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La Devoción a los Santos Ángeles Custodios (Patronos de la Legión)

Septiembre 27, 2009

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DE LOS MUCHOS BENEFICIOS QUE DIOS NOS HACE POR MEDIO DE LOS ÁNGELES DE LA GUARDA

1 Vos me amasteis, Señor, único amor mio, antes que yo os amase, y me criasteis á vuestra imagen y semejanza, y me hicisteis superior á todas las criaturas corpóreas: la cual dignidad aún ahora la conservo, conociendoos á Vos, para lo cual fui criado.

2 Y además de esto hacéis á vuestros celestiales y purísimos espíritus que sean vuestros ángeles ó embajadores para provecho mío, y les habéis mandado que me guarden en todos mis caminos, para que ni caiga, ni tropiece, ni peligre en todos mis pasos. Estos son los guardas que están siempre velando sobre los muros de la nueva ciudad Jerusalen , y son los montes que tiene esta ciudad alrededor de sí, y los que velan y observan las vigilias de la noche sobre vuestro rebaño; no sea que alguna vez, por no haber quien nos defienda, arrebate como león vuestras almas aquel antiguo enemigo nuestro, que como león rugiente y feroz anda siempre alrededor de nosotros buscando á quien tragar. Estos son los ciudadanos de esa felicísima ciudad y Jerusalen triunfante y madre nuestra, á los cuales enviais á este mundo para que sirvan á los que han de ser herederos de la eterna salud y felicidad, para que los libren de sus enemigos, los guarden en todos sus caminos, y también los conforten y amonesten, y ofrezcan las oraciones de vuestros hijos delante de vuestra divina majestad.

3 Ellos aman verdaderamente á los que en su compañía han de ser también ciudadanos de la gloria, y esperan que con la salvación de los hombres se han de reparar las ruinas de los ángeles. Por tanto nos asisten con gran cuidado y vigilancia á todas horas y en todas las ocasiones, socorriendonos y proveyéndonos en nuestras necesidades, siendo los mensajeros que corren con solicitud desde nosotros hasta el trono de vuestra divina majestad, para ofreceros nuestras lágrimas, sollozos y suspiros, para alcanzarnos de vuestra benignidad y clemencia el perdón de nuestras culpas, y traernos la deseada bendición de vuestra gracia. Andan con nosotros en todos nuestros caminos, entran y salen siempre con nosotros, considerando atentamente con qué piedad y virtud, con qué honestidad vivimos en medio de otros muchos que son malos, y con cuanto cuidado y deseo buscamos vuestro reino y vuestra justicia, y con cuanto temor y respeto os servimos y nos alegramos en Vos también, ¡oh verdadera alegría de nuestro corazon! Ayudan á los que trabajan, defienden á los que reposan, exhortan á los que pelean, coronan á los que vencen. Se alegran con los alegres, con tal que esta alegría sea en vuestra Magestad: y se compadecen de los que ven padecer como padezcan por Vos.

4 Grande es el cuidado que tienen de nosotros, grande el afecto de amor que nos tienen: y todo esto lo hacen en honra de la infinita caridad con que Vos nos amasteis. Porque ellos aman á los que Vos amáis, guardan á los que Vos guardais, y desamparan á los que Vos desamparais. No quieren bien á los que obran mal  porque Vos también aborreceis á los malhechores, y habeis prometido el destruir y perder á todos los que siguen la mentira y falsedad.Siempre que obramos bien, se alegran los ángeles, y se entristecen los demonios. Siempre que nos apartamos de lo bueno y justo, damos motivo de alegría al demonio, y privamos á los ángeles de su alegría y regocijo, porque se alegran ellos de que haga penitencia un pecador; y por el contrario, se alegra el demonio de que vuelva atrás un justo. Pues haced Vos ¡oh Padre celestial!  que los ángeles se alegren siempre de nosotros, para que eternamente, os alaben por la bondad que vean en nosotros, y lleguemos á ser todos un mismo rebaño vuestro, y juntos unos y otros os alabemos, y glorifiquemos vuestro santo nombre, pues sois el criador de los hombres y los ángeles.

5 Acordándome de todas estas cosas, Os alabo, Señor, y confieso en vuestra presencia, que son muy grandes estos beneficios con que nos habeis honrado, dándonos á vuestros angélicos espíritus para vuestra servidumbre y ministerio. Ya nos habíais dado cuanto se contiene en el ámbito del cielo: y como pareciendoos que era poco todo lo que está debajo del cielo, nos añadisteis también lo que está sobre los cielos mismos. Todos vuestros ángeles os alaben por estos beneficios, todas vuestras obras os confiesen y adoren, y todos; vuestros santos os bendigan y engrandezcan por favores tan singulares. ¡Oh gloria y honra nuestra, que nos honras con tanta demasía, enriqueciéndonos, y al mismo tiempo adornándonos con tantos beneficios! Admirable es, Señor, en toda la tierra vuestro santísimo nombre. ¿Pues que es el hombre para que así le ensalceis, ó para que le honreis tanto, y se incline y aficione á él vuestro corazon? Vos digisteis ¡oh verdad eterna! Mis delicias son estar con los hijos de los hombres ¿Pues no es el hombre un asqueroso cieno que se convierte en gusano? ¿Cualquiera de los hombres no es un conjunto de todas las vanidades ? Y no teneis por cosa de menos valer el mirarle siquiera, y poner en él vuestros ojos, y traerle á vuestro juicio?

SAN AGUSTÍN. “Meditaciones, Soliloquios y Manual”. Traducidas del latin al castellano por el R.P Eugenio Zeballos. Imprenta de Don Ramón de Verges.1824.

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DEVOCIÓN AL ANGEL CUSTODIO

Después de María Santísima podemos decir que quien se interesa más por nuestra salud y felicidad temporal y eterna es el Angel Custodio. Dios nos lo ha dado por guía, por compañero, por defensor, y no nos abandona un solo momento. Pero ya que con tan solícitos cuidados vela por nosotros, por nuestra parte procuremos no ofender sus purísimos ojos con acciones y obras indígnas.

Es una práctica muy provechosa el implorar la protección de los Angeles Custodios de las personas con quienes tratamos, para obtener éxito en los negocios o asuntos que con ellas tenemos.

Oración al Angel Custodio

Angel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, a mí, que soy vuestro encomendado, alumbradme hoy, guardadme, regidme y gobernadme. Amén

Rezad un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Angel Custodio todos los días e invocadle a menudo en vuestra necesidades.

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TEN EN CUENTA A TU BUEN ÁNGEL

“Que tu buen Ángel sea tu escudo para hacer frente a los combates de los enemigos de nuestra salvación.

¡Oh Raffaelina, qué consuelo es saber que estamos siempre bajo la protección de un espíritu celestial que nunca nos abandona, ni siquiera cuando ofendemos a Dios! ¡Esto es admirable! ¡Qué agradable es esta gran verdad para el que cree! ¿A quién puede temer, entonces, el espíritu devoto que trata de amar a Jesús, si está acompañado por tan ilustre guerrero? ¿no fue, quizás, uno entre la multitud de ángeles quien se unió en el cielo a san Miguel para defender el honor de Dios frente a satanás y a todos los demás ángeles rebeldes, para vencerlos y conducirlos al infierno? (cf Daniel 10, 13); Ap 12, 7)

Déjame decirte que tu ángel todavía es poderoso. Su amor no ha disminuído y nunca dejará de defenderte. El hecho de tener cerca de nosotros a un ángel que no nos abandona ni un instante desde la cuna hasta la sepultura, que nos guía y nos prtege como un amigo o un hermano, realmente debería llenarnos de consuelo.”

Padre Pío, su testamento espiritual. Editorial Claretiana

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Otra Oración al Angel Custodio

Dios mío, os doy gracias por haberme dado un Angel para acompañarme- Angel mío, os doy gracias por haber  aceptado el triste empeño de ver lo que hay de más miserable, al mismo tiempo que contempláis la Grandeza, la Santidad y la Majestad de Dios.- Dios mío, os agradezco las gracias que habéis dispensado a mi Angel Custodio, las cuales le dieron fuerza para resistir al espíritu de las tinieblas.- Mi buen Angel, yo me uno al agradecimiento que vos tributáis a Dios desde tantos siglos, haced que inmediatamente después de mi muerte, yo me una a aquella acción de gracias que Vos le tributaréis por toda la eternidad. Así Sea.

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MI BUEN ÁNGEL REZA POR MÍ

(tomado de una carta del Padre Pío a Raffaelina Cerase del 20 de abril de 1915)

“Este buen ángel reza por tí y le ofrece a Dios todas tus buenas obras, tus santos y nobles deseos. Cuando te sientas solo y abandonado, no te quejes diciendo que no tienes ningún amigo a quien abrirle el corazón y confiarle tus penas. por el amor de Dios, no te olvides de este compañero invisible que siempre está allí para escucharte, que siempre está disponible para consolarte.

¡Oh deliciosa intimidad! ¡Oh compañero bendito! Si todos los hombres al menos pudieran entender y apreciar el gran regalo que Dios en su infinito amor nos ha hecho al asignarnos este espíritu celestial para guiarnos! Acuérdate con frecuencia de su presencia. Agradécele y rézale. Él es muy considerado y sensible.

Invoca con frecuencia a este ángel bondadoso. Repite seguido la hermosa oración: “Ángel de Dios, mi querido guardián, a quien el amor de Dios me ha confiado, permanece a mi lado en este día para iluminarme y cuidarme, gobernarme y guiarme.”

En la hora de la muerte contemplarás a este buen ángel que te acompañó durante toda la vida y que con tanta generosidad te brindó sus cuidados maternos.

 Padre Pio, su testamento espiritual. Editorial Claretiana

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Angel de mi guarda oh mi dulce compañía no me desampares ni de noche ni de día hasta que me entregues en los brazos de Jesús y de María. Con tus alas me persigno y me abrazo de la Cruz y en mi corazón me llevo al dulcísimo Jesús.

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LOS ÁNGELES GUARDIANES Y EL PADRE PÍO

(Testimonio del Padre Alessio Parente ofm, cap.)

“Habiendo vivido junto al Padre Pío durante más de seis años, con frecuencia le decía: Padre, si no pudiera volver a verlo, ¿qué debo hacer si necesito de sus oraciones? Y el padre Pío me respondía:”Si no puedes venir tú mismo, envíame tú angel guardián. Él puede traerme tu mensaje y yo te asistiré lo mejor que pueda.

Un día cuando estaba  sentado a su costado, el Padre Pío estaba tocando su Rosario. Había tanta paz y tanta calma alrededor de él que me animé a hacerle algunas preguntas. para mi sorpresa, me respondió: “Por favor, hijo mío, déjame solo. ¿No ves que estoy  muy ocupado?

Qué raro, pensé: Está sentado tocando su Rosario y me dice que está ocupado. Como me quedé totalmente en silencio, pensando que no era verdad que estaba ocupado, el Padre Pío me miró y dijo: “¿No ves a todos esos ángeles guardianes yendo y viniendo, trayéndome mensajes de parte de sus protegidos?. Le respondí, Padre, no vi a ningún ángel guardián, perole creo, porque usted siempre le dice a la gente que le envíen los suyos.”

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Acto de ofrecimiento

Ángel de Dios, que estás encargado de mi custodia desde el primero hasta el último instante de mi vida: aunque me reconozca indigno de tus amores y cuidados: con todo, seguro de que me amas y tienes ardiente celo de mi salvación, te elijo en este día en presencia de toda la Corte celestial, para que seas mi especial protector y guía. Propongo firmemente honrarte todos los días de mi vida, seguir fielmente todos tus consejos, y obedecer las órdenes que Dios me comunique por tu ministerio; suplicándote fidelísimo Custodio mío, que continúes dispensándome sin cesar con tu poderosa intercesión. Líbrame de los lazos de satanás, mi cruel enemigo; defiéndeme de los terribles combates con que me asalta; ilumina mi espíritu , abrasa mi voluntad y enséñame el camino que conduce a la verdad y aleja del error. Inclito príncipe de la Corte del Rey de reyes, ofrece mis oraciones al Señor, e intercede para que se muestre propicio a mis súplicas: consuélame en mis penas, y sobre todo presérvame del pecado. Si alguna vez tuviere la desgracia de apartarme de la senda de la virtud, vuelvéme luego al buen camino, y no me abandones un solo momento; pero sobre todo fortalece mi alma en el terrible trance de la muerte, llevandola al cielo, como la del pobre, pero dichosísimo Lázaro, a fin de que en compáñía de todos los Santos alabe y bendiga a Dios con ellos, contigo, y con toda la familia angélica por todos los siglos de los siglos. Amén.

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ACTO DE CONSAGRACIÓN

al Ángel Custodio

Ángel Santo, a cuya custodia me encomendó el Altísimo desde que me animó en las entrañas de mi madre; yo,  indignísimo cliente tuyo, te doy infinitas gracias por la solicitud que de mi conservación tuviste, hasta que fui reengendrado por las saludables aguas del Bautismo. Gracias te doy por los peligros de cuerpo y alma de que me has librado, en la infancia y en la juventud, por las santas resoluciones que me has inspirado, y por la amigable compañía que siempre me has hecho. A ti, Protector mío, me encomendó el Señor. Tu favor invoco, pues tan experimentado le tengo. Defiéndeme de mis enemigos visibles e invisibles, ilustrándome y enfervorizandome. Ama a Dios con mi corazón, que desea amarle con los afectos de tu voluntad. Amén.

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 DEVOCIÓN DE DON BOSCO AL ANGEL DE LA GUARDA

(Memorias Biográficas de Don Bosco. Volumen 2)

“A finales de este año terminaba de escribir don Bosco un librito sobre la devoción al Angel de la Guarda. Lo había empezado en la Residencia Sacerdotal.

Daba gracias en él al Señor, por el gran favor de haberle puesto bajo la custodia de un ángel; mil veces se lo oímos repetir.

Por eso profesaba tierno afecto y gran devoción a su Angel de la Guarda y celebraba cada año su fiesta. Estaba tan persuadido de tenerlo a su lado que parecía lo viese con sus ojos.

Le saludaba varias veces al día con el Angele Dei y confiaba del todo a su protección las circunstancias todas de la vida.

Se encomendaba a sí mismo y le encomendaba a todos sus muchachos; me atrevería a decir que este celestial espíritu le ayudaba en la fundación y gobierno de sus obras.

Un día narraba don Bosco cómo la beata Juana de la Cruz fue favorecida desde niña con la presencia visible de su ángel custodio, cómo, guiada por él, había abrazado el estado religioso y cómo, cuando fue superiora del monasterio, desempeñaba maravillosamente los asuntos más difíciles. Surgieron en la comunidad algunos inconvenientes y el Angel le señalaba el modo y los medios para corregir los defectos de las demás.

Esta narración me sugirió la idea de que también él gozaba de tan insigne favor y no pude apartar de mí tal pensamiento en modo alguno.

En efecto, no es cierto que durante el curso de su vida manifestó los más arcanos secretos que humanamente no se podían conocer. ¿Sus sueños, el personaje misterioso que en ellos le acompañaba quién podía ser? Sea como fuere, sabía infundir en sus jóvenes gran respeto y gran amor al Angel de la Guarda.

Con mucha frecuencia entonaba él mismo el cántico sagrado que había puesto música en honor del Santo Angel y que cantaban los muchachos con entusiasmo.

Les decía: -Avivad vuestra fe en la presencia del Angel de la Guarda, que está siempre con vosotros. Santa Francisca Romana veía el suyo constantemente delante de ella, con las manos sobre el pecho y los ojos clavados en el cielo; pero, cuando cometía la menor falta, el Angel se cubría la cara y le volvía la espalda, como avergonzado.

Y, para infundirles confianza en él, les contaba frecuentemente la historia de Tobías y el arcángel Rafael, el gran milagro de los tres hebreos, ilesos en el horno de Babilonia y otros hechos semejantes de los que están llenas la Sagrada Escritura y la Historia Eclesiástica.

No se cansaba de recordar en sus pláticas a este tierno y celestial amigo:

-Sed buenos, les decía, para que esté contento vuestro Angel Custodio.

En vuestras penas y desgracias materiales o espirituales acudid al Angel con plena confianza y él os ayudará.

Cuántos, que estaban en pecado mortal, fueron librados de la muerte por su Angel para que tuvieran tiempo de confesarse bien.

¡Ay de los escandalosos! Los ángeles de los inocentes traicionados pedirán venganza ante Dios.

¡Qué consejos los de don Bosco cuando hablaba privadamente con uno o con otro, según la necesidad, y en particular con sus penitentes!:

-¡Acuérdate de que tienes un Angel por compañero, guardián y amigo!

-Si quieres complacer a Jesús y a María sigue las inspiraciones de tu Angel de la Guarda.

-Invoca a tu Angel en las tentaciones.

Tiene él más ganas de ayudarte que tú de que te ayuden.

-Sé valiente y reza: también tu Angel Custodio reza por ti y será escuchado.

-No prestes oído al demonio y no le temas; él tiembla y huye ante la presencia de tu Angel.

-Pide a tu Angel de la Guarda que venga a consolarte y a asistirte en la hora de tu muerte.

Hubo muchos jóvenes que manifestaron más tarde a don Rúa haber recibido favores extraordinarios y haberse visto libres de peligros gracias a esta devoción, que les había inculcado don Bosco.

Señalaba también a los jóvenes algunos días de especial devoción al Angel de la Guarda.

Y así les decía y escribía:
 
1° El martes de cada semana está consagrado por la Iglesia, de modo particular, al culto de los santos ángeles.

A imitación de San Luis, devotísimo de su Angel Custodio, os aconsejo que ese día practiquéis alguna mortificación en su honor, por ejemplo, una abstinencia, una oración con los brazos en cruz, o besar el Crucifijo; y, si podéis, haced una limosna, según el consejo del arcángel Rafael a Tobías. 

2.° El dia de vuestro nacimiento, el primero en que él ejerció su oficio de guardián, renovad las promesas que, en su presencia, hicisteis por medio de vuestros padrinos en el santo bautismo, esto es, querer amar e imitar a Jesucristo y observar su santa ley. Santificad ese día con una comunión fervorosa, con una oración algo más prolongada, u otro ejercicio de piedad más señalado, como muestra de reconocimiento por aquel primer amor con que el Angel tomó vuestra custodia.

3.° El primer día de cada mes. ¡Dichosos vosotros, si imitando la piadosa costumbre de tantas almas cristianas, preocupadas por su salvación, procuráis meditar en las máximas eternas, reflexionando seriamente sobre el fin para que fuimos creados por Dios y sobre el estado de vuestra conciencia! Qué sería de vuestra alma si la muerte os sorprendiera en este momento? Acercaos a los Santos Sacramentos. Practicad el bien, mientras tenéis tiempo.

Todo lo que llevamos expuesto hay que extenderlo a toda la vida de don Bosco. Pero ya entonces solía servirse de este poderoso medio para atraer a la virtud a los pilluelos de la calle de otro tiempo. Ellos seguían fielmente sus consejos y las enseñanzas de su buen director que se confirmaron con un hecho maravilloso. Un domingo estaban todos reunidos en la sacristía de San Francisco de Asís. Don Bosco les repartía una hojita con la oración al Angel de la Guarda, de quien les había dicho así: -Sed devotos de vuestro buen Angel. Si os encontráis en algún peligro grave para el alma o para el cuerpo, invocadlo: yo os aseguro que él os asistirá y os librará. Pues bien, sucedió que uno de los allí presentes trabajaba, pocos días después, como peón de albañil en la construcción de una casa. Iba y venía sobre el andamio para prestar sus servicios: de improviso, se rompen unos soportes, siente que los tablones sobre los que se encontraba con otros dos compañeros fallan bajo sus pies. Se da cuenta, al crujir del andamiaje, que no es posible ponerse a salvo. El andamio se desarma y entre tablones, piedras y ladrillos, cae desde el cuarto piso a la calle. Caer desde aquella altura y morir al golpe era lo mismo. Pero nuestro buen joven se acordó de las palabras de don Bosco e invocó con toda su alma al Angel de la Guarda: -¡Angel mío, ayúdame! -Y el Angel le ayudó. ¡Algo admirable! Tres cayeron: uno quedó muerto en el acto, otro fue llevado al hospital medio deshecho y moría unas horas después. El tercero era nuestro peón; cuando acudió la gente, creyéndole muerto, se puso en pie, totalmente sano y sin el menor rasguño. Más aún: volvió a subir a lo alto, de donde había caído, para ayudar en el trabajo de reparación. Al domingo siguiente acudió a San Francisco de Asís y contaba a sus compañeros asombrados lo que le había sucedido, dando fe de que la promesa de don Bosco se había cumplido. Los muchachos aumentaron su devoción al Angel de la Guarda, lo que produjo muchos y saludables efectos en sus almas.

 Este hecho singular sugirió a don Bosco la idea de escribir el librito mencionado: El devoto del Angel Custodio. En sus setenta y dos páginas exponía los motivos que deben animar al cristiano para merecer su protección. Dividía la materia en diez consideraciones, a propósito para prepararse a la fiesta de los Santos Angeles: bondad de Dios al ponernos a sus Angeles por custodios nuestros, amor que nos tienen los Angeles, favores diarios de los Angeles Custodios, su asistencia especial en la oración, en la tentación, en las tribulaciones, en la hora de la muerte, en el juicio y en el purgatorio, amor del Santo Angel al pecador, amor que debemos tener a nuestro Angel, que tanto nos ama. Cada consideración va seguida de un recuerdo con una práctica o florecita y de un hermoso ejemplo.

Los obsequios para la novena eran los siguientes: 1. Rezar cada día, al menos por la mañana y por la noche, el Angele Dei, con la intención de agradecer la bondad de Dios al darnos por custodios a príncipes tan excelsos del Paraíso.

2. Al ir a la iglesia, especialmente durante la santa misa, invitar al Santo Angel a adorar con vosotros a Jesús Sacramentado, o que os supla cuando vosotros no podáis ir. Haced el propósito de saludar a la santísima Virgen tres veces al día con el Angelus Domini, obsequio muy grato para Ella y también para los ángeles, oración enriquecida con muchas indulgencias por los Sumos Pontífices.

 3. Atribuid a las oraciones, inspiraciones y asistencia del santo Angel el éxito en los negocios y el triunfo en los peligros evitados. Por eso, rezadle por la mañana y por la noche, en las dudas y en los apuros, especialmente al emprender un viaje, pedidle de corazón, al salir de casa, que os bendiga y os libre de todo mal.

4. Acostumbraos a ofrecer a Dios vuestras oraciones por medio del Santo Angel. Así adquirirán más mérito y valor. La Iglesia ruega en la misa que el sacrificio sea presentado per manus Angeli, por mano de los Angeles: por eso, cuando asistís a la santa misa, presentad a la divina Majestad la hostia santa y el cáliz por mano de vuestro Angel. Hoy, pues, preparaos para asistir a la santa misa con especial devoción.

5. Dirigios en las tentaciones a vuestro Angel Custodio, diciéndole con el mayor afecto: Angel mio, asísteme en estos momentos y no permitas que ofenda a mi Dios.

 6. Procurad aguantar las molestias que encontréis en el trato con los demás, especialmente con los de carácter y costumbres distintas a las vuestras, para gozar eternamente de la compañia de los santos ángeles en el cielo.

7. Huid, más aún que de la peste, de las malas compañias y las conversaciones sospechosas, en medio de las cuales vuestro buen Angel sólo puede veros con disgusto, porque vuestra alma está en peligro. En esas ocasiones podéis contar confiadamente con la asistencia del Angel de la Guarda.

8. Encomendad cada día, mañana y noche, vuestro corazón al Angel Custodio, para las últimas horas de vuestra vida y poned confiadamente en sus manos vuestra eterna salvación: in manibus tuis sortes meae (mi suerte en tus manos). Hoy le honraréis haciendo una visita a un enfermo o dando una limosna.

9. Aumentad cada día vuestra confianza en el Angel de la Guarda, porque es seguro que, si les sois fieles durante la vida, él intercederá en vuestro favor a la hora de la muerte y del juicio. Haced hoy un cuidadoso examen de conciencia y preparaos para una buena confesión.

A este recuerdo añadía esta otra práctica: -Ingeniaos cuanto podáis para socorrer a las almas de los difuntos, que desde las llamas del purgatorio os piden socorro y compasión. Tanto más cuanto que con la medida que procuréis su bien, dispondrá Dios que otros lo hagan por vosotros. Ofreced hoy el rezo del Angele Dei y del Angelus Domini, con sus respectivas indulgencias, en sufragio de las benditas almas del purgatorio.

Celebrad el día de la fiesta acercándoos fervorosamente a los santos sacramentos de la confesión y comunión. Acudid con fervorosas oraciones, llenas de confianza, a vuestro santo ángel, para que no permita que os manchéis con el pecado.

Es de notar cómo, lo mismo en esta devoción que en todas las demás que recomendará, pone siempre por base la comunión frecuente.

El librito terminaba con los versos escritos por Silvio Péllico, con la lista de las indulgencias concedidas a la Asociación, canónicamente erigida en la iglesia de San Francisco de Asís, y con un ejercicio piadoso en honor del Angel Custodio, que don Bosco hizo después imprimir en El Joven Cristiano, y que comenzaba con la siguiente
INTRODUCCION: Para animar a los fieles a mantener viva la devoción a estos bienaventurados espíritus, destinados por la inefable Providencia para ser nuestros custodios, los Romanos Pontífices concedieron muchas indulgencias a las oraciones que se recitan en su honor, y a las asociaciones instituidas para su veneración. Y, para acrecentar la gratitud y confianza que debemos tener con estos celestiales bienhechores, se redactó la presente obrita en la que se exponen, en forma de novena, los motivos más tiernos y eficaces que nos deben incitar a defendernos con su santo patrocinio. Dichoso aquél que, después de meditar en los grandes méritos de su Angel, practique los obsequios indicados en estas páginas y llegue a ser su constante devoto: tendrá en su favor una prenda segura de su eterna salvación, ya que, entre las señales de predestinación, reconocen los teólogos y los maestros de espíritu, basados en la autoridad de las Sagradas Escrituras y de los Santos Padres, una tierna y constante devoción a los Angeles de la Guarda. Que el Señor bendiga esta obrita y a sus lectores. Con este trabajo entendía don Bosco alcanzar de los santos ángeles seguridad, estabilidad y defensa para su Oratorio y para las demás.

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DON BOSCO PREDICE, CONFESANDO A UNA SEÑORA, UN RIESGO INMINENTE Y LE ACONSEJA, PARA VERSE LIBRE, QUE INVOQUE AL ANGEL CUSTODIO.
Memorias Biográficas de Don Bosco. Volumen II. Capítulo XVIII

El 31 de agosto de 1844 una rica señora, esposa del embajador de Portugal, debía trasladarse de Turín a Chieri para despachar algunos asuntos. Como era persona católica, quiso antes arreglar las cosas del alma. Y fue por la mañana a la iglesia de San Francisco de Asís. No conocía a don Bosco, ni don Bosco se había encontrado jamás con ella, ni podía suponer quien era, puesto que vestía muy humildemente. No estaba el confesor ordinario de la señora. Esta rezaba con aire recogido y devoto, y se sintió impulsada a confesarse con él. Don Bosco la escuchó, y le impuso la penitencia, consistente, a lo que parece, en hacer una pequeña limosna en determinadas circunstancias de aquel mismo día. -Padre, no puedo cumplirla, observó la señora.
-¿Cómo es eso? ¿no puede, teniendo tanto dinero? La señora quedó sorprendida al ver que don Bosco había conocido su posición social, siendo así que estaba cierta de no haberse dado a conocer de ningún modo ni por ninguna otra circunstancia. Explicó su dificultad diciendo: -Padre, no puedo cumplir esa penitencia, porque hoy debo salir de Turín. -Bien, entonces cumpla esta otra: pida a su Angel Custodio rezándole tres veces el Angele Dei que le asista, la preserve de todo mal, para que no se asuste de lo que hoy va a sucederle. La señora quedó todavía más sorprendida por estas palabras, recibió muy de buen grado la recomendación, y al llegar a su casa, rezó la oración juntamente con las personas de servicio, poniendo en manos de su Angel de la Guarda el feliz éxito del viaje. Subió al carruaje con su hija y una camarera. Y después de un largo trecho de camino, recorrido a toda velocidad, de improviso se espantan los caballos y se lanzan a una carrera vertiginosa. Tira el cochero de las riendas, pero en vano; los caballos no sienten ya el freno. Gritan las señoras y se abre una portezuela del carruaje, topan las ruedas con un montón de grava, vuelca el carruaje, derriba a los viajeros, y se astilla la portezuela ya abierta. Cae el cochero del pescante, las viajeras corren peligro de quedar aplastadas, la señora es arrastrada con la cabeza por tierra y los caballos siguen corriendo precipitadamente. Todo sucedió en menos que se cuenta. La señora, que ya no esperaba más socorro que el del Angel de la Guarda, gritaba con todas sus fuerzas: Angele Dei, qui custos es mei… Bastó esto para salvarlas. De repente, los furiosos caballos se amansan y se paran. El cochero se levanta incólume y los alcanza. Acude la gente a socorrer a los caídos. La señora que, salió del coche con la hija sin saber cómo, está tranquila sin la menor señal de susto. Las dos componen su persona lo mejor que pueden. Se miran la una a la otra y ven con asombro que no han recibido la menor lesión. Entonces, a una exclaman: -¡Viva Dios y viva el Angel Custodio que nos ha salvado! La señora con su séquito continuó el camino, mientras el cochero levantó el carruaje y aún tuvo fuerzas para andar a pie varias horas y llegar felizmente a su casa de Chieri. No es fácil expresar el concepto que aquella buena señora se formó entonces del joven sacerdote, que tan oportunamente le había aconsejado al Angel Custodio. Estaba ansiosa por volver a Turín para saber quién era. Fue a San Francisco de Asís, preguntó en la sacristía quién confesaba a aquella hora en el confesionario que ella indicaba. Enterada de que era don Juan Bosco, fue a agradecerle su saludable consejo. Se convirtió desde entonces en admiradora suya y repetía todos sus méritos y elogios. Y don Bosco se valió de ella, cuando se trató de socorrer a don Carlos Palazzolo, que se encontraba en grandes apuros y deseaba consagrarse al sagrado ministerio con una vida más apropiada a su avanzada edad. Fue en adelante una celosa bienhechora del Oratorio. Regalo suyo es la pequeña urna de cristal que, aún hoy, está sobre la cómoda de la habitación de don Bosco y que contiene una estatuilla de cera de San Felipe Neri revestido con los sagrados ornamentos, al modo como se venera el cuerpo de este santo en Roma, en Santa María de Vallicella. Todas las circunstancias del hecho que hemos narrado, que constan en un escrito de esa misma buena señora, nos la refirió la señora Teresa Martano de Chieri su camarera, y también don Miguel Rúa.”