
El Rosario debe rezarse con:
1-Pureza de alma,
2-Atención,
3-Combatiendo vigorosamente las distracciones.
4-Modestia,
5-Fe, humildad y confianza
6-Perseverancia
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PUREZA DE ALMA
“No es la duración, sino el fervor de nuestras oraciones lo que agrada a Dios y le gana el corazón”.
Una sola Avemaría bien dicha es más meritoria que ciento cincuenta mal dichas.
Casi todos los católicos rezan el Rosario o al menos una tercera parte del mismo o algunas decenas de Avemarías. ¿Por qué, entonces, hay tan pocas personas que se corrigen de sus pecados y adelantan de veras en la virtud? ¡Porque no rezan como se debe!
Veamos, pues, cómo se debe rezar el Rosario para agradar a Dios y hacernos santos.
1. Quien reza el Rosario debe hallarse en estado de gracia o estar al menos resuelto a salir del pecado.
Efectivamente, la teología nos enseña que las buenas obras y plegarias realizadas en pecado mortal, son obras muertas que no logran agradar a Dios ni merecer la vida eterna. En este sentido dice la Escritura: No corresponde a los pecadores alabar (Eclo 15,9).
Ni la alabanza ni la salutación angélica, ni la misma oración de Jesucristo pueden agradar a Dios cuando salen de la boca de un pecador impenitente: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí (Mc 7,6).
He dicho “o estar, al menos, resuelto a salir del pecado”:
1. Porque si fuera necesario estar en gracia de Dios para orar en forma que le agrade, la consecuencia sería que quienes están en pecado mortal no deberían orar –no obstante tener más necesidad de ello que los justos– y, por consiguiente, no debería aconsejarse a un pecador que rece el Rosario o parte del mismo, porque le sería inútil. Lo cual es un error condenado por la Iglesia.
2. Porque, si te inscribes en alguna cofradía de la Santísima Virgen, rezas el Rosario o parte de él u otra oración con voluntad de permanecer en el pecado o sin intención de salir de él, pasarías a ser del número de los falsos devotos de la Santísima Virgen y de los devotos presuntuosos e impenitentes que bajo el manto de María, el escapulario sobre el pecho y el Rosario en la mano, van gritando: “Santa y bondadosa Virgen, yo te saludo, oh María!” y entre tanto, crucifican y desgarran cruelmente a Jesucristo con sus pecados y, desde las más santas cofradías de Nuestra Señora, caen lastimosamente en las llamas del infierno.
Aconsejamos el Rosario a todo el mundo: a los justos, a fin de que perseveren y crezcan en gracia de Dios; a los pecadores, para que salgan de sus pecados.
Pero no agrada ni puede agradar a Dios el que exhortemos a un pecador a hacer del manto protector de la Santísima Virgen, un manto de condenación para ocultar sus crímenes y cambiar el Rosario –que es remedio de todos los males– en veneno mortal y funesto. ¡La corrupción de lo mejor es la peor!
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La Virgen María mostró un día hermosos frutos en una bandeja llena de inmundicias, a un impúdico que recitabaconstantemente el Rosario todos los días. El se quedó horrorizado. La Virgen le explicó: “¡Tú me sirves así! ¡Me presentas bellísimas rosas en un vaso sucio y contaminado! ¡Juzga tú mismo, si me agradarán!”.

ES NECESARIO REZAR CON ATENCIÓN
“Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario. Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios.
Orar a Dios con distracciones voluntarias sería una irreverencia capaz de hacer infructuosos nuestros rosarios y llenarnos de pecados.
¿Cómo pretender que Dios nos escuche, cuando no nos oímos a nosotros mismos? ¿Si, mientras suplicamos a tan Augusta Majestad, nos distraemos voluntariamente corriendo tras una mariposa? Esto equivale a alejar de ti la bendición del Señor y arriesgarte a recibir más bien la maldición lanzada por El contra quienes realizan la obra de Dios con negligencia: Maldito el que ejecuta con flojera el trabajo que Yahvé le ha encomendado (Jer 48,10).
Es verdad que no podrás rezar el Rosario sin padecer algunas distracciones involuntarias. Te será aun difícil recitar un Avemaría sin que la imaginación, siempre inquieta, te robe parte de la atención. Pero, sí te es posible rezar sin distracciones voluntarias.
Para disminuirlas y fijar la atención, debes utilizar toda clase de medios.Para ello: colócate en presencia de Dios, pensando en que El y su Santísima Madre te están mirando, que tu ángel de la guarda está a tu derecha recogiendo tus Avemarías bien dichas, como otras tantas rosas para tejer con ellas una corona a Jesús y a María y que, por el contrario, el demonio se halla a tu izquierda y merodea a tu alrededor para devorar tus Avemarías dichas sin atención, devoción ni modestia y anotarlas en su libro de muerte. Sobre todo, no omitas ofrecer cada decena en honor de los misterios. Represéntate en la imaginación al Señor y su Santísima Madre en el misterio que contemplas.
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Se lee en la vida del Beato Hermann, premonstratense, que, cuando rezaba el Rosario con devota atención y meditando los misterios, se le aparecía la Santísima Virgen, resplandeciente de luz, hermosura y majestad. Habiéndose enfriado más tarde su devoción, rezaba el Rosario de carrera y sin atención. Se le apareció la Virgen María con el semblante arrugado, triste y repulsivo. Hermann se sorprendió por semejante cambio. Ella le explicó entonces: «Me presento ante tus ojos, como me hallo en tu alma. Pues me tratas como a persona ruin y Despreciable. ¿Qué fue de aquellos tiempos en que me saludabas con respeto y atención y meditabas mis misterios y grandezas?»

HAY QUE COMBATIR VIGOROSAMENTE LAS DISTRACCIONES
“Así como no hay oración más meritoria para el alma ni más gloriosa para Jesús y María que el Rosario bien dicho, tampoco hay nada más difícil que rezarlo bien y con perseverante atención.
Esto, principalmente a causa de las distracciones que surgen así naturalmente de la repetición continua de la misma plegaria.
Cuando rezas el Oficio de la Virgen, los siete salmos u oraciones distintas del Rosario, el cambio o diversidad de términos frenan la imaginación y recrean el espíritu. Así es más fácil rezarlos bien. Pero en el Rosario, donde siempre encuentras los mismos Padrenuestros y Avemarías hilvanados en la misma forma, es fácil que te canses, te adormiles y lo abandones para irte en pos de oraciones más deleitosas y menos molestas. De suerte que necesitas más devoción para perseverar en el rezo del Santo Rosario que en el de cualquier otra plegaria, aunque sea el salterio de David.
La imaginación, siempre inquieta y que no se queda tranquila un solo instante, aumenta la dificultad. Otro tanto hará la malicia del demonio, incansable en su labor de distraernos e impedirnos orar. ¿Qué no moverá contra nosotros el maligno al vernos aplicados a rezar el Rosario en contra suya? Antes de iniciar nuestra oración, acrecienta la apatía y negligencia naturales. Durante la oración, aumenta el hastío, las distracciones y el decaimiento. Y cuando hemos terminado de orar, entre mil trabajos y distracciones, nos deprime de diversas maneras y se burla de nosotros diciéndonos: “No has hecho nada que valga la pena. Tu Rosario no vale nada. Pierdes el tiempo recitando tantas oraciones vocales sin atención. Media hora de meditación o una buena lectura te aprovecharían mucho más. Mañana, cuando estés menos adormilado, podrás orar con mayor atención. ¡Deja, pues, para mañana el resto de tu Rosario!” En esta forma, el diablo con sus artimañas consigue que abandones el Rosario en todo o en parte, lo cambies por otra oración o lo difieras.”
“Si es preciso que pases todo el Rosario combatiendo contra las distracciones, lucha valerosamente con las armas en la mano. Es decir, sigue rezándolo, aunque sin gusto ni consuelo sensible. Será una lucha terrible, pero muy saludable al alma fiel. Pero si rindes las armas, es decir, si dejas el Rosario, sales vencido y, en lo sucesivo, el demonio triunfador sobre tu fuerza de voluntad, te dejará en paz, pero en el día del juicio te reprochará tu pusilanimidad e infidelidad. El que se mostró digno de confianza en cosas sin importancia será digno de confianza también en las importantes (Lc 16, 10). Quien es fiel en rechazar las pequeñas distracciones durante una breve plegaria lo será igualmente en las grandes empresas. Nada más cierto: ¡son palabras de Espíritu Santo.! ¡Animo, pues, servidor bueno y fiel de Jesucristo y de la Santísima Virgen, que has tomado la resolución de rezar el Rosario todos los días! Que la multitud de moscas –llamo así a las distracciones que importunan mientras rezas– no logren jamás hacerte abandonar cobardemente la compañía de Jesús y de María, en la que te hallas al rezar el Rosario.”

HAY QUE REZAR EL ROSARIO CON MODESTIA
“Permíteme añadir que hay que rezar el Rosario con modestia, es decir, –en cuanto posible– de rodillas, con las manos juntas y la camándula entre ellas. Sin embargo, en caso de enfermedad, puedes rezarlo en el lecho. De viaje, puedes rezarlo caminando. Si la enfermedad te impide arrodillarte, puedes rezarlo sentado o de pies. Puedes rezarlo también, mientras trabajas, si no te es posible dejar el trabajo por impedírtelo las obligaciones profesionales, dado que el trabajo manual no obstaculiza a la oración vocal. Ciertamente que nuestra alma, por ser limitada en la acción, estará menos atenta a las operaciones del espíritu, tales como la oración, cuando lo está al trabajo de las manos. Sin embargo, en caso de necesidad, una oración así tiene también su valor ante la Santísima Virgen, que recompensa más la buena voluntad que la acción exterior.
Te aconsejo dividir el Rosario en tres partes y recitarlo en tres tiempos diferentes del día. Es preferible esto a rezarlo todo de una vez. Si no te alcanza el tiempo para recitar de seguido toda una tercera parte, recita una decena acá y otra allá. Así habrás rezado tu Rosario entero antes de irte a acostar, a pesar de tus obligaciones y negocios.
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Imita en esto la fidelidad de San Francisco de Sales. Hallándose, cierta noche, muy cansado a causa de las visitas que había tenido que hacer durante el día y siendo ya casi las doce de la noche, se acordó de que le faltaban aún algunas decenas por rezar. Se puso inmediatamente de rodillas y las rezó antes de acostarse, no obstante las recomendaciones de su capellán, que -viéndolo tan fatigado- le incitaba para que aplazara hasta el día siguiente lo que faltaba por rezar.”

REZAD EL ROSARIO EN COMUNIDAD Y A DOS COROS
“Entre tantos métodos como existen de rezar el Rosario, el más glorioso para Dios, saludable para el alma y terrible para el demonio es el de salmodiarlo o rezarlo públicamente a dos coros.
Dios se complace en las asambleas. Todos los ángeles y santos congregados en el cielo le alaban incesantemente. Los justos de la tierra reunidos en varias comunidades le imploran en comunidad día y noche. El Señor aconsejó expresamente esta práctica a sus apóstoles y discípulos y les prometió que, cuantas veces se reunieran dos o tres en su nombre, El se encontraría en medio de ellos (Ver Mt 18,20) para rogar en su nombre y rezar la misma oración.
¡Qué alegría tener a Jesús en nuestra compañía! ¡Y pensar que para poseerlo basta solamente reunirse a rezar el Rosario! Es la razón por la cual los primeros cristianos se reunían tantas veces para orar juntos, a pesar de las persecuciones de los emperadores que les prohibían reunirse. Preferían exponerse a la muerte antes que faltar a sus asambleas, en las que tenían la certeza de que Jesús les hacía compañía.
La oración en común es la más saludable al alma:
1. porque de ordinario la mente está más atenta durante la oración pública que durante la privada;
2. porque, cuando se ora en comunidad, la oración de cada persona se convierte en la de toda la asamblea y todas juntas sólo forman una oración. De suerte que si algún particular no reza tan bien, otro que lo hace mejor suple su falta. El fuerte sostiene al débil, y el fervoroso enardece al tibio, el rico enriquece al pobre y el malvado se integra a los buenos. ¿Cómo vender un kilo de cizaña? ¡Basta mezclarla con cuatro o cinco de trigo bueno! ¡Y todo se vende!;
3. porque una persona que reza sola el Rosario tiene el mérito de un solo Rosario, pero si lo reza con treinta personas, adquiere el mérito de treinta rosarios. Tales son las leyes de la oración pública. ¡Qué ganancia! ¡Qué ventaja!
4. Urbano VIII -muy satisfecho de la devoción del Santo Rosario que se recitaba a dos coros en muchos lugares de Roma, especialmente en el convento de la Minerva concedió cien días de indulgencia cuantas veces se rece a dos coros: toties quoties. Así que todas las veces que se reza el Rosario en comunidad se ganan cien días de indulgencia;
5. porque, la oración pública es más eficaz que la individual para apaciguar la ira de Dios y obtener su misericordia.”
“Por último, el Rosario rezado en comunidad es mucho más terrible contra el demonio, pues se conforma un ejército entero para atacarlo. En ocasiones triunfa fácilmente sobre la oración particular. Pero, si ésta se une a la de los demás, sólo con dificultad logrará sus propósitos. Es fácil romper una varita. Pero, si la unes a otras y formas un haz, no podrás romperlo: la unión hace la fuerza. Los soldados se unen en batallón para derrotar al enemigo. Los malvados se unen con frecuencia para sus orgías y danzas. Los mismos demonios se unen para perdernos. ¿Por qué no han de reunirse los cristianos para gozar de la compañía de Jesucristo, aplacar la ira divina, alcanzar la gracia y misericordia del Señor y vencer y abatir más eficazmente a los demonios?
Amado cofrade del Rosario: vivas en la ciudad o en el campo, cerca de la iglesia parroquial o de una capilla, vete a ella –al menos todas las tardes– y –con permiso del rector de la iglesia y en compañía de cuantos lo deseen– reza el Rosario a dos coros. Haz otro tanto en tu casa o en la de cualquier particular, si no tienes la posibilidad de ir a la iglesia o a la capilla.”

REZAD DIARIAMENTE EL ROSARIO CON FE, HUMILDAD Y CONFIANZA
“Separaos de los malos, pueblo de Dios, almas predestinadas y para escapar y salvaros de en medio de los que se condenan por su impiedad, indevoción y ociosidad, decidíos, sin pérdida de tiempo, a rezar con frecuencia el Santo Rosario, con fe, con humildad con confianza y con perseverancia.
“En primer lugar si piensas con seriedad en el mandato que nos dio Jesucristo de orar siempre y reflexionas en su ejemplo, en la urgente necesidad que tenemos de la oración, a causa de nuestras tinieblas, ignorancia y debilidad y de la multitud de enemigos que nos persiguen, no te contentarás con rezar el Rosario una vez al año –como lo exige la cofradía del Rosario Perpetuo- ni una vez a la semana -como lo prescribe la del Rosario Ordinario– sino que lo recitarás puntualmente todos los días –como lo pide la del Rosario Cotidiano– aunque no tengas otra obligación que la de salvarte. Jesús les propuso un ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse (Lc 18,1).
Estas son palabras eternas de Jesucristo, que es preciso creer y practicar, si no quieres condenarte. Explícalas como quieras. Pero no a la moda, para que no las vivas a la moda. Jesucristo nos dio la verdadera explicación con su ejemplo: Les he dado ejemplo, para que Uds., hagan lo mismo que yo… (Jn 13,15). Pasó la noche en oración con Dios ( Lc 6,12b). Como si no le bastara el día, dedicaba también la noche a la oración. Repetía con frecuencia a sus apóstoles estas palabras: Estén despiertos y orando ( Mt 26,41). El ser humano es débil. La tentación, próxima y continua. Y si no oras siempre, caerás en ella. Los apóstoles creyeron que el Señor sólo les daba un consejo, interpretaron erróneamente sus palabras y cayeron en la tentación y en el pecado a pesar de tener a Jesús en su compañía.
Estimado cofrade, no es necesario orar tanto ni rezar tantos rosarios, si quieres vivir a la moda y condenarte a la moda, es decir, cayendo de tiempo en tiempo en el pecado mortal para luego confesarte, evitando los pecados groseros y escandalosos y salvando las apariencias. Una corta oración por la mañana y por la tarde, uno que otro Rosario impuesto por penitencia, unas decenas de Avemarías a la carrera y cuando te venga en gana… te bastarán para aparecer ante el mundo como buen cristiano. Si haces menos, te acercas al libertinaje y si haces más, te aproximas a la singularidad y a la santurronería.
Pero es necesario que ores siempre, como lo enseñó Jesucristo, si –como cristiano auténtico– quieres de verdad salvarte y caminar tras las huellas de los santos, evitando caer en todo pecado mortal, rompiendo todas las cadenas y apagando todos los dardos encendidos de Satanás. Debes, al menos, rezar diariamente el Rosario u otras oraciones equivalentes.
Digo “al menos”, porque con el Rosario cotidiano alcanzarás cuanto es necesario para evitar el pecado mortal, vencer todas las tentaciones, en medio de los torrentes de iniquidad del mundo que arrastran con frecuencia a quienes se creen más seguros, en medio de los espíritus malignos más habilidosos que nunca y que sabiendo que les queda poco tiempo para tentar, lo hacen con mayor astucia y éxito.
¡Qué maravilla de la gracia del Santo Rosario! ¡Poder escapar del mundo, del demonio y de la carne y salvarte para el cielo!
Si no quieres aceptar lo que te digo, da crédito por lo menos a tu propia experiencia. Respóndeme: ¿eras, acaso, capaz de evitar ciertos pecados graves que sólo tu ceguera te hacía ver como insignificantes, cuando te contentabas con esas cortas oraciones hechas como las hace el cristiano
mediocre? ¡Abre, pues, los ojos! Ora y ora siempre, si quieres vivir y morir como santo; sin pecado mortal, por lo menos.
Reza todos los días, como hacían los cofrades del Rosario cuando se estableció la cofradía. Mas adelante encontrarás la prueba de cuanto te digo.
La Santísima Virgen al dar el Rosario a Santo Domingo, le ordenó rezarlo y hacerlo rezar todos los días. El Santo, por su parte, no recibía en la cofradía a nadie que no tuviera la firme resolución de rezarlo diariamente.
Si ahora no se exige en la cofradía del Rosario Ordinario sino la recitación de un Rosario semanal, ello obedece a que se ha apagado el fervor y enfriado la caridad. ¿Qué más se puede pedir a quienes rezan como a pesar suyo? Pero al principio no fue de esa manera (Mt 19,8).
Es preciso, además, tener en cuenta tres advertencias:
La primera, que si deseas inscribirte en la cofradía del Rosario Cotidiano y participar en las oraciones y méritos de quienes ya están en ella, no basta con que te inscribas en la cofradía del Rosario Ordinario, ni que tomes simplemente la resolución de rezar el Rosario todos los días. Tienes que dar tu nombre a quienes han sido autorizados para inscribirte en ella. Será conveniente que te confieses y comulgues en esta circunstancia.
La razón de esta advertencia es que el Rosario Ordinario no incluye el Cotidiano, aunque este sí, al Ordinario.
La segunda, que absolutamente hablando, no hay pecado ni siquiera venial, si omites el rezo de Rosario Cotidiano, Semanal o Anual.
La tercera, que cuando la enfermedad, obediencia legítima, necesidad u olvido involuntario te impiden rezar el Rosario, no pierdes el mérito ni la participación en los rosarios de los demás cofrades. Y, por tanto, no es necesario –en absoluto– que al día siguiente reces dos Rosarios para suplir
al que faltaste sin culpa tuya, según suponemos. Pero, si la enfermedad te permite rezar una parte del Rosario, debes rezarla.”
“En segundo lugar, hay que recitar el Rosario con fe, conforme a las palabras de Jesucristo: Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo recibieron… (Mc 11,24). Cree que recibirás de Dios cuanto le pidas y El te escuchará y te responderá: Que te suceda como creíste (Mt 8,13). Si a alguno de Uds. le falta la sabiduría, pídala a Dios. Pero pídala con fe (Sant 1,5-6), recitando el Rosario y le será concedida.
En tercer lugar, hay que orar con humildad, como el publicano, que estaba de rodillas en tierra y no con una rodilla en el aire o sobre un banco, como hacen los orgullosos. Se quedó a la entrada sin atreverse a llegar hasta el fondo del santuario, como el fariseo. Tenía los ojos clavados en el suelo, sin atreverse a levantarlos al cielo. Sin levantar la cabeza ni mirando acá y allá, como el fariseo. Golpeándose el pecho, confesándose pecador e implorando perdón: Ten piedad de mí que soy un pecador ( Lc 18,13). Y no, como el fariseo que se vanagloriaba de sus buenas obras y despreciaba a los demás. Evita la orgullosa oración del fariseo que volvió a su casa más endurecido y maldito. Imita más bien la humildad del publicano en su oración que le obtuvo el perdón de los pecados. Evita correr en busca de lo extraordinario y pedir o siquiera desear conocimientos excepcionales, visiones, revelaciones y gracias extraordinarias que Dios comunica a veces a algunos santos, durante la recitación del Rosario. La fe sola es suficiente (Ver Heb 10,38; Gál 3,11), ahora que el Evangelio y todas las devociones y prácticas de piedad se hallan suficientemente establecidas.
No omitas nunca la menor parte del Rosario en las sequedades, desalientos y decaimientos interiores. Sería señal de orgullo e infidelidad. Como valiente campeón de Jesús y María, recita el Padrenuestro y el Avemaría en medio de la aridez, aunque sin ver, sentir ni gustar, esforzándote cuanto puedas por contemplar los misterios.
No suspires por los bombones y golosinas de los niños para comer tu pan de cada día. Para imitar más perfectamente a Jesús agonizante, prolonga la recitación de tu Rosario, precisamente cuanto más te cueste el rezarlo: En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba más intensamente (Lc 22,43). Así podrá aplicarse a tu caso, lo que se ha dicho de Jesucristo, quien cuando estaba en la agonía, oraba más largamente.
En cuarto lugar, ora con total confianza. Con una confianza fundada en la bondad y generosidad infinitas de Dios y en las promesas de Jesucristo. Dios es fuente de agua viva que corre incesantemente en el corazón de los que oran. Jesús es como el pecho del Padre Eterno, lleno de gracia y de verdad (Ver Jn 1,14. 16). Ahora bien el mayor deseo del Padre respecto de nosotros es comunicarnos las aguas saludables de su gracia y misericordia. Y nos grita: Todos los que tengan sed, vengan a beber agua (Is 55,1), en la oración. Y si no oras, se queja de que le abandonas: Me han abandonado a mí, que soy manantial de aguas vivas… ( Jr 2,13).
Pedir gracias a Jesucristo es causarle placer, un placer mayor que el que procura a las madres naturales dar a sus hijos el néctar de sus pechos. La oración es el canal de la gracia de Dios y a modo de pecho maternal de Jesucristo. Si no acudes a El con la plegaria -como deben hacerlo todos los hijos de Dios- Jesucristo se queja amorosamente: Hasta ahora no han pedido nada: pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen a la puerta y les abrirán (Mt 7,7; Jn 16,24). Más aún, para animarnos a pedirle con mayor confianza, llega a empeñar su palabra de que el Eterno Padre nos concederá cuanto le pidamos en su Nombre (Ver Jn 15,23).

PERSEVERANCIA
“Sólo el que persevera en pedir, buscar y llamar, recibirá, encontrará y entrará.
No basta con pedir a Dios una gracia durante un mes, un año, diez años, veinte; no hay que enojarse “et non deficere“, y “no desfallecer”, es preciso pedir hasta la muerte y estar resuelto a obtener lo que se pide para la salvación o a morir, y aun es preciso unir a la muerte la perseverancia en la oración y la confianza en Dios. “Etiam si occidet me sperabo in eum“. Aun cuando quisiera darme la muerte, esperaría en Él y de Él lo que pido.”
“La liberalidad de los ricos y grandes del mundo, muéstrase previniendo por sus beneficios lo que necesitan los demás, aun antes que se lo pidan; pero Dios, por el contrario, se muestra su magnificencia en hacer buscar durante mucho tiempo y hacer pedir las gracias que quiere conceder; y cuanto más preciosa es la gracia que quiere otorgar; más tiempo difiere su concesión:
1º Para aumentarla de ese modo.
2º Para que quien la reciba la tenga en gran estima.
3º Para que tenga cuidado de no perderla después de recibida; porque no se estima mucho lo que en un momento y con poco trabajo se consigue.”
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San Luis María Grignion de Montfort. El secreto admirable del Santísimo Rosario.






