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Sobre la oración

Mayo 16, 2009

LUDOVICO BLOSIO

Abad liciense, monje de San Benito

(1506-1566)

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Bienes de la oración

“El cuidado de orar, le es sobre todo necesario al que trata de vida espiritual. Porque la oración es una arma dura que no hay penetrarla, un refugio cierto, un puerto seguro, un castillo rocoso. Solo ella ahuyenta todos los males del alma y le trae todos los bienes.

Limpia el alma, quita la pena debida a los pecados, repara las negligencias pasadas, alcanza la gracia divina, consume los malos deseos, doma las pasiones desenfrenadas del alma, sujeta a los enemigos, vence las tentaciones, alivia los trabajos, desecha la tristeza, hinche de alegría, renueva la paz, junta al hombre con Dios, y unido con él, lo levanta a la eterna gloria.

Con la oración alcanzarás todo lo que hubieres merecer y sino alcanzas luego lo que pides, mira no te turbes, porque Dios por tu piedad algunas veces dilata el conceder aún lo que muy santamente se le pide, no porque lo quiera negar, sino para darlo después con más abundancia, y para más provecho, y para premiar mejor la Fe, la longanimidad, y perseverancia.

Nunca digas en tu corazón lo que dijo aquel ciego del Evangelio después que recibió luz en los ojos del cuerpo (Ioann 9: 31), (aunque no estaba en los del alma muy alumbrado) que decía: Sabemos que no oye Dios a los pecadores. avisote que no lo digas, porque es cosa cierta que oye Dios a los pecadores, cuando lo llaman con humilde corazón.

Porque de otra suerte muy desgraciado fuera el pueblo de Dios, como todos seamos pecadores, y tengamos necesidad de la misericordia de Dios.

Pero si alguno quisiere sustentar con aquel ciego, que no oye Dios a los pecadores, debese entender de aquellos que no quisieren enmendar la vida.

Pues aunque tú seas pecador, no por ello desconfiadamente menosprecies tu oración, que no la menosprecia Dios, antes la estima y guarda escrita en su memorial.

Tampoco te desconsuele porque cuando estás orando no te aparece, o el mismo Dios o algun Angel, o otro de los bienaventurados, que te avise como Dios ha oido tus oraciones porque ni eso es necesario, ni conviene, pues de otra manera, cual sería el merecimiento de la Fe?

Aunque el Señor es tan bueno, que cuando importare, dará semejantes apariciones visibles.

Ora pues tú con humildad sin alguna desconfianza, antes teniendo por cierto que siempre oye el Señor al que ora con devoción y reverencia.

Ten buen animo, y persevera y sin duda que al fin verás por la obra, cuan verdadero es lo que dijo Cristo: Pedid y recibiréis.

Sin falta que te dará lo que le pides, si conviene que lo recibas, pero si aquello no te conviene, darte ha otra cosa de más importancia.

El sabe el cuando y el como ha de acudir a tu petición: Cuando por ser flaco pides, algunas cosas que no te son provechosas, nunca Dios por quien el este, te conceda lo que pides.

Cuando no sabes si lo que deseas le agradará o no aprende a orar de esta manera, o de otra manera semejante: Señor si te agrada, si conviene que se haga, hagase, pero sino te agrada, ni conviene, no se haga; en todo se cumpla tu santa voluntad.

Trabaja cuanto pudieres por tener allí el alma cuando oras, o alabas a Dios.

Haz esto con cuidado y con la reverencia que es razón, no dando jamás consentimiento con deliberada voluntad a pensamientos impertinentes.

Mas si tu espíritu es tan inconstante y mudable, que no puedas atender a las palabras de la oración, no por ello te desconsueles, ni pierdas el ánimo: sino con un espíritu alegre, apacible, y sosegado, haz lo que pudieres, ofreciendo a Dios tu buena voluntad y mostrando una firme paciencia.

Mas vale que seas humilde que pusilánime.”

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“Quería que te acordaras que no hay oración de más estima que la del Padre nuestro y Ave María. Ama las demás oraciones santas como unas piedras preciosas, la oración del Padre nuestro y el Ave María, estímalas como perlas preciosísimas de inestimable valor.

Bienaventurado es aquel que con intención eficaz se llega al Sumo bien, porque no es otra cosa su vida sino una oración perpetua, y muy pura.

Porque la oración verdadera es un levantar el alma a Dios, que se puede hacer sin palabra ninguna. Mas ay qué remisos y que descuidados somos.”

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El deseo santo es oración continua

“Dijo el Señor a Santa Catalina: El deseo santo del alma que es la buena voluntad es una oración contínua, porque tiene la misma virtud que la oración.

Y todo lo que el hombre hace por amor de Dios, y del prójimo se puede llamar oración, porque el deseo inflamado y encendido de caridad se juzga por oración.”

“Hija razón es que sepas que el alma que persevera en una humilde y fiel oración, alcanza todas las virtudes.

Y así en ninguna manera se ha de tener en poco, ni dejar el ejercicio de la oración por algunas contradicciones que haya, sea procedan de ilusiones, o engaños de satanas, sea de la propia flaqueza, sea de pensamientos torpes, sea de estimulos desordenados y de algún movimiento carnal.”

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Las oraciones en latín, aunque no se entiendan son de gran merecimiento

“Dicen los herejes que es disparate y cosa inútil ocuparse las monjas en cantar Salmos y otras oraciones y alabanzas divinas en Latín, pues no entienden la lengua.

Mas ellos son los que yerran, porque como dice San Agustín: No es totalmente sin fruto cantar el salmo, aunque no se entienda perfectamente, como el que canta crea, que está allí encerrada alguna cosa santa, porque más mira Dios el corazón del que canta, que no a las palabras.

Por cierto que el que ora con espiritu y devoción, saca grandísimo provecho y merecimiento aunque la oración que reza este en lengua que el no la sepa, ni entienda.

Así como el enfermo que toma con orden la purga que el médico le receta, alcanza la salud, aunque no sea la virtud que en si tiene, de la misma suerte el que con humildad y reverencia ofrece la oración que tiene escrita en sus horas al misericordioso Príncipe, alcanza lo que pide en la oración, aunque el no entienda las palabras de ella.

Realmente que nosotros oramos con mayor afecto, y con más atención, cuando entendemos las palabras de la oración que decimos, que cuando no las entendemos, mas no por eso se ha de mudar sin más orden la costumbre muy justa y muy religiosa que se ha guardado por muchos siglos en la Iglesia de Dios.

El que por su voluntad ofrece a Dios algunas oraciones particulares, puede ofrecerlas en la lengua que más gusto le diere, empero aquellas a que está obligado como ministro de la Iglesia, por institución de sus mayores, no las ha de cumplir en otra lengua, fuera de la en que la Iglesia manda y permite que se recen.

En esto, como en las demás cosas, es mejor la obediencia que seguir el hombre su propia voluntad.

Entre todas las lenguas del mundo estas tres fueron especialmente consagradas en el título de la Cruz para las cosas divinas: conviene a saber, la hebrea, la griega y latina. (Math 15 Joan 19)

“Las obras de Ludovico Blosio. Abad leciense, monje de San Benito, traducidas por Fray Gregorio, prior y predicador del Monasterio de San Martín de Madrid de la misma orden. 1609.”