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ORACIÓN COLECTA DEL DOMINGO XXI DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Defiende, oh Señor, a tu familia con una continua misericordia; para que, con tu protección, se vea libre de todas las adversidades, y con sus buenas acciones glorifique tu nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Familiam tuam, quaesumus, Domine, continua pietate custodi: ut a cunctis adversitatibus, te protegente, sit libera; et in bonis actibus tuo nomini sit devota. Per Dominum.

1.Familiam tuam… continua protectione custodi. Nadie desempeña el papel de protector como Dios. De Él se derivan como de su fuente todas las protecciones, así como de El se derivan todas las paternidades, porque es padre por antonomasia. Las fronteras de su protección son ilimitadas. En lo humano, un padre protege a su hijo, un tutor a sus pupilos, un príncipe o magnate protege a un pueblo, un Cardenal a una Congregación, un poderoso Imperio a una pequeña nación. A veces, el protector se convierte en explotador del protegido. Dios es protector de todos los hombres, en todos los pueblos y en todos los tiempos; y en las grandes necesidades y crisis de la vida, la humanidad se ha vuelto cara al cielo y ha invocado a Dios como protector ¡Oh Dios, protector nuestro,—exclama David—repara y mira la faz de tu Cristo. El Señor se ha convertido en mi protector. El es protector de todos los que le invocan, dice el mismo Real Profeta. Y corroborando Dios este hondo sentimiento de la humanidad creyente, ha prometido en firme: Yo soy tu protector, tu recompensa grande en demasía (Gen. 15, 1). Y en especial ha prometido al hombre bueno y justo: Yo le protegeré, porque ha honrado mi nombre, le libraré y le glorificaré (Ps. 90, 14)

2.Postrados en tierra con el corazón, más que con el cuerpo, pidámosle hoy que proteja generosa y potentemente a su familia, que sois vosotros, familia querida de Dios, unida a El por los vínculos de la misma fe, del mismo régimen y de los mismos sacramentos, familia que lleva en sus venas la misma sangre de su Hijo Jesucristo, familia tan estrechamente unida a Dios que Dios habita en todos y cada uno de su miembros, porque son templo vivo de Dios; familia tan suya, tan íntimamente suya como los miembros están unidos al cuerpo y éste lo está al alma, porque el Apóstol os ha dicho: Vosotros sois cuerpo de Cristo y miembros de sus miembros. Dios no puede abandonar a su propia carne y encogerse de hombros ante sus necesidades. Oidlo bien, Dios jamás os abandona, si primero vosotros no le habéis abandonado. Vivid cerca de Dios por la fe, por la oración, por las buenas obras, y en todo momento tendréis a vuestra disposición la divina protección.

3.Ut a cunctis adversitatibus, te protegente, sit libera, etc. No solicitamos la divina protección, para entregarnos alegremente a una vida disipada, no. La pedimos para vernos libres de toda adversidad que nos impida consagrarnos a su santo servicio. La seguridad y el amparo que pedimos a Dios no es un fin, sino un medio. No es un fin para sestear perezosamente. Es un medio para mejor elevar el alma a la contemplación y deseo de las cosas del cielo, para orar con más frecuencia y más recogimiento, para enriquecer nuestra vida con buenas obras, para que seáis esposas modelo, padres ejemplares, hijos sumisos, honra y corona de sus padres. Para eso se os conceden los favores divinos. Haced buen uso de ellos, para hacer más cierta vuestra vocación y elección a la gloria.


FUENTE: Teodoro Molina, chantre de la S.I. Catedral. Boletín oficial del Obispado de Málaga. Año LXXVII. Agosto-Septiembre de 1944. Núms. 8-9. Obra disponible en la Biblioteca virtual de Málaga.

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“Digamos, desde luego, que antes de ser un ser, la Patria es un valor, y, por lo tanto, espíritu. Si fuera un ser del que nosotros formáramos parte, no podríamos discutirla, como no discutimos sus elementos ónticos. Cada uno ha nacido donde ha nacido y es hijo de sus padres. Por lo que hace a los elementos ónticos, el Sr. Maura tenía razón: “La patria no se elige”. Pero la patria es ante todo espíritu. Y ante el espíritu es libre el alma humana. Así lo hizo su Creador.

España empieza a ser al convertirse Recaredo a la religión católica el año 586. Entonces hace San Isidoro el elogio de España que hay en el prólogo a la Historia de los godos, vándalos y suevos: ¡Oh España! Eres la más hermosa de todas las tierras… De ti reciben luz el Oriente y el Occidente...” Pero a los pocos años llama a los sarracenos el Obispo don Opas y les abre la puerta de la Península el Conde D. Julián. La Hispanidad comienza su existencia el 12 de octubre de 1492. Al poco tiempo surge entre nuestros escritores la conciencia de que algo nuevo y grande ha aparecido en la historia del mundo. Pero muchos de los marinos de Colón hubieran deseado que las tres carabelas se volvieran a Palos de Moguer, sin descubrir tierras ignotas. Con ello se dice que la patria es un valor desde el origen, y por lo tanto, problemática para sus mismos hijos, como el alma, según los teólogos, es espiritual desde el principio, ab initio.

Antes de la hazaña creadora de la patria hay ciertamente hombres y tierra, con los que la hazaña crea la patria, pero todavía no hay patria. Hasta que Recaredo no deparó el vínculo espiritual en que habían de juntarse el Gobierno y el pueblo de España, aquí no había más que los pueblos romanizados y sujetos a un gobierno godo, al que tenían que considerar como extranjero y enemigo. Gobernantes y gobernados habitaban la misma tierra, comunidad insuficiente para constituir la patria. Pero desde el momento en que los gobernantes aceptaron la fe, que era también la ley, de los gobernados, surgió entre unos y otros el lazo espiritual que unió a todos sobre la misma tierra y en la misma esperanza. Los hombres, la tierra, los sucesos anteriores, la conquista y colonización romanas, la misma propaganda del Cristianismo en la Península no fueron sino las condiciones que posibilitaron la creación de España. Tampoco sin ellas hubiera habido patria, porque el hombre no crea sus obras de la nada. Pero la patria es espíritu; España es espíritu; la Hispanidad es espíritu…


FUENTE: Defensa de la Hispanidad. Ramiro de Maeztu. Edición autorizada por la señora viuda del autor, para América y Filipinas. Editorial Poblet. 1945. Argentina. Págs: 232-233.

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“La infancia es el sueño en la vida humana. Nuestra vida empieza con un sueño.
Y la infancia es siempre feliz. Los niños no tienen otra ocupación que la de ser dichosos. Sus mismas lágrimas son causa de felicidad, porque les hacen bien.
También en las primeras horas de la juventud soñamos que la vida es un placer.
Sueños de color de rosa, sueños de niño. Soñamos que la vida es un placer.
Y siempre que nos complacemos en la felicidad, siempre que tenemos unos momentos de dicha, parece que soñamos, parece como que nos volvemos niños.
Es que la vida no es un placer; la vida es un deber.
¡Gran verdad!
Nuestro corazón anhela la felicidad, se desvive por lograrla, y la felicidad huye de nosotros.
La vida es un deber. Cada una de sus vicisitudes es un deber o encierra un deber.
Nacemos, dormimos, soñando con el placer. Y al despertar nos encontramos con el austero e inexorable deber.
Pero el joven cristiano, que afronta con serenidad, con virilidad, las batallas de la vida, con una esperanza en el corazón y una creencia en la mente, sabe acoger con alegría los cotidianos deberes de la vida.
La conciencia del deber no aparta de sus labios la sonrisa, ni agosta en su corazón la alegría del vivir.
Porque, a pesar de todas las calamidades del mundo, a pesar de que es tan difícil saciar el corazón con las migajas de felicidad que Dios esparció por el mundo, restos de aquel delicioso banquete que terminó con la primera prevaricación del hombre, nuestro buen padre Dios, que nos coloca en el mundo no quiere la infelicidad del hombre.
Por mucho que nos esforcemos no podemos arrancar del alma el deseo de la felicidad. Pero hay que orientar la mente hacia un recto criterio de felicidad.
He visto no pocos que tienen como norma de moralidad su gusto; y como muchos tienen poco educado el gusto, sus deseos nacen de sus instintos más bien que de la premeditada tendencia al bien común, y de ahí el desorden, producido por el egoísmo más refinado, que en esta época en que tanto se proclama el comunismo, tiene más hondas raíces que nunca en el alma popular.
Joven, orienta tus ideales por el sendero del deber. Vivir la vida, tal como Dios quiere que la vivamos, es un deber que nos ennoblece.
Mira con serenidad tus dolores y sufrimientos; entona el himno a la alegría del vivir bajo el suave yugo de la ley de Dios, que es el verdadero deber de la vida, y es, a la vez, el camino más feliz en la vida misma y más tranquilizador en la muerte.


FUENTE: Revista mariana mensual. Órgano de la Juventud católica menorquina. Con censura eclesiástica. Ciudadela. Menorca. Marzo de 1930. Para ti, joven: El deber de la vida. A. BOSCH Y ANGLADA.

MAY, Edward Harrison. Jewish Captives at Babylon. 1861. Oil on canvas, 198 x 131 cm. Private collection

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Ofertorio de la Misa del Domingo XX después de Pentecostés

(Psalm 136)

 

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentamos y lloramos, acordándonos de ti, ¡oh Sion!

 

Super flumina Babylonis illic sedimus, et flevimus dum recordaremur tui, Sion.

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“En estas palabras del Ofertorio está expresada claramente la idea fundamental de la Misa de hoy. La Iglesia se siente desterrada, lejos de la patria, lejos del Señor. Se siente oprimida, despreciada y perseguida en todo su cuerpo y en cada uno de sus miembros. La vida en el extranjero es dura y amarga. Por eso ahora, cuando el año eclesiástico camina hacia su fin, ella dirige su ansiosa mirada hacia la paz de la patria. Tiene su vista clavada en el Señor anhelando que llegue cuanto antes, para que la lleve a su reino.”

FUENTE: Benito Baur OSB, archiabad ¡Sed luz!. Meditaciones litúrgicas para los domingos y ferias del año eclesiástico. Traducido del alemán por los Padres Justo Perez de Urbel y Enrique Diez OSB- Tomo IIITiempo después de Pentecostés. Friburgo de Brisgovia. Alemania. Herder.1939.

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Comentario de Monseñor Straubinger sobre el salmo 136:

“En la Vulgata y en los LXX lleva los nombres de David (¿cómo autor?) y Jeremías (¿cómo intérprete). Al final da como futura la caída de Babilonia (v. 8 s.) por lo cual no puede atribuírselo a los levitas vueltos del cautiverio, pues el regreso ocurrió después de caída aquella en manos de Ciro que dio libertad a los cautivos del pueblo judío (Esdr. 1, 1 s. y notas) siendo de observar que, según los más modernos estudios, aquella caída no tuvo los caracteres trágicos que anunciaban los profetas, por lo cual esos anuncios deben tener otra perspectiva (cf. Apoc. 18, 1 ss. y notas). Es este Salmo una de las más hermosas poesías de todos los tiempos. Los expositores señalan “las singulares bellezas de estos versos, la sencillez del pensamiento, la naturalidad del desarrollo, la precisión de los contornos, el colorido, la sobriedad clásica de sus imágenes y, sobre todo, la solemne y nativa tristeza que exhala toda la oda, desde la primera hasta la última palabra” (Manresa), cosas tanto más admirables en un Salmo profético. Porque no se refiere sólo a un episodio pasado, sino que tiene un sentido escatológico que aumenta su interés para la Iglesia (véase nota de San Agustín al v. 8) “Como los profetas hacen depender la libertad de los judíos de la caída de Babilonia, así en el Nuevo Testamento la nueva Jerusalén no baja del cielo con todo el esplendor y la belleza de Esposa del Cordero sino después que se anuncia la caída de la gran Babilonia. (Apoc. 18, 2; 19, 7; 21, 2) (Ed. Babuty). “Lo que así se pide, dice Fillion, es la ruina del imperio del mal.” Los ríos de Babilonia: Eufrates, Tigris y numerosos canales derivados de ellos como el célebre río Cobar de Ez. 1

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Mirakel van de Slag bij Lepanto, 1571. Christianis contra tvrcas victoria concedittvr (title on object). Vijftien mirakels van de rozenkrans (series title). Miracula et Beneficia SS. Rosario (series title). Theodoor Galle (attributed to).1610.

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Con el santísimo Rosario está relacionada una fecha gloriosísima de nuestra historia patria, la última de nuestras antiguas grandezas, por decirlo así, la que más alto renombre dio entre todas las naciones de Europa al pueblo español.

La Religión es el mejor y más precioso archivo de los pueblos. Ella es quien escrupulosamente sabe guardar el rico tesoro de sus recuerdos: lo que el pueblo quiere perpetuar en la memoria de las generaciones venideras confíalo á la Religión, y está seguro de que no perecerá. Una diferencia hay entre los recuerdos que guarda tan sólo la historia y los que conserva la Religión. La historia los guarda como preciosos cadáveres perfectamente embalsamados, pero cadáveres al fin. La Religión los conserva en toda su vida, esplendor y poesía. Como es ella eternamente viviente, injertos en su tronco inmortal préstales su jugo, su verdor y su eterna lozanía; adquieren algo de su inmutabilidad y de su inmarcesible juventud. Otra diferencia notable queda aún por consignar. La historia es libro cerrado para la mayoría; sus páginas por lo común no las recorre el pueblo: la severa historia nunca ha sido amiga más que de sabios; jamás fue popular. La Religión, al revés, es libro a todos abierto y a todas horas. Los hechos que a ella se han encomendado tiene gusto particular en contárselos al niño y a la mujer, y al labrador y al artesano. Lo puramente histórico es meramente científico. Lo histórico-religioso, sin dejar de ser científico, es juntamente popular y tradicional. La palabra que encabeza estas líneas es la mejor confirmación de mis asertos. Preguntad a nuestro pueblo por las batallas de Pavía o de Villaviciosa, y con ser hechos de su patria no sabrá qué responderos, más que si le hablaseis de la China o del Perú. Pronunciad, empero, ante una viejecita católica de cualquier nación de Europa la palabra Lepanto, y alzando los ojos al cielo os dirá al momento: « ¡ Ah, sí, Lepanto, la victoria del Rosario de María!» La explicación es clarísima. Las dos primeras batallas pertenecen al cerrado archivo de la historia. La última pertenece, como tantas otras, al siempre abierto archivo de la Religión.

¡Lepanto! ¡ Y cuan bien hicieron, cuan acertados anduvieron los pueblos en unir a la Religión el recuerdo de esta gran batalla y de esta gran victoria! La batalla de Lepanto y su victoria, ganada por los pontificios, españoles y venecianos, aseguró la supremacía de la cruz en el Occidente, y dejó desde entonces herida de muerte en el Oriente la hoy agonizante dominación musulmana. Lepanto recuerda la iniciativa de un gran Papa, Pío V, secundada por un gran rey, Felipe II, con la intervención de un gran diplomático y santo, el jesuita, antes virrey de Cataluña, Francisco de Borja, y llevada a felice cima por el valor de un gran militar, el joven español Juan de Austria. Lepanto recuerda al pueblo cristiano entregado al rezo del Rosario durante la empeñada acción, y el santo Pontífice adivinando la victoria desde su oratorio, y anunciándola a sus Cardenales al tiempo mismo que se alcanzaba. Lepanto recuerda al buen Cervantes, al príncipe de las letras españolas, enfermo de calenturas, y lidiando no obstante como bravo hasta perder de un tiro de arcabuz la derecha mano, y sufrir como premio de su heroísmo cinco años de cautiverio en Argel, y los restantes de su vida entre la pobreza y humillaciones. Por esto se le llama, con gran gloria suya, «el manco de Lepanto.» Lepanto recuerda ciento y treinta galeras turcas apresadas, cinco mil turcos prisioneros, veinte mil cristianos librados del cautiverio. Es la última página de las Cruzadas, es el último aliento de la Europa coligada en nombre de la fe; y el honor de esta jornada les cabe principalmente a la Religión, que fue la inspiradora, y a nuestra patria, que fue como siempre el brazo de la Religión.”…

…”La Iglesia alzó a la victoria de Lepanto un monumento popular e imperecedero: la fiesta del Rosario. En todos los púlpitos católicos se habla hoy de esta fiesta, y se renueva en la memoria de los fieles el recuerdo de la grandiosa hazaña que conmemora. Sirva también esta página para esculpirlo más y más hondo en el corazón del pueblo español, heredero de los héroes de Lepanto. Que ahora más que nunca importa volver los ojos a nuestro glorioso pasado, siquiera para ruborizarnos de nuestro miserable presente.”


FUENTE: “Propaganda católica por D. Félix Sardá y Salvany presbítero, Director de la Revista Popular. Tomo III. Con licencia eclesiástica. Barcelona. Librería y tipografía católica. 1884. Obra perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España. Disponible en su Biblioteca Digital.

La devoción del pueblo fiel ha dedicado al rezo público del santísimo Rosario en nuestras católicas poblaciones la hora bellísima del amanecer, y a esta devota práctica ha llamado el Rosario de la Aurora.

¿Cómo se celebra el Rosario de la Aurora?

Asoma riente el alba, y a sus primeros fulgores escóndense medrosas y palidecientes la luna y las estrellas, como significando que ceden al astro del día el reinado que durante la noche tuvieron sobre la dormida creación.

Bella es la madrugada, y convida a toda suerte de gratas emociones. Es la primavera del día, como Abril es la primavera del año. «Porque entonces, dice hermosamente fray Luis de León, la luz, como viene después de las tinieblas y se halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere el corazón del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo entonces y el colorear de las nubes y el descubrirse la aurora, que no sin causa los poetas la coronan de rosas, y al aparecer la hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves, ¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente, y las flores y las yerbas y el campo todo despide de sí un tesoro de olor? . . . Porque no es gusto de un solo sentido, sino general contentamiento de todos; porque la vista se deleita con el nacer de la luz y con la figura del aire y el variar de las nubes; a los oídos las aves hacen agradable armonía; para el oler, el olor que en aquella sazón el campo y las yerbas despiden de sí, es olor suavísimo: pues el fresco del aire de entonces templa con grande deleite el humor calentado con el sueño, y cría salud, y lava las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le despierta a pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios del día.»

Sin ser clásico poeta, como lo es aquí y en todo el suavísimo cantor de las noches serenas y de las frescas alboradas, el buen pueblo cristiano ha sentido lo mismo de esta singular hora del amanecer, y la ha dedicado en España a la Madre de Dios. Exactamente como de Mayo hizo el mes de María, hizo la hora de María de la fresquísima y lozana hora matinal. Y buscando culto el más adecuado con que en aquella hora honrarla y festejarla, escogió el santo Rosario, y de aquí la popular y tiernísima devoción tan común en nuestro país, y sobre todo en sus regiones meridionales, del Rosario de la Aurora.

¿Oís? ¿ Oís ? Soñolienta está aún casi toda la población, y suena de repente, en medio del silencio, alegre repicar de campanas, y en seguida animación y bullicio de gentes, y ruido de puertas que se abren y cierran apresuradamente, y saludos y buenos días de los que a toda prisa acuden al templo parroquial. Un grupo numeroso de los más afinados cantores del lugar recorre las calles en regocijada diana para acabar de alborotar a los que tiene aún entre las sábanas el sueño o la pereza. Escuchad sus coplas, que bien que toscas alguna vez y desaliñadas, son para hacer poner los huesos en punta al más apático y remolón:

Deja, deja ese sueño profundo

Que tanto te oprime, vente tras de mí ;

Rezarás el precioso Rosario

Y la sacra Aurora rogará por ti.

Da pena el decir

Que te acuse el demonio algún día

Que al santo Rosario no quieres venir.

Al Rosario de María tocan

Con pitos de plata, lenguas de marfil;

El que quiera coger estas rosas

Véngase conmigo que voy al jardín.

Cristianos, venid;

Dios te salve, Custodia divina,

Purísima y bella más que un Serafín.

Helos empero que salen de la iglesia parroquial ó del pacífico monasterio; precede el blanco estandarte de la Cofradía.,, en cuyo astil cimbrea gallardamente apretado manojo de flores de la estación; largas hileras de fieles de ambos sexos, rosarios en mano, devota aunque serena y jubilosa la faz, responden en rezo igual y acompasado el canto de los Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri, que al son de populares instrumentos ejecuta el coro de piadosos mocetones. La imagen de la Virgen en manos del sacerdote, o en andas sobre robustos hombros levantada, cierra la procesión y se destaca de lejos como Reina de ella. La música del Rosario es airosa, y sólo en Cuaresma toma el tinte melancólico de los recuerdos de la Pasión. A cada decena, antes de proponerse el misterio correspondiente, se entona una coplilla que da más colorido y variedad a aquella poética guirnalda de súplicas y alabanzas. Unas veces se canta:

Padre nuestro que estás en los cielos,

Estas dos palabras aprendí no más:

Pues estando mi Padre en el cielo

Siendo yo buen hijo también iré allá.

 

Otras se sale con esta ocurrencia:

San Francisco se perdió una tarde;

Sus hijos llorosos le van a buscar,

Y le encuentran en el Paraíso

Cogiendo las rosas del santo Rosal.

 

Otras se toma el asunto de la festividad del día, y se dice por ejemplo en Navidad:

Pastorcillos, los de esas majadas,

Dejad las manadas, corred a Belén,

Y entre paja veréis recostado

A un Dios humanado, Jesús nuestro bien.

¡Qué lindo que es El!

Son sus labios corales y rosas,

Su boca preciosa, su cara un vergel.

 

O en el día de Pascua de Resurrección:

Dulces himnos los Ángeles cantan

Saludando alegres la Virgen sin par :

Salve, dicen, oh Reina del cielo,

Que tu Hijo divino resucitó ya.

¡Fieles, despertad!

Y aleluya cantemos gozosos,

Que el Rey de los reyes resucitó ya.

 

Y así en coplas siempre adecuadas a cada solemnidad del calendario cristiano, matizadas de hermosos conceptos en que se muestra siempre variada y fecunda é inagotable la musa popular.

A veces dichas coplas son tierno recuerdo de un cofrade recientemente fallecido, y se cantan al pasar ante la casa donde vivió. Oid:

Ya falleció nuestro hermano,

A Dios entregó su alma;

Madre de misericordia,

Tu patrocinio le valga.

Sacratísima María,

De la Aurora titulada,

Suplicadle a vuestro Hijo

Que lo lleve en su compaña.

Recibe, Madre piadosa,

Para alivio de su alma

Salves, Misas y Rosarios

Que sus hermanos le mandan.

 

Acabando después como si hubiese ya alcanzado su efecto la devota súplica:

Un hermano de la sacra Aurora

Falleció, y la Virgen apenas le vio

Que su hermano se estaba penando

Lo tomó en sus brazos y se lo llevó.

Y lo recibió

Nuestro Padre Jesús en los suyos,

Y todas las culpas se las perdonó.

Muere un niño o niña de alguno de los cofrades de la Aurora, y también para este caso tiene su copla el pueblo cantor, y consuela a su pobre madre cantándole ante su puerta de esta manera:

Un tierno angélico ha muerto;

Dignaos, Aurora bella,

Suplicarle a vuestro Hijo

Que lo ponga a su derecha.

Aquí yace este niño y espera,

Bella Aurora, de vuestra bondad,

Se le ponga con los Serafines

Allá junto al trono de la Trinidad.

¡Ángeles, bajad!

Y alistad en tan nobles banderas

A este niño bello que os va a acompañar.

No nos cansaríamos de copiar coplas y más coplas, ni se cansarían de leerlas nuestros amigos, pero este capítulo reclama ya punto final. El Rosario de la Aurora termina con la santa Misa, que se celebra al llegar la procesión a la iglesia, y para la cual ha servido en todo el pueblo de piadoso despertador. Los cofrades del Rosario, como red barredera, han arrastrado a su paso y en pos de sí innumerables almas al cumplimiento del precepto dominical y a escuchar de labios del párroco el Catecismo y la explicación del Evangelio.

El día del Señor ha tenido el mejor principio para su santificación; las familias tornan al hogar con las dulces impresiones de amor a Dios y a sus misterios y festividades de que ha llenado su alma la poética cuanto cristiana alborada.

¡Felices los pueblos que no han perdido tan hermosas costumbres! ¡ Felices los que con todo ahínco las procuran hoy día restaurar! ¡Felices nosotros si algo pudiéremos contribuir a ese piadoso renacimiento con nuestra humilde Propaganda.


FUENTE: “Propaganda católica por D. Félix Sardá y Salvany presbítero, Director de la Revista Popular. Tomo III. Con licencia eclesiástica. Barcelona.Librería y tipografía católica. 1884. Obra perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España. Disponible en su Biblioteca Digital. Págs. 504-508.

Lo escribe el R. Padre Germán de San Estanislao, sacerdote pasionista y director espiritual de la Santa:

Con repetición hemos citado algunos coloquios en los que el Ángel usaba de tal familiaridad, que solo admite comparación con la que el arcángel Rafael mantenía con el joven Tobías. «Dime, ángel mío, ¿qué tenía el confesor esta mañana que estaba tan serio y no me quiso escuchar?»—«¿Cuándo me contestará el Padre desde Roma a la carta que le escribí preguntándole cómo debía conducirme en tal cosa?»—«Y el pecador por quien me intereso, dime, ángel querido, ¿cuándo me lo convertirá Jesús?»—«¿Qué debo decir a esa persona que me ha pedido consejo?»—«¿Y de mí, qué opinas? ¿Está contento Jesús?» Tales eran las cuestiones que trataban, todas del orden espiritual, porque de lo terreno no se hablaba. El Ángel, amoldándose a tamaña sencillez, respondía a todo con inefable dulzura, viniendo después los sucesos a comprobar que la respuesta había sido dada por un espíritu celestial. Tengo tan abundante materia sobre el particular, que se podría con ella escribir un voluminoso libro, y necesitaría otro para exponer los fundamentos, de la credibilidad de hechos tan extraordinarios, que el moderno racionalismo no quiere admitir.

Hablando en general, diré que el Ángel era para Gemma un segundo Jesús. Ella le manifestaba sus necesidades, y en las horas de angustia, especialmente en sus luchas con el demonio, lo tenía constantemente a su lado; le daba encargos para el Señor, la Virgen o los Santos, y, en ocasiones, le confiaba cartas cerradas, suplicando que le llevase contestación, la cual, en efecto, llegaba, y muy pronto. ¡Qué de pruebas hice yo para asegurarme que hechos de tal naturaleza obedecían a causas sobrenaturales! Ni una sola falló; y tuve que convencerme de que el cielo, por decirlo así, quería juguetear con esta joven tan sencilla como amada. Si mandaba a su Ángel con algún encargo para personas de este mundo, como lo hacía con frecuencia, le causaba extrañeza que no se le contestase. «¡Hace tantos días —escribía— que se lo mandó a decir por el Ángel! ¿Cómo es que no lo hizo? Por lo menos, bien pudo mandarme a decir por él que no le era posible ocuparse en este asunto. No se incomode porque vuelva a insistir en esta carta. Se trata de negocio muy serio.»

Tenía, pues, al celestial mensajero en constante movimiento, y éste con especial esmero la favorecía, dándose el caso de que, sin necesidad de invocarlo, acudía al menor peligro, refrenaba el poder del demonio, y luchaba con él, llevando a Gemma de la mano. Para citar un caso particular, sucedió que estando sentada a la mesa en, casa de sus padres, uno de los concurrentes, cediendo a las malas costumbres de nuestros días blasfemó del santo nombre de Dios. Al oírlo Gemma, experimentó tal dolor, que se desmayó, y al caer, iba a dar con la cabeza en el suelo, pero el Ángel acudió en su socorro, la sujetó, puso su espalda para que le sirviera de apoyo, le dijo al oído una palabra, y la hizo, volver en sí. En otra ocasión, habiéndose entretenido en la iglesia hasta hora avanzada sin darse cuenta, porque estaba con el Señor, le advirtió el Ángel la hora que era, y la acompañó visiblemente hasta su casa. En varios peligros de la vida le avisó para que adoptase las precauciones convenientes, y por más que ella no se descuidaba, alguna vez le hubieran sobrevenido graves males; por eso en una ocasión le dijo el Ángel con mucha gracia: «¡Pobre criatura! Eres tan imperfecta, que no puedo menos de estar continuamente a tu lado. ¡Cuánta paciencia necesito contigo!»


FUENTE: Biografía de Gemma Galgani, virgen de Luca. Escrita en italiano por el R. P. Germán de San Estanislao, Sacerdote pasionista y director espiritual de la sierva de Dios, traducción del Dr. Cecilio Martinez y Gonzalez. Con licencia del ordinario. Barcelona. Herederos de Juan Gili, editores. 1910Págs 135-137. Obra perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España. Disponible en su Biblioteca Digital hispánica.

Oración – Colecta

DOMINGO XIX DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

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Oh Dios omnipotente y misericordioso, aleja bondadosamente de nosotros todas las adversidades;

para que, despreocupados de alma y de cuerpo,

cumplamos con libertad de espíritu tus mandamientos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

OMNIPOTENS et misericors Deus, universa nobis adversantia propitiatus exclude;

ut mente et corpore pariter expediti,

quae tua sunt, liberis mentibus exsequamur.

Per Dominum.

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I . Universa nobis adversantia propitiatus exclude… Dios es Padre omnipotente, a cuyo brazo nada ni nadie resiste. Cuando le pedimos hoy que nos libre de toda adversidad, bien seguros estamos de que puede hacerlo. Cuando nos amenace el agua o el fuego, nos librará de ellos, si sabemos suplicárselo, como libró a Noé del Diluvio y a Loth de las llamas de Sodoma. El que libró a Susana de la calumnia y a Moisés y a su pueblo de la tiranía de los Faraones, bien puede librarnos a nosotros de idénticos males. ¡Ay!, pero es necesario que nuestra oración suba al cielo, como la de Susana y Moisés. El ambiente pagano de la ciudad caldea de Ur asfixiaba a Abraham, y Dios le sacó de la ciudad maldita. El fuego del horno de Babilonia hubiera devorado a los tres jóvenes Ananías, Azarías y Misael, si entre éstos y las llamas Dios no hubiera levantado una barrera de rocío. Muchos son los dolores que la vida ha clavado en nuestra frente, como otras tantas espinas. Nunca serán tantos ni tan acerbos como los del santo Job, y de todos ellos le libró el Señor. ¡Ay! pero si aspiramos a que el brazo de Dios nos libre de estos males, es preciso que tengamos la fe de Abraham, la castidad de los tres jóvenes o la invicta paciencia de Job.

II. Ut mente et corpore pariter expediti… Libertad de cuerpo y de alma para servir a Dios; esto es lo que hoy le pedimos. Libertad de cuerpo, sí, que por algo los sacerdotes pedimos a Dios en la hora de Prima que se digne dirigir, santificar, regir y gobernar nuestros cuerpos y nuestros corazones. Es verdad que se puede servir a Dios en medio de la enfermedad y de la persecución.
Tres siglos de la Iglesia, los primeros de su existencia, están tachonados de servicios tintos en sangre. Pero eso fue lo heroico, y por serlo, no podía ser lo cotidiano, porque hubiera dejado de ser heroico, para convertirse en ordinario. El normal servicio de Dios exige que el instrumento del alma, que es el cuerpo, funcione en manos de aquella sin mellas ni rozaduras. Sólo cuando el ojo, la mano o el pie nos inciten a pecar, podemos y debemos pedir a Dios nos prive de ellos. Fuera de ese caso, pidamos fervientes a Dios un cuerpo sano y expedito para servirle.

III. Mente expediti… Pedimos a Dios un alma expedita, libre de toda esclavitud. La más negra de todas es la del pecado, con el cual es incompatible todo servicio divino. Alma pecadora es alma muerta que no puede servir a nadie, como no sea a Satán. Alma pecadora es alma encadenada al servicio del demonio, que ya no puede servir a Dios, mientras no rompa por la contrición los eslabones de esa cadena, porque no se puede servir a dos señores. ¡Pecador, levántate tú que duermes el sueño de la eterna sombra, y resucita de entre los muertos y te iluminará Cristo! Nunca hubo tantas cadenas como en estos siglos en que se blasona de libertad.
Los hombres sacudieron el yugo del hombre e impusieron alegres sobre su propio cuello el yugo del vicio, que es tanto como sacudir el yugo de Dios, ese yugo que todos debemos llevar, porque es suave y los que le llevan hallan para sus almas un descanso que jamás hallarán en las falsas libertades del mundo.


FUENTE: Teodoro Molina, chantre de la S.I. Catedral. Boletín oficial del Obispado de Málaga. Año LXXVII. Agosto-Septiembre de 1944. Núms. 8-9. Obra disponible en la Biblioteca virtual de Málaga.