SAN ANTONIO DE PADUA
1195-1231
(Domingo IX después de Pentecostés)
“Entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, y les dijo: “Está escrito; “Mi casa será una casa de oración; y vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones” Y cada día enseñaba en el Templo.” (Lc 19, 45-47)
Juan relata así el episodio: “La Pascua de los judíos estaba próxima, y Jesús subió a jersualén. En el Templo encontró a los mercaderes de bueyes, de ovejas y de aplomas, y a los cambistas sentados (a sus mesas). Y haciendo un azote de cuerdas, arrojó del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas. Y a los vendedores de palomas les dijo: “Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. (2, 13-16)
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Presta atención. Por dos veces se lee que el Señor echó del templo a los vendedores y a los compradores: una vez en el primer año de su predicación y la segunda vez, cuando se dirigía a su Pasión.
Jesús entra en el templo, cuando cada día visita a su Iglesia, y observa los actos de cada uno y expulsa a los que, mezclados con sus santos, o fingen hacer el bien o abiertamente hacen el mal.
En los bueyes que aran, son representados los predicadores de la doctrina celestial.
Venden bueyes los que predican no por el amor de Dios, sino por su ganancia temporal.
Las ovejas inocentes ofrecen sus vellones a los que los usarán para vestirse, y simbolizan las obras de pureza y de piedad que son vendidas, cuando se cumplen para buscar la alabanza humana.
El Espíritu apareció en forma de paloma (Lc. 3, 22); y entonces en la paloma está simbolizado el Espíritu que es vendido por los simoníacos. Y esto, por cierto, es un pecado grave.”
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“Prestan dinero en la Iglesia los que ni siquiera fingen servir a las cosas celestiales, sino abiertamente sirven a las cosas temporales.
Todos ellos son separados de la suerte de los santos (Col 1, 12), tanto los que fingen hacer el bien como los que hacen abiertamente el mal; y ahora son flagelados con las cuerdas de los pecados para que se corrijan; pero si no se corrigen, serán atados con las mismas cuerdas.
Y echa también a las ovejas y a los bueyes, porque desenmascara la vida y la doctrina de tales personas.
Esparce las monedas y vuelca las mesas, porque al fin serán destruidas las mismas cosas que ellos amaban.
Observa que cuando el Señor expulsó del templo a los vendedores y a los compradores, “salían de sus ojos rayos fulgurantes, a los que ni los sacerdotes ni los levitas podían resistir.” (Glosa)
Y sobre esto tenemos una concordancia en el libro de la Sabiduría, donde se lee:
“La sabiduría, por su pureza, todo lo penetra.
Ella es un soplo del poder de Dios y una emanación genuina de la gloria del Todopoderoso; y por esto no se infiltra en ella ninguna cosa contaminada.
Es esplendor de la luz eterna y espejo sin mancha de la majestad de Dios y una imagen de su bondad.
Siendo única, lo puede todo, y sin salir de sí misma, lo renueva todo” (7, 24-27)
Cristo, sabiduría y potencia de Dios, penetra en todas partes: en el cielo sacia a los ángeles con la visión de sí, en la tierra espera misericordioso a los pecadores para que hagan penitencia, y en el infierno atormenta a los demonios y a los pecadores que no quisieron esperar en El.
Penetra, repito, a causa de su pureza, porque El es la luz y “no hay tinieblas en El” (1 Jn. 1, 5)
Es un soplo ardiente que disuelve el hielo de nuestra infidelidad, siendo la misma potencia de Dios Padre.
Es su emanación, o sea, es esplendor de su gloria, consustancial, igual y coeterno; es emanación del esplendor del Todopoderoso, siendo con el Omnipotente una única luz; es emanación genuina, porque al Sumo Bien no se une mal alguno y nada contaminado se infiltra en ella, porque es todo y eterno Bien.
Es esplendor de la luz eterna y espejo en el que se ve al Padre; en efecto dice: “El que me ve a mi, ve también a mi Padre” (Jn. 14, 9)
Es “sin mancha“, porque no “cometió pecado ni se halló engaño en su boca“ (1 Pe 2, 22)
Es imagen de su bondad, o sea, su plena personificación, siendo la única bondad con el Padre; y aún siendo única con el Padre, todo lo puede, porque es el Omnipotente; y aún siendo inmutable, todo lo renueva, regulándolo y ordenándolo.
No debemos, pues, extrañarnos, si pudo expulsar del templo a los vendedores y a los compradores, y si aquellos sacerdotes y levitas no pudieron resistirle.
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“Mi casa será llamada casa de oración; pero ustedes la hicieron una cueva de ladrones”
Dice Salomón en el libro de la Sabiduría: Entraré en mi casa y reposaré con la sabiduría, porque su compañía no causa amargura, ni pena su trato, sino placer y alegría. (8, 16)
El hombre espiritual, después de haberse liberado de las preocupaciones temporales y de pensamientos inquietantes, entra en la casa de la propia conciencia, y después de cerrar la puerta de los sentidos, reposa con la sabiduría, o sea, dedicándose a la divina contemplación, en la cual saborea la dulzura de la quietud superna.
La compañía de la sabiduría no da amargura, o sea, echa el placer del pecado: al paladar que gustó la sabiduría, no le será inoculado ningún veneno.
Ni su trato produce fastidio, porque los deleites espirituales aguzan el deseo, y cuanto más se gustan, tanto más ávidamente se apetecen, porque en ellos hay sólo placer y alegría.
¡Afortunada aquella casa, dichosa esa conciencia, que conoció el sabor de la sabiduría y en la que descansa la misma Sabiduría, que dice: “Mi casa será llamada casa de oración”…
San Antonio de Padua. Sermón sobre la sabiduría de Dios, o sea, sobre Jesucristo y su potencia. Sermón sobre la contemplación. Sermón sobre la oración y sobre todo lo que es necesario.”
