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Los “Cien Requiem” por las almas del Purgatorio

Noviembre 3, 2009

Modo de rezar los Cien Requiem

Puedes servirte del Rosario de cinco misterios, que recorrerás dos veces, de este modo:

Empezarás con un Padre nuestro y la jaculatoria: Jesús mío, tened misericordia de las benditas almas del Purgatorio, y en especial de las más abandonadas…

Siguen los diez primeros Requiem:

Réquiem aeternam dona eis, Dómine; et lux perpétua lúceat eis.

Dadles, Señor, el descanso eterno.  Y alúmbreles la luz eterna. 

y concluídos, dirás nuevamente el Padre Nuestro y la mencionada jaculatoria; y así igualmente todas las decenas, hasta concluir el número de cien.

Terminarás con el salmo De profundis.

Salmo 129

¡Desde lo más profundo clamo a ti, Señor! ¡Señor, oye mi voz!

¡Estén tus oídos atentos a la voz de mis súplicas!

Si mirases, Señor, nuestras iniquidades, ¿Quién podría subsistir, oh Señor?

Mas en ti hay propiciación, y teniendo en cuenta tu ley, en ti espero:

Mi alma espera en su palabra: mi alma espera en el Señor!

Desde el amanecer hasta la noche espera, Israel, en el Señor.

Porque con el Señor está la misericordia. Y con El la abundante Redención.

Y el redimirá a Israel de todas sus iniquidades.

*

Si te fuere posible, podrás añadir las siguientes preces a la Sangre Preciosísima de Jesucristo:

1.Oh, dulcísimo Jesús, por el sudor de Sangre que vertisteis en el huerto de Getsemaní, compadeceos de esas Almas, y en especial del alma de N N y de las más abandonadas. Requiem, etc

2. Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que sufristeis en la flagelación, compadeceos de esas Almas, y en especial del alma de N.N y de las más abandonadas. Requiem.

3. Oh dulcísimo Jesús, por la Sangre que derramasteis en vuestra coronación de espinas, compadeceos de esas Almas, y en particular del alma de N.N. y de las más abandonadas.

4. Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que sufristeis y la Sangre que derramasteis, cuando llevasteis la cruz al Calvario, compadeceos de esas Almas, y en particular del alma de NN y de las más abandonadas

5.Oh, dulcísimo Jesús, por los dolores que sufristeis y la sangre que derramasteis en vuestra crucifixión, compadeceos de esas Almas, y en particular del alma de NN y de las más abandonadas. Requiem, etc.

6.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores de vuestra terrible agonía, y por la sangre que entonces vertisteis, compadeceos de esas almas, y en particular del alma de NN y de las más abandonadas, Requiem, etc.

7.Oh, dulcísimo Jesús, por el dolor que sufristeis cuando vuestra Alma Santísima se separó de vuestro Cuerpo, y por la Sangre y agua que derramasteis de vuestro Costado, compadeceos de esas Almas, y en particular del alma de NN y de las más abandonadas. Requiem,etc.

*

Encomendémonos todos a las benditas Almas del Purgatorio, diciendo:

Almas benditas, nosotros hemos rogado por vosotras al Señor; mas vosotras que sois tan queridas de Su Divina Majestad, y que estáis seguras que no le perderéis jamás, rogadle por nosotros miserables pecadores, que estamos en gran peligro de perder a Dios para siempre.

Sueño de Don Bosco sobre el Purgatorio

Octubre 29, 2009

Don Bosco habló todavía a toda la Comunidad después de las oraciones de la noche:

Ayer noche, mis queridos hijos, me había acostado, y no pudiéndome dormir, pensaba en la naturaleza y modo de existir del alma; cómo estaba hecha; cómo se podía encontrar y hablar en la otra vida separada del cuerpo; cómo se trasladaría de un lugar a otro; cómo nos podremos conocer entonces los unos a los otros siendo así que, después de la muerte, sólo seremos espíritus puros.

Y cuanto más reflexionaba sobre esto, tanto más misterioso me parecía todo. Mientras divagaba sobre éstas y otras semejantes fantasías, me quedé dormido y me pareció estar en el camino que conduce a… (y nombró la ciudad) y que a ella me dirigía.

Caminé durante un rato; atravesé pueblos para mí desconocidos, cuando de pronto sentí que me llamaban por mi nombre.

Era la voz de una persona que estaba parada en el camino.

-Ven conmigo, me dijo; ahora podrás ver lo que deseas.

Obedecí inmediatamente.

Aquella persona se movía con la rapidez del pensamiento y lo mismo yo.

Caminábamos sin tocar con los pies en el suelo. Al llegar a una región que no sabría precisar, mi guía se detuvo.

Sobre un lugar eminente se elevaba un magnífico palacio de admirable estructura.

 No sabría puntualizar dónde estaba, ni a qué altura; no recuerdo si sobre una montaña o en el aire, sobre las nubes.

Era inaccesible, y no se veía camino alguno para subir.

Sus puertas estaban a una altura considerable.

-¡Mira! ¡Sube a ese palacio!, -me dijo mi guía.

-¿Cómo hacerlo?, -exclamé. ¿Cómo apañarme? Aquí abajo no hay entradas y yo no tengo alas.

-¡Entra!, -me dijo el otro en tono imperativo.

Y viendo que yo no me movía, añadió:

-Haz como yo; levanta los brazos con buena voluntad y subirás. Ven conmigo.

Y diciendo esto levantó en alto las manos hacia el cielo. Yo abrí entonces los brazos y al instante me sentí elevado en el aire a guisa de ligera nube. Y heme aquí a la entrada del gran palacio. El guía me había acompañado.

-¿Qué hay dentro?, -le pregunté.

-Entra: visítalo y verás. En una sala, al fondo, encontrarás quien te aleccione.

El guía desapareció y yo, habiéndome quedado sólo y guía de mí mismo, entré en el pórtico, subí las escaleras y me encontré en un departamento verdaderamente regio. Recorrí salas espaciosas, habitaciones ricamente decoradas y largos pasillos. Yo caminaba a una velocidad fuera de lo normal. Cada sala brillaba al conjuro de los sorprendentes tesoros en ella acumulados y con gran rapidez recorrí tantos departamentos que me hubiera sido imposible contarlos.

Pero, lo más admirable fue lo siguiente. A pesar de que corría a la velocidad del viento, no movía los pies, sino que permaneciendo suspendido en el aire y con las piernas juntas, me deslizaba sin cansancio sobre el pavimento sin tocarlo, como si se tratase de una superficie de cristal. Así, pasando de una sala a otra, vi finalmente al fondo de una galería una puerta. Entré y me encontré en un gran salón, magnífico sobre toda ponderación… Al fondo del mismo, sobre un sillón, vi majestuosamente sentado a un Obispo, como quien espera a dar audiencia. Me acerqué con respeto y quedé maravillado al reconocer en aquel prelado a un amigo íntimo. Era Monseñor… (y dijo el nombre), Obispo de… muerto hace dos años. Parecía no sufrir nada. Su aspecto era lozano, afectuoso y de una belleza que no se puede expresar.

-¡Oh, Monseñor! ¿Vos aquí?, -le dije con alegría.

-¿No me veis?, -replicó el obispo.

-¿Cómo os encontráis? ¿Estáis vivo todavía? ¿No habíais muerto?

-Sí, he muerto.

-Pues si moristeis, ¿cómo estáis aquí sentado, tan lozano y con tan buena apariencia? Si estáis vivo todavía, decídmelo por favor pues de lo contrario nos veremos en un gran lío. En A… hay ya otro Obispo, Monseñor… ¿cómo arreglaremos este asunto?

-Estad tranquilo, no os preocupéis, que yo estoy muerto…

-Más vale así, pues ya hay otro en vuestro lugar.

-Lo sé. ¿Y vos, don Bosco, estáis vivo o muerto?

-Yo estoy vivo. ¿No me veis aquí en cuerpo y alma?

-Aquí no se puede venir con el cuerpo.

-Pues yo lo estoy.

-Eso os parece, pero no es así…

Y al llegar a este punto de la conversación, comencé a hablar muy aprisa, haciendo pregunta tras pregunta, sin obtener contestación alguna.

-¿Cómo es posible, decía, que estando yo vivo pueda estar aquí con Vos que estáis muerto?

Y tenía miedo de que el prelado desapareciese; por eso comencé a decirle en tono suplicante:

-Monseñor, por caridad, no os vayáis. ¡Necesito saber tantas cosas!

El Obispo, al verme tan preocupado:

-No os inquietéis de ese modo, dijo; -estad tranquilo, no lo dudéis; no me iré; hablad.

-Decidme, Monseñor, ¿os habéis salvado?

-Miradme, contestó; observad cuán fuerte, lozano y resplandeciente me encuentro.

Su aspecto verdaderamente me daba cierta esperanza de que se hubiera salvado; pero no contentándome con eso, añadí:

-Decidme si os habéis salvado: ¿sí o no?

-Sí, estoy en un lugar de salvación.

-Pero ¿estáis en el Paraíso gozando de Dios o en el Purgatorio?

-Estoy en un lugar de salvación; pero aún no he visto a Dios y necesito que recéis por mí.

-¿Y cuánto tiempo tendréis que estar todavía en el Purgatorio?

-¡Mirad aquí!

Y me mostró un papel, añadiendo:

-¡Leed!

Tomé el papel en la mano, lo examiné atentamente, pero no viendo en él nada escrito, le dije:

-Yo no veo nada.

-Mirad lo que hay escrito; leed.

-Lo he mirado y lo estoy mirando, pero no puedo leer, porque no hay nada escrito.

-Mirad mejor.

-Veo un papel con dibujos en forma de flores celestes, verdes, violáceas, pero no veo ninguna letra.

-¡Son cifras!

-Yo no veo cifras, ni números.

Miró el prelado el papel que tenía yo en la mano y dijo después:

-Ya sé por qué no comprendéis; poned el papel al revés.

Examiné la hoja con mayor atención, la volví por ambos lados, pero ni al derecho ni al revés pude leer. Solamente me pareció apreciar que entre las vueltas y las revueltas de aquellos dibujos floridos, hubiere el número 2.

El Obispo continuó:

-¿Sabéis por qué es necesario leer al revés?

Porque los juicios de Dios son diferentes de los del mundo. Lo que los hombres toman por sabiduría es necedad para Dios.

No me atreví a pedirle una explicación más clara, y dije:

-Monseñor, no os marchéis, quiero preguntaros más cosas. -Preguntad, pues; yo escucho.

-¿Me salvare?

-Tened esperanza en ello.

-No me hagáis sufrir; decidme enseguida si me salvaré.

-No lo sé.

-Al menos, decidme si estoy o no en gracia de Dios.

-No lo sé.

-¿Y mis muchachos, se salvarán?

-No lo sé.

-Por favor, os suplico que me lo digáis.

-Habéis estudiado Teología, y por tanto podéis saberlo y daros la respuesta vos mismo.

-¿Cómo? Estáis en un lugar de salvación y no sabéis estas cosas:

-Mirad, el Señor se las hace saber a quien quiere; y cuando quiere que se den a conocer estas cosas, concede el permiso y da la orden. De otra manera nadie puede comunicarlo a los que aún viven.

Yo me sentía impulsado por un deseo vehemente de preguntar más y más cosas ante el temor de que Monseñor se marchase.

-Ahora, decidme algo de vuestra parte para comunicarlo a mis muchachos.

-Vos sabéis tan bien como yo, qué es lo que han de hacer. Tenéis la Iglesia, el Evangelio, las demás Escrituras que lo contienen todo; decidles que salven el alma, que lo demás nada interesa.

-Pero, eso ya lo sabemos, que debemos salvar el alma. Lo que necesitamos es conocer los medios que hemos de emplear para conseguirlo. Dadme un consejo que nos haga recordar esta necesidad. Yo se lo repetiré a mis muchachos en vuestro nombre.

-Decidles que sean buenos y obedientes.

-¿Y quién no sabe esas cosas?

-Decidles que sean modestos y que recen.

-Pero, decidme algo más práctico.

-Decidles que se confiesen frecuentemente y que hagan buenas comuniones.

-Algo más concreto aún.

-Os lo diré, puesto que así lo queréis. Decidles que tienen delante de sí una niebla y que simplemente el distinguirla es ya una buena cosa. Que se quiten ese obstáculo de delante de los ojos, como se lee en los Salmos: Nubem dissipa.

-¿Y qué es esa niebla?

-Todas las cosas del mundo, las cuales impiden ver la realidad de las cosas celestiales.

-»Y qué deben hacer para que desaparezca esa niebla?

-Considerar el mundo tal cual es: mundus totus in maligno positus est (el mundo entero se encuentra en el maligno), y entonces salvarán el alma; que no se dejen engañar por las apariencias mundanas. Los jóvenes creen que los placeres, las alegrías, las amistades del mundo pueden hacerles felices y, por tanto, no esperan más que el momento de poder gozar de ellas; pero que recuerden que todo es vanidad y aflicción de espíritu. Que se acostumbren a ver las cosas del mundo, no según su apariencia, sino como son en realidad.

-¿Y de dónde proviene principalmente esta niebla?

-Así como la virtud que más brilla en el Paraíso es la pureza, también la oscuridad y la niebla son producidas principalmente por el pecado de la inmodestia y de la impureza. Es como un negro y densísimo nubarrón que priva de la vista e impide a los jóvenes ver el precipicio que les amenaza con tragárselos. Decirles, pues, que conserven celosamente la virtud de la pureza, pues los que la poseen, florebunt sicut lilium in civitate Dei (florecerán como el lirio en la ciudad de Dios).

-¿Y qué se precisa para conservar la pureza? Decídmelo, que yo se lo comunicaré a mis jóvenes de vuestra parte.

-Es necesario: el retiro, la obediencia, la huida del ocio y la oración.

-¿Y después?

-Oración, fuga del ocio, obediencia, retiro.

-¿Y nada más?

-Obediencia, retiro, oración, y fuga del ocio. Recomendadles estos medios que son suficientes.

Yo deseaba preguntarle muchas cosas más, pero no me acordaba de nada.

De forma que, apenas el Prelado hubo terminado de hablar, en mi deseo de repetiros aquellos mismos consejos, abandoné precipitadamente la sala y corrí al Oratorio. Volaba con la rapidez del viento y en un instante me encontré a las puertas de nuestra casa. Seguidamente me detuve y comencé a pensar:

-¿Por qué no estuve más tiempo con el Obispo de…? ¡Me habría proporcionado nuevas aclaraciones! He hecho mal dejándome perder tan buena ocasión. ¡Podría haber aprendido tantas cosas hermosas!

E inmediatamente volví atrás con la misma rapidez con que había venido, temeroso de no encontrar ya a Monseñor. Penetré, pues, de nuevo en aquel palacio y en el mismo salón.

Pero, ¡qué cambio se había operado en tan breves instantes! El Obispo, palidísimo como la cera, estaba tendido sobre el lecho; parecía un cadáver; a los ojos le asomaban las últimas lágrimas; estaba agonizando. Sólo por un ligero movimiento del pecho, agitado por los postreros estertores, se comprendía que aún tenía vida. Yo me acerqué a él afanosamente:

-Monseñor, ¿qué os ha sucedido?

-Dejadme, dijo dando un suspiro.

-Monseñor, tendría aún muchas cosas que preguntaros.

-Dejadme solo; sufro mucho.

-¿En qué puedo aliviaros?

-Rezad y dejadme ir.

-¿Adónde?

-A donde la mano omnipotente de Dios me conduce.

-Pero, Monseñor, os lo suplico, decidme adónde.

-Sufro mucho; dejadme.

-Decidme al menos qué puedo hacer en vuestro favor, repetía yo.

-Rezad.

-Una palabra nada más: ¿tenéis algún encargo que hacerme para el mundo? »No tenéis nada que decir a vuestro sucesor?

-Id al actual Obispo de… y decidle de mi parte esto y esto.

Las cosas que me dijo no os interesan a vosotros, mis queridos jóvenes, por tanto las omitiremos.

El Prelado prosiguió diciendo:

-Decidle también a tales y tales personas, éstas y estas otras cosas en secreto.

Don Bosco calló también estos encargos: pero tanto éstos como los primeros parece que se referían a avisos y remedios para ciertas necesidades de aquella diócesis.

-¿Nada más?, -continué yo.

-Decid a vuestros muchachos que siempre los he querido mucho; que mientras viví, siempre recé por ellos y que también ahora me acuerdo de ellos. Que rueguen ahora por mí.

-Tened la seguridad de que se lo diré y de que comenzaremos inmediatamente a aplicar sufragios. Pero, apenas os encontréis en el Paraíso, acordaos de nosotros.

El aspecto del Prelado denotaba entretanto un mayor sufrimiento. Daba pena contemplarlo; sufría muchísimo, su agonía era verdaderamente angustiosa.

-Dejadme, me volvió a decir; dejadme que vaya a donde el Señor me llama.

-¡Monseñor!… ¡Monseñor!…, repetía yo lleno de indecible compasión.

-¡Dejadme!… ¡Dejadme!…

Parecía que iba a expirar mientras una fuerza invisible se lo llevaba de allí a las habitaciones más interiores, hasta que desapareció de mi vista.

Yo, ante una escena tan dolorosa, asustado y conmovido, me volví para retirarme, pero habiendo tropezado por aquellas salas con la rodilla en algún objeto, me desperté y me encontré en mi habitación y en el lecho.

Como veis, queridos jóvenes, éste es un sueño como los demás, y en lo relacionado con vosotros no necesita explicación, para que todos lo entendáis.

Don Bosco terminó diciendo:

En este sueño aprendí muchas cosas relacionadas con el alma y con el Purgatorio, que antes no había llegado a comprender y que ahora las veía tan claras que no las olvidaré jamás.

Así termina la narración que nos ofrecen nuestras memorias.

Parece que don Bosco haya querido exponer en dos cuadros distintos el estado de gracia de las almas del Purgatorio y el de sus sufrimientos expiatorios.

El siervo de Dios no hizo comentario alguno sobre la situación de aquel buen Prelado. Por lo demás, por revelaciones dignísimas de fe y por los testimonios de los Santos Padres, se sabe que personajes de santidad suma, lirios de pureza virginal, ricos en méritos, obradores de milagros y a quienes nosotros veneramos en los altares, por faltas ligerísimas hubieron de permanecer largo tiempo en el Purgatorio.

La justicia divina exige que antes de entrar en el cielo, cada uno pague hasta el último cuadrante de sus deudas.

Habiendo preguntado algún tiempo después a don Bosco, los que esto escribimos, si había cumplido los encargos que le había dado el Obispo, con la confianza con que nos honraba, le oímos responder:

-Sí, he cumplido fielmente el mandato.

Observaremos que el colector o recopilador omitió una circunstancia del sueño, que nosotros recordamos, tal vez porque entonces no comprendía el sentido o la importancia de la misma. Don Bosco había preguntado en cierto momento cuánto tiempo le quedaba a él de vida y el Obispo le presentó un papel cubierto de ringorrangos entrelazados, según parecía, con 8 (ochos), pero no tuvo ninguna explicación del misterio… ¿indicaba el 1888?  (Colector. -Se refiere a los que se habían concertado para tomar nota de todo cuanto hacía y decía don Bosco (N. del T.)

Memorias Biográficas de Don Bosco. Volumen 8. Cap. LXXI

Plegaria a Dios Nuestro Señor por las almas del Purgatorio

Octubre 29, 2009

Mostraos, Señor, propicio a las almas de los difuntos, que su Soberana, la Virgen Madre, presenta ante el tribunal de vuestra gracia, para que logren alcanzar su perdón, por vuestra infinita clemencia y misericordia.

Padre Nuestro, Ave María.

-Dadles el descanso eterno.

-Y que tu luz perpetua las ilumine

-Descansen en paz.Amén.

Santa e indivisa Trinidad, Unidad Soberana, Padre, Hijo y Espíritu Santo, perdonad las almas de nuestros padres, hijos, hermanos, parientes, bienhechores, y de todos los fieles difuntos.

Santo Dios, Padre, Rey celestial, perdonadlas.

Santo Dios, Hijo, Redentor del mundo, por la sangre preciosísima que derramasteis en vuestra sagrada Pasión y muerte, perdonadlas.

Dios, Espíritu Santo, Consolador Supremo de las almas; porque sois el amor más puro y perfecto, perdonadlas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, libradlas, Señor, de las penas del Purgatorio.

Corazón Santo de Jesús Sacramentado, por el fuego de vuestro divino amor, sedles alivio, paz y consuelo sempiterno.

María Santísima del Huerto, Madre de los pecadores, rogad por ellas.

María Santísima, Madre del Amor hermoso, rogad por ellas.

María Santísima, consuelo de los afligidos, interceded por ellas.

San José, Castísimo Esposo de la Virgen María, rogad por ellas.

Espíritus angélicos, que rodeáis el trono del Eterno, rogad por ellas.

Apóstoles y Profetas, que rodeais de continuo al Juez Supremo de las almas, rogad por ellas.

Mártires y Confesores, que contempláis al supremo Bien, rogad por ellas.

Anacoretas, Vírgenes y Viudas, que gozáis en la celeste patria, rogad por ellas.

 Sacerdotes santos del Señor, rogad por ellas.

Santos y Santas, que habitáis en la celestial Jerusalén, rogad por ellas.

Santos y Santas de su nombre, rogad por ellas.

Santos y Santas de su especial devoción, rogad por ellas.

Santos y Santas de su estado y ejercicio, rogad por ellas.

Santos y Santas de este día, rogad por ellas.

Santos y Santas del día de su nacimiento, rogad por ellas.

Santos y Santas del día de su muerte, rogad por ellas.

Santos y Santas Patronos de los pueblos donde nacieron, donde vivieron, por donde transitaron y donde pecaron, rogad por ellas.

Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, perdonadlas Señor.

 Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, oíd nuestras suplicas

Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, dadles el descanso eterno, porque sois misericordioso.

Kyrie eleison.- Christe eleison. – Kyrie eleison.

Nueve Padre nuestros y nueve Ave Marías, diciendo a cada uno:

-Dadles, Señor el descanso eterno, etc.

-Y que tu luz eterna siempre las ilumine.

Descansen en paz. Amén

ORACIÓN

¡O Dios! cuya misericordia es infinita, aceptad con benignidad las súplicas que os hacemos por las almas del Purgatorio, en especial por las de nuestros padres, hijos, hermanos, parientes y bienhechores, que se honraron con la confesión de vuestro nombre.

Dad, Señor, un lugar de refrigerio, de luz y de felicidad a esas almas, como igualmente a las de nuestros amigos, enemigos y cómplices, a las más desamparadas y en general a todas las que padecen en el Purgatorio. Por Nuestro Señor Jesucristo.Amén.

Novena en sufragio de las Ánimas del Purgatorio

Octubre 25, 2009

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

I. Señor mío Jesucristo, por la inmensa caridad que os trajo al mundo encarnando en el seno de una Virgen por amor de las almas, os ruego que socorráis el estado de las que ha largo tiempo se hallan sufriendo, y entre ellas especialmente os suplico que socorráis a la más necesitada. – Padre nuestro… Ave… Gloria.

II. Señor mío Jesucristo, por la inefable caridad que os obligó a nacer en un establo por amor de las almas, os ruego que socorráis el estado de las que se encuentran ha poco tiempo ardiendo en aquellas llamas, y especialmente la última que ha entrado y padece sobre todas las demás. – Padre Nuestro, etc.

III. Señor mío Jesucristo, por la infinita caridad que os hizo experimentar tantos trabajos en el mundo por amor de las almas, os suplico que socorráis el estado de las que más olvidadas se encuentran en el Purgatorio, y especialmente la que entre todas lo esté más.- Padre nuestro, etc.

IV. Señor mío Jesucristo, por la incomprensible caridad que os condujo a predicar con tantos portentos y milagros la verdadera fe en el mundo por amor de las almas, os ruego que socorráis el estado de las condenadas por vuestra justicia a mayores penas y por más tiempo en el Purgatorio, especialmente por la que ahora experimenta con más rigor vuestro terrible castigo. – Padre nuestro, etc.

V. Señor mío Jesucristo, por la ardentísima caridad que os llevó a ser maltratado, vituperado y condenado por amor de las almas, os ruego que socorráis el estado de las más próximas a salir del Purgatorio, especialmente la que con este sufragio pueda verse libre. – Padre nuestro, etc.

VI. Señor mío Jesucristo, por la caridad inexplicable que os condujo a ser azotado y coronado de espinas por amor de las almas, os suplico que socorráis el estado de las más santas y a mayor gloria destinadas, especialmente la que os sea más querida. -Padre nuestro, etc.

VII. Señor mío Jesucristo, por la caridad infinita que os llevó a morir sobre una cruz por el amor de las almas, os ruego que socorráis el estado de aquella a que estoy más obligado, especialmente a la que Vos conocéis que siento más inclinación. Padre nuestro, etc.

V. De la puerta del infierno.

R. Libra, Señor su alma.

V. Descansen en paz. R.Amén.

V. Oye, Señor, mi oración.

R. Y lleguen a Ti mis clamores.

ORACIÓN

¡Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles! Conceded a las almas de vuestros siervos y siervas la remisión de todos sus pecados, para que, por las piadosas oraciones de vuestra Iglesia, consigan la indulgencia y el perdón que siempre desearon. Amén.

Tomada de: Camino de Salvación. Devocionario selecto y universal. R. P. Anastasio García de las escuelas pías. Casa Editorial Saturnino Calleja-Fernandez. Madrid.

Noviembre: Mes dedicado a las Almas del Purgatorio

Octubre 28, 2008

La piedad con los difuntos es uno de los primeros sentimientos del corazón humano.

Cuando se está persuadido de que el alma vive después de la destrucción del cuerpo, dice un profundo escritor, cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre el estado en que ésta se halle después de la muerte, no hay cosa más natural que hacer votos y oraciones para proporcionar felicidad a las almas de nuestros parientes y amigos.

Aquellos mismos que por sus principios parecen más prevenidos contra tal uso, muchas veces confiesan sinceramente no poderse detener en aquellos graves momentos, de hacer votos secretos, que la misma naturaleza arranca de sus pechos, por aquellas personas con quienes estaban estrechamente unidos con dulces y caros vínculos.

Señal evidente de que este es un sentimiento grabado por el dedo de Dios en el corazón de los hombres; he aquí por qué se encuentra en todo lugar y en todos los pueblos del mundo.

Pero las tradiciones más veneradas y más puras de la piedad con los difuntos se hallan en los pueblos que adoran al Dios vivo. Porque la verdadera Religión trató siempre de acercar las almas de los que finaron, a la Fuente de toda felicidad, que es Dios; para hacerlas bienaventuradas en Él y por Él. De lo cual provino, el que por medio de oraciones y sacrificios, procurasen hacer propicio al Todo-Poderoso para con aquellas, y con obras expiatorias tratasen de hacerlas dignas ante su Divina Presencia. – Y efectivamente, estos son los dos modos empleados en la Santa Iglesia para socorrer a los difuntos: Hacer propicio al Señor con las almas, y hacer las almas dignas de Él; lográndolo por la oración y el sacrificio, y por las obras expiatorias en favor de las Animas Benditas.

EXISTENCIA DEL PURGATORIO

Es un artículo de fe, que las almas de los que mueren con alguna culpa venial, o sin haber satisfecho plenamente a la Divina Justicia por los pecados ya perdonados, están detenidas en un lugar de expiación, que llamamos Purgatorio.

Así lo enseña la Santa Madre Iglesia, columna infalible de la verdad; así lo confirma la más antigua y constante tradición de todos los siglos; así lo aseguran unanimente los Santos Padres griegos y latinos, Tertuliano, San Cirilo, San Cipriano, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio, San Agustín y tantos otros; así lo han definido los Sagrados Concilios de Roma, de Cartago, de Florencia, de Letrán y de Trento, dirigidos por el Espíritu Santo.

Y, aunque la Iglesia no lo enseñase así; ¿no lo insinúa bastante la razón natural? Supongamos que un alma sale de este mundo, con alguna culpa venial, ¿qué hará Dios? ¿la lanzará al infierno? Y siendo su hija y esposa amadísima, la confundirá con los réprobos y espíritus infernales? Eso repugna a la Justicia y Bondad Divina.

¿La introducirá en el Cielo? Esto se opone igualmente a la Santidad y Pureza infinita del Criador; pues solo aquel cuyas manos son inocentes, y cuyo corazón está limpio, subirá al monte del Señor (Salmo 23) Nada manchado puede entrar en aquel reino purísimo (Apoc 21) ¿Qué hará, pues Dios de aquella alma? Ya nos lo dice por Malaquías: La pondré como en un crisol(Malach 3,3) esto es, en un lugar de penas y tormentos, de donde saldrá hasta que haya satisfecho a la Justicia Divina. ¿Crees tú esto, cristiano? Creas o no creas, te burles o no te burles de ello, la cosa es y será así. Negar el Purgatorio; tan solo dudar advertidamente de su existencia, es ya pecado grave. ¿Crees tu esta verdad, y con tanta indiferencia miras tan horribles penas? ¿Crees en el Purgatorio y con tus culpas amontonas tanta leña para arder en tan terrible fuego? Es, también, un artículo de fe que nosotros podemos aliviar a las aquellas almas afligidisimas. Si; en virtud de la comunión de los santos, hay plena comunicación de bienes espirituales entre los bienaventurados que triunfan en el cielo, los cristianos que militan en la tierra, y las almas que sufren en el purgatorio.
En virtud de esta comunicación de bienes, podemos con mucha facilidad y mérito nuestro, bajar al Purgatorio con nuestros sufragios; y a imitación de Jesucristo después de su muerte, librar aquellas almas y alegrar al cielo con un nuevo grado de gloria accidental, procurando nuevos príncipes y moradores a  aquella Patria felicísima. Oh admirable disposición de la Sabiduría Divina! ¡Oh qué dicha y felicidad la nuestra! Viéndose Dios obligado a castigar a aquellas sus hijas muy amadas, busca medianeros que intercedan por ellas, a fin de conciliar así el rigor de la Justicia con la ternura de su Misericordia infinita.
Y nosotros somos estos dichosos medianeros y corredentores; de nosotros depende la suerte de aquellas pobres almas.
Haz pues, amado cristiano, con fervor, algún sufragio en cada día de este mes consagrado a las Ánimas; ¿Quién sabe si abrirás el cielo a alguno de tus parientes, o amigos ya difuntos? ¿Y será tan duro e insensible, que les niegues un pequeño sacrificio, pudiéndoles hacer tan gran favor, y a tan poca costa?

Práctica sencilla para cada día

Pueden rezarse cinco Padre nuestros, Ave Marías y Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua luceat eis: en memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; suplicando al Eterno Padre que se apiade de las Benditas almas por la sangre que derramó su Divino Hijo, diciendo cinco veces la siguiente

JACULATORIA

¡Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia!

Padre nuestro etc.

También añádase un Padre nuestro por los Propagadores de esta Devoción

Tiene concedidas trescientos días de indulgencia por cada vez; y confesando y comulgando, si se hace todo el mes, indulgencia plenaria. (Pio VII, 7 de Febrero 1817)

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Dios estima mucho el que hagamos

sufragios por las Benditas Animas del

Purgatorio

Entre las muchas apariciones que confirman el dogma del Purgatorio, y los aceptos que son a Dios los sufragios por los difuntos, es muy notable la que tuvo el caudillo ilustre de los ejércitos de Dios, Judas Macabeo. Había este piadoso general derrotado a Gorgias, mas no sin pérdida de varios soldados suyos, que murieron en la batalla; y conociendo por las alhajas que se les encontraron ocultas en los vestidos, que habían muerto en castigo de un robo que habían hecho en la ciudad de Jamnia, exhortó al ejército a que rogasen por aquellos infelices. Hizo una cuestación, y reuniendo doce mil dracmas de plata, las envió a Jerusalén para que se ofreciesen sacrificios en sufragios de aquellas pobres almas. Conducta admirable que el Espíritu Santo alabó con aquellas memorables palabras: Santa y saludable cosa es rogar por los difuntos, para que se les perdone el reato de sus pecados (2º de los Macab. 12-46) Conducta que le alcanzó de Dios una insgine victoria, pues habiendo sucedido a Gorigas el soberbio Nicanor con crecidisimo ejército y gran número  de caballos y elefantes, la víspera, cansado Judas de combinar el plan de batalla, y de hacer preparativos para ella, se quedó dormido; cuando he aquí que se le aparecen el profeta Jeremóas, y Onías el Sumo Sacerdote: ya difuntos, y presentándole una espada muy preciosa, le dicen: Recibe esta espada santa, como una dádiva  que Dios te envía; con ella abatirás a los enemigos de mi pueblo Israel. Animado con esta visión, y armado con esta espada divina, embistió con pequeño ejército al enemigo y mató a treinta y cinco mil de los cuales fue uno el mismo Nicanor.

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Obras de gran alivio para las Benditas

Animas del Purgatorio, y de mucho

mérito para nosotros.

1º Hacer todos los años la Novena, o mes de Noviembre: consagrarles el Lunes de cada semana

2º Celebrar misas o mandarlas celebrar y oirlas

3º Comulgar con fervor, ya espiritual, ya sacramentalmente, sobre todo los Lunes

4º Visitar el Santísimo Sacramento o a la Virgen en sus Santuarios.

5º Hacer un rato de oración mental, considerando con especialidad la PAsión de Nuestro Señor Jesucristo

6º Andar al Via Crucis y llevar al cuello algún Escapulario

7º Rezar el Santo Rosario, la Corona de los Dolores, los Salmos Penitenciales, cinco Padre nuestros a las cinco llagas de J.C.N.S. y otras oraciones vocales.

8º Sufrir con resiganción las penas, humillaciones, dolores y trabajos de esta vida.

9º Practicar alguna mortificación corporal y refrenar los cinco sentidos

10º Hacer limosnas y otras piadosas obras de Misericordia

11º Olivdar las injurias y perdonar a los enemigos por amor de Dios

12º Ganar indulgencias: aprender la Doctrina Cristiana.