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Sobre la Penitencia

Julio 18, 2009

SANTO CURA DE ARS

“Hijos míos, no podemos comprender la bondad que Dios ha tenido con nosotros al instituir este gran sacramento de la penitencia.

Si dijéramos a estos pobres condenados que están en el infierno desde hace tiempo: “Vamos a poner un sacerdote a la puerta del infierno. Todos los que quieran confesarse no tienen más que salir”; hijos míos, ¿creen que allí quedaría alguno?

Los más culpables no temerían decir sus pecados, e incluso decirlos delante de todo el mundo.

¡Oh! ¡El infierno quedaría rápidamente vacío y el cielo se llenaría!

Pues bien… ¡tenemos el tiempo y los medios que estos pobres condenados no tienen!

Hijos míos, desde el momento en el que se tiene una mancha en el alma, hay que hacer como la persona que tiene una bola de cristal que guarda cuidadosamente.

Si esta bola tiene un poco de polvo y la persona se da cuenta, rápidamente pasa una esponja y la bola se vuelve clara y brillante”.

***

Sobre el propósito de enmienda

“Es bonito pensar que tenemos un sacramento que cura las heridas de nuestra alma. Pero hay que recibirlo con buenas disposiciones, porque si no aumenta el número de heridas.

Imaginen un hombre lleno de heridas, que acude al hospital: el médico lo atiende y lo cura; pero él, al salir, toma un cuchillo y comienza a clavárselo en todas las partes del cuerpo, haciéndose mucho más daño que antes.

¿Qué pensarían de un hombre que actuara de esa manera?

Pues bien, eso es lo que hacen a menudo cuando tras salir del confesionario, vuelven a caer en los mismos pecados.”

***

“El Buen Dios lo sabe todo. Sabe de antemano que después de confesarse pecarán de nuevo, y sin embargo, los perdona. ¡Qué amor el de nuestro Dios, que llega a olvidar voluntariamente el futuro para perdonarnos!

***

Sobre los pecados ocultos

“Hay quienes profanan el sacramento careciendo de sinceridad. Habrán escondido pecados mortales, hace diez, veinte años. Siempre están atormentados; siempre su pecado está presente en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando han hecho una buena confesión, han encadenado al demonio.

Los pecados que escondemos reaparecerán todos.

Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien.”

***

Tres cosas necesarias

“Para recibir el sacramento de la penitencia son necesarias tres cosas. La fe,  que nos revela que a Dios presente en el sacerdote. La esperanza, que nos hace confiar en que Dios nos otorgará la gracia del perdón. La caridad, que nos lleva a amar a Dios y que inculca en nuestro corazón el dolor de haberlo ofendido.”

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“El Buen Dios, en el momento de la absolución tira nuestros pecados por encima del hombro; es decir, los olvida, los reduce a nada, no volverán a aparecer jamás.”

 

Conducta para la confesión

Julio 17, 2009

Confesión

Confesaos a lo menos todos los meses: tened cuidado de prepararos para ello como para una acción de la mayor importancia; pues que se trata de obtener el perdón de vuestros pecados, y de reconciliaros con Dios.

Hacedla siempre como si debieseis morir al salir del confesionario, y no os olvidéis jamás de practicar lo siguiente:

1.° Invocad el socorro del Espíritu Santo, para conocer vuestras culpas, y tener de ellas un verdadero dolor.

2.° Haced un examen formal de todos los pecados que habéis cometido desde la última confesión, por pensamientos, palabras, acciones y omisiones: recorred con detención los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, los siete Pecados Capitales, los lugares y personas que habéis frecuentado, y los empleos en que habéis estado ocupado.

3.° Después de haber conocido vuestros pecados, excitaos al dolor de haberlos cometido, considerando vuestras ingratitudes, las penas del infierno que habéis merecido, y sobre todo la bondad infinita de un Dios que habéis ofendido.

4.° A continuación formad en vuestro corazón una firme resolución de no volver a pecar mas, y evitar con cuidado todas las ocasiones.

5.° Con estas disposiciones aprovechaos del confesionario con recogimiento en la postura, y en los sentimientos de un criminal que va a pedir gracia: confesad vuestros pecados, y las circunstancias que aumentan la malicia, con humildad y sencillez, sin ocultar ni disfrazar nada de ellos. Después de haberlos confesado todos, escuchad con detención los consejos que vuestro confesor os dará; sed fieles en aprovecharlos, y haced exactamente todo lo que os prescribirá.

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ANTES DE LA CONFESION

Espíritu Santo, fuente de luz, dignaos enviar uno de vuestros rayos a mi corazón, y venid a ayudarme a conocer mis pecados.

Mostrádmelos, Señor, tan distintamente como los conoceré cuando al salir de esta vida me será necesario parecer á ser juzgado.

Hacedme conocer, ó Dios Santo, tanto lo malo que he cometido, como lo bueno que he omitido.

Hacedme ver el número y la grandeza de mis infidelidades en vuestro servicio.

Haced que yo sepa cuántas veces, y hasta qué punto he ofendido a mi prójimo, el mal que a mí mismo me he hecho, y las faltas que he cometido contra las obligaciones de mi estado.

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EXAMEN

Examinemos sobre los pecados que pueden cometerse.

CONTRA DIOS.

SOBRE LA FE.

Por dudas voluntarias (a), curiosidades, supersticiones, sueños, lecturas prohibidas, burlas en asuntos sagrados, negligencia en instruirse de su religión.

(a) Es necesario decir siempre, en tanto que pueda acordarse, las veces que ha caído en las faltas de que se acusa.

SOBRE LA ESPERANZA.

Por desconfianza en la misericordia de Dios, presunción de su bondad y de nuestras propias fuerzas, falta de sumisión, desfallecimiento voluntario de ánimo, disgusto, desesperación.

SOBRE LA CARIDAD.

Por murmuraciones contra la Providencia Divina; resistencia voluntaria a las santas inspiraciones; negligencia en impedir el mal cuando se debe, y se puede, pecando por humanos respetos; dividiendo su corazón entre Dios y alguna otra cosa que no se debe amar, ó dejar de amar sino por Dios, no amando al prójimo por el amor de Dios.

SOBRE LA RELIGIÓN

Omitiendo sus obligaciones de piedad, sus oraciones, la Misa, su penitencia, ó haciendo mal todo esto: cometiendo irreverencias en la Iglesia, por posturas, inmodestias, conversaciones, miradas lascivas, distracciones voluntarias; violando con el trabajo los santos días de domingos, y otras fiestas, comprando ó vendiendo; por los juegos, divertimientos y compañías que apartan del servicio de Dios; haciendo juramentos falsos; mintiendo; tomando el nombre de Dios en vano; jurando ligeramente; practicando la simonía en la pretensión ó colación de algún beneficio; y últimamente, dejando de alabar a Dios, de darle gracias por sus beneficios, y de someterse a su santa voluntad. 

CONTRA EL PRÓJIMO.

EN PENSAMIENTO.

Por juicios temerarios, menosprecio de su persona ó de sus acciones; por envidia, aborrecimiento, displicencia, aversión, deseos de venganza. Es necesario declarar si estos sentimientos han sido voluntarios, si han durado, si han salido al exterior, y si todo ó algo de esto ha sido contra los superiores.

EN PALABRAS.

Por las calumnias, por las maldiciones dichas ú oídas, y no impedidas cuando se ha podido; injurias en canciones, libros, escritos y alegatos infamatorios. Es necesario decir por qué motivos se han hecho, delante cuantas personas, si son de consecuencia y perjudiciales.

Por discursos contra la caridad; relaciones infamatorias (sean verdaderas ó falsas); por sembrar divisiones, mofas y menosprecios.

Por malos consejos, lisonjas y aplauso de las cosas malas.

Por falsos testimonios, declaración del secreto y de las faltas de otro.

Por contumelias, reprensiones, palabras injuriosas, declamaciones, maldiciones, &c.

EN ACCIONES

Por la injusta detención de la hacienda de otro; contratos; empréstitos usurarios; engaños ó infidelidades en las mercaderías, ventas, compras, juegos, obras, comisiones, cometiendo falsedad, vendiendo demasiado caro. apropiándose los restos; dejando que se arruine, corrompa ó pierda de su valor lo que se tiene en comisión; hurtando, ocultando ó comprando una cosa robada; descuidando de la obra de que se ha encargado el oficial, con daño del dueño; enajenando y malversando bienes de comunidad; por escándalos, condescendencias y malos ejemplos.

EN OMISIONES.

Por negligencia en restituir, en reparar las maledicencias, en reconciliarse , en cumplir sus obligaciones mutuas los casados; en el amor , fidelidad , respeto , deferencia , sumisión, sustento, paciencia; de los padres y de los maestros, instrucciones, buenos ejemplos, correcciones, establecimientos, justicia y caridad; del niño y criado, respeto, amor obediencia, socorros, fidelidad; de los magistrados, jueces, oficiales. 

CONTRA SI MISMO.

POR ORGULLO.

Estimándose demasiadamente; hablando ventajosamente de sí mismo, buscando con exceso los honores; teniendo una vana condescendencia para sí y menosprecio para los otros, engañando al mundo con hipocresía y con una modestia afectada.

POR AVARICIA.

No dando limosna según sus facultades; pegándose demasiadamente a los bienes de esta vida; inquietándose demasiado por lo venidero; negándose a  sí y a otros lo necesario.

POR ENVIDIA.

Despreciando y desacreditando á otros; alegrándose del mal, y afligiéndose del bien que les sucede; deseando con impaciencia y ansia lo que otros tienen.

POR IMPUREZA.

En pensamientos deshonestos y voluntarios, deteniéndose negligentemente y tomando placer; ya que se desea hacer lo malo que se piensa, ya que no se tenga ningún deseo, pero que se mantiene hacia él una simple complacencia. Es necesario decir si tales pensamientos han causado algunos movimientos desarreglados.

EN PALABRAS.

Diciendo ú oyendo con gusto palabras lascivas ó de doble sentido; cantando versos disolutos, ó dando oídos á ellos; manteniendo conversaciones muy libres y familiares, sobre todo, con sexo diferente, ó permitiéndolas en aquellos que se deben reprender.

EN MIRADAS.

Considerando por curiosidad ó por sensualidad malos objetos, como pinturas obscenas; leyendo libros indecentes ; llevando ó conduciendo á otros á las asambleas criminales ó peligrosas, exponiéndose á la ocasión de pecar, ó dándola á otros, como prestar malos libros, llevar vestidos inmodestos y poco cerrados.

EN ACCIONES.

Teniendo ó permitiendo sobre sí ó sobre otros libertades sensuales, ósculos lascivos, tocamientos, secretas é infames costumbres; el pecado impuro; todo lo que no es permitido entre personas casadas.

Es necesario explicarlo todo, lo mas modestamente que se pueda; declarar las circunstancias que mudan ó que aumentan el pecado, y decir si se han empleado ó no los medios de deshacerse de una tan peligrosa y dominable pasión; examinar bien lo que es voluntario, lo que es por pura negligencia, ó con gusto y complacencia en esta materia; el número de los pecados; el tiempo que la costumbre ha durado; las ocasiones que se han dado, con quién se ha pecado, ó deseado pecar, sin nombrar personas.

POR GULA.

Comiendo ó bebiendo con exceso, ó excitando á ello á los otros; frecuentando las tabernas en lugar de estar asistiendo á sus obligaciones; buscando con que satisfacer sus apetitos comiendo sin regla y con sensualidad, faltando á los ayunos ó abstinencia.

POR CÓLERA.

Dejándose llevar al despecho y precipitación sin contenerse, diciendo palabras injuriosas, echando maldiciones , deseando el mal á otros, dándoles ocasión de encolerizarse, quejándose, hiriéndose, perseverando en su rabia, excusándose de perdonar, y contribuir á la reconciliación. Los hijos y los domésticos deben acusarse de los motivos de impaciencia que han dado.

POR PUREZA.

Descuidando en la frecuentación de los Sacramentos, de la oración, de los sermones, de la mortificación de las pasiones, del uso de los medios para conseguirse de huir de las ocasiones, del estudio de sus obligaciones, del reglamento de su tiempo y de sus negocios particulares, y del cuidado de una eterna salud. 

DESPUES DEL EXAMEN.

PARA TESTIFICAR EL DOLOR POR UN ACTO DE CONTRICION.

¡Que motivo de confusión es para mí, ó mi Dios, el caer siempre en las mismas faltas tan repetidamente, y después de haberos tantas veces prometido no cometerlas mas!

¡Que yo haya podido pecar en vuestra presencia por cosas tan leves, conociendo cuánto os desagrada el pecado, y aun abusando de vuestros beneficios para ofenderos!

O mi Dios, mi Padre, el mejor y mas poderoso de todos los padres, mitigad vuestro enojo; perdonadme, y no me castiguéis según el rigor de vuestra justicia.

Perdón, mi Dios, por todo lo malo que he cometido y hecho cometer; perdón por todo lo bueno que no he hecho y que debía hacer, ó que he hecho mal; perdón por todos los pecados que conozco y no he conocido; quisiera borrarlos con mi sangre, y reparar aun á costa de lo que mas amo, el disgusto que os han causado.

¡O si mi arrepentimiento pudiese igualar mis faltas!

Suplid mi dolor, Salvador agonizando en el huerto de los Olivos: introducid en mi corazón una gota del mar de amarguras, de que vuestra alma estuvo en él atravesada, para que yo llore mis pecados hasta la muerte.

PARA FORMAR UN BUEN PROPÓSITO.

Yo debía morir antes que ofenderos, ¡Oh Dios mío! mas pues he tenido esta desgracia, yo me resuelvo en adelante (con el auxilio de vuestra gracia) á vivir mas cuidadoso y atento, para no hacer cosa que os desagrade.

Yo evitaré con cuidado el pecado y las ocasiones de caer en él, y particularmente de aquel que la costumbre, la malicia ó la debilidad me hacen cometer con más facilidad.

PARA ESPERAR EN LA MISERICORDIA DE DIOS.

Yo sé ¡oh Dios mío! hasta qué punto os he ofendido, y lo que debería esperar de vuestra indignación, si vuestra infinita misericordia, y los méritos de Jesucristo, mi Salvador, no aplacaran vuestra justicia, y no solicitasen mi gracia delante de Vos.

Con esta esperanza ¡ oh Dios de bondad! me presento al sagrado tribunal de la confesión, lleno de confianza de que acusándome de mis pecados enteramente, sinceramente y con humildad, Vos ratificareis en el cielo la sentencia que en mi favor será pronunciada aquí en la tierra.

PARA ENCOMENDARSE A MARÍA SANTÍSIMA Y AL ÁNGEL DE LA GUARDA.

Virgen Santísima, Madre de gracia, Madre de misericordia, y refugio seguro de los pobres pecadores, interceded por mí en este momento, á fin de que la confesión que voy á hacer no me haga más criminal, sino al contrario, que en ella halle perdón de todo lo pecado, y las gracias necesarias para no pecar en adelante.

Mi buen Ángel, fiel y celoso guarda de mi alma, que habéis sido testigo de mis caídas, ayudadme á levantar, y haced que yo halle en este Sacramento la gracia de no volver á caer mas. Amen.

Se podrán rezar en seguida los Salmos 24, 37 y 50 del Oficio Parvo.

Llegaos al confesionario con el recogimiento, silencio y modestia que tendríais si Jesucristo visiblemente y en persona estuviese en el lugar del sacerdote, y que vos debiereis confesarle vuestras culpas.

Después que os hayáis confesado de vuestros pecados, acabareis la confesión de este modo:

Yo me acuso de todos los pecados, y de una infinidad de otros que he cometido, y de los cuales no tengo conocimiento; como también de todos los de mi vida pasada, y en particular de tal (a) y de todos; me pesa de lo mas profundo de mi corazón por el amor de mi Dios: yo le pido humildemente perdón de ellos, y a vos, Padre mío, penitencia y absolución.

(a) Es bueno en las confesiones de simples pecados veniales acusarse de algún pecado de la vida pasada, el cual se tiene el más vivo dolor.

Después que se haya concluido la confesión, es necesario no ocuparse en otra cosa mas que en recordar lo que se habrá olvidado de decir: es preciso poner toda su atención en escuchar lo que le dirá el confesor (a), y recibir en seguida su absolución con los mismos sentimientos de dolor y arrepentimiento que si fuera el mismo Jesucristo en persona quien nos la da. En el acto de recibirla podrá decir en el fondo de su corazón:

Gracia y misericordia, oh Jesús mío; lavadme, purificadme con vuestra sangre adorable: me arrepiento de lo más íntimo de mi corazón de haberos ofendido, porque Vos sois infinitamente bueno, y tengo una sincera voluntad de corregirme con el socorro de vuestra gracia

(a) Muchos sabios y virtuosos confesores tienen la costumbre, después de haber dado una penitencia, imponerlos aun á título de satisfacción sacramental, todo lo bueno que puedan hacer hasta la otra confesión: esto es muy saludable. Se podrá pedir á su confesor que haga lo mismo, y que indique igualmente alguna práctica de mortificacion exterior ó interior.

Se podrá retirar después en un lugar

cómodo para hacer la súplica

siguiente

DESPUES DE LA CONFESION.

Confirmad, os suplico, entre el cielo, oh Salvador mío, lo que vuestro ministro acaba de hacer en la tierra, y perdonadme todas las ofensas que he cometido contra Vos : quitad de mi alma todas las manchas de mis pecados; olvidadlos enteramente, de manera que no se haga mención de ellos en vuestro juicio: os pido de nuevo perdón con un arrepentimiento extremo de haberlos cometido: os prometo hacer penitencia por ellos, y de castigarme yo mismo, no solo en cumplimiento de lo que el sacerdote me ha mandado, que no es nada en comparación de lo que mis culpas merecen, sino que también con mortificaciones, ayunos, trabajos, y singularmente por la paciencia, la humildad y la resignación para sufrir todas las penas, y llevar todas las cruces que tenga á bien vuestra Providencia enviarme, y las que son ajenas á mi empleo.

Os renuevo también la promesa que os he hecho de corregirme, sobre todo de tal y tal pecado, de los cuales creo estáis mas gravemente ofendido.

¡Ah, Señor! Vos que conocéis mi flaqueza y mi imposibilidad, tened compasión de mí, y concededme, os suplico, las gracias y socorros que necesito para no volver a caer en el pecado. Amén.

Acordaos siempre que se puede evitar el pecado, sobre todo con la separación del mundo, el silencio, el recogimiento, la oración, y la mortificación de los sentidos.

Clemente de Santocildes. Nuevo devocionario del Cristiano. Editor Imp. de Cabierio. Valencia. 1848.