidamos en su Nombre (Ver Jn 15,23).

Rosa

PERSEVERANCIA

“Sólo el que persevera en pedir, buscar y llamar, recibirá, encontrará y entrará.

No basta con pedir a Dios una gracia durante un mes, un año, diez años, veinte; no hay que enojarse “et non deficere“, y “no desfallecer”, es preciso pedir hasta la muerte y estar resuelto a obtener lo que se pide para la salvación o a morir, y aun es preciso unir a la muerte la perseverancia en la oración y la confianza en Dios. “Etiam si occidet me sperabo in eum“. Aun cuando quisiera darme la muerte, esperaría en Él y de Él lo que pido.”

“La liberalidad de los ricos y grandes del mundo, muéstrase previniendo por sus beneficios lo que necesitan los demás, aun antes que se lo pidan; pero Dios, por el contrario, se muestra su magnificencia en hacer buscar durante mucho tiempo y hacer pedir las gracias que quiere conceder; y cuanto más preciosa es la gracia que quiere otorgar; más tiempo difiere su concesión:

1º Para aumentarla de ese modo.

2º Para que quien la reciba la tenga en gran estima.

3º Para que tenga cuidado de no perderla después de recibida; porque no se estima mucho lo que en un momento y con poco trabajo se consigue.”

***

San Luis María Grignion de Montfort. El secreto admirable del Santísimo Rosario.  

El milagro de Calanda

Octubre 10, 2009

El milagro de Calanda

Por intercesión de Nuestra Señora del Pilar se restituyó a Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda, una pierna que hacía dos años y cinco meses que se la habían cortado y enterrado en el cementerio del Hospital. Sucedió este portentoso milagro en dicha villa, la noche del 29 de Marzo del año 1640.

Se trataba de la pierna de un joven labrador en la plenitud de sus 20 años (1617-1637). La fecha y lugar de la operación quirúrgica fue en el mes de Octubre y concretamente en el suntuoso hospital de Nuestra Señora de Gracia, ubicado en lo que es ahora la plaza de España de la ciudad de Zaragoza. El lugar de la recuperación de la pierna amputada fue la pobre casita de los padres de Miguel Pellicer, sita en la ladera del castillo de Calanda, a 118 kilómetros de Zaragoza. Por otro lado es admirable la precisión con que conocemos la recuperación del miembro perdido (entre las diez y las once de la noche del 29 al 30 de Marzo de 1640)

Provisto el pobre mutilado, a su salida del hospital, de una tosca “pata de palo” y de una muleta, alternaba algunos trabajos fáciles con su asidua asistencia al Templo del Pilar (primer Templo mariano del mundo), donde Miguel pedía habitualmente limosna y se encomendaba con fervor a Nuestra Señora del Pilar, ungiendo el muñón de su pierna con aceite que contenían las lámparas que ardían en honor de la Virgen.

Dos años y algunos meses después de la amputación en la segunda semana de Cuaresma de 1640, realizó Miguel Juan su deseo de volver a la casa de sus padres y para no agravar su pobreza salió varias veces a pedir limosna por los lugares circunvecinos; lo cual le sirvió para comer, pero también para que se divulgase más su enfermedad y hubiese más testigos oculares de la amputación de su pierna derecha. Testigos que con el tiempo confirmarían la realidad del milagro.

Efectivamente, el mencionado Jueves, 29 de marzo, lo pasó el buen mozo, ayudado por una hermana en trasladar estiércol desde una era al corral de su casa. Pero al llegar la noche, Miguel se encuentra muy cansado. Se reúne junto a la lumbre con sus padres y unos vecinos. Allí se quita delante de ellos la pierna de palo, y los paños que lleva para acomodar sobre ellos la rodilla, y se retira a descansar al aposento de sus padres donde tenía su cama, un pobre camastro al pie de la cama matrimonial, por haber reservado su verdadera cama a un soldado que tenían alojado en su habitación.

Cuando se encontraba en el cuarto, y siendo entre las diez y once de la noche, entró también la madre a preparar su descanso y viendo que por debajo de la cubierta asomaban dos piernas salió desconcertada del dormitorio y fue a buscar a su marido…

Notó el padre al entrar un olor nuevo, no acostumbrado en aquel lugar, pero “¿Quién sino su hijo puede ser aquel joven profundamente dormido?” Ningún desorden en la habitación, ni siquiera la ropa del camastro; pero fuera de la capa que hace de cubierta sobresalen los dos pies. Más de dos Credos costó a los padres, entre gritos y meneos despertar al durmiente.

Al fin, se inicia la reacción de Miguel Juan, el cual se da cuenta de la recuperación de su pierna. Pero no sabe cómo ha sido eso. Tan sólo recuerda que estaba soñando que se ungía el muñón de su herida en la capilla de la Virgen de Zaragoza. Ruega a sus padres que comprueben si se conservan en dicha pierna las antiguas cicatrices producidas por el mordisco de un perro; así es. Observan también, que la pierna está fría, parece más flaca y corta que la otra… No hay duda, se trata de la misma pierna que le cortaron en el Hospital… Pero, ¿cómo se ha conservado, sin acabar de corromperse, la pierna que se enterró ya gangrenosa? ¿De qué manera ha sido traída desde más de 100 kilómetros de distancia? ¿Cómo se ha verificado la implantación en el breve tiempo que ha durado el sueño del paciente? ¿Cómo este conserva normales sus funciones vitales en medio de mutaciones tan profundas?

…Una contestación bien sencilla aflora en las mentes de los padres y del hijo… y encuentra su expresión en muy pocas palabras, que surgen como un suspiro de inmensa e inmediata gratitud “¡MILAGRO DE LA VIRGEN…!” Tanto él como sus padres tuvieron por verdad que la Virgen Santísima del Pilar rogó a su Hijo Santísimo y Redentor nuestro, que por las oraciones que el mancebo hizo, le alcanzase de Dios nuestro Señor la misma pierna que estaba enterrada en el cementerio del hospital desde hacía dos años y cinco meses exactamente.

FUENTES TESTIMONIALES

Surge de esta manera inmediata la transmisión oral y popular del Milagro, que se ha conservado vivo hasta nuestros días y que cristalizó además en la construcción del Templo de Calanda, dedicado a la Virgen del Pilar y edificado, con el generoso trabajo del pueblo, sobre la pobre casa de los Pellicer.

La distancia de tres siglos y medio que nos separa del acontecimiento, ha servido para confirmar su solidez y grandeza e incluso para profundizar en la doctrina teológica del milagro; cuya importancia y dignidad no se han de medir tanto por lo maravilloso de su manifestación externa e inmediata, cuanto por su influjo sobrenatural y permanente: significativo de la voluntad salvadora de Dios y de su Amor a los hombres.

De todos los hechos se conocen datos y testimonios que verifican el milagro. Conocemos los datos esenciales relativos a la operación quirúrgica en Zaragoza, decidida y ejecutada por el famoso cirujano Dr. Juan Estanga, de cuya vida y defunción han quedado preciosos documentos. Asistieron también en la operación el Dr. Diego Millaruelo (cirujano perfectamente conocido) y el practicante D Juan Lorenzo García, quien con otro compañero dio sepultura a la pierna (cortada cuatro dedos por debajo de la rodilla) en el cementerio del establecimiento.

Después del milagro se iniciaron las pruebas documentales escritas. Primero ante las autoridades de la villa y consignando en un acto público por el notario del pueblo de Mazaleón, documento que se conserva en una vitrina del despacho del Alcalde de Zaragoza. Pues, aunque estos milagros normalmente no trascienden fuera de un reducido número de personas, en el milagro de Calanda quedó constancia del hecho irresistible para cualquier investigador. Se trata del llamado protocolo de Mazaleón, escrito a mano por el notario de esta localidad. D Miguel Andrey, y en el que quedó reflejada toda la actividad de dicho año de 1640. De esta forma y entre una serie de asuntos diversos, aparece entre los folios 66 al 73, la reseña del milagro con todos los testigos registrados por el notario.

El cinco de Junio de 1640, a instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, se inició el proceso ante el Arzobispo D Pedro Apaolaza, quien asesorado por teólogos y juristas, dictó sentencie el 27 de abril, “Pronunciamos y declaramos que a M J Pellicer le ha sido restituida milagrosamente su pierna que antes le habían cortado”.

Por último aparecen una tercera serie de testimonios; Las declaraciones de los testigos. Así en junio de 1640 se inicia un proceso que vuelve a corroborar el milagro y del que queda constancia en avisos y escritos. Concretamente el Jefe de la Diplomacia española, Gaspar de Bracamonte, Conde de Peñaranda, hizo el siguiente juramento el 9 de mayo de 1648: “juro santa y religiosamente haber visto con mis ojos al mencionado joven, haberle dado limosna, haber tocado su pierna y haber venerado en la potencia y misericordia de Dios. Fdo. Gaspar de Bracamonte, Conde de Peñaranda.”

Nadie podrá negar la realidad sobrenatural del prodigio obrado por mediación de Nuestra Señora del Pilar en el joven Miguel Juan Pellicer

Se conoce al cirujano que le amputó la pierna; a los padres del muchacho, y a otros muchos testigos que afirmaron haberle conocido sin pierna y que después se la vieron otra vez colocada y renacida en su cuerpo. Y que durante dos años y cinco meses, después del accidente estuvo el joven Miguel a la puerta del Pilar donde fue visto por un número incalculable de personas que acuden diariamente a la Basílica y todos ellos pudieron testificar después, para la posteridad, haberle visto con las dos piernas.

Bendigamos a Nuestra Madre del Cielo que desde su primera venida en carne mortal a Zaragoza, viene prodigando sus gracias y favores en todos los rincones de la tierra buscando la salvación de todos su hijos.

Sea Dios por siempre bendito y alabado. Amén

El Santo Rosario y las virtudes del Corazón de Jesús

Octubre 5, 2009

En cada Misterio del Santísimo Rosario os hallo a Vos, y se me ofrece para estudio alguna de vuestras más singulares virtudes. Así que es tan culto vuestro como de vuestra amantísima, el que con tan hermosa devoción se consagra a Vos y a Ella, por cuales títulos merece ser la predilecta de las almas cristianas, en todos los tiempos del año y muy particularmente en este mes.

Porque, en el Misterio primero de Gozo, os contemplo encarnado en el seno virginal de María, viviendo de su vida, recibiendo de su sangre y dando allí los primeros invisibles latidos por mi amor.

En el segundo, os veo inspirar a vuestra Madre el celo por la santificación del Bautista, por medio de la visita a Santa Isabel, y dando como el Precursor saltos de espiritual alegría, que se refleja en el rostro y palabras de aquellas dichosas madres.

En el tercero, os miro en Belén, despreciado de muchos y adorado de unos pocos, cantado por los Ángeles del cielo, virtiendo las primeras lágrimas por mi bien.

En el cuarto, os dais como víctima anticipada de redención por el hombre,y  os rescatan María y José, con el precio señalado por la Ley, a fin de guardaros para más sangriento sacrificio.

En el quinto, que es el primero de vuestro vida pública, os desprendéis de cariñosos lazos, sin tener en cuenta su aflicción, por atender sólo a la voluntad del Padre celestial, que os manda dar a los Doctores del templo y a todos los corazones del mundo esta primera sublime enseñanza.

En el primero de Dolor, ¡cómo os estoy viendo acongojado, tedioso, agonizante, orando y enseñándome a orar y a perseverar orando, a despecho de toda congoja, tedio y agonía!

En el segundo, sufrís la vergüenza de la pública desnudez y la afenta y desgarro de los azotes, para enseñarme práctiamente las asperezas de la mortificación, así en mi espíritu como en mi carne.

En el tercero, fue cuando, más que sobre vuestra cabeza os pusieron, Jesús mío, en vuestro Corazón como cruel cilicio, la corona de espinas con que siglos después habías de mostraros engalanado.

En el cuarto, ¡cómo palpitáis, Corazón divino, anhelante y sudoroso bajo el peso de la cruz! ¡Cómo os rompéis de pena al encontrar a vuestra Madre dolorida y al contemplar su horrible quebranto!

En el quinto, desde la cruz habla más que vuestra boca, vuestro Corazón, Jesús dulcísimo, al Padre, al ladrón, a la Madre y al discípulo, a los verdugos, aquellas Siete palabras, que son las cláusulas de vuestro último testamento a la pecadora humanidad.

No os hallo menos, Corazón divino, en los Misterios de Gloria; resucitado y radiante de luz en el primero, terror de vuestros enemigos, consuelo de vuestros amigos, prenda de lo que ha de ser nuestra futura resurrección; en el segundo, elevándoos majestuoso a los cielos; no dejando huérfanos a vuestros hijos, sino bajo la tutela de vuestra Madre y bajo la promesa del trono que vais a prepararles en aquella región feliz; en el tercero, confortándolos con el fuego del Espíritu Santo, primer don de vuestra protección a la naciente Iglesia, que después reiteráis y reproducís en cada uno de nosotros por medio de los siete Sacramentos; en el cuarto, os acercáis invisible a vuestra anciana Madre para llevarla, como un día me llevaréis a mí, a los goces y dulzuras del eterno descanso; en el quinto, la mostráis, Jesús mío, a cielos y tierra, a Angeles y a hombres, como Reina más que de todos ellos de vuestro Corazón, y la nombráis generosa llavera de vuestros tesoros, para honraros a Vos y honrarla a Ella y honrarnos a nosotros con tal título y prerrogativa, que cederá eternamente en gloria vuestra, en honra suya, y en nuestro auxilio y salvación.

Después de ésto, ¡Corazon divino!, ¿cómo no pensar en Vos cuando a vuestra soberana Madre se reza el Santo Rosario? ¿Cómo no tener también por devoción vuestra, ésta que por tantos conceptos dice estrecha relación a Vos?

Así a Vos y a ella lo rece yo cada día; así le practique cada noche en el doméstico hogar la familia cristiana; así lo cante el pueblo todo en nuestros templos, y fiestas y romerías.

Y mi corazón se junte al vuestro en cada Misterio para saludar y magnificar a vuestra excelsa Madre, y de Ella, y de Vos aprender las lecciones de ciencia espiritual, que enseñáis a vuestros devotos para reforma y perfección de su vida y logro feliz y santa muerte, con los nombres de Jesús y de María en los labios, y en el ósculo de vuestro amor y gracia.

Sardá y Salvany Pbro. Año Sacro. Tomo Segundo: Tiempo y Fiestas después de Pentecostés.

Oración a María, Reina de los Ángeles

Septiembre 27, 2009

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“María es la Generalísima de las huestes de Dios. Los Ángeles forman el escuadrón más soberano de Aquella que es temible como un ejército en orden de batalla.” (Boudon: La devoción a los nueve coros angélicos)

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Oración a la Reina de los Ángeles

¡Oh Augusta Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles! Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de satanás, os lo suplicamos humildemente, enviadnos las legiones angélicas, para que bajo vuestro mando, persigan a los demonios, combatan contra ellos en todas partes, repriman su audacia y los sepulten en el infierno.

 ¿Quién como Dios? Santos ángeles y arcángeles: defendednos, guardadnos.

 ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los santos ángeles para defenderme y para rechazar lejos al demonio, mi cruel enemigo.

***

Sobre la oración “Oh Augusta Reina” escrita por el Venerable Luis Eduardo Cestac, Fundador de la Congregación de las Siervas de María, Anglet, cerca de Bayona.

En 1863, un alma que tenía muy experimentadas las bondades de la Sma. Virgen, fue súbitamente herida como de un rayo de luz divina.

Parecióle ver a los demonios diseminados por toda la tierra, haciendo estragos inexplicables. Al mismo tiempo sintió su mente elevada hacia la Sma. Virgen, la cual le dijo que efectivamente los demonios andaban sueltos por el mundo y que había llegado la hora de rogarle como Reina de los Ángeles, pidiéndole que enviase las legiones santas para combatir y aplastar los poderes infernales.

Madre mía, dijo esta alma, ya que sois tan buena, ¿no podrías enviarlas sin que os lo rogáramos?

– No, respondió la Sma. Virgen; la oración es condición impuesta por Dios para alcanzar las gracias.

- En este caso, Madre mía, ¿querrías enseñarme Vos la manera de rogaros?

– Y creyó escuchar de la Sma Virgen, la oración “Oh Augusta Reina”.

El Señor Cestac fue el depositario de esta oración. Lo primero que hizo fue presentarla a Monseñor Lacroix, Obispo de Bayona, quien le dio su aprobación. Mandó imprimir inmediatamente medio millón de ejemplares, que distribuyó gratis por todas partes.

No estará demás advertir que durante la primera impresión, las máquinas se rompieron dos veces.

La oración “Oh Augusta Reina” se extendió rápidamente y fue aprobada por muchos obispos y arzobispos.

Un rescripto de San Pío X, de 8 de julio de 1908, concedió a quien rezare esta Oración trescientos días de indulgencias una vez cada día.

El Santísimo Nombre de María

Septiembre 11, 2009

“Así como unos cuantos días después de Navidad se celebra el Santo Nombre de Jesús, así también después de la fiesta de la Natividad de María se festeja su Santo Nombre.

Ocho días después de nacer la Virgen, y siguiendo en esto la costumbre judía, sus santos padres impusieron a su hija el nombre de María, no sin una inspiración divina, según dice San Jerónimo y San Antonino.

De ahí que en el curso de esta Octava celebre la liturgia una fiesta en honor de tan dulce Nombre .

España fue la primera en alcanzar de Roma autorización para celebrar esta fiesta (1513); hasta que en 1638 Inocencio XI la extendió a toda la Iglesia, para dar gracias a María por la victoria que Juan Sobieski, rey de Polonia, ganó contra el Turco que sitiaba a Viena amenazando a todo el Occidente.

“El nombre de la Virgen, dicel el Evangelio, era María” ” El nombre de María, en latín Dómina, significa Señora. Y, en efecto, siendo su Hijo el Amo del mundo, a María le pertenecía ser soberana del mismo desde su nacimiento” (Lec., Mait.) De ahí que, así como decimos de Jesús que es Nuestro Señor, así también llamamos a María Señora nuestra. Pronunciar su nombre es afirmar su omnipotencia suplicante.

María significa también “estrella del mar”. Ella, en efecto,  nos guía al navegar por el revuelto mar de este mundo y nos salva del naufragio. Pronunciemos su nombre con respeto y con cariño; será una prenda certera de salvación.

En las tribulaciones, en las angustias, mira, cristiano, a la Estrella, réspice Stellam, voca Mariam. Llama en tu auxilio a María. No se aparte de tu corazón; no se aparte de tu boca. (San Bernardo, Mait.)

Dom Gaspar Lefebrve OSB. Misal diario y vesperal. 1946.

Devoción al Dulce Nombre de María

Septiembre 10, 2009

AVE MARÍA PURÍSIMA
Sin pecado concebida

Puesto de rodillas, harás una profunda reverencia á la Virgen, te persignarás, y dirás después:

Alabado sea el dulcísimo nombre de Jesús y María. Amén.

AVE María Purísima, sin pecado concebida.

Luego rezarás cinco AVE María, y las ofrecerás con esta

Deprecación

Soberana Reina de los Ángeles, María Santísima, yo N. el mayor de los pecadores postrado á vuestros sacratísimos pies, os ofrezco las cinco Ave María que he rezado en honor y reverencia de las cinco letras de que se compone vuestro Dulcísimo Nombre, el que prometo fijar en lo íntimo de mi corazón, invocándole en adelante con mas devoción y frecuencia que hasta aquí: y os pido me perdonéis la negligencia y poca atención con que hasta ahora lo he ejecutado, y me alcancéis de vuestro Hijo Santísimo que en adelante le invoque devotamente, para que así logre las indulgencias concedidas por los Sumos Pontífices, y demás Prelados á los que de este modo lo practicaren: y enriqueciendo mi alma con este precioso tesoro, me disponga á tener feliz muerte, después de la cual, mediante vuestra intercesión y asistencia en ella, consiga la eterna gloria. Amén.

Ave María Purísima. Ave María Purísima. Ave María Purísima. Ave María Purísima. Ave María Purísima sin pecado concebida, llena de gracia.

Alabado sea el Santísimo Sacramento …

Están concedidos dos mil cuatrocientos y sesenta días de indulgencia, por cada vez que se diga devotamente esta deprecación á Nuestra Señora.

Tomado de : Buena muerte: fervosas suplicas, y tiernas alabanzas a María Santisima nuestra dulce madre, implorando su patrocinio para alcanzar la gracia de una buena muerte. Buenaventura, Luis de Granada
Imprenta de Joseph Herrera, 1790.

Una imagen con historia

Septiembre 6, 2009

MB

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Así comienza la historia

En 1245, el Papa Inocencio IV extendió en toda la Iglesia, el culto litúrgico a la Virgen Niña, cuya fiesta se celebra el 8 de setiembre.

En 1577, San Carlos Borromeo, consagró solemnemente la Basílica de Milán (il duomo), dedicándola oficialmente a la Natividad de María.

En 1735, Sor Isabel Clara Fornari, modeló en cera, la que llegaría a ser la milagrosa efigie de la Virgen Niña, con el atuendo propio de la época.

Por muchos años la devota efigie fue objeto de culto y veneración, por los numerosos favores y gracias recibidos, por intercesión de la Virgencita. La venerada imagen era expuesta todos los días 8, de cada mes.

Pero, en 1810, Napoleón suprimió los conventos y las Congregaciones Religiosas.

La imagen de la Virgen Niña quedó a la custodia de una Religiosa capuchina secularizada, que cuidó celosamente de la preciosa reliquia.

En 1842, Don Luis Bosio recibió la devota efigie y por una predilección especial de la divina Providencia, lo entregó a Sor Teresa Bosio, Superiora de las Hermanas de la Caridad de las Santas María Bartolomé Capitanio y Vicenta Gerosa, que dirigían el Hospital Ciceri de Milán.

Entre los enfermos, y devotos adquirió nuevo impulso el culto a María Niña, hasta que su plácida serenidad de pequeña Reina, fue trasladada al Noviciado de Milán.

En la fervorosa Comunidad de Casa Madre siempre permaneció viva y floreciente la devoción a la Virgen Niña y siempre se celebró con destacado fervor la fiesta de la Natividad de María, el 8 de septiembre.

Pero llegó el año de gracia; era el 9 de setiembre de 1884. La descolorida pero siempre atrayente imagen de la Virgencita, estaba expuesta en la enfermería del Noviciado para consuelo y esperanza de las enfermas.

La Madre General Sor Teodolinda Nazari, antes de guardarla, como era costumbre, quiso darla a besar a las enfermas. Entre éstas se encontraba la novicia Julia Macario, en estado de gravedad, en una inmovilidad absoluta, por graves contusiones a la cabeza; el médico temía una lesión cerebral.

La Novicia al tener cerca la Venerada Imagen siente aumentar  su fe y confianza en la Virgen, y le pide la curación. Con mucho esfuerzo consigue movilizar un brazo y al tocar la venerada imagen desaparecen los espasmos. En ese mismo instante los miembros adquieren sus movimientos, se libera de todas las ataduras y grita: “Estoy curada” “Estoy sana” y recorriendo la enfermería, y los corredores sin restos de dolor ni debilidad permanece en pie todo el día.

*

Fue este el Primer Milagro

“9 de setiembre de 1884″

Pero la Virgencita quiso llenarnos de mayor estupor. La Efigie modelada por Sor Isabel C. Fornari contaba ya más de un siglo y medio; el tiempo había dejado sus huellas en ella, y se la veía descolorida y oscurecida. Cuando de pronto, fue adquiriendo una belleza inusitada, a la vista de todos apareció la imagen hermosísima de una belleza casi sobrehumana, sin que nadie pusiera manos sobre ella.

 Desde ese día una fecha luminosa queda grabada en la historia del Instituto.

Debido a tantos hechos extraordinarios, el pueblo llamó a las Hermanas de la Caridad: “Hermanas de la Virgen Niña” y será este su gran título de honor.

Con otros nuevos milagros, quiso probar la Celestial Taumaturga su poder de intercesión.

Es clásico, en el Instituto el caso de Sor Cruz Mismetti. Esta religiosa cuidaba de las jóvenes en una Correccional de Mujeres en Verona. Pero hacía más de un año que estaba postrada en cama y deshauciada de los médicos, la enfermedad había consumido los pulmones, y se esperaba de un momento a otro el triste desenlace.

Las jóvenes penitentes no se resignaban a perder a la que amaban como a una madre, rogaban con fe y confianza ilimitada pidiendo a la Virgen Niña su curación.

Al terminar una novena ofrecida a la Virgencita, en la tarde del 5 de enero de 1885, la Religiosa siente operarse en su cuerpo un cambio milagroso, desaparece la fiebre y sus miembros adquieren un vigor extraordinario: curada repentinamente Sor Cruz Mismetti trabajó entre sus jóvenes muchos años aún, hasta 1922 en que murió.

Sor Josefina Woinovich, después de 17 meses de inmovilidad por parálisis general, cura repentinamente mientras besa la milagrosa imagen. La admiración, el estupor, el entusiasmo de las presentes y de su misma madre la baronesa de Woinovich es indescriptible.

La Virgen Niña cuida también de sus hijas de América y así lo ha demostrado.

La Virgencita de la Capilla del Colegio de Villa del Parque (Capital Federal, Argentina), tiene también su pequeña historia.

Una noche del mes de diciembre de 1923, cuando la Capilla daba sobre Cuenca, unos extraños entraron en la Capilla, bajaron la Imagen de la Virgen Niña del nicho que estaba sobre el Altar, para sacarle los ex votos que la piedad agradecida de los fieles habían ofrecido a la Virgen. Al querer forzar el Sagrario para llevarse los copones, prendieron fuego.

¿Y la Virgencita? Toda quemada menos la carita – y esta era de cera – milagrosamente intacta.

LLevada a Milán, en la Casa Madre, recompusieron la imagen, que es la misma que hoy desde su Cuna, nos sonríe y nos invita a confiar en su milagrosa intercesión.

Tomado de “Una imagen con historia”. Preparado por las Hermanas de la Virgen Niña en homenaje en el centenario de su primer milagro. 1984. 

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NOVENA PARA ALCANZAR GRACIAS

ESPECIALES DE LA VIRGEN NIÑA

-Santísima Virgen Niña que fuiste el objeto de celestiales complacencias, desde toda la eternidad, por los singulares privilegios con que te enriqueció la Trinidad Santísima, vuelve hacia mí, compasiva, tus miradas maternales, a mí, pobre de toda virtud y alcanzadme del misericordioso Señor, la gracia que aquí a tus pies imploro. AVE MARÍA.

-Santísima Virgen Niña, ante la cual los ángeles se inclinan llenos de asombro y admiración, mientras cantan las alabanzas de su Reina; por los homenajes y celestiales obsequiso con que los espíritus bienaventurados rodean tu Cuna, dígante alcanzarme del Soberano Señor la gracia que tanto deseo y espero. AVE MARÍA

-Santísima Virgen Niña, gloria y alegría de tus santos padres: Joaquín y Ana, por la generosidad con que retribuiste los cuidados que se tomaron por tu bendita infancia, escucha con bondad mis súplicas y por amor a Ellos, alcánzame de Dios Todopoderoso la gracia que imploro. AVE MARÍA.

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 ORACIÓN

¡Oh Niña Celestial!, que con tantos prodigios de gracias te dignaste mostrar tus deseos de ver honrada tu tierna infancia – aquel período de tu existencia que fue tan grande ante Dios – por el privilegio de tu Inmaculada Concepción y natividad dichosa, Tú la más privilegiada entre las hijas de Eva, vuelve hacia mí, desde esa preciosa Cuna, tus ojos llenos de dulzura y bondad, y continuando tu oficio de Mediadora y Abogada, haz que vea cumplida mi súplica.

Salga yo alentada en mis esperanzas de tu venerada Cuna, y consiga las gracias y los consuelos que te pido.

A mí y todos, ¡oh María!, alcanzadnos el verdadero espíritu de la devoción a Ti, ¡oh Virgen Niña!, y el don inapreciable de la perseverancia final. Así sea.

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La imagen de la Santísima Virgen Niña se venera en Baigorria 3168. Capital Federal.