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La expulsión del templo de los vendedores y los compradores

Agosto 2, 2009

SAN ANTONIO DE PADUA

1195-1231

(Domingo IX después de Pentecostés)

“Entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, y les dijo: “Está escrito; “Mi casa será una casa de oración; y vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones” Y cada día enseñaba en el Templo.” (Lc 19, 45-47)

Juan relata así el episodio: La Pascua de los judíos estaba próxima, y Jesús subió a jersualén. En el Templo encontró a los mercaderes de bueyes, de ovejas y de aplomas, y a los cambistas sentados (a sus mesas). Y haciendo un azote de cuerdas, arrojó del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas. Y a los vendedores de palomas les dijo: “Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. (2, 13-16)

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Presta atención. Por dos veces se lee que el Señor echó del templo a los vendedores y a los compradores: una vez en el primer año de su predicación y la segunda vez, cuando se dirigía a su Pasión.

Jesús entra en el templo, cuando cada día visita a su Iglesia, y observa los actos de cada uno y expulsa a los que, mezclados con sus santos, o fingen hacer el bien o abiertamente hacen el mal.

En los bueyes que aran, son representados los predicadores de la doctrina celestial.

Venden bueyes los que predican no por el amor de Dios, sino por su ganancia temporal.

Las ovejas inocentes ofrecen sus vellones a los que los usarán para vestirse, y simbolizan las obras de pureza y de piedad que son vendidas, cuando se cumplen para buscar la alabanza humana.

El Espíritu apareció en forma de paloma (Lc. 3, 22); y entonces en la paloma está simbolizado el Espíritu que es vendido por los simoníacos. Y esto, por cierto, es un pecado grave.”

*

“Prestan dinero en la Iglesia los que ni siquiera fingen servir a las cosas celestiales, sino abiertamente sirven a las cosas temporales.

Todos ellos son separados de la suerte de los santos (Col 1, 12), tanto los que fingen hacer el bien como los que hacen abiertamente el mal; y ahora son flagelados con las cuerdas de los pecados para que se corrijan; pero si no se corrigen, serán atados con las mismas cuerdas.

Y echa también a las ovejas y a los bueyes, porque desenmascara la vida y la doctrina de tales personas.

Esparce  las monedas y vuelca las mesas, porque al fin serán destruidas las mismas cosas que ellos amaban.

Observa que cuando el Señor expulsó del templo a los vendedores y a los compradores, “salían de sus ojos rayos fulgurantes, a los que ni los sacerdotes ni los levitas podían resistir.” (Glosa)

Y sobre esto tenemos una concordancia en el libro de la Sabiduría, donde se lee:

La sabiduría, por su pureza, todo lo penetra.

Ella es un soplo del poder de Dios y una emanación genuina de la gloria del Todopoderoso; y por esto no se infiltra en ella ninguna cosa contaminada.

Es esplendor de la luz eterna y espejo sin mancha de la majestad de Dios y una imagen de su bondad.

Siendo única, lo puede todo, y sin salir de sí misma, lo renueva todo” (7, 24-27)

Cristo, sabiduría y potencia de Dios, penetra en todas partes: en el cielo sacia a los ángeles con la visión de sí, en la tierra espera misericordioso a los pecadores para que hagan penitencia, y en el infierno atormenta a los demonios y a los pecadores que no quisieron esperar en El.

Penetra, repito, a causa de su pureza, porque El es la luz y “no hay tinieblas en El” (1 Jn. 1, 5)

Es un soplo ardiente que disuelve el hielo de nuestra infidelidad, siendo la misma potencia de Dios Padre.

Es su emanación, o sea, es esplendor de su gloria, consustancial, igual y coeterno; es emanación del esplendor del Todopoderoso, siendo con el Omnipotente una única luz; es emanación genuina, porque al Sumo Bien no se une mal alguno y nada contaminado se infiltra en ella, porque es todo y eterno Bien.

Es esplendor de la luz eterna y espejo en el que se ve al Padre; en efecto dice: El que me ve a mi, ve también a mi Padre(Jn. 14, 9)

Es sin mancha“, porque no cometió pecado ni se halló engaño en su boca (1 Pe 2, 22)

Es imagen de su bondad, o sea, su plena personificación, siendo la única bondad con el Padre; y aún siendo única con el Padre, todo lo puede, porque es el Omnipotente; y aún siendo inmutable, todo lo renueva, regulándolo y ordenándolo.

No debemos, pues, extrañarnos, si pudo expulsar del templo a los vendedores y a los compradores, y si aquellos sacerdotes y levitas no pudieron resistirle.

*

“Mi casa será llamada casa de oración; pero ustedes la hicieron una cueva de ladrones”

Dice Salomón en el libro de la Sabiduría: Entraré en mi casa y reposaré con la sabiduría, porque su compañía no causa amargura, ni pena su trato, sino placer y alegría. (8, 16)

El hombre espiritual, después de haberse liberado de las preocupaciones temporales y de pensamientos inquietantes, entra en la casa de la propia conciencia, y después de cerrar la puerta de los sentidos, reposa con la sabiduría, o sea, dedicándose a la divina contemplación, en la cual saborea la dulzura de la quietud superna.

La compañía de la sabiduría no da amargura, o sea, echa el placer del pecado: al paladar que gustó la sabiduría, no le será inoculado ningún veneno.

Ni su trato produce fastidio, porque los deleites espirituales aguzan el deseo, y cuanto más se gustan, tanto más ávidamente se apetecen, porque en ellos hay sólo placer y alegría.

¡Afortunada aquella casa, dichosa esa conciencia, que conoció el sabor de la sabiduría y en la que descansa la misma Sabiduría, que dice: “Mi casa será llamada casa de oración”…

San Antonio de Padua. Sermón sobre la sabiduría de Dios, o sea, sobre Jesucristo y su potencia. Sermón sobre la contemplación. Sermón sobre la oración y sobre todo lo que es necesario.” 

Domingo III de Pascua

Mayo 3, 2009

Introito (Ps 65)

Jubilate Deo, omnis terra, allelúia: psalmum dícite nómini ejus, allelúia: date glóriam laudi ejus, allelúia, allelúia, allelúia. -

Ps. Dícite Deo, quam terribília sunt ópera tua, Dómine! * in multitúdine virtútis tuae mentiéntur tibi inimici tui.

V.  Glória Patri.

Alabad con júbilo a Dios, hombres todos de la tierra, aleluya: entonad salmos a su Nombre, aleluya: glorificadle y ensalzadle,  aleluya, aleluya, aleluya.-

 Ps. Decid a Dios: ¡cuán terribles son Señor, tus obras!, ante la inmensidad de  tu poder, falsamente lo acatan tus  enemigos.

V. Gloria al Padre.

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Epístola – Lección de la 1º Epístola del Apóstol San Pedro ( II, 11-19)

“Los santos en la peregrinación de este destierro, son machacados, afligidos y angustiados: de ellos el mundo no es digno. A ellos les habla hoy Pedro con las palabras de la epístola: “Queridísimos, los exhorto como a forasteros y peregrinos a abstenerse de los deseos carnales, que luchan contra el alma” (1 Pe 2 , 11 )

Se llama forastero, porque viene de otro lugar, y peregrino es el que va lejos de su patria. Todos somos forasteros, porque venimos de otro lugar; o sea, del gozo del paraíso (terrenal)  hemos llegado a la mísera condición de este destierro. Somos también peregrinos, porque, echados del rostro y de los ojos de Dios,  vamos de acá para allá mendigando, lejos de la patria del cielo.

Abstengámonos, pues, de los deseos carnales, a semejanza de Nabot, que se interpreta “excelso”. Como él prefirió morir a vender su heredad, como se lee en el tercer libro de los Reyes (21, 1- 14), así nosotros debemos preferir sufrir cualquier penalidad a trocar la gloria eterna con los placeres de la carne. Si lo hacemos, nuestra tristeza se convertirá en gozo.

Con todo esto van de acuerdo las palabras del introito de la misa de hoy: “Aclamen a Dios con alegría, tierra entera; canten un himno a su nombre; denle la gloria y la alabanza“. No exhorta a hacer tres cosas: aclamen a Dios, con la alegría del corazón; canten un himno, con la boca, y denle gloria, con las obras. De esa manera, mereceremos llegar a la gloria del gozo eterno. (San Antonio de Padua, Sermón sobre la tristeza de los santos)

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Carísimos: Ruégoos como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma, dando buen ejemplo a los gentiles: para que así, como ahora murmuran de vosotros reputándoos por gente mala, en vista de vuestras buenas obras,  glorifiquen a Dios en el día de su visita.

Someteos, pues, a toda humana creatura por amor a Dios: ya sea al rey como soberano que es; ya a los gobernadores  como delegados suyos para castigar a los  malhechores y para premiar a los buenos; porque ésa es la voluntad de Dios, que, portándoos bien, tapéis la boca de los que, sin saber, hablan calumniosamente; proceded como hombres libres, pero no usando de la libertad como de un velo para encubrir la malicia, sino como siervos de Dios. Honrad a todos; amad a vuestros hermanos; temed a Dios; respetad al rey. Siervos, sed obedientes a los señores con todo respeto, no sólo a los buenos y suaves, sino también a los ásperos y descontetadizos. Porque esto es lo que agrada a Dios, en Jesucristo Señor nuestro.

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SALMODIA

Allelúia, allelúia. V. (Ps. 110) Redemptionem misit Dóminus pópulo suo.

Aleluya, aleluya.- V. El Señor ha enviado la redención a su pueblo.

Alleluia. (V. Luc. 24) . Oportébat pati Christum, et resúrgere a mórtuis: et ita intráre in glóriam suam. Allelúia.

Aleluya. V Convenía que Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos, y que así entrase en su gloria, aleluya.

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Evangelio - Continuación del Santo Evangelio según San Juan (XVI, 16-22)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un poco, y ya no me veréis: y otro poco, y me veréis: porque voy al Padre. Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poco, y no me veréis, y otro poco, y me veréis, porque voy al Padre?
Y decían: ¿qué es esto que nos dice: Un poco? No sabemos lo que quiere decir.
Entendió Jesús que le querían preguntar, y les dijo: Disputáis entre vosotros de esto que dije: Un poco, y no me veréis; y otro poco, y me veréis. En verdad, en verdad, os digo: que vosotros lloraréis y gemiréis, mas el mundo se gozará; y vosotros estaréis tristes, mas vuestra tristeza se convertirá en gozo.
La mujer, en los dolores del parto, está triste, porque le llegó su hora, mas cuando ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de aquel trance, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo. Pues también vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os he de ver, y se gozará vuestro corazón: y ninguno os quitará vuestro gozo.

“En este evangelio se deben considerar tres realidades:

Primero, la breve duración de nuestra vida, cuando se dice: “Todavía un poco y ya no me verán”.

Segundo, la vana alegría por las cosas mundanas: “En verdad, en verdad les digo: ustedes gemirán y llorarán”.

Tercero, la gloria eterna: “Yo los veré de nuevo y su corazón se alegrará“.

*

“La breve duración de nuestra vida”

Dice Jesús: “Un poco, y ya no me veréis: y otro poco y me veréis: porque voy al Padre”

Sentido moral. “Observa que en este pasaje evangélico se repite siete veces la palabra “un poco”, para significar que nuestra vida, que se desenvuelve en siete días, es breve y medida.

Dice Santiago: “¿Qué es nuestra vida? Es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (St 4, 14)

Dice Job: “Pasan sus días en el bienestar, y en un instante bajan al sepulcro”

Y de nuevo: “la gloria de los impíos es breve, y la felicidad del hipócrita es como un punto” (21, 13; 20, 5). Punto deriva de “punzar”, y es cortísimo, tanto que no tiene duración, y de tan incalculable brevedad, que no puede dividirse en partes.

El punto simboliza la vida del pecador, en la que siente la punción de la conciencia y la brevedad de la vida.

Se lee en el libro de la Sabiduría: “La esperanza del impío es pelusilla barrida por el viento, o como espuma liviana, que la tempestad dispersa, o como huma que el viento desperdiga, y como el recuerdo de un huésped de un sólo día, que se desvanece”. (5,15)”

“Con estas cuatro comparaciones concuerda lo que dice Oseas: “Serán como neblina de la mañana, y como el rocío de la mañana que desaparece, y como el tamo que el torbellino levanta de la era, y como el humo que sale de la chimenea” (13,3)

La neblina y el rocío se desvanecen y se consumen, a la llegada del sol; el tamo es arrastrado por el viento, y el humo se disipa en tenues volutas.

De la misma manera, cuando llega la llama de la muerte, la abundancia de las cosas temporales se desvanece  y se disipa, la concupiscencia de la carne y toda vanagloria se evaporan.

¡Ay de aquellos, pues, que por un poco de abundancia en esta vida y por algún efímero deleite pierden la vida eterna!

En los siete días de este infeliz destierro están enredados en los siete vicios; y entonces deberán beber de las siete copas de la ira de Dios.

(San Antonio de Padua. Sermón sobre la brevedad de la gloria temporal)

*

La vana alegría de los mundanos

“En verdad, en verdad les digo que llorarán y gemirán, mientras el mundo gozará. Ustedes se entristecerán; pero su tristeza se cambiará en gozo.”

En las tribulaciones de este mundo todos los buenos lloran, mientras los amantes del mundo gozan. Sobre unos y otros se explaya Isaías: “El Señor de los ejércitos llamó al gemido y al llanto, a raparse el cabello y a vestirse de saco. En cambio, ellos gozan y están alegres, matan novillos y carnean chivos, comen carnes y beben vino: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” (22, 12-13)

Todos los justos son llamados por la gracia de Dios al gemido de la contrición y al llanto de la confesión, a raparse la cabeza, o sea, a la renuncia de las cosas temporales, y a vestirse de saco, o sea, al rigor de la penitencia. En cambio, los amantes del mundo viven en los placeres del mundo, en la alegría del pecado, embriagándose de gula y de lujuria.”

(San Antonio de Padua. Sermón sobre el llanto de los justos y sobre los goces de los carnales) 

*

“Con razón en el evangelio de hoy dice el Señor: ” El mundo gozará, mientras ustedes estarán en la tristeza; pero su tristeza se cambiará en gozo”; y el gozo del mundo en tristeza. Y dice el Señor en otra parte del mismo evangelio: “Todo hombre presenta ante todo el buen vino y después el menos bueno” (Jn 2, 10) En este mundo beben el vino de la alegría; pero en el otro beberán el vinagre de la gehena.

“Dice Jeremías: “He aquí que los que no estaban condenados a beber el cáliz, lo beberán ciertamente; y  tú, quizás, ¿quedarás impune? No serás considerado inocente, sino que también tú deberás beberlo. Juro por mi mismo, dice el Señor, que Bosra será reducido a desierto, oprobio, escarnio y maldición.” ( 49, 12-13)

Los santos, a los que ningún tribunal impuso beber el cáliz de la tristeza de este mundo, lo beberán con la amargura del corazón y lo beberán con la amargura del corazón y lo beberán con el sufrimiento del cuerpo, porque ellos sufren y gimen por todas las abominaciones que se cometen en toda la tierra.

Y tú, Babilonia, madre de fornicaciones, ¿serás considerada inocente? No eres inocente; y por esto después, de haber bebido en este mundo el vino del placer, beberás en el otro mundo el vinagre del infierno.

Dice Gregorio: “Si es tan grande la fragilidad de esta vida mortal que ni los justos, que un día habitarán en el cielo, pueden pasar la vida sin trabajos, dado el inmenso cúmulo de la miseria humana. ¿cuánto más los que serán privados de la gloria celestial, deberán aguardar como seguro desenlace la eterna condenación?

Y de nuevo: “cada vez que yo medito en la paciencia de Job, o evoco la muerte de Juan el Bautista, te digo a ti, pecador, busca entender de allí qué cosa padecerán aquellos a los que Dios condena, mientras tanto sufren los que son elogiados por el testimonio del mismo juez? ¿Qué cosa hará el arbusto del desierto, si hasta el cedro del paraíso será sacudido por el terror?

*

La gloria eterna

“Y nadie podrá quitarles su gozo”

“Con esto concuerda la última parte del Apocalipsis: “El ángel me mostro un río de agua viva, espléndido como el cristal, que procedía del trono de Dios, y del Cordero, en medio de la plaza de la ciudad” ( 22, 1-2)

En el río está indicada la eternidad, en el agua viva la saciedad, en el esplendor del cristal la luminosidad, y en el trono de Dios y del Cordero, que es Dios y Hombre, la humanidad glorificada. ¡he ahí su gozo que nadie les podrá quitar!” 

(San Antonio de Padua. Sermón sobre la gloria de la bienaventuranza eterna y sobre el esplendor de la Jerusalén celestial)

Las múltiples oblaciones de la Virgen

Febrero 1, 2009

stanthony

SAN ANTONIO DE PADUA

(1195-1231)

En su pobreza la Virgen ofreció al Hijo y, con El, la ofrenda de los pobres, o sea, un par de tórtolas o dos pichones de palomas, como está escrito en la ley del Señor: “Cuando una mujer queda embarazada y da a luz un varón, será impura durante siete días” (Lv 12, 2), a excepción de aquella que dio a luz siendo virgen.

Ni el Hijo ni la Madre necesitaban ofrendas para purificarse, pero lo hicieron  para que nosotros fuésemos liberados del temor de la ley, o sea, de la prescripción de la ley, que era observada por miedo.

Y sigue la prescripción: “Cuando concluyeran los cuarenta días de su purificación, ofrecerá un cordera a la entrada de la tienda. Pero si su mano no halla o no puede ofrecer un cordero, ofrezca dos tórtolas o dos pichones de palomas” (Lv 12, 6-8).

Esta era la ofrenda de los pobres, que no podían ofrecer un cordero, para que en todo se manifestaran la humildad y la pobreza del Señor.

Esta ofrenda la hacen al Señor los que son de veras pobres.

Observa que si la tórtola pierde al compañero, estará siempre sin él. Camina solitaria, no bebe agua clara ni sube a una rama verde.

Símilmente, la paloma es simple. Elabora un nido más rústico y pobre que las demás aves; a nadie hiere con las uñas o con el pico; no vive de rapiñas; con el pico nutre a sus pichones con lo que ella misma se nutrió; no se alimenta de cadáveres; jamás ataca a las demás aves, aunque sean más pequeñas; se alimenta sólo de granos; calienta a los pichones ajenos como si fueran propios; reside junto a los ríos, para protegerse del gavilán; nidifica entre las piedras; al sobrevenir una tempestad, se refugia en el nido, se defiende con las alas; vuela en bandadas; su canto es como un gemido; es muy prolifica y nutre a los mellizos.

Ademas, observa que cuando nidifica la paloma y crecen los pichones el macho va y chupa la tierra salobre y pone lo que chupó en el pico de los pichones para que se acostumbren al nutrimiento. Y si la hembra, por los sufrimientos del parto, retrasa su llegada, el macho la picotea y la empuja con fuerza dentro del nido. (Aristóteles)

También los pobres en el espíritu, o sea, los verdaderos penitentes, ya que pecando mortalmente perdieron a su compañero, Jesucristo, viven solitarios, en la soledad de la mente y también del cuerpo, alejados del tumulto de las cosas seglares.

No beben el agua clara de los goces mundanos, sino el agua turbia del dolor y del llanto. “Mi alma – dice el Señor – está turbada. ¿Y qué diré? ” (Jn 12, 27)

No suben a la rama verde de la gloria temporal, de la que habla Ezequiel: “Se llevan la rama a las narices ” (8, 17).

Los hombres carnales se llevan a las narices la rama de la gloria temporal, para no percibir el hedor del pecado y del infierno.

Los verdaderos penitentes son simples, como las palomas. El nido donde moran y hasta el mismo lecho en el que duermen corporalmente, son rústicos y pobres.

No ofenden a nadie y, más bien, perdonan al que los ofende.

No viven de rapiñas, sino que, más bien, distribuyen sus cosas.

Alimentan con la palabra de la predicación a los que les están confiados y con gozo comparten con los demás la gracia que les fue otorgada.

No se unen al cadáver, o sea, al pecado mortal.

Dice el verso (de autor ignoto). “Algunos cadáveres cayeron por la espada y otros de muerte natural.”

No escandalizan ni al grande ni al pequeño. Se alimentan de puro grano, o sea, con la predicación de la Iglesia, no de los herejes.

Se hacen todo a todos y promueven tanto la salvación de los propios como de los ajenos, aman a todos en las entrañas de Jesucristo.

Residen junto a los ríos de la Sagrada Escritura, para prever de lejos las tentaciones del diablo, que trama para arrebatarlos; y así, previéndolas, pueden defenderse.

“Anidan en los agujeros de las piedras” (Ct 2, 14), o sea, en la herida del costado de Jesucristo.

Y si acomete la tempestad de la tentación de la carne, corren al costado de Cristo, y allí se esconden diciendo con el Profeta: “¡Sé para mí, Señor, una sólida torre delante del adversario!”; y también: “Sé tú, oh Dios, mi protección!” (S 60, 4 y 70, 3)

No se defiende con las uñas de la venganza, sino con las alas de la humildad y de la paciencia.

Dice el Filósofo: “El mejor sistema para vencer es la paciencia” (Publio Siro); y también: “El puerto (refugio) en las desventuras es la paciencia (Walther)

En unión con la Iglesia, con la comunidad de los fieles y junto con ellos, vuelan a las cosas celestiales. Su canto es un gemido. Sus melodías son lágrimas y suspiros. Fecundos por el parto de la buena voluntad, alimentan con mucha diligencia a los pichones mellizos, el amor de Dios y el amor del prójimo.

Considera también que todo penitente debe poseer dos virtudes: la misericordia y la justicia. La misericordia es, por así decirlo, la hembra que cuida de los pichones; y la justicia es el macho. La tierra salobre es la carne de Jesucristo, llena de amargura, de la que el penitente debe chupar la amargura y el sabor salado y debe ponerlos en la boca de los pichones, o sea, de sus obras, para que se acostumbren a tal nutrimiento y vivan siempre en el dolor y en la amargura,  ”crucificando sus miembros con sus vicios y concupiscencias” (Ga 5, 24).

Sin embargo, (no hay que olvidarse que) la discreción es la madre de todas las virtudes y sin ella no se debe ofrecer sacrificio alguno; por ende, si la paloma, o sea la misericordia, retrasa la venida a sus pichones (buenas obras), por el dolor de su parto, o sea, por su compunción y sus gemidos, la justicia, como el macho, debe corregirla y empujarla con alguna energía dentro del nido, para que alimente a los pequeños (obras buenas) y alimentándolos los cuide.

El penitente debe sí dolerse de sus pecados, pero con tal que no se sustraiga lo necesario, sin lo cual no se puede vivir.

Quienquiera ofrezca tales tórtolas y tales palomas, el sumo sacerdote, Jesucristo lo purificará de todo flujo de sangre, o sea, de la inmundicia del pecado.”

(…)

“Observa que hoy los fieles llevan “el fuego esplendente”  en la candela, que está formada con cera y estopa.

En el fuego está simbolizada la divinidad, en la cera la humanidad, y en la estopa la acerbidad de la pasión del Señor.

Como hoy, la bienaventurada Virgen llevó y ofreció en el templo al Hijo de Dios y suyo; y como símbolo de esa oblación, los fieles hoy llevan y ofrecen el fuego en la candela.

También en esos tres elementos se designa la verdadera penitencia: en el fuego, el ardor de la contrición, que arranca todas las raíces de los vicios; en la cera, la confesión de los pecados: como se derrite la cera en presencia del fuego, así del ardor de la contrición fluye la confesión de la boca del que se confiesa, mientras corren las lágrimas; y en la estopa se indica la severidad de la satisfacción.

En estos tres elementos está Jesús, o sea, la salvación del hombre; y el que los ofrezca a Dios, podrá decir con el justo Simeón: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo prometiste, porque mis ojos vieron la salvación, que preparaste delante de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 29-32)

Presta atención que en estos cuatro versículos están simbolizadas las cuatro bienaventuranzas del penitente.

La primera bienaventuranza consiste en el perdón total de los pecados y en la tranquilidad de la conciencia: “Deja que tu siervo vaya en paz”.

La segunda bienaventuranza consiste en la separación del alma del cuerpo, cuando podrá ver a aquel en el que creyó y que tanto deseó: “Porque  mis ojos vieron tu salvación”.

La tercera bienaventuranza será en el examen del último juicio, en el que se dirá: “Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras lo alaben entre las puertas” (de la eternidad)” (Pr 31, 31) “que tu preparaste delante de todos los pueblos”.

La cuarta bienaventuranza será en el esplendor de la gloria eterna, en la cual “verá cara a cara y conocerá como es conocido” (1 Co 13, 12): “luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel”

Con toda razón se dice: “Como el fuego esplendente y como el incienso que arde en el fuego”(Eclesiastes).

Jesucristo resplandeció como fuego ante los pastores en su natividad, ante los tres magos en su manifestación (Epifanía), ante Simeón y Ana que profetaban en la purificación de su Madre. En cambio, en su pasión, ardió como incienso en el fuego, y de su perfume se llenaron los cielos, la tierra y los infiernos. Los ángeles del cielo se alegran por la redención del género humano, en la tierra los hombres muertos fueron resucitados y los prisioneros del infierno fueron liberados.

Te suplicamos, oh Señora nuestra escogida Madre de Dios, que nos purifiques de la sangre de los pecados y que nos guíes al fuego esplendente de la contrición, a la cera de la confesión y a la estopa de la satisfacción, para que así podamos llegar a la luz y a la gloria de la Jerusalén celestial.

Dígnese concedernoslo aquel Jesús, a quien hoy ofreciste en el templo. A El sean honor y gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!

Extracto del Sermón para la Fiesta de la Purificación de la Bienaventurada Virgen María.