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Muchos santos personajes han llevado visiblemente llagas semejantes a las del Salvador crucificado; el más célebre es San Francisco de Asís. He aquí como recibió sus estigmas.
Dos años antes de su muerte se hallaba en el monte de Alvernia; era hacia la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando una mañana, en que oraba, fue arrebatado en éxtasis. Vio á un serafín que tenía seis alas, entre las cuales había un hombre con los pies y las manos extendidos en cruz y semejante al Salvador crucificado. Después de esta visión el alma de Francisco quedó llena de ardiente caridad, y las señales de las cinco llagas del Salvador aparecieron en su cuerpo, y fueron vistas, á pesar del cuidado que tenía de ocultarlas durante su vida, y sobre todo después de su muerte.
No eran solamente cicatrices, pues llevaba en los pies y en las manos verdaderos clavos formados con su carne y de color de hierro. Estos clavos tenían una cabeza redonda y negra, que se apoyaba en lo interior de las manos y en lo alto de los pies; sus largas y aceradas puntas pasaban al otro lado, volviendo sobre sus manos y pies de modo que parecían haber sido encorvadas con un martillo. El costado derecho de Francisco llevaba una herida roja y cicatrizada, como si hubiese sido taladrado con una lanza; durante su vida, con frecuencia salía de ella sangre, que manchaba sus hábitos. San Francisco murió en 1226, y sus llagas fueron instrumento de una porción de milagros.

He aquí los principales documentos en que estos hechos son referidos, con las expresadas circunstancias: 1.Una biografía del Santo, escrita antes de 1230 por orden de Gregorio IX, por Tomás de Celano, discípulo y compañero de Francisco. 2.Otra biografía, escrita por Ceperán viviendo el mismo Papa, es decir, antes de 1241. 3.Una leyenda de los milagros del Santo hombre, escrita en 1246 por tres discípulos suyos franciscanos, uno de los cuales, llamado Rufino, había tocado sus llagas mientras vivía. 4.° La vida de San Francisco, escrita por San Buenaventura hacia 1260, después de haber visitado los lugares en que el Santo había vivido y de interrogar á los que le habían visto. Los Bolandistas han probado que estas diversas biografías no habían sido alteradas posteriormente en lo que concierne á los detalles que hemos referido.

Fuente: J. M. A. VACANT. La lectura dominical. Revista semanal ilustrada. Órgano del Apostolado de la Prensa. Año XIV. Número 715. Madrid, 14 de septiembre de 1907.


Stigmatisatie van Franciscus van Assisi, Cristoforo Pomarancio, 1600 – 1626

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CORONA EN HONOR DE LAS LLAGAS DEL SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO DE ASÍS

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Por la señal, etc.

OFRECIMIENTO

Postrado humildemente ante el trono de vuestra Divina Majestad, Señor y Dios mío, yo os adoro de lo íntimo de mi alma y con todo mi corazón. En memoria de esas llagas sacratísimas que abristeis en manos, pies y costado del Seráfico Padre San Francisco, suplícoos con todo el ardor de que mi espíritu es capaz, encendáis en mi pecho esa llama de caridad que consumía el de vuestro devoto Siervo, para que, siguiendo sus pisadas y desasido de las cosas de este mundo, lleve con paciencia las miserias y sufrimientos de esta vida, y merezca sentir en mí los efectos de vuestra Sagrada Pasión.

 

I. Y para esto yo os ofrezco, Dios omnipotente, aquella dolorosa llaga que abristeis, en el pie izquierdo de vuestro siervo y Padre mío San Francisco. En memoria de sus dolores, otorgadme la gracia de un sincero arrepentimiento de mis pasadas culpas, y que no guíe mis pasos por la anchurosa senda que conduce a la eterna perdición.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria patri.

 

II. Yo os ofrezco en segundo lugar, Señor Jesucristo, la dolorosísima llaga que abristeis en el pie derecho de vuestro querido siervo y Padre mío San Francisco. En memoria de la paciencia con que sobrellevó las incomodidades y dolores que le causaba, suplícoos humildemente me otorguéis la constancia en el ejercicio de las virtudes, y la perseverancia en el camino de eterna salvación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria patri.

 

III. Yo os ofrezco, Jesús mío en tercer lugar, aquella tan penosa llaga que abristeis en la mano izquierda de vuestro amado siervo y Padre mío San Francisco. En memoria de la sangre que por ella derramaba, suplícoos humildemente, no me vea yo confundido en el día de la estrecha cuenta, y colocado a vuestra izquierda con los réprobos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria patri.

 

IV. Yo os ofrezco, Jesús mío, en cuarto lugar, aquella sangrienta llaga que abristeis en la mano derecha de vuestro amable siervo y Padre mío San Francisco. En memoria de las heroicas acciones que por ella obró, dadme la gracia de cumplir vuestra ley Santa, para que sea juzgado digno de colocarme a vuestra derecha con los escogidos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria patri.

 

V. Ofrézcoos, Señor y Jesús mío, en quinto lugar, aquella admirable y benditísima llaga que abristeis en el costado de vuestro amante siervo y Padre mío San Francisco. En memoria de aquel encendido amor en que se abrasaba su alma, suplícoos humildemente, me otorguéis la gracia de emplear en lo venidero todos mis pensamientos y afectos en amaros y serviros en esta vida, y gozaros después en el cielo por eternidad de eternidades.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria patri.

 

V. Señalaste, Señor, a tu siervo Francisco.

R. Con la señales de nuestra redención.

Oración.-Señor Jesucristo que deseando abrasar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, cuando el mundo estaba resfriado de él, renovasteis en la carne del bienaventurado Padre San Francisco las llagas de vuestra Pasión. Concédenos propicio por sus merecimientos y por su intercesión, la gracia de que llevemos incesantemente la cruz y que hagamos frutos dignos de penitencia. Tú que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas un solo Dios por los siglos de los siglos. Así sea.

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FUENTE: Devocionario de la Virgen Coronada Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya. Cuarta edición. Notablemente corregida y aumentada. PP Capuchinos. Buenos Aires.1935. Págs. 321-325

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“El Salmo 109 de las Vísperas del Oficio del Domingo es enteramente profético, en lenguaje admirable canta las principales grandezas del Mesías; especialmente su reino eterno y su sacerdocio sin fin. Jesucristo se sirvió un día del primer versículo para demostrar a los fariseos su divinidad; y el obligado silencio de sus adversarios demostró que su argumentación era irresistible, admitida por todos los judíos de su tiempo. Cf. Matth. 22, 41 y sigs.; Marc., 12, 35 y sigs.: Luc., 20, 41-44.

Otros muchos pasajes del Nuevo Testamento suponen clarísimamente que David, en este cántico, se refería directamente al divino Libertador que un día debía nacer de su raza, Com. Act. 2,34 y sigs.; I Cor., 15-25; Hebr., 1, 13; 5, 6; 7, 17-21; 10, 13. En su conjunto, como en sus detalles, no se puede aplicar más que al Mesías. Tiene muchas semejanzas con el salmo 2.”…

FUENTE: Salterio del Breviario Romano. Versión española por el Dr. Isidro Gomá, canónigo de la metropolitana de Tarragona, profesor que fue de sagrada escritura en el seminario pontificio de la misma y su texto latino ampliamente anotado por L. CL. Fillion, sacerdote sulpiciano. E. Subirana. Barcelona. 1914.


SALMO 109

Divinidad, sacerdocio y realeza de Jesucristo

 

DIXIT Dominus Domino meo: *Sede a dextris meis:

1.Dijo el Señor a mi Señor: * Siéntate a mi diestra, (1)

2.Donec ponam inimicos tuos, *scabellum pedum tuorum.

2.Hasta que haga de tus enemigos el escabel de tus pies”. (2)

3.Virgam virtutis tuae emittet Dominus ex Sion: *dominare in medio inimicorum tuorum.

3.De Sión enviará el Señor el cetro de tu poder: * (3) reina en medio de tus enemigos.

4. Tecum principium in die virtutis tuae in splendoribus sanctorum: * ex utero ante luciferum genui te.

4.Ejercerás imperio el día de tu poderío, entre esplendores santos: * “De mis entrañas te engendré antes que brillase el lucero.” (4)

5.Jurávit Dóminus, et non  poenitebit eum: * Tu es sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech.

5.Juró el Señor, y no se arrepentirá: *Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. (5)

6.Dominus a dextris tuis, * confregit in die irae suae reges.

6.El Señor, a tu diestra, *destroza a los reyes el día de su cólera.

7.Judicábit in nationibus, implebit ruinas: * conquassabit capita in terra multorum.

7.Juzga a las naciones; todo lo llena de ruinas; * aplasta las cabezas de muchos contra el suelo.

8.De torrente in via bibet: *propterea exaltabit caput.

8.Beberá del torrente durante su camino; *por esto podrá llevar erguida su cabeza.

 

Notas del R.P. A. Azcárate, monje benedictino:

1.Creo -dice el Credo- que Jesucristo subió a los cielos, y que está sentado a la diestra de Dios Padre”. Es decir, en el lugar de honor compartiendo el reino con su Padre.

2.”Imagen tomada de las antiguas costumbres orientales: a veces los vencedores, en señal de dominación absoluta, ponían el pie sobre la cabeza o el cuello de sus prisioneros de guerra”. Fillion.

3.Es decir, desde Sión o Jerusalén, capital del reino teocrático, el Señor impondrá el cetro poderoso de Cristo.

4.Declárase terminantemente la generación eterna del Salvador y su identidad de naturaleza con Dios Padre.

5.Melquisedec ofreció pan y vino al Altísimo y bendijo a Abraham y a su posteridad.

6.”Metáfora para poner de relieve el ardor bélico y el valor del Mesías: tan brava será la lucha que no tendrá tiempo para descansar, ni de pararse para apagar su sed, hasta obtener el triunfo completo y poder presentarse con la frente alta y radiosa.” Fillion

FUENTE: Breviario romano. por el R.P. Andrés Azcárate monje benedictino. Editorial litúrgica argentina. Bs. As.1935


 

Maria als Mater Dolorosa, Cornelis Galle (II), after Anthony van Dyck, 1638 – 1678

A+M

 

PRIMER DOLOR

Profecía de Simeón

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que padecisteis al oír a Simeón que había de traspasar vuestra alma una espada de dolor, suplícoos, Señora, me deis gracia para que, purificada mi alma con una verdadera penitencia, pueda ser presentada ante Vos en el templo de la gloria.

Un Padre nuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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SEGUNDO DOLOR

Huida a Egipto

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que tuvisteis huyendo con vuestro Hijo de Nazareth a Egipto, suplícoos me deis gracia para que con verdadero propósito huya de las ocasiones de ofender a Dios.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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TERCER DOLOR

El niño perdido

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que tuvisteis en la pérdida de vuestro Hijo, suplícoos me deis gracia para que le busque hasta hallarle en el templo de mi alma.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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CUARTO DOLOR

El encuentro en la calle de la Amargura

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que tuvisteis viendo a vuestro Hijo cargado con la cruz, suplícoos me deis gracia para que le siga, llevando con paciencia las cruces de la vida.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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QUINTO DOLOR

La Crucifixion de Nuestro Señor

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que tuvisteis viendo crucificar a vuestro Hijo, suplícoos me deis gracia para que, mortificando mis pasiones, viva siempre crucificado con Cristo.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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SEXTO DOLOR

El Descendimiento de la Cruz

¡Oh Madre afligida! por el dolor que tuvisteis viendo en vuestros brazos el llagado cuerpo de vuestro Hijo, suplícoos  me deis gracia para que en la Comunión le reciba dignamente.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

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SÉPTIMO DOLOR

Sepultura de Cristo

¡Oh Madre afligida! Por el dolor que tuvisteis dejando el cuerpo de vuestro Hijo sepultado, suplícoos me deis gracia para aborrecer el pecado, y vivir como muerto para los goces del mundo.

Un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria Patri.

 

V. Rogad por nosotros, Virgen dolorosísima.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración

Madre mía dolorosísima: ya que en persona de San Juan nos engendrasteis al pie de la Cruz con dolores acerbísimos, mostrad que sois mi amorosa Madre y alcanzadme las gracias que os he pedido, y la de vivir siempre en el servicio de vuestro Hijo, hasta que merezca alabarle eternamente en la gloria. Amén.


FUENTE: Devocionario carmelitano. Aprox. 1900. Págs. 154-157

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Nota tomada del tratado “El Cielo en la fe”  de Sor Isabel de la Trinidad  (+ 1906) para meditar la Epístola del Domingo 16 después de Pentecostés (Efesios 3: 13-21):

“Vivir arraigados y cimentados en el amor: ésa es, a mi entender, la condición necesaria para cumplir dignamente el propio oficio de laudem gloriae. El alma que penetra y que mora en esas “profundidades de Dios” que canta el rey profeta – y que por consiguiente todo lo hace “en Él, con Él, por Él y para Él”, con esa mirada limpia que le da una cierta semejanza con el Ser simplícisimo -, esa alma se arraiga más profundamente en su Amado mediante todos y cada uno de sus sentimientos y aspiraciones, y mediante todos y cada uno de sus actos, por muy ordinarios que sean. Todo en ella rinde homenaje al Dios tres veces santo. Esa alma es, por así decirlo, un Sanctus perpetuo, una incesante alabanza de gloria.”


FUENTE: Sor Isabel de la Trinidad. Obras Completas. Traducción de Manuel Ordoñez Villarroel. Séptima edición. Editorial Monte Carmelo. Burgos.2009.(Págs. 233-234)

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Qui se humiliat, exaltabitur (Luc 14)

Considera, cristiano, la bajeza tu ser; acuérdate que eres polvo, y que en polvo te has de convertir; huye de ensalzarte, y apetece el ser menospreciado y humillado; pide a Dios que te humille, diciendo:

Humilem, salvum facies, oculos autem superborum humiliabis. (Psalm 17)
Humilladme, Señor, porque humilde me salvaréis, y soberbio me perderé.

1. Considera cómo tu alma, aunque fue hecha á imagen y semejanza de Dios, fue formada de la nada, y tu cuerpo fue,
es y ha de ser un poco de polvo y ceniza. Pues dime ¿Cómo viendo siempre delante de los ojos tu origen, tu ser y tu fin en la tierra que pisas, estás tan olvidado de quien eres? Pon, hermano mío, en los ojos de la consideración estos polvos de que fuiste formado, si quieres que cobre vista tu alma como el otro ciego á quien curó el Salvador con este remedio. ¡Oh qué polvos tan admirables que así dan vista, y aplicados á la cabeza destierran luego al punto de ella el viento de la presunción y vanidad! Asiéntate en el lugar mas ínfimo, que ese es el que se te debe, que por cuenta de Dios corre, si te conviniere, el ensalzarte.

O divino Señor, gracias os doy por el beneficio que me habéis hecho en formarme de una materia tan baja como la tierra, para que sea freno continuo de mi soberbia. Tened, Dios mío, piedad de mí, que soy flaco y miserable, y así no es maravilla que haya caído siendo un poco de polvo y de tierra.

Memento, quod sicut tutum feceris me (Job. 10)

2. Pues siendo esto así, ¿de qué te ensoberbeces polvo y ceniza, y apeteces lugares preemninentes y altos? Mira que eres polvo, y que éste puesto en alto está más sujeto a que el viento de la vanidad le deshaga y destruya. Atiende que por ti eres nada, y así, si llegare a ti alguna injuria o vanagloria, responda tu nada, que allí no hay lugar que vaya a donde hubiere algo de honra; y advierte que como donde hay dolor hay vida, así también donde hay sentimiento de injuria hay soberbia. Échala, pues, con grande presteza siempre que la sintieres en ti, dándote alguna penitencia y reprendiéndote con las palabras del Apóstol, dirás: Ven acá, ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si es así, ¿por qué te glorías como si fuera tuyo? Pues eres un vaso de barro en quien el Señor ha depositado por sola su misericordia sus bienes y eso mientras tu fueres humilde.

¡Oh humildísimo Jesús, humillad mi soberbia y dadme luz para que me humille y desee ser abatido y despreciado de todos! No castiguéis, Señor, mis culpas con permitirme que sea soberbio, ni consintáis que las sugestiones del demonio me aparten del conocimiento de mi bajeza.

Non veniat mihi per superbiae, et manus peccatoris non moveat me. (Psalm 35)


FUENTE:  Compendio de las meditaciones del V.P. Luis de la Puente, de la Compañía de Jesús, sobre la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo Nuestro Redentor: repartidas para todas las dominicas del año, con las cuatro postrimerías y beneficios divinos para todos los días de la semana.1847.  Obra perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España, y disponible en su Biblioteca Digital Hispánica