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De cómo debe rezarse el Rosario

Octubre 12, 2009

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El Rosario debe rezarse con:

1-Pureza de alma,

2-Atención,

3-Combatiendo vigorosamente las distracciones.

4-Modestia,

5-Fe, humildad y confianza

6-Perseverancia

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PUREZA DE ALMA

“No es la duración, sino el fervor de nuestras oraciones lo que agrada a Dios y le gana el corazón”.

Una sola Avemaría bien dicha es más meritoria que ciento cincuenta mal dichas.

 Casi todos los católicos rezan el Rosario o al menos una tercera parte del mismo o algunas decenas de Avemarías. ¿Por qué, entonces, hay tan pocas personas que se corrigen de sus pecados y adelantan de veras en la virtud? ¡Porque no rezan como se debe!

Veamos, pues, cómo se debe rezar el Rosario para agradar a Dios y hacernos santos.

1. Quien reza el Rosario debe hallarse en estado de gracia o estar al menos resuelto a salir del pecado.

Efectivamente, la teología nos enseña que las buenas obras y plegarias realizadas en pecado mortal, son obras muertas que no logran agradar a Dios ni merecer la vida eterna. En este sentido dice la Escritura: No corresponde a los pecadores alabar (Eclo 15,9).

Ni la alabanza ni la salutación angélica, ni la misma oración de Jesucristo pueden agradar a Dios cuando salen de la boca de un pecador impenitente: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí (Mc 7,6).

He dicho “o estar, al menos, resuelto a salir del pecado”:

1. Porque si fuera necesario estar en gracia de Dios para orar en forma que le agrade, la consecuencia sería que quienes están en pecado mortal no deberían orar –no obstante tener más necesidad de ello que los justos– y, por consiguiente, no debería aconsejarse a un pecador que rece el Rosario o parte del mismo, porque le sería inútil. Lo cual es un error condenado por la Iglesia.

2. Porque, si te inscribes en alguna cofradía de la Santísima Virgen, rezas el Rosario o parte de él u otra oración con voluntad de permanecer en el pecado o sin intención de salir de él, pasarías a ser del número de los falsos devotos de la Santísima Virgen y de los devotos presuntuosos e impenitentes que bajo el manto de María, el escapulario sobre el pecho y el Rosario en la mano, van gritando: “Santa y bondadosa Virgen, yo te saludo, oh María!” y entre tanto, crucifican y desgarran cruelmente a Jesucristo con sus pecados y, desde las más santas cofradías de Nuestra Señora, caen lastimosamente en las llamas del infierno.

Aconsejamos el Rosario a todo el mundo: a los justos, a fin de que perseveren y crezcan en gracia de Dios; a los pecadores, para que salgan de sus pecados.

Pero no agrada ni puede agradar a Dios el que exhortemos a un pecador a hacer del manto protector de la Santísima Virgen, un manto de condenación para ocultar sus crímenes y cambiar el Rosario –que es remedio de todos los males– en veneno mortal y funesto. ¡La corrupción de lo mejor es la peor!

*

La Virgen María mostró un día hermosos frutos en una bandeja llena de inmundicias, a un impúdico que recitabaconstantemente el Rosario todos los días. El se quedó horrorizado. La Virgen le explicó: “¡Tú me sirves así! ¡Me presentas bellísimas rosas en un vaso sucio y contaminado! ¡Juzga tú mismo, si me agradarán!”. 

Rosa

ES NECESARIO REZAR CON ATENCIÓN

“Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario. Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios.

Orar a Dios con distracciones voluntarias sería una irreverencia capaz de hacer infructuosos nuestros rosarios y llenarnos de pecados.

¿Cómo pretender que Dios nos escuche, cuando no nos oímos a nosotros mismos? ¿Si, mientras suplicamos a tan Augusta Majestad, nos distraemos voluntariamente corriendo tras una mariposa? Esto equivale a alejar de ti la bendición del Señor y arriesgarte a recibir más bien la maldición lanzada por El contra quienes realizan la obra de Dios con negligencia: Maldito el que ejecuta con flojera el trabajo que Yahvé le ha encomendado (Jer 48,10).

Es verdad que no podrás rezar el Rosario sin padecer algunas distracciones involuntarias. Te será aun difícil recitar un Avemaría sin que la imaginación, siempre inquieta, te robe parte de la atención. Pero, sí te es posible rezar sin distracciones voluntarias.

Para disminuirlas y fijar la atención, debes utilizar toda clase de medios.Para ello: colócate en presencia de Dios, pensando en que El y su Santísima Madre te están mirando, que tu ángel de la guarda está a tu derecha recogiendo tus Avemarías bien dichas, como otras tantas rosas para tejer con ellas una corona a Jesús y a María y que, por el contrario, el demonio se halla a tu izquierda y merodea a tu alrededor para devorar tus Avemarías dichas sin atención, devoción ni modestia y anotarlas en su libro de muerte. Sobre todo, no omitas ofrecer cada decena en honor de los misterios. Represéntate en la imaginación al Señor y su Santísima Madre en el misterio que contemplas.

*

Se lee en la vida del Beato Hermann, premonstratense, que, cuando rezaba el Rosario con devota atención y meditando los misterios, se le aparecía la Santísima Virgen, resplandeciente de luz, hermosura y majestad. Habiéndose enfriado más tarde su devoción, rezaba el Rosario de carrera y sin atención. Se le apareció la Virgen María con el semblante arrugado, triste y repulsivo. Hermann se sorprendió por semejante cambio. Ella le explicó entonces: «Me presento ante tus ojos, como me hallo en tu alma. Pues me tratas como a persona ruin y Despreciable. ¿Qué fue de aquellos tiempos en que me saludabas con respeto y atención y meditabas mis misterios y grandezas?»

Rosa

 HAY QUE COMBATIR VIGOROSAMENTE LAS DISTRACCIONES

 “Así como no hay oración más meritoria para el alma ni más gloriosa para Jesús y María que el Rosario bien dicho, tampoco hay nada más difícil que rezarlo bien y con perseverante atención.

Esto, principalmente a causa de las distracciones que surgen así naturalmente de la repetición continua de la misma plegaria.

Cuando rezas el Oficio de la Virgen, los siete salmos u oraciones distintas del Rosario, el cambio o diversidad de términos frenan la imaginación y recrean el espíritu. Así es más fácil rezarlos bien. Pero en el Rosario, donde siempre encuentras los mismos Padrenuestros y Avemarías hilvanados en la misma forma, es fácil que te canses, te adormiles y lo abandones para irte en pos de oraciones más deleitosas y menos molestas. De suerte que necesitas más devoción para perseverar en el rezo del Santo Rosario que en el de cualquier otra plegaria, aunque sea el salterio de David.

La imaginación, siempre inquieta y que no se queda tranquila un solo instante, aumenta la dificultad. Otro tanto hará la malicia del demonio, incansable en su labor de distraernos e impedirnos orar. ¿Qué no moverá contra nosotros el maligno al vernos aplicados a rezar el Rosario en contra suya? Antes de iniciar nuestra oración, acrecienta la apatía y negligencia naturales. Durante la oración, aumenta el hastío, las distracciones y el decaimiento. Y cuando hemos terminado de orar, entre mil trabajos y distracciones, nos deprime de diversas maneras y se burla de nosotros diciéndonos: “No has hecho nada que valga la pena. Tu Rosario no vale nada. Pierdes el tiempo recitando tantas oraciones vocales sin atención. Media hora de meditación o una buena lectura te aprovecharían mucho más. Mañana, cuando estés menos adormilado, podrás orar con mayor atención. ¡Deja, pues, para mañana el resto de tu Rosario!” En esta forma, el diablo con sus artimañas consigue que abandones el Rosario en todo o en parte, lo cambies por otra oración o lo difieras.”

“Si es preciso que pases todo el Rosario combatiendo contra las distracciones, lucha valerosamente con las armas en la mano. Es decir, sigue rezándolo, aunque sin gusto ni consuelo sensible. Será una lucha terrible, pero muy saludable al alma fiel. Pero si rindes las armas, es decir, si dejas el Rosario, sales vencido y, en lo sucesivo, el demonio triunfador sobre tu fuerza de voluntad, te dejará en paz, pero en el día del juicio te reprochará tu pusilanimidad e infidelidad. El que se mostró digno de confianza en cosas sin importancia será digno de confianza también en las importantes (Lc 16, 10). Quien es fiel en rechazar las pequeñas distracciones durante una breve plegaria lo será igualmente en las grandes empresas. Nada más cierto: ¡son palabras de Espíritu Santo.! ¡Animo, pues, servidor bueno y fiel de Jesucristo y de la Santísima Virgen, que has tomado la resolución de rezar el Rosario todos los días! Que la multitud de moscas –llamo así a las distracciones que importunan mientras rezas– no logren jamás hacerte abandonar cobardemente la compañía de Jesús y de María, en la que te hallas al rezar el Rosario.”

Rosa

HAY QUE REZAR EL ROSARIO CON MODESTIA

“Permíteme añadir que hay que rezar el Rosario con modestia, es decir, –en cuanto posible– de rodillas, con las manos juntas y la camándula entre ellas. Sin embargo, en caso de enfermedad, puedes rezarlo en el lecho. De viaje, puedes rezarlo caminando. Si la enfermedad te impide arrodillarte, puedes rezarlo sentado o de pies. Puedes rezarlo también, mientras trabajas, si no te es posible dejar el trabajo por impedírtelo las obligaciones profesionales, dado que el trabajo manual no obstaculiza a la oración vocal. Ciertamente que nuestra alma, por ser limitada en la acción, estará menos atenta a las operaciones del espíritu, tales como la oración, cuando lo está al trabajo de las manos. Sin embargo, en caso de necesidad, una oración así tiene también su valor ante la Santísima Virgen, que recompensa más la buena voluntad que la acción exterior.

Te aconsejo dividir el Rosario en tres partes y recitarlo en tres tiempos diferentes del día. Es preferible esto a rezarlo todo de una vez. Si no te alcanza el tiempo para recitar de seguido toda una tercera parte, recita una decena acá y otra allá. Así habrás rezado tu Rosario entero antes de irte a acostar, a pesar de tus obligaciones y negocios.

*

Imita en esto la fidelidad de San Francisco de Sales. Hallándose, cierta noche, muy cansado a causa de las visitas que había tenido que hacer durante el día y siendo ya casi las doce de la noche, se acordó de que le faltaban aún algunas decenas por rezar. Se puso inmediatamente de rodillas y las rezó antes de acostarse, no obstante las recomendaciones de su capellán, que -viéndolo tan fatigado- le incitaba para que aplazara hasta el día siguiente lo que faltaba por rezar.”

Rosa

REZAD EL ROSARIO EN COMUNIDAD Y A DOS COROS

“Entre tantos métodos como existen de rezar el Rosario, el más glorioso para Dios, saludable para el alma y terrible para el demonio es el de salmodiarlo o rezarlo públicamente a dos coros.

Dios se complace en las asambleas. Todos los ángeles y santos congregados en el cielo le alaban incesantemente. Los justos de la tierra reunidos en varias comunidades le imploran en comunidad día y noche. El Señor aconsejó expresamente esta práctica a sus apóstoles y discípulos y les prometió que, cuantas veces se reunieran dos o tres en su nombre, El se encontraría en medio de ellos (Ver Mt 18,20) para rogar en su nombre y rezar la misma oración.

¡Qué alegría tener a Jesús en nuestra compañía! ¡Y pensar que para poseerlo basta solamente reunirse a rezar el Rosario! Es la razón por la cual los primeros cristianos se reunían tantas veces para orar juntos, a pesar de las persecuciones de los emperadores que les prohibían reunirse. Preferían exponerse a la muerte antes que faltar a sus asambleas, en las que tenían la certeza de que Jesús les hacía compañía.

La oración en común es la más saludable al alma:

1. porque de ordinario la mente está más atenta durante la oración pública que durante la privada;

2. porque, cuando se ora en comunidad, la oración de cada persona se convierte en la de toda la asamblea y todas juntas sólo forman una oración. De suerte que si algún particular no reza tan bien, otro que lo hace mejor suple su falta. El fuerte sostiene al débil, y el fervoroso enardece al tibio, el rico enriquece al pobre y el malvado se integra a los buenos. ¿Cómo vender un kilo de cizaña? ¡Basta mezclarla con cuatro o cinco de trigo bueno! ¡Y todo se vende!;

3. porque una persona que reza sola el Rosario tiene el mérito de un solo Rosario, pero si lo reza con treinta personas, adquiere el mérito de treinta rosarios. Tales son las leyes de la oración pública. ¡Qué ganancia! ¡Qué ventaja!

4. Urbano VIII -muy satisfecho de la devoción del Santo Rosario que se recitaba a dos coros en muchos lugares de Roma, especialmente en el convento de la Minerva concedió cien días de indulgencia cuantas veces se rece a dos coros: toties quoties. Así que todas las veces que se reza el Rosario en comunidad se ganan cien días de indulgencia;

5. porque, la oración pública es más eficaz que la individual para apaciguar la ira de Dios y obtener su misericordia.”

“Por último, el Rosario rezado en comunidad es mucho más terrible contra el demonio, pues se conforma un ejército entero para atacarlo. En ocasiones triunfa fácilmente sobre la oración particular. Pero, si ésta se une a la de los demás, sólo con dificultad logrará sus propósitos. Es fácil romper una varita. Pero, si la unes a otras y formas un haz, no podrás romperlo: la unión hace la fuerza. Los soldados se unen en batallón para derrotar al enemigo. Los malvados se unen con frecuencia para sus orgías y danzas. Los mismos demonios se unen para perdernos. ¿Por qué no han de reunirse los cristianos para gozar de la compañía de Jesucristo, aplacar la ira divina, alcanzar la gracia y misericordia del Señor y vencer y abatir más eficazmente a los demonios?

Amado cofrade del Rosario: vivas en la ciudad o en el campo, cerca de la iglesia parroquial o de una capilla, vete a ella –al menos todas las tardes– y –con permiso del rector de la iglesia y en compañía de cuantos lo deseen– reza el Rosario a dos coros. Haz otro tanto en tu casa o en la de cualquier particular, si no tienes la posibilidad de ir a la iglesia o a la capilla.”

Rosa

REZAD DIARIAMENTE EL ROSARIO CON FE, HUMILDAD Y CONFIANZA

“Separaos de los malos, pueblo de Dios, almas predestinadas y para escapar y salvaros de en medio de los que se condenan por su impiedad, indevoción y ociosidad, decidíos, sin pérdida de tiempo, a rezar con frecuencia el Santo Rosario, con fe, con humildad con confianza y con perseverancia.

“En primer lugar si piensas con seriedad en el mandato que nos dio Jesucristo de orar siempre y reflexionas en su ejemplo, en la urgente necesidad que tenemos de la oración, a causa de nuestras tinieblas, ignorancia y debilidad y de la multitud de enemigos que nos persiguen, no te contentarás con rezar el Rosario una vez al año –como lo exige la cofradía del Rosario Perpetuo- ni una vez a la semana -como lo prescribe la del Rosario Ordinario– sino que lo recitarás puntualmente todos los días –como lo pide la del Rosario Cotidiano– aunque no tengas otra obligación que la de salvarte. Jesús les propuso un ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse (Lc 18,1).

Estas son palabras eternas de Jesucristo, que es preciso creer y practicar, si no quieres condenarte. Explícalas como quieras. Pero no a la moda, para que no las vivas a la moda. Jesucristo nos dio la verdadera explicación con su ejemplo: Les he dado ejemplo, para que Uds., hagan lo mismo que yo… (Jn 13,15). Pasó la noche en oración con Dios ( Lc 6,12b). Como si no le bastara el día, dedicaba también la noche a la oración. Repetía con frecuencia a sus apóstoles estas palabras: Estén despiertos y orando ( Mt 26,41). El ser humano es débil. La tentación, próxima y continua. Y si no oras siempre, caerás en ella. Los apóstoles creyeron que el Señor sólo les daba un consejo, interpretaron erróneamente sus palabras y cayeron en la tentación y en el pecado a pesar de tener a Jesús en su compañía.

Estimado cofrade, no es necesario orar tanto ni rezar tantos rosarios, si quieres vivir a la moda y condenarte a la moda, es decir, cayendo de tiempo en tiempo en el pecado mortal para luego confesarte, evitando los pecados groseros y escandalosos y salvando las apariencias. Una corta oración por la mañana y por la tarde, uno que otro Rosario impuesto por penitencia, unas decenas de Avemarías a la carrera y cuando te venga en gana… te bastarán para aparecer ante el mundo como buen cristiano. Si haces menos, te acercas al libertinaje y si haces más, te aproximas a la singularidad y a la santurronería.

Pero es necesario que ores siempre, como lo enseñó Jesucristo, si –como cristiano auténtico– quieres de verdad salvarte y caminar tras las huellas de los santos, evitando caer en todo pecado mortal, rompiendo todas las cadenas y apagando todos los dardos encendidos de Satanás. Debes, al menos, rezar diariamente el Rosario u otras oraciones equivalentes.

Digo “al menos”, porque con el Rosario cotidiano alcanzarás cuanto es necesario para evitar el pecado mortal, vencer todas las tentaciones, en medio de los torrentes de iniquidad del mundo que arrastran con frecuencia a quienes se creen más seguros, en medio de los espíritus malignos más habilidosos que nunca y que sabiendo que les queda poco tiempo para tentar, lo hacen con mayor astucia y éxito.

¡Qué maravilla de la gracia del Santo Rosario! ¡Poder escapar del mundo, del demonio y de la carne y salvarte para el cielo!

Si no quieres aceptar lo que te digo, da crédito por lo menos a tu propia experiencia. Respóndeme: ¿eras, acaso, capaz de evitar ciertos pecados graves que sólo tu ceguera te hacía ver como insignificantes, cuando te contentabas con esas cortas oraciones hechas como las hace el cristiano
mediocre? ¡Abre, pues, los ojos! Ora y ora siempre, si quieres vivir y morir como santo; sin pecado mortal, por lo menos.

Reza todos los días, como hacían los cofrades del Rosario cuando se estableció la cofradía. Mas adelante encontrarás la prueba de cuanto te digo.

La Santísima Virgen al dar el Rosario a Santo Domingo, le ordenó rezarlo y hacerlo rezar todos los días. El Santo, por su parte, no recibía en la cofradía a nadie que no tuviera la firme resolución de rezarlo diariamente.

Si ahora no se exige en la cofradía del Rosario Ordinario sino la recitación de un Rosario semanal, ello obedece a que se ha apagado el fervor y enfriado la caridad. ¿Qué más se puede pedir a quienes rezan como a pesar suyo? Pero al principio no fue de esa manera (Mt 19,8).

 Es preciso, además, tener en cuenta tres advertencias:

La primera, que si deseas inscribirte en la cofradía del Rosario Cotidiano y participar en las oraciones y méritos de quienes ya están en ella, no basta con que te inscribas en la cofradía del Rosario Ordinario, ni que tomes simplemente la resolución de rezar el Rosario todos los días. Tienes que dar tu nombre a quienes han sido autorizados para inscribirte en ella. Será conveniente que te confieses y comulgues en esta circunstancia.

La razón de esta advertencia es que el Rosario Ordinario no incluye el Cotidiano, aunque este sí, al Ordinario.

La segunda, que absolutamente hablando, no hay pecado ni siquiera venial, si omites el rezo de Rosario Cotidiano, Semanal o Anual.

La tercera, que cuando la enfermedad, obediencia legítima, necesidad u olvido involuntario te impiden rezar el Rosario, no pierdes el mérito ni la participación en los rosarios de los demás cofrades. Y, por tanto, no es necesario –en absoluto– que al día siguiente reces dos Rosarios para suplir
al que faltaste sin culpa tuya, según suponemos. Pero, si la enfermedad te permite rezar una parte del Rosario, debes rezarla.”

“En segundo lugar, hay que recitar el Rosario con fe, conforme a las palabras de Jesucristo: Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo recibieron… (Mc 11,24). Cree que recibirás de Dios cuanto le pidas y El te escuchará y te responderá: Que te suceda como creíste (Mt 8,13). Si a alguno de Uds. le falta la sabiduría, pídala a Dios. Pero pídala con fe (Sant 1,5-6), recitando el Rosario y le será concedida.

En tercer lugar, hay que orar con humildad, como el publicano, que estaba de rodillas en tierra y no con una rodilla en el aire o sobre un banco, como hacen los orgullosos. Se quedó a la entrada sin atreverse a llegar hasta el fondo del santuario, como el fariseo. Tenía los ojos clavados en el suelo, sin atreverse a levantarlos al cielo. Sin levantar la cabeza ni mirando acá y allá, como el fariseo. Golpeándose el pecho, confesándose pecador e implorando perdón: Ten piedad de mí que soy un pecador ( Lc 18,13). Y no, como el fariseo que se vanagloriaba de sus buenas obras y despreciaba a los demás. Evita la orgullosa oración del fariseo que volvió a su casa más endurecido y maldito. Imita más bien la humildad del publicano en su oración que le obtuvo el perdón de los pecados. Evita correr en busca de lo extraordinario y pedir o siquiera desear conocimientos excepcionales, visiones, revelaciones y gracias extraordinarias que Dios comunica a veces a algunos santos, durante la recitación del Rosario. La fe sola es suficiente (Ver Heb 10,38; Gál 3,11), ahora que el Evangelio y todas las devociones y prácticas de piedad se hallan suficientemente establecidas.

No omitas nunca la menor parte del Rosario en las sequedades, desalientos y decaimientos interiores. Sería señal de orgullo e infidelidad. Como valiente campeón de Jesús y María, recita el Padrenuestro y el Avemaría en medio de la aridez, aunque sin ver, sentir ni gustar, esforzándote cuanto puedas por contemplar los misterios.

No suspires por los bombones y golosinas de los niños para comer tu pan de cada día. Para imitar más perfectamente a Jesús agonizante, prolonga la recitación de tu Rosario, precisamente cuanto más te cueste el rezarlo: En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba más intensamente (Lc 22,43). Así podrá aplicarse a tu caso, lo que se ha dicho de Jesucristo, quien cuando estaba en la agonía, oraba más largamente.

En cuarto lugar, ora con total confianza. Con una confianza fundada en la bondad y generosidad infinitas de Dios y en las promesas de Jesucristo. Dios es fuente de agua viva que corre incesantemente en el corazón de los que oran. Jesús es como el pecho del Padre Eterno, lleno de gracia y de verdad (Ver Jn 1,14. 16). Ahora bien el mayor deseo del Padre respecto de nosotros es comunicarnos las aguas saludables de su gracia y misericordia. Y nos grita: Todos los que tengan sed, vengan a beber agua (Is 55,1), en la oración. Y si no oras, se queja de que le abandonas: Me han abandonado a mí, que soy manantial de aguas vivas… ( Jr 2,13).

Pedir gracias a Jesucristo es causarle placer, un placer mayor que el que procura a las madres naturales dar a sus hijos el néctar de sus pechos. La oración es el canal de la gracia de Dios y a modo de pecho maternal de Jesucristo. Si no acudes a El con la plegaria -como deben hacerlo todos los hijos de Dios- Jesucristo se queja amorosamente: Hasta ahora no han pedido nada: pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen a la puerta y les abrirán (Mt 7,7; Jn 16,24). Más aún, para animarnos a pedirle con mayor confianza, llega a empeñar su palabra de que el Eterno Padre nos concederá cuanto le pidamos en su Nombre (Ver Jn 15,23).

Rosa

PERSEVERANCIA

“Sólo el que persevera en pedir, buscar y llamar, recibirá, encontrará y entrará.

No basta con pedir a Dios una gracia durante un mes, un año, diez años, veinte; no hay que enojarse “et non deficere“, y “no desfallecer”, es preciso pedir hasta la muerte y estar resuelto a obtener lo que se pide para la salvación o a morir, y aun es preciso unir a la muerte la perseverancia en la oración y la confianza en Dios. “Etiam si occidet me sperabo in eum“. Aun cuando quisiera darme la muerte, esperaría en Él y de Él lo que pido.”

“La liberalidad de los ricos y grandes del mundo, muéstrase previniendo por sus beneficios lo que necesitan los demás, aun antes que se lo pidan; pero Dios, por el contrario, se muestra su magnificencia en hacer buscar durante mucho tiempo y hacer pedir las gracias que quiere conceder; y cuanto más preciosa es la gracia que quiere otorgar; más tiempo difiere su concesión:

1º Para aumentarla de ese modo.

2º Para que quien la reciba la tenga en gran estima.

3º Para que tenga cuidado de no perderla después de recibida; porque no se estima mucho lo que en un momento y con poco trabajo se consigue.”

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San Luis María Grignion de Montfort. El secreto admirable del Santísimo Rosario.  

El Santo Rosario y las virtudes del Corazón de Jesús

Octubre 5, 2009

En cada Misterio del Santísimo Rosario os hallo a Vos, y se me ofrece para estudio alguna de vuestras más singulares virtudes. Así que es tan culto vuestro como de vuestra amantísima, el que con tan hermosa devoción se consagra a Vos y a Ella, por cuales títulos merece ser la predilecta de las almas cristianas, en todos los tiempos del año y muy particularmente en este mes.

Porque, en el Misterio primero de Gozo, os contemplo encarnado en el seno virginal de María, viviendo de su vida, recibiendo de su sangre y dando allí los primeros invisibles latidos por mi amor.

En el segundo, os veo inspirar a vuestra Madre el celo por la santificación del Bautista, por medio de la visita a Santa Isabel, y dando como el Precursor saltos de espiritual alegría, que se refleja en el rostro y palabras de aquellas dichosas madres.

En el tercero, os miro en Belén, despreciado de muchos y adorado de unos pocos, cantado por los Ángeles del cielo, virtiendo las primeras lágrimas por mi bien.

En el cuarto, os dais como víctima anticipada de redención por el hombre,y  os rescatan María y José, con el precio señalado por la Ley, a fin de guardaros para más sangriento sacrificio.

En el quinto, que es el primero de vuestro vida pública, os desprendéis de cariñosos lazos, sin tener en cuenta su aflicción, por atender sólo a la voluntad del Padre celestial, que os manda dar a los Doctores del templo y a todos los corazones del mundo esta primera sublime enseñanza.

En el primero de Dolor, ¡cómo os estoy viendo acongojado, tedioso, agonizante, orando y enseñándome a orar y a perseverar orando, a despecho de toda congoja, tedio y agonía!

En el segundo, sufrís la vergüenza de la pública desnudez y la afenta y desgarro de los azotes, para enseñarme práctiamente las asperezas de la mortificación, así en mi espíritu como en mi carne.

En el tercero, fue cuando, más que sobre vuestra cabeza os pusieron, Jesús mío, en vuestro Corazón como cruel cilicio, la corona de espinas con que siglos después habías de mostraros engalanado.

En el cuarto, ¡cómo palpitáis, Corazón divino, anhelante y sudoroso bajo el peso de la cruz! ¡Cómo os rompéis de pena al encontrar a vuestra Madre dolorida y al contemplar su horrible quebranto!

En el quinto, desde la cruz habla más que vuestra boca, vuestro Corazón, Jesús dulcísimo, al Padre, al ladrón, a la Madre y al discípulo, a los verdugos, aquellas Siete palabras, que son las cláusulas de vuestro último testamento a la pecadora humanidad.

No os hallo menos, Corazón divino, en los Misterios de Gloria; resucitado y radiante de luz en el primero, terror de vuestros enemigos, consuelo de vuestros amigos, prenda de lo que ha de ser nuestra futura resurrección; en el segundo, elevándoos majestuoso a los cielos; no dejando huérfanos a vuestros hijos, sino bajo la tutela de vuestra Madre y bajo la promesa del trono que vais a prepararles en aquella región feliz; en el tercero, confortándolos con el fuego del Espíritu Santo, primer don de vuestra protección a la naciente Iglesia, que después reiteráis y reproducís en cada uno de nosotros por medio de los siete Sacramentos; en el cuarto, os acercáis invisible a vuestra anciana Madre para llevarla, como un día me llevaréis a mí, a los goces y dulzuras del eterno descanso; en el quinto, la mostráis, Jesús mío, a cielos y tierra, a Angeles y a hombres, como Reina más que de todos ellos de vuestro Corazón, y la nombráis generosa llavera de vuestros tesoros, para honraros a Vos y honrarla a Ella y honrarnos a nosotros con tal título y prerrogativa, que cederá eternamente en gloria vuestra, en honra suya, y en nuestro auxilio y salvación.

Después de ésto, ¡Corazon divino!, ¿cómo no pensar en Vos cuando a vuestra soberana Madre se reza el Santo Rosario? ¿Cómo no tener también por devoción vuestra, ésta que por tantos conceptos dice estrecha relación a Vos?

Así a Vos y a ella lo rece yo cada día; así le practique cada noche en el doméstico hogar la familia cristiana; así lo cante el pueblo todo en nuestros templos, y fiestas y romerías.

Y mi corazón se junte al vuestro en cada Misterio para saludar y magnificar a vuestra excelsa Madre, y de Ella, y de Vos aprender las lecciones de ciencia espiritual, que enseñáis a vuestros devotos para reforma y perfección de su vida y logro feliz y santa muerte, con los nombres de Jesús y de María en los labios, y en el ósculo de vuestro amor y gracia.

Sardá y Salvany Pbro. Año Sacro. Tomo Segundo: Tiempo y Fiestas después de Pentecostés.

La serpiente y el Rosario

Julio 6, 2009

SAN JUAN BOSCO

El 20 de agosto de 1862, después de rezadas las oraciones de la noche y de dar unos avisos relacionados con el orden de la casa, dijo don Bosco:

-Quiero contaros un sueño que tuve hace algunas noches. (Tal vez se trate de la precedente a la festividad de la Asunción de María Santísima).

Soñé que me encontraba en compañía de todos los jóvenes en Castelnuovo de Asti, en casa de mi hermano.

Mientras todos hacían recreo, vino hacia mí un desconocido y me invitó a acompañarle.

Le seguí y me condujo a un prado próximo al patio y allí me señaló entre la hierba una enorme serpiente de siete u ocho metros de longitud y de un grosor extraordinario.

Horrorizado al contemplarla, quise huir.

-No, no, me dijo mi acompañante; no huya; venga conmigo y vea.

-Y  ¿cómo quiere, respondí, que yo me atreva a acercarme a esa bestia?

-No tenga miedo, no le hará ningún mal; venga conmigo.

-¡Ah! exclamé; no soy tan necio como para exponerme a tal peligro.

-Entonces, continuó mi acompañante, aguarde aquí.

Y seguidamente fue en busca de una cuerda y con ella en la mano volvió junto a mí y me dijo:

-Tome esta cuerda por una punta y sujétela bien; yo agarraré el otro extremo y me pondré en la parte opuesta y así la mantendremos suspendida sobre la serpiente.

-¿Y después?

-Después la dejaremos caer sobre su espina dorsal.

-¡Ah! No; por favor. ¡Ay de nosotros si lo hacemos! La serpiente saltara enfurecida y nos despedazará.

-No, no; déjeme a mí, añadió el desconocido, yo sé lo que hago.

-No, de ninguna manera; no quiero hacer una experiencia que me pueda costar la vida.

Y ya me disponía a huir. Pero él insitió de nuevo, asegurándome que no había nada que temer; que la serpiente no me haría el menor daño.

Y tanto me dijo, que me quedé donde estaba, dispuesto a hacer lo que me decía. El, entretanto, pasó al otro lado del monstruo, levantó la cuerda y con ella dio un latigazo sobre el lomo del animal.

La serpiente dio un salto volviendo la cabeza hacia atrás para morder el objeto que la había herido, pero en lugar de clavar los dientes en la cuerda, quedó enlazada en ella como por un nudo corredizo.

Entonces el desconocido me gritó:

-Sujete bien la cuerda, sujétela bien, que no se le escape.

Y corrió a un peral que había allí cerca y ató a su tronco el extremo que tenía en la mano; corrió después hacia mí, tomó la otra punta y fue a amarrarla a la reja de una ventana de la casa.

Entretanto la serpiente se agitaba, movía furiosamente sus anillos y daba tales golpes con la cabeza y anillos en el suelo, que sus carnes se rompían saltando a pedazos a gran distancia.

Así continuó mientras tuvo vida; y, una vez que hubo muerto, no quedó de ella más que el esqueleto descarnado.

Entonces, aquel mismo hombre desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió, formó con ella un ovillo y me dijo:

-¡Preste atención!

Metió la cuerda en una caja, la cerró, y después de unos momentos, la abrió.

 Los jóvenes habían acudido a mi alrededor. Miramos el interior de la caja y quedamos maravillados.

La cuerda estaba dispuesta de tal manera que formaba las palabras: ¡Ave María!

-Pero ¿cómo es posible?, dije. Tú metiste la cuerda en la caja a la buena de Dios y ahora aparece de esa manera.

-Mira, dijo él; la serpiente representa al demonio y la cuerda el Ave María, o mejor, el Rosario, que es una serie de Avemarías con el cual y con las cuales se puede derribar, vencer, destruir a todos los demonios del infierno.

 -Hasta aquí, concluyó don Bosco, llega la primera parte del sueño. Hay otra segunda parte más interesante para todos. Pero ya es tarde y por eso la contaremos mañana por la noche.

Entretanto, tengamos presente lo que dijo mi amigo respecto al Ave María y al Rosario. Recémosla devotamente ante cualquier asalto de la tentación, seguros de que saldremos siempre victoriosos. ¡Buenas noches!”

Memorias Biográficas. Volumen 7.

El Rosario y la perseverancia final

Mayo 14, 2009

A. Royo Marín O.P.

Es moralmente imposible que deje de obtener de Dios, por intercesión de María, el gran don de la perseverancia final todo aquel que rece diaria y piadosamente el Santo Rosario con esta finalidad.

El Rosario mariano, en efecto, recitado diaria y piadosamente, reune en grado superlativo todas las condiciones para la eficacia infalible de la oración, añadiendo, por si algo faltara, la intercesión omnipotente de María.

He aquí de qué manera el rezo del santo Rosario cumple en absoluto todas las condiciones para la eficacia infalible de la oración:

1º. Se pide algo para sí mismo: la propia perseverancia final o muerte en gracia de Dios.

Algo necesario o conveniente para la salvación: sin la perseverancia final es absolutamente imposible salvarse.

Piadosamente, es decir, con fe (¡nos dirigimos a Dios, nuestro Padre, y a María, nuestra Madre!), con humildad (“perdónanos nuestras deudas… ruega por nosotros, pecadores…”), en nombre de nuestro Señor Jesucristo (cuya oración – el Padrenuestro – recitamos al frente de cada uno de los misterios) y por intercesión de María (a la que va dedicado el rosario entero)

Con perseverancia: ¡Cincuenta veces diarias pidiendo a María que ruegue por nosotros en la hora de nuestra muerte! ¿Puede pedirse mayor insistencia y perseverancia en la oración pública? Y si tenemos la dicha de rezar diariamente los quince misterios del rosario, ¡ciento cincuenta peticiones diarias! ¿Puede concebirse acaso que María deje de asistir efectiva y eficazmente a la hora de la muerte a quien se lo pidió durante toda su vida cincuenta o ciento cincuenta veces cada día? La imposibilidad moral se hace tan grande que casi puede hablarse de imposibilidad prácticamente metafísica.

Como se ve, afirmar que el rezo piadoso y diario del santo Rosario es una señal grandísima de predestinación y una especie de “seguro infalible de salvación” no es una afirmación gratuita e irresponsable, sino una conclusión rigurosamente teológica, que resiste el examen de la crítica más severa.

Nada tiene, pues, de extraño que el inmortal pontífice Pio XI finalizase una oración en honor de la Virgen del Rosario con estas hermosísimas palabras: “Oh corona del rosario de mi Madre!, te aprieto contra mi pecho y te beso con veneración. Tú eres el camino para alcanzar toda virtud, el tesoro de los merecimientos para el paraíso, la prenda de mi predestinación, la cadena fuerte que tiene a raya el enemigo, fuente de paz para quien te honra en vida, auspicio de victoria para quien te besa en la muerte. En aquella hora extrema, te aguardo, ¡Oh Madre!; tu aparición será la señal de mi salvación, tu rosario me abrirá las puertas del cielo“.

Entonces, ¿basta con rezar diariamente el rosario para poder pecar tranquilamente, dando por seguro, que a pesar de todo, obtendremos de Dios infaliblemente el don supremo de morir en gracia de Dios?

Quien tal cuenta se echara, daría bien a entender que no había comprendido nada de cuanto acabamos de decir: El Rosario es, ciertamente, una señal grandísima de predestinación para todo aquel que lo rece diaria y piadosamente o sea con intención de vivir en gracia de Dios y cumplir sus mandamientos, para lo que ayudará eficazmente el rezo mismo del Rosario.

Lo contrario equivaldría a reirse de Dios, o sea a rezar el rosario impía y perversamente.

La Sagrada Escritura nos advierte por boca de San Pablo que “de Dios nadie se ríe” (Gál 6, 7), y el que rezase el rosario con la perversa intención de asegurarse su salvación sin dejar de pecar, demostraría querer burlarse de Dios y llevaría consigo una de las más claras e inequívocas señales de eterna reprobación. La medicina saludable se convertiría en veneno mortal.

Además del rezo piadoso del santo rosario, existen otras devociones marianas relacionadas íntimamente con el problema formidable de nuestra salvación eterna. Las principales son la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes – a los que la Santísima Virgen de Fatima ha vinculado una promesa parecida a la de los nueve primeros viernes en honor del Sagrado Corazón de Jesús *- y la de llevar piadosamente y con buena conciencia el santo escapulario del Carmen, tan venerable por su antigüedad y la piadosa tradición de haber recaído sobre él una promesa mariana de salvación. La experiencia ha mostrado también ser muy eficaz – sobre todo para la conversión de los pecadores – la llamada Medalla Milagrosa, que inspiró la misma Santísima Virgen a Santa Catalina Labouré, humilde hija de la Caridad.

* He aquí las palabras de la Virgen a Lucía, la afortunada vidente de Fátima, el día 10 de diciembre de 1925: “Mira, hija mía, mi corazón todo punzado de espinas, que los hombres en todo momento le clavan con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarle, y haz saber que yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación eterna, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan compañía durante un cuarto de hora meditando en los quince misterios del rosario con intención de darme reparación (del Manual oficial del peregrino de Fátima, editado por orden del obsipo de Leiria, 13 de mayo de 1939). 

Antonio Royo Marín, O.P. La devoción mariana. Apostolado mariano. Sevilla.

Rosario para los difuntos

Octubre 31, 2008

MISTERIOS GOZOSOS

***

PRIMER MISTERIO

Anunciación del Angel y Encarnación

del Verbo divino en las entrañas virginales de María

Oh María dulcísima, consuelo de las almas! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos al gozo que tuviste, cuando saludada del Angel te anunció la Encarnación del Hijo de Dios en tus entrañas por él te suplicamos que el alma de nuestro hermano N., y las demás del purgatorio, reciban de los Angeles, por tu intercesión, alegres nuevas de la gloria, a donde vayan a descansar por todos los siglos. Amén

SEGUNDO MISTERIO

Visitación de Nuestra Señora y santificación del Bautista

¡Oh María, refugio de pecadores, este PADRE NUESTRO Y diez AVE MARÍAS te ofrecemos al gozo que tuviste cuando visitando a santa Isabel fuiste de ella reconocida por Madre de Dios, y el niño Juan libre de las prisiones de la culpa; por este gozo te suplicamos visites y consueles al alma de nuestro hermano N., y las demás del purgatorio, y las libres de las prisiones que padecen y salgan libres a la gloria. Amen. Jesús

TERCER MISTERIO

El Nacimiento del Hijo de Dios

¡Oh María, estrella del mar, norte fijo de la Iglesia! este PADRE NUESTRO y DIEZ AVEMARÍAS te ofrecemos al gozo que tuviste cuando naciendo de tu vientre, como de la aurora, el Sol de Justicia, Cristo, alumbró a los que estaban en tinieblas; por El te suplicamos que el alma de nuestro hermano N y las demás del purgatorio, merezcan por Ti salir de las tinieblas de aquella oscura cárcel a los resplandores de la gloria. Amen Jesús

CUARTO MISTERIO

Presentación del Niño Jesús en el templo y Purificación de Nuestra Señora

¡Oh purísima María, que sin obligarte  la ley de la purificación presentaste a tu santísimo Hijo en el templo, con especial gozo de verle reconocido por verdadero Dios! este PADRE NEUSTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos, suplicando que el alma de nuestro hermano N., y las demás del purgatorio, sean purificadas para el templo de la gloria. Amén Jesús

QUINTO MISTERIO

El niño perdido y hallado en el templo

¡Oh María, seguro medio para hallar a Jesús! este PADRE NUESTRO Y diez AVE MARÍAS te ofrecemos por el gozo que tuviste hallando en el templo al Niño Dios, sin culpa tuya perdido; por El te suplicamos que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, tengan por tus ruegos el alivio de sus penas mirando a Jesús en el templo de su gloria. Amen Jesús

***

MISTERIOS DOLOROSOS

***

PRIMER MISTERIO

La oración del Huerto

¡Oh dolorísima Madre de Jesús, quien despedido y apartado de tu compañía oró en el Huerto con mortales agonías, donde por un Angel fue confortado; este PADRE NUESTRO y DIEZ AVEMARÍAS  te ofrecemos, y te suplicamos que por tu intercesión el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, sean confortadas de los Angeles en sus penas. Amén.

SEGUNDO MISTERIO

Desnudo Jesús es cruelmente azotado

¡Oh María, mar de dolores! este PADRE NUESTRO Y diez AVE MARÍAS te ofrecemos en memoria del gravísimo dolor que tuviste viendo desnudo y azotado cruelmente al Hijo de tus entrañas: por El te suplicamos, que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio sean libres de los azotes que allí padecen de la divina Justicia, por virtud de los azotes que Jesús llevó por su misericordia. Amén. Jesús.

TERCER MISTERIO

Coronan a Jesús de espinas

¡Oh María, cárdena lirio entre espinas! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos en honra del agudísimo dolor que tuviste viendo a tu amado Hijo, hermoso lirio de los valles, afeado y coronado de espinas: suplicámoste por este dolor, que el alma de nuestro hermano N, y las demás dle purgatorio, sean libres de las espinas de penas que padecen y coronadas en la gloria. Amén. Jesús

CUARTO MISTERIO

Jesús condenado a muerte y con la cruz a cuestas se encuentra con María su tierna Madre

¡Oh María traspasada de dolor en la calle de la Amargura por encontrar en ella a tu inocente Hijo, sentenciado a muerte y agobiado con el grave peso de la cruz! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos y suplicamos que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, por tus ruegos sean libres de la cruz de penas que padecen. Amén Jesús.

QUINTO MISTERIO

Crucifixión de Jesús y soledad de María

¡Oh desconsolada Reina, afligida Madre y desamparada Virgen! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos, y pedimos por el agudo dolor que atravesó tu amante corazón viendo morir entre tantas afrentas y dolores a tu santísimo Hijo, para redimir con su muerte al género huamno, que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, donde están solas y afligidas , la sangre de tu Hijo las alivie las penas y su muerte les de vida de gloria. Amén Jesús

MISTERIOS GLORIOSOS

PRIMER MISTERIO

La Resurrección del Señor

¡Oh María, Señora, alegría de los justos y consuelo de los pecadores! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS  te ofrecemos en memoria de la alegría que tuviste viendo resucitado y glorioso a tu santísimo Hijo: suplicamoste que así como con la presencia de Jesús recibieron alegría las almas de los santos Padre en el limbo, la tengan el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio. Amén Jesús

SEGUNDO MISTERIO

Ascensión de Cristo nuestro Señor a los cielos

¡Oh María, Madre de Dios, llena de sumo gozo en la subida a los cielos de tu santísimo Hijo, en compañía de los santos Padre que libertó de la oscura cárcel del limbo, llevándolos consigo a la gloria! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos, y suplicamos que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, sean libres de aquellas penas, llevadas por manos de los santos Angeles a la gloria. Amén Jesús

TERCER MISTERIO

Venida del Espíritu Santo

¡Oh María, dulce Esposa del Espíritu Santo! este PADRE NUESTRO Y diez AVE MARÍAS te ofrecemos al gozo que tuviste cuando bajó el divino Espíritu sobre Ti y sobre todos los Apóstoles, para que con la ausencia de Jesús no quedaseis huérfanos: por El te suplicamos que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, salgan a gozar de los abrazos de su Esposo Jesús en la gloria. Amén. Jesús.

CUARTO MISTERIO

Dichoso tránsito de María santísima

¡Oh dichosísima María, cuyo purísimo espíritu en la hora de la muerte entregaste en manos de tu santísimo Hijo, y después unido al cuerpo resucitaste gloriosa! este PADRE NUESTRO y diez AVE MARÍAS te ofrecemos, pidiendote que el alma de nuestro hermano N, y las demás del purgatorio, sean libres de sus penas y te acompañen en la gloria. Amén Jesús

QUINTO MISTERIO

Asunción y Coronación de María santísima

¡Oh soberana virgen María, Madre de Dios, que resucitada en cuerpo y alma fuiste sublimada a la gloria y coronada por Emperatriz de los Angeles y de los hombres! este PADRE NUESTRO y DIEZ AVE MARÍAS te ofrecemos, suplicándote que al alma de nuestro hermano N. y las demás del purgatorio, merezcan por tus ruegos ser libres de las penas que padecen , para que sean coronadas de gloria, y que en compañía de tu santísimo Hijo te amen por todos los siglos. Amén Jesús

OFRECIMIENTO

Por estos misterios santos

De que hace el alma recuerdo,

Te pedimos, oh María,

Con tierno y devoto pecho,

De nuestra fé sacrosanta

La conservación y aumento.

Torna tus divinos ojo

Hacia tu cristiano pueblo,

Da a tu Iglesia la victoria

Y al mundo grato sosiego;

Serena las tempestades

Que airado descarga el cielo

Y del Pontífice augusto

Mitiga el dolor acerbo,

Las terrenas potestades

Sigan de Dios los preceptos,

Porque la justicia torne

Y al bien vayan sus esfuerzos.

Que a Dios el gentil conozca,

Su error abjure el soberbio

Que de la verdad aparta

Corazón y entendimiento.

Que la culpa nos inspire

Dolor profundo y perfecto.

Halle puerto el navegante

Y la salud el enfermo.

Las almas del purgatorio

Gozosas vayan al cielo:

Y aqueste santo ejercicio

Tenga, oh Madre, tal aumento,

En todo el orbe cristiano,

Que fiel adora al Dios bueno,

Que de continua alabanza

Sean tus glorias objeto

Y por tu amor merezcamos

Gozar del eterno premio.

Dios te salve, María santísima, Hija de Dios Padre, Vírgen purísima antes del parto: Dios te salve María, llena de gracia, etc.

Dios te salve, María santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto: Dios te salve, etc.

Dios te salve, María santísima, Esposa del Espíritu Santo, Virgen purísima después del parto. Dios te salve, María llena de gracia, etc.

Dios te salve, María santísima, templo y sagrario de la santísima Trinidad, Virgen concebida sin pecado original. Amen GLORIA PATRI. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

El Rosario: sus beneficios

Octubre 26, 2008

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

Para animarte aún más a abrazar esta devoción de las grandes almas, añado que el Rosario recitado con la meditación de los misterios:

1. nos eleva insensiblemente al perfecto conocimiento de Jesucristo;

2. nos purifica del pecado;

3. nos da la victoria sobre nuestros enemigos;

4. nos facilita la práctica de las virtudes;

5. nos inflama en el amor a Jesucristo;

6. nos enriquece con gracias y méritos;

7. nos proporciona los medios para cancelar a Dios y a los hombres todas nuestras deudas y, finalmente, nos obtiene toda clase de gracias.

*****

Saludables efectos que produce el meditar la Pasión.

 Afirma San Agustín que no hay ejercicio tan fructuoso y útil para la salvación como pensar con frecuencia en los sufrimientos del Señor.

San Alberto Magno, maestro de Santo Tomás, supo por revelación que el simple recuerdo o la meditación de la pasión de Jesucristo es más meritorio para el cristiano que ayunar durante todo un año a pan y agua todos los viernes o disciplinarse sangrientamente cada semana o rezar el salterio todos los días, ¿Cuál no será, entonces, el mérito del Rosario, que conmemora toda la vida y pasión del Señor?

La Santísima Virgen reveló un día al Beato Alano de la Rupe, que después del Santo Sacrificio de la Misa –primera y más viva memoria de la pasión de Jesucristo– no hay oración más excelente ni meritoria que el Rosario -segunda memoria y representación de la vida y pasión del Señor.

El R.P. Dorland refiere que la misma Santísima Virgen dijo cierto día al Venerable Domingo, -cartujo, devoto del Santo Rosario, residente en Tréveris, en el año de 1481: «cuantas veces rezan los fieles el Rosario, en estado de gracia, meditando los misterios de la vida y pasión de Jesucristo, obtienen plena y completa remisión de sus pecados». La Santísima Virgen dijo también al Beato Alano: «Ten por cierto que, aunque ya son muchas las indulgencias concedidas a mi Rosario, yo añadiré muchas más por cada tercera parte de él a quienes lo recen en estado de gracia, de rodillas y devotamente. Y a quienes perseveren en su devoción, en tales condiciones y meditaciones, les obtendré al final de su vida -como recompensa por este servicio- la remisión total de la pena y de la culpa por todos sus
pecados. Y que esto no parezca imposible: es fácil para mí pues soy la Madre del Rey del cielo, que me llama llena de gracia. Y como tal haré también amplia efusión de ella a mis queridos hijos».

Santo Domingo estaba tan convencido de la eficacia y méritos del Santo Rosario que no imponía casi nunca penitencia distinta del rezo del Rosario a quienes se confesaban con él.

Los confesores deberían también -para seguir el ejemplo de este gran Santo -imponer a sus penitentes la recitación del Rosario con la meditación de los sagrados misterios, en lugar de otras penitencias de menor mérito y no tan agradables a Dios, ni tan eficaces para adelantar en el camino de la virtud e impedir la caída en el pecado.

Además, al rezar el Rosario, ganas muchas indulgencias que no están concedidas a otras devociones.

“Ciertamente –dice el Abad Blosio– el Rosario, unido  a la meditación de la vida y pasión del Señor, resulta agradabilísimo a Jesucristo y a la Santísima Virgen y muy eficaz para obtener cuanto deseas.

Podemos recitarlo por nosotros mismos, por quienes se han encomendado a nosotros y por la Iglesia.
Recurramos, pues, a la devoción del Santo Rosario en todas nuestras necesidades y obtendremos infaliblemente cuanto pidamos a Dios para nuestra salvación”.

*****

Efectos admirables del Rosario

 

El Beato Alano de la Rupe, los Padres Juan Dumont y Thomas, las Crónicas del Santo Rosario y otros autores –muchas veces testigos oculares– refieren numerosas conversiones excepcionales de pecadores, a quienes durante veinte, treinta o cuarenta años pasados en el mayor desorden, nada había podido convertir. No obstante, gracias a la maravillosa plegaria que es el Rosario, alcanzaron la conversión. Por temor a extenderme más de lo justo no las narraré. Tampoco referiré las que yo mismo he visto. Las omito por diversas razones. Lector amado: si pones en práctica y predicas esta devoción, aprenderás por experiencia propia –mejor que en libro alguno– y comprobarás felizmente el efecto maravilloso de las promesas hechas por la Santísima Virgen a Santo Domingo, al Beato Alano de la Rupe y a cuantos hagan florecer esta devoción que le es tan grata.

Devoción que educa a los pueblos en las virtudes de su Hijo y en las suyas propias, los conduce a la oración mental, a la imitación de Jesucristo, a la frecuencia de los Sacramentos, a la sólida práctica de las virtudes y toda clase de buenas obras y a ganar tan valiosas indulgencias que las gentes ignoran
porque los predicadores de esta devoción no hablan de ellas casi nunca, contentándose con hacer sobre el Rosario un sermón a la moda, que muchas veces solo causa admiración, pero no instruye.

Para abreviar, me contento con decirte, con el Beato Alano, que el Rosario es un manantial y depósito de toda clase de bienes:

1. Procura el perdón a los pecadores;

2. Sacia a las almas sedientas;

3. A los encadenados rompe las cadenas;

4. La alegría devuelve a los que lloran;

5. Tranquilidad ofrece a los tentados;

6. El pobre es socorrido;

7. Reforma los institutos religiosos;

8. Inteligencia da a los ignorantes;

9. Vencen la vanidad los que están vivos;

10.Mediante sus sufragios son aliviados los muertos.

«Quiero –dijo un día la Santísima Virgen al Beato Alano– que los devotos de mi Rosario obtengan la gracia y bendición de mi Hijo durante su vida, en la hora de la muerte y después de ella. Quiero que se vean libres de todas las esclavitudes y sean reyes verdaderos -con la corona en la cabeza y el cetro en la mano- y alcancen la vida eterna. Amén».

Los quince misterios del Rosario

Octubre 26, 2008

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

Misterio significa realidad sagrada y difícil de comprender. Las obras de Jesucristo son todas sagradas y divinas, porque El es Dios y hombre al mismo tiempo.

Las de la Virgen María son santísimas, por ser Ella la más perfecta de las criaturas. Con razón se da el nombre de misterios a las obras de Jesucristo y de su Santísima Madre.

Están, en efecto, colmadas de maravillas, perfecciones e instrucciones profundas y sublimes, que el Espíritu Santo revela a los humildes y sencillos que los honran.

Las obras de Jesús y de María pueden también llamarse flores admirables. Flores cuyo perfume y hermosura sólo conocen quienes se acercan a ellas, aspiran su fragancia y abren su corola, mediante una atenta y seria meditación.

Santo Domingo distribuyó las vidas de Jesucristo y de la Santísima Virgen en quince misterios, que nos representan sus virtudes y principales acciones.

Son quince cuadros, cuyas escenas deben servirnos de normas y ejemplo para orientar nuestra vida.
Quince antorchas que guían nuestros pasos en este mundo.
Quince espejos luminosos que nos permiten conocer a Jesús y María, conocernos a nosotros mismos y encender el fuego de su amor en nuestros corazones.
Quince hogueras en cuyas llamas podemos incendiarnos totalmente.

La Santísima Virgen enseñó a Santo Domingo este excelente método de orar. Y le ordenó predicarlo para despertar la piedad de los cristianos y hacer revivir el amor de Jesucristo en sus corazones.

Lo enseñó también al Beato Alano de la Rupe. «El rezo de ciento cincuenta Avemarías -le dijo- es
una oración muy útil, es un obsequio que agrada mucho. Y lo es aún más y harán mucho mejor quienes las reciten meditando la vida, pasión y gloria de Jesucristo. Porque esta meditación es el alma de tales oraciones
».

En efecto, el Rosario sin la meditación de los sagrados misterios de nuestra salvación sería como un cuerpo sin alma, una excelente materia sin su forma -que es la meditación, la cual distingue al Rosario de las demás devociones.

La primera parte del Rosario contiene cinco misterios:

1. El de la Anunciación del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen;
2. El de la Visitación de la Santísima Virgen a Santa Isabel;
3. El del Nacimiento de Jesucristo;
4. El de la Presentación de Jesús en el templo y Purificación de la Santísima Virgen;
5. El del Hallazgo de Jesús en el templo entre los doctores.

Y se llaman misterios gozosos a causa de la alegría que proporcionaron a todo el universo.
En efecto: La Santísima Virgen y los ángeles quedaron inundados de gozo en el dichoso momento de la Encarnación.
Santa Isabel y San Juan Bautista se colmaron de alegría con la visita de Jesús y de María.
El cielo y la tierra se alegraron con el nacimiento del Salvador.
Simeón quedó consolado y lleno de alegría al recibir a Jesús en sus brazos.
Los doctores estaban embelesados al oír las respuestas de Jesús.
Y, ¿quién podrá expresar el gozo de María y José al encontrar a Jesús después de tres días de ausencia?

La segunda parte del Rosario se compone también de cinco misterios, llamados misterios dolorosos, porque nos presenta a Jesucristo abrumado por la tristeza, cubierto de llagas, cargado de oprobios, dolores y tormentos.

1. El de la oración de Jesús y su Agonía en el Huerto de los Olivos;
2. El de su Flagelación;
3. El de su Coronación de espinas;
4. El de la Cruz a cuestas;
5. El de la Crucifixión y Muerte en el Calvario.

La tercera parte del Rosario contiene otros cinco misterios, llamados gloriosos, porque en ellos
contemplamos a Jesús y María en el triunfo y en la gloria.

1. El de la Resurrección de Jesucristo;
2. El de su Ascensión;
3. El de la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles;
4. El de la gloriosa Asunción de la Virgen María;
5. El de su Coronación.

Estas son las quince flores olorosas del rosal místico, en las cuales se posan, como abejas diligentes, las almas piadosas para recoger el néctar maravilloso y producir la miel de una sólida devoción.

Sobre la devoción al Santo Rosario (2)

Octubre 25, 2008

LEON XIII

La oración por su misma índole y conforme a la promesa de Cristo es camino que conduce a la obtención de las mercedes.

Hay dos elementos que la hacen eficaz: la asiduidad y la unión de muchos fieles.

Indícase la primera en la bondadosísima invitación que nos dirige Cristo: Pedid, buscad, llamad [Mat. 7, 7.].

Parécese Dios a un buen Padre que quiere contestar los deseos de sus hijos; pero también que éstos con instancia acudan a él y que, con sus ruegos, le importunen, de suerte que unan a Él su alma con los vínculos más fuertes.

Nuestro Señor más de una vez habló de la oración en común: “Si dos de entre vosotros se reúnen en la tierra, mi Padre que está en los Cielos les concederá lo que pidan, porque donde se hallaren dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré entre ellos“[Mat. 18, 19-20.].

Son de Santo Tomás de Aquino estas memorables frases: “Imposible que las oraciones de muchos hombres no sean escuchadas, si, por decirlo así, forman una sola” [Apologet. c. 39.].

Ambas recomendaciones se pueden aplicar bien al Rosario.

Porque en él, en efecto, para no extendernos, redoblamos Nuestras súplicas para implorar del Padre celestial el reinado de su gracia y de su gloria, y asiduamente invocamos a la Virgen María para que por su intercesión, nos socorra, ya porque durante la vida entera estamos expuestos al pecado, ya porque en la última hora estaremos a la puerta de la eternidad.

El Rosario familiar y en el templo.

Apropiado es también que el Rosario se rece como oración en común. Con razón se le ha llamado Salterio de María.

Debe renovarse religiosamente esa costumbre de Nuestros mayores; en las familias cristianas, en la ciudad y en el campo, al finalizar el día y concluir sus rudos trabajos, reuníanse ante la imagen de la Virgen y se rezaba una parte del Rosario.

Vivamente interesada por esta piedad filial y común, María, como la madre al hijo, protegía a estas familias y les concedía los beneficios de la paz doméstica, que era presagio de la celestial.

 María mediadora entre Dios y los hombres.

¿Quién pudiera pensar y decir que la viva confianza que tenemos en el socorro de la Virgen sea exagerada? Ciertamente el nombre y representación de perfecto Conciliador sólo viene a Cristo, porque sólo El, Dios y hombre a la vez, volvió al género humano a la gracia del Padre Supremo “Sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, que se entregó a sí mismo como Redentor de todos” [1 Timot., 2, 5-6.]

 Mas si, como en seña el Doctor Angélico nada impide que otros sean llamados, secundum quid, mediadores entre Dios y los hombres, porque colaboran a la unión del hombre con Dios, dispositive et ministerialiter[vii], como los Ángeles, Santos, Profetas y Sacerdotes de ambos Testamentos, entonces la misma gloria conviene plenamente a la Santísima Virgen.

Es imposible concebir que nadie para reconciliar a Dios y a los hombres haya podido o en adelante pueda obrar tan eficazmente como la Virgen.

A los hombres que marchaban hacia su eterna perdición les trajo un Salvador, al recibir la nueva de un misterio pacífico que el Ángel anunció a la tierra, y dar admirable consentimiento en nombre de todo el género humano [S. Tomás. III. q. 30, a. 1.].

De Ella nació Jesús. Ella es su verdadera madre, y por ende digna y gratísima mediadora para con el Mediador.

El Rosario nos recuerda estos misterios.

Como estos misterios se incluyen en el Rosario y sucesivamente se ofrecen a la memoria y meditación de los fieles, se ve lo que significa María en la obra de Nuestra reconciliación y salvación.

Nadie puede substraerse a un tierno afecto viendo presentarse a María en hogar de Isabel como instrumento de las gracias divinas y cuando presenta a su Hijo a los pastores, a los Reyes y a Simeón.

Pero ¿qué se ha de sentir pensando que la Sangre de Cristo vertida por nosotros y los miembros que presenta a su Padre con las llagas recibidas en precio de nuestra libertad, son el mismo cuerpo y la sangre misma de la Virgen? La carne de Jesús es, en efecto, la de María, y aunque haya sido exaltada por la gloria de la resurrección, su naturaleza quedó siendo la misma que se tomó en María [De Assumpt. BMV. c. 5, entre las obras de San Agustín.].

 El Rosario fortifica la fe.

También hay otro fruto notable del Rosario, en relación con las necesidades de nuestra época. Ya hemos recordado que consiste en que viéndose expuesta a tantos ataques y peligros la virtud de la fe divina, el Rosario da al cristiano con qué alimentarla y fortificarla eficaz mente. Las divinas Escrituras llaman a Cristo autor y consumador de la fe [Hebr., 12, 2.]; “autor de la fe” porque Él mismo enseñó a los hombres un gran número de verdades que debían creer, sobre todo las relativas a Dios mismo y al Cristo en que reside toda la plenitud de Divinidad [Col., 2, 9.], y porque por su gracia y de algún modo por la unión del Espíritu Santo, les da afectuosamente los me dios de creer; “y consumador” de la misma fe porque El hace evidente en el Cielo cuanto el hombre no percibe en su vida mortal mas que a través de un velo, y allí cambiará la fe presente en gloriosa iluminación.

Ciertamente la acción de Cristo se hace sentir en el Rosario de una manera poderosa. Consideramos y meditamos su vida privada en los misterios gozosos, la pública hasta la muerte entre los mayores tormentos, y la gloriosa que, después de la resurrección triunfante, se ve trasladada a la Eternidad, donde está sentado a la diestra del Padre.

El Rosario profesión de fe.

Y dado que la fe para ser plena y digna debe necesariamente manifestarse, porque se cree en el corazón para la justicia, pero se confiesa la fe por la boca para la salvación [Rom., 10, 10.], encontramos precisamente en el Rosario un excelente medio de confesarla.

En efecto, por las oraciones vocales que forman su trama podemos expresar y confesar nuestra fe en Dios, nuestro Padre, lleno de providencia; en la vida de la eternidad futura, en la remisión de los pecados, y también nuestra fe en los misterios de la Trinidad Santísima, del Verbo hecho carne, de la divina maternidad y en otros.

Nadie ignora cuál es el valor y el mérito de la fe. Ni es otra cosa la fe que el germen escogido del que nacen actualmente las flores de toda virtud, por las que nos hacemos agradables a Dios, donde nacerán más tarde los frutos que deben durar para siempre. Conocerte es, en efecto, el perfeccionamiento de la justicia, y su virtud es la raíz de la inmortalidad (Sap., 15. 3. (14) 1 Pctr. 5, 4.).

 Penitencia.

Conviene añadir a este propósito algo de los deberes de virtud que necesariamente exige la fe.

Entre ellos se halla la penitencia, que comprende la abstinencia, necesaria y saludable por más de un concepto.

Si la Iglesia en este punto obra cada día con mayor indulgencia para con sus hijos, comprendan éstos, en cambio, su deber de compensar con otros actos esa maternal indulgencia. Añadimos con gusto este motivo a los que nos han hecho recomendar el Rosario, que también puede producir buenos frutos de penitencia, sobre todo meditando los sufrimientos de Cristo y su Madre.

 Fácil uso del Rosario.

En nuestros esfuerzos para lograr el supremo bien, ¡con qué sabia providencia se Nos indica el Rosario como socorro que a todos conviene, fácilmente aprovechable, sin comparación posible con otro alguno! Aun el medianamente instruido en asuntos de Religión puede servirse de él fácilmente y con utilidad, y el Rosario no toma tanto tiempo que perjudique a cualesquiera ocupaciones.

Los anales sagrados abundan en ejemplos famosos y oportunos, y se sabe que muchas personas cargadas de importantes quehaceres y grandes trabajos jamás han interrumpido un solo día esta piadosa costumbre.

Tomado de la Encíclica: Fidentem Piumque – Sobre la devoción del Rosario. Del 20 de Septiembre de 1896

Los frutos del rezo y las razones del nombre Rosario

Octubre 25, 2008

LEON XIII

” Pues, esos mismos efectos producen en cada uno de nosotros, especialmente las series de misterios que en el Rosario admiramos; conviene a saber, que con la frecuente meditación o recuerdo, el alma cristiana poco a poco e insensiblemente embeba la vitalidad en ellos contenida y se impregne de ella; que poco a poco e insensiblemente se sienta conducido a disponer sin pretensiones su vida en activa quietud, a soportar las adversidades con ecuanimidad y fortaleza de espíritu, a dar aliento a la esperanza de los bienes inmortales que nos están reservados en una patria mejor, y finalmente, a fortalecer y aumentar la fe, sin la cual buscamos en vano el remedio y el alivio de los males que nos agobian, o la conjuración de los peligros que nos amenazan.

Ahora bien: con razón han sido llamadas “Rosario” las oraciones marianas que, bajo la Inspiración y ayuda de Dios, Santo Domingo fue el primero en idear mezclándolas, en determinado orden, con los misterios de la Redención; pues, cuantas veces saludamos a María como “llena de gracia”, según la alabanza angélica, tantas veces ofrecemos, mediante la alabanza repetida, a la Virgen una especie de rosas que despiden un perfume de gratísima dulzura; tantas veces se presentan en nuestra mente la excelsa dignidad de María y la gracia que Dios le concedió por el fruto bendito de su seno[Lc. 1, 42.]; tantas veces recordemos otros méritos singulares, por los cuales con su Hijo divino María fue hecha participante en la redención humana. ¡Cuán suave, pues, y cuán grata es a la Santísima Virgen la salutación angélica, porque, precisamente, al saludarla Gabriel con ella, sintió que había concebido del Espíritu Santo al Verbo de Dios!”

Encíclica: Sobre el Santo Rosario y la consagración del nuevo templo de la Virgen del Rosario, en Lourdes, Francia. 8 de Septiembre de 1901

Excelencia del Santo Rosario por las oraciones de que está compuesto (5)

Octubre 21, 2008

 

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONFORT

EL AVEMARÍA – SUS MARAVILLOSOS FRUTOS

Entre las cosas admirables que la Santísima Virgen reveló al Beato Alano de la Rupe – y sabemos que este gran devoto de María confirmó con juramento sus revelaciones- hay tres de mayor importancia:

La primera, que la negligencia, tedio y aversión a la salutación angélica -que restauró al mundo- son señal probable e inmediata de reprobación eterna;

La segunda, que quienes tienen devoción a esta divina salutación poseen una gran señal de predestinación;

La tercera, que quienes han recibido de Dios la gracia de amar a la Santísima Virgen y servirla por amor deben esmerarse con el mayor empeño para continuar amándola y sirviéndola hasta que Ella los coloque en el cielo, por medio de su Hijo, en el grado de gloria que conviene a sus méritos (B. Alano, Cap XI).

Todos los herejes -que son hijos de Satanás y llevan señales evidentes de reprobación- tienen horror al Avemaría. Quizás aprenden el Padrenuestro, pero no el Avemaría. Preferirían llevar sobre sí una serpiente antes que una camándula.

Entre los católicos, aquellos que llevan la marca de la reprobación apenas si se interesan por el Rosario, son negligentes en rezarlo o lo recitan tibia y precipitadamente.

Aunque yo no aceptara con fe piadosa lo revelado al Beato Alano, me basta la experiencia personal para convencerme de esta terrible y a la vez consoladora verdad. No sé ni veo con claridad cómo una devoción tan pequeña puede ser señal infalible de eterna salvación, y su defecto, señal de reprobación. No obstante, nada hay más cierto.

Vemos, en efecto, que quienes en nuestros días profesan novedosas doctrinas condenadas por la Iglesia, a pesar de su aparente piedad, descuidan en demasía la devoción del Rosario y frecuentemente lo arrancan del corazón de quienes les rodean, con los pretextos más hermosos del mundo. Evitan con cuidado condenar abiertamente el Rosario y el escapulario -como hacen los calvinistas-. Pero su proceder es tanto más pernicioso cuanto más sutil. Hablaremos de ello en seguida.

Mi Avemaría, mi Rosario o mi corona son mi oración preferida y mi piedra de toque segurísima para distinguir a quienes son conducidos por el Espíritu de Dios de quienes se hallan bajo la ilusión del espíritu maligno. He conocido almas que parecían volar como águilas hasta las nubes, por la sublimidad de su contemplación. Eran, sin embargo, miserablemente engañadas por el demonio. Solo llegué a descubrir sus ilusiones, al ver que rechazaban el Avemaría y el Rosario como indignos de su estima.

El Avemaría es un rocío celestial y divino, que al caer en el alma de un predestinado le comunica una fecundidad maravillosa para producir toda clase de virtudes. Cuanto más regada esté un alma por esta oración tanto más se le ilumina el espíritu, más se le abraza el corazón y más se fortalece contra sus enemigos.

El Avemaría es una flecha inflamada y penetrante que unida por un predicador a la palabra divina que anuncia, le da la fuerza de traspasar y convertir los corazones más endurecidos, aunque el orador no tenga talento natural extraordinario para la predicación.

El Avemaría fue el arma secreta que -como dije antes sugirió la Santísima Virgen a Santo Domingo y al Beato Alano para convertir a los herejes y pecadores. De aquí surgió la costumbre de los predicadores de rezar un Avemaría al comenzar la predicación, como afirma San Antonio.

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EL AVEMARÍA. SUS BENDICIONES

Esta divina salutación atrae sobre nosotros la copiosa bendición de Jesús y María. Efectivamente, es principio infalible que Jesús y María recompensan magnánimamente a quienes les glorifican y devuelven centuplicadas las bendiciones que se les tributan: Quiero a los que me quieren… para enriquecer a los que me aman y para llenar sus bodegas (Prov 8,17.21). Es lo que proclaman a voz en cuello Jesús y María. Amamos a quienes nos aman, los enriquecemos y llenamos sus tesoros. Quien siembra generosamente, generosas cosechas tendrá (ver 2 Cor 9,6).
Ahora bien. ¿no es amar, bendecir y glorificar a Jesús y a María el recitar devotamente la salutación angélica?

En cada Avemaría tributamos a Jesús y a María una doble bendición: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

En cada Avemaría tributamos a María el mismo honor que Dios le hizo al saludarla mediante el arcángel San Gabriel. ¿Quién podrá pensar siquiera que Jesús y María –que tantas veces hacen el bien a quienes les maldicen– vayan a responder con maldiciones a quienes los honran y bendicen con el Avemaría?

La reina del cielo -dicen San Bernardo y San Buenaventurano es menos agradecida y cortés que las personas nobles y bien educadas de este mundo. Las aventaja en esta virtud como en las demás perfecciones y no permitirá que la honremos con respeto sin devolvernos el ciento por uno.
“María –dice San Buenaventura– nos saluda con la gracia, siempre que la saludamos con el Avemaría” .
¿Quién podrá comprender las gracias y bendiciones que el saludo y mirada benigna de María atraen sobre nosotros?
En el momento en que Santa Isabel oyó el saludo que le dirigía la Madre de Dios, quedó llena del Espíritu Santo y el niño que llevaba en su seno saltó de alegría. Si nos hacemos dignos del saludo y bendición recíprocos de la Santísima Virgen, seremos, sin duda, colmados de gracias y un torrente de consuelos espirituales inundará nuestras almas.

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EL AVEMARÍA – FELIZ INTERCAMBIO

Está escrito: Den y se les dará (Lc 6,38). Recordemos la comparación del Beato Alano: “Si te doy cada día ciento cincuenta diamantes, ¿no me perdonarías aunque fueses enemigo mío? Y si eres mi amigo, ¿no me otorgarás todos los favores posibles? ¿Quieres enriquecerte con todos los bienes de la gracia y de la gloria? ¡Saluda a la Santísima Virgen, honra a tu bondadosa Madre!” El que da gloria a su madre se prepara un tesoro (BenS 3,5). Preséntale, al menos, cincuenta Avemarías diariamente, cada una de ellas contiene quince piedras preciosas que agradan más a María que todas la riquezas de la tierra. ¿Qué no podrás, entonces, esperar de su generosidad? Ella es nuestra Madre y amiga. Es la Emperatriz del universo y nos ama más de lo que todas las madres y reinas juntas amaron a algún mortal.
Porque –dice San Agustín– la caridad de la Santísima Virgen aventaja a todo el amor natural de todos los hombres y de todos los ángeles.

El Señor se apareció un día a Santa Gertrudis, contando monedas de oro. Ella se atrevió a preguntarle qué estaba contando. “Cuento –le respondió Jesucristo– tus Avemarías: ¡son la moneda con que se compra el paraíso!”

El doctor y piadoso Suárez, S.J., estimaba tanto la salutación angélica que solía decir: “¡Daría con gusto toda mi ciencia por el valor de un Avemaría bien dicha!”

El Beato Alano de la Rupe se dirige así a la Santísima Virgen:

“Quien te ama. oh excelsa María, escuche esto y llénese de gozo:

El cielo exulta de dicha, la tierra, de admiración; cuando digo: ¡Avemaría!

Mientras que el mundo se aterra, poseo el amor de Dios: cuando digo: ¡Avemaría!

Mis temores se disipan, mis pasiones se apaciguan: cuando digo: ¡Avemaría!

Mi devoción, se acrecienta, y alcanzo la contrición: cuando digo: ¡Avemaría!

Se confirma mi esperanza, se acrecienta mi consuelo: cuando digo: ¡Avemaría!

Salta de gozo mi espíritu, se disipa mi tristeza; cuando digo: ¡Avemaría!

Porque la dulzura de esta suavísima salutación es tan grande que no hay términos adecuados para explicarla debidamente y, después de haber dicho de ella maravillas, resulta todavía tan escondida y profunda que es imposible descubrirla. Es corta en palabras, pero grande en misterios.

Es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Hay que tenerla frecuentemente en el corazón para meditarla y en la boca para recitarla y repetirla devotamente”.

Refiere el mismo Beato Alano -en el Capítulo 69 del salterio que una religiosa muy devota del Rosario se apareció después de muerta a una de sus hermanas y le dijo: “Si pudiera regresar a mi cuerpo para recitar solamente un Avemaría, aunque sin mucho fervor, volvería a sufrir gustosamente todos los dolores que padecí antes de morir, con tal de alcanzar el mérito de esta oración”. Hay que recordar que había sufrido crueles dolores durante varios años.

Miguel de Lisle, obispo de Salubre, discípulo y compañero del Beato Alano de la Rupe en el restablecimiento del Santo Rosario, dice que la salutación angélica es el remedio de todos los males que nos afligen, con tal que la recemos devotamente en honor de la Santísima Virgen.

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EL AVEMARÍA: BREVE EXPLICACIÓN

¿Te debates en la miseria del pecado? -Invoca a la excelsa María y dile: ¡Ave! Que quiere decir: ¡Te saludo con profundo respeto a ti que eres sin pecado, ni desgracia! Ella te librará de la desgracia de tus pecados.

¿Te envuelven las tinieblas de la ignorancia o del error?  Recurre a María y dile: ¡Ave María! Es decir, iluminada con los rayos del sol de justicia. Ella te comunicará sus luces.

¿Caminas extraviado, fuera de la senda del cielo? -Invoca a María, que quiere decir Estrella del mar y Estrella polar, que guía nuestro peregrinar por este mundo. Ella te conducirá al puerto de salvación.

¿Estás afligido? - Acude a María, que quiere decir mar amargo, pues fue llena de amarguras en este mundo y actualmente en el cielo se ha convertido en mar de purísimas dulzuras. Ella convertirá tu tristeza en gozo y tus aflicciones en consuelo.

¿Has perdido la gracia? – Honra la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen y dile llena de gracia y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella te dará sus gracias.

¿Te sientes solo y abandonado de Dios?  Dirígete a María y dile el Señor es contigo más noble y está más íntimamente que en los justos y los santos, porque eres con El una misma cosa, pues siendo El tu Hijo, su carne es carne tuya. Y dado que eres su Madre, estás con el Señor en semejanza perfecta
y mutua caridad. Dile finalmente: Toda la Santísima Trinidad está contigo, pues eres su precioso templo. Ella te colocará bajo la protección y salvaguardia del Señor.

¿Te has convertido en objeto de la maldición divina? –Dile: bendita tu entre todas las mujeres. Te aclaman todas las naciones por tu pureza y fecundidad, tú cambiaste las maldiciones divinas en bendición. Ella te bendecirá.

¿Estás hambriento del pan de la gracia y del pan de la vida? – Acércate a quien llevó el pan vivo descendido del cielo. Dile bendito es el fruto de tu vientre, el que concebiste sin detrimento de tu virginidad, que llevaste sin trabajo y diste a luz sin dolor. Bendito Jesús, que rescató al mundo esclavizado, curó al mundo enfermo, resucitó al hombre muerto, hizo volver al hombre desterrado, justificó al hombre criminal y salvó al hombre condenado. Ciertamente tu alma será saciada del pan de la gracia en esta vida y de la vida eterna en la otra. Amén.

Concluye tu plegaria con la Iglesia y di: Santa María; santa en cuerpo y alma, santa por tu singular y eterna abnegación en el servicio de Dios, santa en tu calidad de Madre de Dios que te dio una santidad eminente como convenía a esta infinita dignidad. Madre de Dios y también Madre nuestra, Abogada y Mediadora nuestra, Tesorera y Dispensadora de las gracias de Dios: Alcánzanos pronto el perdón de nuestros pecados y la reconciliación con la divina Majestad.

Ruega por nosotros, pecadores: pues tienes tanta compasión de los miserables, que no desprecias ni rechazas a los pecadores, sin los cuales no serías la Madre del Salvador.

Ruega por nosotros ahora, durante el tiempo de nuestra vida corta, frágil y miserable. Ahora, porque sólo nos pertenece el momento presente. Ahora, cuando somos acometidos y estamos rodeados, noche y día, de poderosos y crueles enemigos.

En la hora de nuestra muerte, tan terrible y peligrosa, cuando se agoten nuestras fuerzas, cuando nuestro cuerpo y espíritu estarán abatidos por el dolor y el espanto.

En la hora de nuestra muerte, cuando Satanás redoblará sus esfuerzos a fin de arruinarnos para siempre. En esa hora en que se decidirá nuestra suerte para toda una eternidad, dichosa o infeliz. Ven en ayuda de tus pobres hijos, Madre compasiva, abogada y refugio de los pecadores. Aleja de nosotros en la hora de la muerte a los demonios, enemigos y acusadores nuestros, cuyo horroroso aspecto nos espanta. Ven a iluminarnos en las tinieblas de nuestra muerte. Guíanos y acompáñanos ante el tribunal de nuestro Juez, que es Hijo tuyo. Intercede por nosotros para que nos perdone y reciba en el número de los elegidos en la mansión de la gloria eterna. ¡Amén, que así sea!

¿Habrá quien no admire la excelencia del Santo Rosario compuesto de partes tan excelentes como la oración dominical y la salutación angélica?

¿Existe acaso oración más grata a Dios y a la Santísima Virgen y más fácil, dulce y saludable para los hombres?

Llevémoslas continuamente en el corazón y en la boca para honrar a la Santísima Trinidad, a Jesucristo nuestro Salvador y a su Madre Santísima.