Archivos de la categoría ‘San Francisco de Sales’

El amor revelado en la Cruz

Junio 18, 2009

SAN FRANCISCO DE SALES

Cuando algún gran príncipe o señor muere repentinamente, se abre su cuerpo para saber de qué enfermedad ha muerto y, una vez averiguado esto, se quedan todos tranquilos y no se sigue adelante.

Nuestro Señor, estando sobre el árbol de la cruz, dijo con una voz fuerte y firme estas palabras antes de entregar su Espíritu: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” y, nada más pronunciarlas, entregó su Espíritu.

No podían creer que hubiera muerto, pues había hablado con tanta energía que no se podía sospechar que moriría a continuación o en seguida.

Por eso, el jefe de los soldados, vino a cerciorarse de si verdaderamente había muerto y, ya seguro, ordenó que le dieran una lanzada en el Corazón y así lo hicieron, traspasándolo.

Por el Costado abierto le vieron efectivamente muerto, de la muerte del corazón, que quiere decir: del amor de su Corazón.

Quiso el Señor que le abrieran el Corazón por varias razones. La primera, para que viésemos sus pensamientos, que eran pensamientos de amor y dilección para nosotros, sus queridísimos hijos y criaturas suyas, creadas a su imagen y semejanza, y así comprendiésemos el deseo que tiene de darnos sus gracias y bendiciones y hasta su propio Corazón, como lo dio a santa Catalina de Siena.

Es así; las almas devotas no deben tener otro corazón sino el de Dios, ni otro espíritu sino el de Dios, ni otra voluntad sino la de Dios, ni otros afectos que los Suyos, ni otros deseos. En fin, que deben ser todas de Él.

La segunda razón es para que vayamos a Él con toda confianza, a retirarnos y escondernos en su Costado, a descansar en Él, ya que por nosotros está abierto y en Él nos recibe con una benignidad y un amor sin igual.

(Sermón del 16 de mayo de 1616. Tomo IX, 79)

De la Santa Misa, y cómo se ha de oír

Marzo 21, 2008

 SAN FRANCISCO DE SALES

“1. No te he hablado hasta ahora, mi Filotea, del sol de los Ejercicios espirituales, que es el santísimo, sacratísimo y soberanísimo sacrificio y sacramento de la Misa, centro de la religión cristiana, corazón de la devoción, alma de la piedad, misterio inefable que comprende el abismo de la caridad divina, y por el cual Dios, aplicándose realmente a nosotros, nos comunica abundantemente sus gracias y favores.

2. La oración que se hace en unión de este divino Sacrifico, tiene una fuerza indecible, de manera, Filotea, que por él abunda el alma en celestiales favores, como sustentada con ellos por su amado, y de tal suerte la llena de olores y suavidades espirituales, que parece una columna de humo de aromáticos palos de mirra e incienso, y de todos los polvos y fragancias olorosas, como se dice en los Cantares (Cant 3. 6)

3. Debes pues con mucho esmero procurar asistir todos los días al santo sacrificio de la Misa, para ofrecer con el sacerdote el sacrificio de tu Redentor a Dios su Padre por ti y por toda la Iglesia. Los ángeles se hallan siempre presentes en gran número, como dice San Juan Crisóstomo, para honrar este santo misterio; y estando allí nosotros con ellos con una misma intención, no podemos menos de recibir con tal compañía muchos favores y señalados beneficios. En esta acción divina se unen los coros de la Iglesia triunfante y militante a nuestro Señor, para con él, en él y por él arrebatar el corazón de Dios Padre, y hacer su misericordia toda nuestra. ¡Qué mayor dicha para una alma poder contribuir devotamente y con todos sus afectos a conseguir un bien tan precioso y apetecible!

4. Si por alguna forzosa ocupación no pudieres hallarte presente a la celebración de este soberano sacrificio con presencia real, a lo menos convendrá que tengas allí tu corazón con una presencia espiritual. A cualquier hora pues de la mañana irás en espíritu, si de otro modo no puedes, a la iglesia, unirás tu intención con la de todos los cristianos, y harás en el lugar donde estuvieres las mismas acciones interiores que harías si realmente te hallaras presente al oficio de la santa Misa en cualquiera iglesia.

5. Para oír real ó mentalmente la santa Misa como conviene debes hacer lo siguiente.

I Desde que el sacerdote empieza a vestirse hasta que haya llegado al altar harás con él la preparación, la cual consiste en ponerse en la presencia de Dios, reconocer tu indignidad y pedir perdón de tus faltas.

II Desde que el sacerdote se pone en el altar hasta el evangelio considera la venida y la vida de nuestro Señor en este mundo con una simple y general consideración.

III Después del evangelio hasta el credo considera la predicación de nuestro Salvador; protesta de querer vivir y morir en la fe, en la observancia de su santa palabra, y en la unión de la santa Iglesia católica.

IV Después del credo hasta el Pater noster aplica tu corazón a los misterios de la muerte y pasión de nuestro Redentor, que actual y esencialmente se representan en este santo sacrificio, el cual con el sacerdote y demás pueblo ofrecerás á Dios Padre á honra suya y por tu salud.

V Después del Pater noster hasta la comunión esfuérzate á excitar mil deseos ardientes en tu corazón de estar siempre unida á tu Salvador con amor eterno.

VI Después de la comunión hasta el fin da gracias á su divina Majestad por su encarnación, por su vida, por su muerte, por su trabajosa pasión y por el amor que nos ha mostrado en este santo sacrificio, pidiéndole por él que te sea siempre propicio, á tus padres, amigos y á toda la Iglesia; y humillándote de todo corazón recibirás devotamente la bendición divina que te da nuestro Señor por mano de su sacerdote.

Pero si quieres mientras se dice la Misa tener tu meditación por los misterios que vas continuando cada día, no es necesario que te ocupes en hacer estas particulares acciones, antes bastará que al principio formes tu intención á querer adorar y ofrecer este santo sacrificio por medio del ejercicio de tu meditación y oración, pues en toda meditación se hallan expresa ó tácita y virtualmente incluidas las acciones arriba dichas.

Demás de esto, Filotea, has de procurar con todo cuidado asistir en las fiestas y domingos á los ejercicios espirituales de la tarde mientras tuvieres comodidad para ello, porque estos días son dedicados á Dios, y conviene hacer en ellos mas obras á honra y gloria suya que en los otros.

Sentirás mil dulzuras de devoción por este medio, como sucedía á S. Agustín, quien asegura en sus Confesiones, que al oír los divinos oficios al principio de su conversión su corazón se deshacía en suavidad y sus ojos en lágrimas de piedad. A mas de que comúnmente suele suceder que el alma reciba siempre mas gracia y consuelo en los oficios públicos de la Iglesia que en las acciones particulares; porque Dios ha ordenado que la comunidad sea preferida á toda clase de particularidad. Entra de buena gana en las cofradías del lugar donde resides, y particularmente en aquellas cuyos ejercicios traen más frutos y edificación, porque en esto mostrarás una suerte de obediencia muy agradable a Dios. Y aunque las cofradías no son expresamente de precepto, son no obstante encomendadas por la Iglesia, la cual, para mostrar que desea entren los fieles en ellas, concede muchas indulgencias y otros privilegios á sus cofrades. Demás de esto es siempre obra de mucha caridad concurrir con otros y cooperar con ellos en sus buenos propósitos: y aunque puede suceder que uno tenga tan buenos ejercicios por sí solo como hacen los cofrades en comunidad, y que por esto guste mas de hacerlos en particular, con todo eso Dios es mas glorificado en la unión y contribución que le hacemos con nuestros prójimos y hermanos. Lo mismo digo de toda clase de oraciones y devociones públicas, en las cuales debemos cuanto nos sea posible dar buen ejemplo para edificación del prójimo, unirnos á la intención común, y mostrar nuestra afición á la mayor gloria de Dios.

Introducción a la vida Devota de San Francisco de Sales, fundador de la orden de la Visitación de Santa María. Madrid. 1843. Capítulo X: “De la santísima Misa, cómo se ha de oir, y de la asistencia a los públicos ejercicios. Págs 125-130